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LA BIOGRAFIA DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI

SANTO PAPA – BENEDICTO XVI

Fuente: CATOLICOS X SIEMPRE

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Su Santidad Benedicto XVI (en latín, Benedictus PP. XVI), nacido Joseph Aloisius Ratzinger (*Marktl am Inn, Baviera, Alemania, 16 de abril de 1927) es el actual papa de la Iglesia católica. Tras el fallecimiento de Juan Pablo II, fue elegido como el 265.º papanota 2 el 19 de abril de 2005 por los cardenales que votaron en el cónclave.nota 3

Joseph Aloisius Ratzinger participó en el Concilio Vaticano II como asesor teológico del cardenal Josef Frings. Tras una larga e importante carrera como profesor de Teología, fue nombrado arzobispo de Múnich y luego cardenal por el papa Pablo VI en 1977. En 1981 fue llamado a Roma para ser prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe por el papa Juan Pablo II, quien años más tarde lo nombró decano del Colegio Cardenalicio y, como tal, cardenal-obispo de Ostia en 2002. Como cardenal decano, presidió los funerales de su predecesor, el papa Juan Pablo II. Sus primeras palabras como sumo pontífice fueron: “Queridos hermanos y hermanas, después del gran papa Juan Pablo II los señores cardenales me eligieron a mí, un simple y humilde trabajador en la viña del Señor. Me consuela el hecho de que el Señor sabe trabajar y actuar incluso con instrumentos insuficientes, y sobre todo me encomiendo a vuestras oraciones”.1

Ratzinger domina por lo menos seis idiomas (alemán, italiano, francés, latín, inglés y español). Además, lee el griego antiguo y el hebreo. Es miembro de varias academias científicas de Europa y ha recibido ocho doctorados honoris causa de diferentes universidades (entre otras, de la Universidad de Navarra y de la Pontificia Universidad Católica del Perú en 1986); además es ciudadano honorífico de las comunidades de Pentling (1987), Marktl (1997), Traunstein (2006) y Ratisbona (2006).

Es un experto pianista y su compositor favorito es Mozart. Es el sexto (quizás séptimo, según la procedencia de Esteban VIII, de quien se desconoce si nació en Roma o en Alemania) papa alemán desde Víctor II. En abril de 2005 fue incluido en la lista de las 100 personas más influyentes del mundo por la revista Time.

El último papa llamado Benedicto fue Benedicto XV, quien ostentó el cargo de 1914 a 1922, coincidiendo sus primeros años de pontífice con la Primera Guerra Mundial.

Su Vida Antes Del Papado

Infancia

Nació en Marktl am Inn, Baviera el 16 de abril de 1927, a las 8:30, en la dirección Schulstraße 11, la casa de sus padres. Fue bautizado el mismo día que nació que además era un sábado de Gloria en la diócesis de Passau. Es el tercero y más joven de los hijos de Joseph Ratzinger (n. 6 de marzo de 1877, † 25 de agosto de 1959), un oficial de policía, y de María Ratzinger (n. 7 enero de 1884, † 16 diciembre de 1963, nacida Peinter). Su familia materna es originaria de Rio di Pusteria (Mühlbach), en el Alto Adigio.

Su hermano Georg Ratzinger (nacido en 1923), también sacerdote, aún vive. Su hermana Maria Ratzinger, quien nunca se casó, administró la casa del cardenal Ratzinger hasta su muerte en 1991. A la edad de cinco años, Ratzinger estaba con un grupo de niños que dieron la bienvenida al visitante cardenal arzobispo de Múnich con flores. Impresionado por la vestimenta del cardenal, más tarde anunció que quería llegar a ese cargo.[cita requerida]

Dos años después de su nacimiento, el 11 de julio de 1929, su familia se mudó a Tittmoning y el 5 de diciembre de 1932 se mudó nuevamente, esta vez a Aschau am Inn y fue aquí que Joseph vivió su tiempo escolar, en la década de los 30, después del fortalecimiento del nacionalsocialismo. El padre de Joseph compró una pequeña casa de campo en Hufschlag en Traunstein; este lugar es recordado por Ratzinger como “el verdadero hogar” de su familia.

El padre de Joseph, debido a su trabajo en la gendarmería, debía ser muy flexible en cuanto a su ubicación. A pesar de que sus padres tenían algunas cargas económicas, lo enviaron al seminario de San Miguel, donde se desempeñó como un estudiante dedicado.

Hasta 1939 ningún seminarista había entrado en las Juventudes Hitlerianas. Pero el régimen exigió a partir de marzo la afiliación obligatoria. Hasta octubre, la dirección del Seminario se negó, pero luego no pudo impedir el inscribirlos. Así le sucedió también a Joseph Ratzinger, a sus 14 años.2 3 Un testigo relata (según el Frankfurter Allgemeine Zeitung) que los seminaristas eran una “provocación” para los nazis: se los consideraba sospechosos de estar en contra del régimen.4 En un escrito del Ministerio de Educación se lee que la pertenencia obligatoria a las Juventudes Hitlerianas “no garantiza que los seminaristas realmente se hayan incorporado a la comunidad nacionalsocialista de los pueblos”.2

A los 16 años, fue llamado a filas, como tantos jóvenes de las Juventudes hitlerianas que al final de la guerra fueron militarizados (los llamados Flakhelfer: ayudantes de artillería antiaérea)nota 4 y se lo destinó a la protección de la fábrica de BMW en Traunstein, en las afueras de Múnich, ciudad que fue bombardeada masivamente. Prestó servicio entre abril de 1943 y septiembre de 1944. En este tiempo asistió al instituto de segunda enseñanza “Maximiliansgymnasium”. A las preguntas de un superior, contestó que quería ser sacerdote. Estuvo luego, tras la instrucción básica, destinado en Austria, concretamente en la protección anti-tanque.

