Gisella Orjeda y la UNSA

Conocí personalmente a Gisella Orjeda el año pasado en las reuniones que se iniciaron tras la decisión de buscar un convenio entre la UNSA y Concytec para que nuestro ente regulador de la ciencia y tecnología en el Perú le enseñara a la universidad agustina a manejar, a través de proyectos de investigación y actividades académicas, los fondos provenientes del canon minero, que sumaban cientos de millones y que estaban allí, dormidos o en riesgo de perderse por la inacción de las gestiones anteriores.

Las reuniones se hacían en la miraflorina oficina del Concytec y Orjeda las encabezaba, rodeada de su equipo de trabajo, siempre de manera reflexiva, pausada, sólida y precisa, como corresponde de alguien  que mayormente ha vivido en el ambiente científico e investigativo, refrendado por varios títulos y honores, como un PhD en Genética por la Universidad de Birmingham e investigadora del Instituto Genoscope de Francia, sin mencionar las docenas de investigaciones de genética y clonación en agricultura, en el Perú y varias partes del mundo.

De esas sesiones nació Cienciactiva-UNSA, el vigoroso convenio que ha permitido que la universidad agustina, en un año, se convierta en referente de la universidad nacional porque permite movilizar ingentes recursos económicos para materializar proyectos de investigación, organización de eventos científicos, pasantías internacionales y publicación de textos universitarios. Cienciactiva-UNSA, obligó a variar el lenguaje entre docentes y alumnos agustinos, pues empezamos a hablar de DINA y REGINA como los requisitos básicos que debe tener todo miembro de la comunidad universitaria si se quiere hablar de trabajo académico, y mucho más si pretendemos concursar en las convocatorias que semestralmente lanza ese Convenio. Pero a la vez, Cienciactiva-UNSA obligó a que Orjeda llegue a San Agustín varias veces, y pienso que lo hacía con gusto porque así consolidaba el objetivo de fortalecer a Concytec para que, por fin, el Perú se dé cuenta de que no puede hablarse de un país desarrollado sin la participación fundamental de la ciencia y tecnología (con Orjeda, el Concytec pasó de tener un presupuesto de 15 millones de soles a 130 millones, con proyección de llegar a mil millones).

En esas visitas que Orjeda hacía a Arequipa, nos volvimos a ver, especialmente cuando en diciembre último me entregó mi constancia de ganador de una de las convocatorias de Cienciactiva. Allí, no escondía su molestia con el cambio de gobierno y en especial por el nuevo Congreso comandado por la dupla aprofujimorista, que desde un principio no ocultó su molestia de ver a Orjeda  como la parte más “dura” del  Consejo Directivo de Sunedu, que no sólo vela por el cumplimiento de la nueva Ley Universitaria, sino del proceso de licenciamiento al que están obligadas las universidades del país. Como sabemos, muchas de las que se autodenominan “universidades” son en realidad fábricas tipográficas de títulos profesionales y de candidaturas políticas. Obviamente, una Ley que las obligue a reencontrarse con la difusión del conocimiento y el quehacer científico, apartándose de su visión exclusivamente mercantilista, no ha sido de su agrado y por eso, desde su nacimiento, se opusieron a la nueva Ley Universitaria. Usando al  nuevo Congreso como poder, el objetivo de tumbar a Orjeda se hizo más fácil.

La mira estaba puesta y es así como empezó la tarea de fusilar a Orjeda inventándole o inflando acusaciones administrativas.  La mayoría de los infundios fueron resueltos, pero creo que Orjeda no soportó más el gigantesco embrutecimiento del que hacen gala nuestros congresistas, que al plantear que el quehacer científico es innecesario en nuestro país, lo único que hacen es defender sus infames objetivos.

Orjeda renunció hace pocos días a la presidencia de Concytec. Todo el Parlamento y en especial los aprofujimoristas, se frotan las manos y es probable que para su reemplazo se aplique la iniciativa aprista de que sea nuestro mentecato Congreso quien elija al nuevo presidente de lo que en realidad funciona como nuestro Ministerio de Ciencia y Tecnología. Estoy seguro que, como ocurrió con Saavedra, dentro de poco nos enteraremos que Orjeda está encabezando algún organismo científico mundial, mientras que aquí, el Concytec lo estará ocupando alguien que luego será denunciado por tener un título bamba de las universidades de Acuña y que, incluso, ni siquiera terminó secundaria. Mientras tanto, el aprofujimorismo seguirá relamiéndose.

 

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