Sólo queda rezar

Más de 24,000 positivos y 40 muertos del covid-19 según la Gerencia Regional de Salud de Arequipa,  que son sólo 9,000 contagiados y menos muertos para el Ministerio de Salud. Sólo estos dos datos, desiguales y abismalmente diferentes, de dos entidades oficiales, que deberían estar dialogando,para uniformizar la información, grafica la desdicha que le está causando el virus a Arequipa, considerada la segunda ciudad del Perú. Si a eso le sumamos, que el propio alcalde provincial, Omar Candia, está contagiado, el Ministro de Agricultura llega a la ciudad en representación del Gobierno Central, para afirmar que “Arequipa toca fondo”, y el Defensor del Pueblo declara que la Ciudad Blanca “desfallece”, porque los hospitales de campaña y demás recursos asistenciales a cargo del Gobierno Regional, no se entregan, y de haberlos, no existe personal médico, entonces  estamos ante un cuadro dantesco, en medio de una población que ya salió a las calles, desesperada para sobrevivir, lo que hace prever que aumentarán los contagios y muertes, haciendo que Arequipa sea la región más golpeada por esta pesadilla, después de Lima.

En medio de este desmadre, no hay día en Arequipa que despertemos con anuncios de cambio de autoridades en las principales instancias que debieran liderar la lucha contra la peste; autoridades salientes y entrantes parece que juegan al gran bonetón para deshacerse de responsabilidades, culpando, al igual que el Gobierno Central, a la población por los resultados trágicos del encarcelamiento al que nos condenó con su fórmula de “Salud sí, economía no”. Cuatro meses después, estamos entre los países con el mayor ratio de infectados y muertos por habitantes; y, económicamente, terminaremos con una economía en ruinas. Es decir, la receta no funcionó para controlar la peste, pero parece sí ser la fórmula perfecta para nuestros políticos y autoridades que han encontrado en ella, la nueva manera de seguir hurtando al país, ya que los escándalos de corrupción, no cesan, y que ahora quieren distraernos con las convocadas elecciones generales.

¿Qué falló, o en qué fallamos? Quizá, como lo dicta, la Ley de Murphy, debimos haber tomado en cuenta, por lo menos, uno de nuestros defectos o taras que ponen en riesgo todo plan o estrategia. Es decir, tal vez, debimos darnos cuenta que las medidas del gobierno central seguían la lógica de países del primer mundo, cuando nosotros no lo somos; tal vez, el problema es que el propio gobierno exageró en buenos deseos, desmereciendo la capacidad o experiencia técnica o profesional; tal vez, el error fue darle su toque ideológico a las medidas, o desconocer que si algo une a nuestra clase dirigencial es su apetito trapacero; u olvidarse que con un 70% de PEA informal o ilegal, no se puede avanzar ni a la esquina; o no tener en cuenta que somos una sociedad  multinacional, cada una con sus propios pensamientos y modos de actuar; o tal vez, nos faltó reconocer que ni siquiera somos país.

Pareciera que el gobierno central ya tiró la toalla, en la lucha contra la peste. Vizcarra recula nuevamente al campo político pechando al Congreso y esforzándose en colocar en la agenda el tema electoral. Con ese ejemplo, los gobiernos regionales y municipales lo emulan; en especial al gobernador arequipeño que desde mayo lanzó su candidatura presidencial, objetivo que no ceja publicando periódicamente encuestas engañosas a su favor.  Mientras tanto, a la población se le viene repitiendo la nueva fórmula para combatir la peste: “Sálvese quien pueda”.

La tragedia es tal, que, efectivamente, ante una nueva demostración del infausto e inútil Estado que tenemos, lo que nos queda es salvarnos como mejor podamos: los privilegiados, aquellos que gozan de una casa y empleo, seguir encerrados; soportar el stress del teletrabajo y apoyar a los necesitados. Los que no, los obligados a salir a las calles a sobrevivir o cumplir la tarea heroica de atender a los pacientes, aumentar su cuidado, individual y familiar, con las medidas básicas dictadas por la OMS (lavado de manos, desinfección, mascarillas, distanciamiento físico). No hay otra.

Ah, y para no olvidar que Dios es peruano, en especial a la Virgen de Chapi: rezar y rezar.

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