La batalla por Puno

Estando recientemente en Puno, fue obligatorio salir en grupo a pasear por sus cortas y estrechas calles. Luego del fugaz recorrido, el comentario de uno de los paseanderos no se hizo esperar: “regreso a esta ciudad después de diez años y está igualita”. Efectivamente, Puno se nos presenta como una ciudad añeja y estancada, aunque esto es sólo a nivel externo, pues sabemos, y las cifras así lo confirman, de su gran dinamismo a nivel comercial y principalmente turístico, pues recordemos que en ese sector tiene, incluso, más actividad que Arequipa.


Lo curioso es que ese trajín económico no está acompañado del desarrollo que se merece esa ciudad, pues allí se incuba una de las zonas más pobres de nuestro país (según la autoridad regional, el 75% de su población está en situación de pobreza). ¿Cómo explicarnos esa situación? Una de las respuestas la encontramos en el libro “La batalla por Puno”, del historiador José Luis Renique, publicado hace un tiempo atrás. Justamente, pongo a vuestra consideración una entrevista que le hice a propósito de la presentación que se hiciera de esa investigación en nuestra ciudad.

Puno es el test del Perú

Has dicho que tu libro es una lectura del país a partir de una zona tan particular como Puno. Si es así; es valido preguntar en qué momento se jode Puno?
Yo no suelo caer en la trampa de Vargas Llosa. Lo que yo trato de ver en este terreno que es el altiplano, es cómo podemos construir una voluntad colectiva para sacarle el jugo a lo que tenemos y para tratar de hacerle la vida menos fácil a aquellos que viven de explotar a las periferias. Desde esa lógica, creo que la pregunta vargallosiana es una pregunta miraflorina, comodona; es una pregunta que la hace quien se prepara para irse no en el sentido geográfico sino existencial. Es la pregunta de quien abandona, patea el tablero.

¿Crees que si hubieras planteado el mismo esquema desde Arequipa, Huancayo, etc. las conclusiones serían las mismas?
Hugo Neira ha dicho que le gustaría escribir un libro como el mío para cada región o valle del Perú. La invitación a descentrar la mirada del Perú tiene un efecto único desde Puno porque no hay otra región del Perú, al menos hasta mi generación, donde más energías se haya invertido en la creación simbólica de su lejanía y de su carácter remoto.

¿Sigue existiendo para Puno el viejo problema de la tierra como lo planteó Mariátegui. No crees que allí hay otro problema, como el de mercado, comercialización, etc.?
Mi libro termina en un momento donde hay una reconceptualización del problema de la tierra. Tienes toda la razón, lo de hoy es una lucha diferente, es una mirada distinta. Creo que en ese sentido mi libro es un record histórico de una época concluida.

Puno es hoy un lugar convulso para el país porque allí los ilaveños, junto con movimientos como el MAS de Evo Morales, quieren construir su propia nación. ¿Qué piensas al respecto?
Puno es un test para la República. Recordemos que bien entrado el s XX, las autoridades centrales detectaron que allí había un subsuelo organizativo. O sea, había una mirada propia, proyectos de

organización alternativos. O sea había ese discurso subalterno de “nosotros podemos gobernar esto mejor que ustedes”. Recordemos también que una de las grandes rebeliones campesina del país fue el de Huancané que comenzó con la utopía de construir una ciudad alternativa a Lima. Con respecto a Bolivia y Evo Morales, la coca, el narcotráfico, etc. son partes del paisaje de hoy como lo fueron en su momento los adventistas, los comunistas, el comité Tahiantinsuyo, que son elementos de la politización de una región que pueden tener una conexión, pero lo que no sabemos es qué dirección va a tomar.

Hay aun arequipeños que piensan que Puno, con su proceso migracional, desdibuja la identidad local ignorando que esa zona sostuvo la economía local y que incluso fue uno de los grandes centros de desarrollo cultural y educativo del Perú.
Exacto. Aquí hay arequipeños que me han preguntado “cómo hacemos para educar a esa gente”, cuando no saben que muchas iniciativas, incluyendo las culturales y educativas, partían de Puno.

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