Decálogo de Edgar Allan Poe

Decálogo de Edgar Allan Poe

 

Escrito por: Jesús Ortega

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De acuerdo, Poe está muy visto. Hay un hartazgo de Poe y un olvido de Poe. Es decir, todo el mundo dice conocer a Poe, aunque nadie lo lea en serio a partir de cierta edad. Hasta que no sobrevenga la próxima efeméride (en 2009, bicentenario de su nacimiento) Poe seguirá aletargado, semienterrado en todas esas ediciones de bolsillo que se venden en las librerías de viejo. Una amiga quisquillosa pronuncia la terrible palabra, esa expresión cool tan cara a los entendidos: “sobrevalorado”. Poe está sobrevalorado. Tiene que ser aburrido, dice, empezar tu taller literario con Poe como quien yo me sé sus clases con el Mío Cid. Y así. Que si es un autor para adolescentes, que si es de un goticismo cómico, que si le sobran adjetivos esdrújulos (como a Lovecraft), que si al leerlo es imposible quitarse de la cabeza la imagen de Vincent Price y su bigotillo, que si el propio Poe incumplía en muchos de sus cuentos sus propias reglas de composición…

Sí, Poe está muy visto. Pero creo que nunca ha terminado de decir lo que tiene que decir, como les sucede a todos los clásicos (según Italo Calvino). Su teoría del cuento es uno de los textos más plagiados de la historia literaria; cuando muchos cuentistas y preceptistas se pronuncian sobre lo que les parece el género, en buena medida no hacen más que paráfrasis de Poe. En fin, los Diez Mandamientos o el Padrenuestro también están muy vistos… Como decía Roberto Bolaño: “la verdad es que con Edgar Allan Poe todos tendríamos de sobra”.

Los fragmentos abajo transcritos pertenecen al ensayo “Filosofía de la composición”, a notas dispersas reunidas como “Marginalia” y, sobre todo, a la reseña de Twice-Told Tales de Nathaniel Hawthorne. Poe nunca escribió un decálogo del cuento, pero le hubiera hecho gracia, creo, la idea de verse presidiendo (de Quiroga a Neuman) la lista universal de mandamientos del género. A mis alumnos de los talleres les he dado alguna vez este falso decálogo hecho con fragmentos verdaderos, para que lo sumen a su archivo y lo discutan, lo nieguen, lo dejen atrás. La traducción es de Julio Cortázar.

1. [Saber hacia dónde se va: empezar por el final] “En la manera habitual de estructurar un relato se comete un error radical… El autor se pone a combinar acontecimientos sorprendentes que constituyen la base de su narración, y se promete llenar con descripciones, diálogos o comentarios personales todos los huecos que a cada página puedan aparecer en los hechos… Por mi parte, prefiero comenzar con el análisis de un efecto. Me digo en primer lugar: de entre los innumerables efectos de que son susceptibles el corazón, el intelecto o el alma, ¿cuál elegiré en esta ocasión?”

2. [Un solo efecto, una sola impresión] “El punto de mayor importancia es la unidad de efecto o impresión”

3. [Concebir todos los elementos del cuento en función del efecto final] “Luego de escoger un efecto novedoso y penetrante, me pregunto si podré lograrlo mediante los incidentes o por el tono general… entonces miro en torno de mí, en procura de la combinación de sucesos o de tono que mejor me ayuden en la producción del efecto. Si el artista literario es prudente… después de concebir cuidadosamente cierto efecto único y singular, inventará los incidentes, combinándolos de la manera que mejor lo ayude a lograr el efecto preconcebido”.

4. [La extensión del cuento: breve] “Lo primero a considerar es la extensión. Si es demasiado larga para ser leída de una sola vez, preciso es resignarse a perder el importantísimo efecto que se deriva de la unidad de impresión… Y sin unidad de impresión no se pueden lograr los efectos más profundos… Si la lectura se hace en dos veces, las actividades mundanas interfieren destruyendo toda totalidad”.

5. [Pero no demasiado, nada de microrrelatos] Cierto grado de duración es indispensable para conseguir un efecto cualquiera… Aludo a la breve narración cuya lectura insume entre media hora y dos… La brevedad extremada degenera en lo epigramático; el pecado de la longitud excesiva es aún más imperdonable… El cuento breve permite al autor desarrollar plenamente su propósito, sea cual fuere. Durante la hora de lectura, el alma del lector está sometida a la voluntad de aquél. Y no actúan influencias externas o intrínsecas, resultantes del cansancio o la interrupción”.

6. [Estructura compacta: construcción, condensación, precisión] “En el cuento, donde no hay espacio para desarrollar caracteres o para una gran profusión y variedad incidental, la mera construcción se requiere mucho más imperiosamente que en la novela. En esta última, una trama defectuosa puede escapar a la observación, cosa que jamás ocurrirá en un cuento”.

7. [Importancia del principio] “Si su primera frase no tiende ya a la producción de dicho efecto, quiere decir que ha fracasado en el primer paso”.

8. [Importancia del final] “La mayoría de nuestros cuentistas parecen empezar sus relatos sin saber cómo van a terminar; y, por lo general, sus finales parecen haber olvidado sus comienzos”.

9. [Funcionalidad de todos los elementos] “No debería haber una sola palabra en toda la composición cuya tendencia, directa o indirecta, no se aplicara al designio prestablecido”.

10. [El poema (el ritmo) de ocupa de lo Bello; el cuento (la prosa), de todo lo demás] “El autor que en un cuento en prosa apunta a lo puramente bello, se verá en manifiesta desventaja, pues la Belleza puede ser mejor tratada en el poema. No ocurre esto con el terror, la pasión o multitud de otros elementos…”

Fuente: http://lacomunidad.elpais.com/jesusortega/2008/8/7/decalogo-edgar-allan-poe

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