¿Qué clase de energía usarán nuestros nietos?

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Hay dos aspectos diferentes que deben ser tenidos en consideración cuando se especula sobre el futuro de la energía. El primero de ellos es cuál será la fuente de energía, y el segundo cual será el vector energético del futuro. Veamos estos dos temas.

En 1960, el físico Freeman Dyson, en un artículo de la revista Science sobre la búsqueda de civilizaciones extraterrestres titulado “Search for Artificial Stellar Sources of Infrared Radiation”, señalaba más o menos directamente la importancia de la energía solar en el desarrollo de cualquier civilización. En dicho trabajo apuntaba que una civilización tecnológicamente más avanzada que la nuestra, construiría las llamadas “esferas de Dyson”, estructuras esféricas que rodearían a una estrella con la finalidad de aprovechar al máximo toda la radiación emitida. Por tanto su planteamiento era que el futuro de una civilización avanzada pasaría necesariamente por el máximo aprovechamiento de la energía solar.

Entre la comunidad científica hay un consenso cada vez mayor de que el mundo avanza en esa dirección: aprovechar cada vez más la energía solar como fuente de energía. Estamos dirigiéndonos con paso aún tambaleante hacia una nueva era en la generación energética definida por el aprovechamiento de la energía solar.

Y es que el potencial de la energía solar actualmente no tiene parangón en el mundo de las renovables. Sirvan de ejemplo los siguientes datos:

Como ya he mencionado en un artículo anterior, los científicos alemanes Gerhard Knies y Franz Trieb afirman que bastaría cubrir con colectores solares una pequeña parte de los desiertos cálidos (un 0,5%) para satisfacer las necesidades eléctricas del mundo entero. Otras estimaciones señalan que la energía solar disponible en los desiertos es más de 700 veces el consumo de energía primaria en todo el mundo. En cualquier caso existe un importante consenso entre la comunidad académica de que, empleando únicamente la radiación solar que reciben los desiertos, podría satisfacerse muchas veces el consumo energético actual y futuro del mundo entero.li>

El informe “Renovables 2050”, preparado por el Instituto de Investigaciones Tecnológicas de la Universidad Pontificia de Comillas, afirma que “los recursos renovables más abundantes son los asociados a la energía solar: entre todas las tecnologías solares se podría obtener energía equivalente a 8,32 veces la demanda energética total de la Península Ibérica en 2050&rdquo.

Con respecto al vector energético del futuro, existen diversos planteamientos. Algunos opinan que el hidrógeno tiene muchas posibilidades de convertirse en el sustituto de la electricidad. Este elemento no es una fuente de energía primaria, sino que, al igual que la electricidad, constituye un medio de transmisión de la energía desde las fuentes primarias hasta los usuarios (esta es precisamente la definición de vector energético). Actualmente existen dos vías principales para la utilización del hidrógeno. La primera es su uso en procesos térmicos convencionales (motores de combustión interna o turbinas). En esta conversión térmica no se producen emisiones contaminantes (excepto para algunas relaciones H2/aire donde la temperatura elevada produce óxidos de nitrógeno). La segunda es la transformación en electricidad mediante procesos electroquímicos en pilas de combustible. En este tipo de conversión las emisiones serían nulas.

Aunque el hidrógeno presenta también algunos inconvenientes, hay dos características que lo convierten en un interesante vector energético:

Gran disponibilidad, ya que puede producirse a partir de variadas materias primas (renovables y no renovables).

Es un combustible limpio. Dependiendo de su generación (energías renovables o no) y de su uso (procesos térmicos o pilas de combustible), las emisiones contaminantes serán ser menores a las de otros combustibles o incluso nulas.

Pero un escenario más realista es que el hidrógeno se utilice como vector complementario de la electricidad, ya que hay determinadas aplicaciones donde puede tener más sentido continuar empleando electricidad en lugar de hidrógeno. Por tanto, es posible que en el futuro estos dos vectores energéticos coexistan, siendo cada uno de ellos utilizado en aquellas aplicaciones para las que presenten unas características más adecuadas.

Y con respecto a la energía del mañana, creo que la solar es nuestra apuesta más segura. No quiero que con ello se me interprete erróneamente: siempre deberán existir alternativas energéticas que complementen el uso de la radiación solar, pero estoy convencido de que un porcentaje muy elevado de nuestro futuro mix energético se basará en el aprovechamiento del astro rey. Sin embargo, dados los intereses económicos vinculados a las energías fósiles, llegar hasta el punto en el que el Sol alimente el 80 por ciento de nuestras necesidades energéticas no será un camino fácil. Pero como rezaba el lema de las misiones Apollo “ad astra per aspera”: hacia las estrellas a pesar de las dificultades.

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