Don Pepe

Era una costumbre casi religiosa en los últimos años, llegar a Lima y visitar a José Ruiz Rosas, Don Pepe. Me motivaba más el aliento de Alonso o Ximena, que cuando preguntaba por su padre, terminaban con visítalo, se va a alegrar. Efectivamente, él se contentaba con verme, y vernos, pués acostumbraba hacerlo con mi familia. Para ello, la siempre diligente doña Tere, lo coordinaba y preparaba todo: las entradas, los platos de fondo, el postre y hasta los entremeses. Mis ruegos de que no se preocupara por esos detalles, que yo sólo quería pasar un rato con ellos, caían en vano; doña Tere tomaba esa visita como un acontecimiento, pues Pepito se entusiasmará, no sabes cuánto se le gusta que lo visiten sus amigos de Arequipa, me decía.

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