Por quién votar?

Por lo que ha venido ocurriendo en los últimos procesos electorales, esta semana, la última, es donde se define quién será el ganador o quiénes serán los que pasen a la segunda vuelta electoral para definir las próximas autoridades regionales y locales; aunque otros más sesudos, plantearán, con cierto rigor científico que, en realidad eso se define en la misma cola; es decir, cuando nuestros electores esperan ingresar al salón o a cabina para emitir su voto.  Así nos comportamos electoralmente y nada indica que cambiaremos.

Hay razones que explican esa conducta; la principal, entre ellas, es el desencanto o frustración del electorado frente a la política en general, y más específicamente, frente a los políticos. Si a ello le sumamos los escándalos constantes, mayoritariamente ligados a la corrupción, entonces podemos entender por qué la población espera los últimos días u horas para decidir por quién votar; es más, es muy probable que ni siquiera lo haga, si es que éste no fuera un acto obligatorio.

Todo indica que el actual proceso electoral, es el más desalentador de nuestra historia reciente. Así lo señalan las encuestas; es más, quienes sean elegidos, lo harán con porcentajes bajísimos, lo cual augura gobiernos locales y regionales muy frágiles y, por tanto, caóticos e inútiles.

No sólo en Lima, sino también en nuestra ciudad (y probablemente en todo el país), saber quiénes se perfilan como ganadores en esta última semana, nos paraliza. Urresti en la capital o Cáceres en Arequipa, genera desazón y no poca repugnancia, que nos hace creer que la política en nuestro país se ha echado a perder del todo, que no hay solución. Es decir, si creímos que el estallido del escándalo de los audios y las jugarretas políticas, que destituyeron a PPK; o si confiamos que los colectivos y la sociedad civil, al alzarse o protestar contra todo eso originaría una corriente crítica para que la política gire hacia su rectitud, nada de ello ha ocurrido; es más, todo parece indicar que la tendencia es a hundirnos más.

Si esa es nuestra realidad, no debiéramos sorprendernos lo que Brassier o Zizek han denominado nihilismo transcendente; es decir, esa actitud fatalista, el desaliento total que se resume en la agitativa y seductora frase de Que se vayan todos, y que es la que más se ha venido usando en las redes para dar cuenta que ningún candidato es digno de confianza, ya que todos son delincuentes, corruptos y un largo etc. Sin embargo, no es así; es incorrecto meterlos a todos en un mismo saco, calificarlos e, incluso, insultarlos, por igual.

Es fácil caer en el Espiral del silencio y empezar a enmierdar a todos los candidatos, hasta yo he caído en esa tenebrosa fórmula que ahonda nuestra desconfianza y, por tanto, nos aleja de ver a nuestro país, región y localidad con un mínimo de posibilidades. Es difícil salir de ese Espiral, pero se puede, y al hacerlo podemos descubrir que en medio del miasma hay políticos y candidatos que merecen valorarse. Por ejemplo, en nuestro medio, están Wilfredo Pino Chávez, Leonor Guzmán, Karla Dueñas, entre otros, que están convencidos que la política es, ante todo, la ética y principios puestos en marcha.

Ultima semana para reflexionar por quién votar, aunque suene trillado. Personalmente, votaré, una vez más, por alguien que sé que no ganará, por uno de esos quijotes que siguen soñando que la política sí es útil, sí sirve para servir. Es decir, mi voto será a perdedor, pero eso es mil veces preferible a votar por un ganador del cual terminamos arrepentidos y avergonzados, ya que ni presencia o hablar pueden.

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