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el principio del fin del policia del mundo

Carta de un preso de Guantánamo

15 de julio de 1005
Querido Clive:
que tus días sean felices.
Permíteme que te diga que me preocupa mi salud, pues va de mal en peor. Como sabes, los prisioneros de la bahía de Guantánamo, el nuevo y tristemente famoso gulag, sufren por la carencia de cuidados médicos: en todas las celdas de la cárcel se oyen los gemidos y lamentos de los enfermos; por ejemplo, Nayib, el marroquí, tiene dolores en una mano que se fracturó durante los famosos sucesos de la fortaleza de Yangui en 2001.
Pero el sorprendente descubrimiento de los expertos médicos y enfermeros del nuevo gulag es que el agua es el remedio para todos los males. El agua sirve para cualquier enfermedad y si un prisionero se queja de un resfriado, un dolor de espalda o una alergia, el enfermero ya tiene la respuesta preparada: “¡Bebe agua!”. Al que tiene anginas: “¡Bebe agua!”.“¡Bebe agua!”.
Lo dice hasta el celador cuando le encargan el traslado de un prisionero enfermo a urgencias, mientras se apresura pronuncia la receta médica: “¡Bebe agua!”.
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Aznar creía….

El ex presidente del Gobierno español José María Aznar afirmó, durante un coloquio organizado por el Ayuntamiento de Pozuelo de Alarcón (Madrid), que “evidentemente todo el mundo pensaba que en Irak había armas de destrucción masiva, y no había armas de destrucción masiva; eso lo sabe todo el mundo, y yo también lo sé, ahora”.
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Entre Malthus y el servical Oppenheimer

Verlo a Andrés Oppenheimer haciendo su pasito de baile en la TV y comparando la preocupación universal sobre la futura escasez de agua con la teoría de Malthus -que afirmaba que la población crecería en proporción geométrica, mientras que la alimentación lo haría de manera aritmética: en suma, que no habría alimentos suficientes para todos- no solo parece un disparate sino que parece un disparate auspiciado por las grandes corporaciones que quieren seguir explotando los recursos naturales sin causar alarma en la población. Que Malthus y sus seguidores en el siglo XVIII no hayan contado con la revolución tecnológica y se hayan equivocado, no significa que las advertencias actuales carezcan de valor. ¿Por qué no compara estas advertencias con las que se vienen haciendo hace más de treinta años, como la desertización y otros desastres planetarios que, infelizmente, ya se han instalado entre nosotros?

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