En 1944 comenzó su entrenamiento básico en Hungría, tomó parte en el “Reichsarbeitsdienst” que era un servicio de estrategia nazi, donde él, junto con otros compañeros, construyeron sistemas para cerrar el paso a diferentes tanques de guerra. Ratzinger desertó en los últimos días de la guerra, pero fue hecho prisionero por soldados aliados en un campo cerca de Ulm en 1945.

Después de ser puesto en libertad, en cuanto alumno del seminario diocesano, entonces sito en Traunstein, hizo su examen de bachillerato en “Chiemgau-Gymnasium” (Instituto Chiemgau) en Traunstein.

Desde 1946 hasta 1951 Ratzinger estudió Teología católica y filosofía en la universidad de teología y filosofía de Freising, así como en el Herzogliches Georgianum de la universidad de Múnich y Friburgo. Según sus propias palabras, sus mayores influencias filosóficas, después de un periodo de interés por el neo-Kantismo, fueron sobre todo las obras de Gertrud von le Fort, Ernst Wiechert, Elisabeth Langgässer, Theodor Steinbüchel, Martin Heidegger y Karl Jaspers. Igualmente, se refiere a Fiódor Dostoyevski como una fuerte influencia literaria. En cuanto a los Padres de la Iglesia, estudió con interés a san Agustín de Hipona. Respecto de los escolásticos, su interés se centró en San Buenaventura.

Carrera Académica

El inicio de su vida académica no estuvo exento de disgustos. Su primer escrito de tesis sobre San Buenaventura le fue devuelto en 1954 con una severa crítica del profesor Michael Schmaus. Sus enfoques empezaban a romper esquemas tradicionales de la época, lo que le ocasionaba alguna incomprensión y dificultad.

Ratzinger ingresó como profesor en la Universidad de Bonn en 1959; su conferencia inaugural fue acerca de “El Dios de la fe y el Dios de la filosofía”. En 1963 se fue a la Universidad de Münster, donde al dar su conferencia inaugural ya era bien conocido como teólogo. En el Concilio Vaticano II, sirvió como asesor teológico del cardenal Josef Frings de Colonia, y luego trabajó por defender el Concilio en sus distintos documentos, incluyendo Nostra Aetate, el documento que habla acerca del respeto hacia otras religiones y sobre el derecho a la libertad religiosa. Fue visto durante el tiempo del Concilio como un reformista convencido.

Ratzinger admitió que era admirador de Karl Rahner, un teólogo académico bien conocido por su “Nueva Teología”, que estaba a favor de la reforma de la Iglesia y proponía nuevas ideas teológicas; pero, a pesar del acuerdo en muchos puntos y aspiraciones, Ratzinger se dio cuenta que Rahner y él vivían, desde el punto de vista teológico “en dos planetas diferentes”, como explica en el libro “Mi vida” (pag. 126), pues la Teología de Rahner estaba caracterizada por la tradición escolástica de Suárez y de su nueva versión a la luz del idealismo alemán y de Heidegger, en la que las Escrituras y los Padres no jugaban un papel importante y en que la dimensión histórica era de escasa importancia. En contraste, la formación de Ratzinger estaba marcada por las Escrituras y por los Padres de la Iglesia, por un pensamiento esencialmente histórico.

En 1966 fue candidato a ocupar una vacante en teología dogmática en la Universidad de Tubinga, donde fue colega de Hans Küng, con quien años más tarde sostendría fuertes enfrentamientos. En 1968 escribió en su libro “Introducción al Cristianismo” que el papa tenía el deber de oír diferentes voces dentro de la Iglesia antes de tomar una decisión. También escribió que la Iglesia de ese tiempo estaba muy centralizada. Dichos párrafos no aparecieron en ediciones posteriores del libro, porque fueron malinterpretados por autores que utilizaron este texto para cuestionarlo.[cita requerida] Durante este tiempo, se distanció de la atmósfera de Tubinga y de los lineamientos marxistas del movimiento estudiantil de la década de los años 60, que en Alemania rápidamente se radicalizaron entre los años 1967 y 1968, culminando en una serie de disturbios en abril y mayo de 1968. En 1969 regresa a Baviera a la Universidad de Ratisbona (Regensburg), en un ambiente académico menos reformista.

En 1972, fundó la publicación teológica Communio junto con Hans Urs von Balthasar, Henri de Lubac y otros. Communio, hoy publicada en diecisiete idiomas (alemán, inglés y español, entre otros), se ha convertido en una de las publicaciones católicas más influyentes del mundo.

Sacerdote, Arzobispo y Cardenal

El 29 de junio de 1951 recibió junto con su hermano Georg el sacramento del orden sacerdotal en la catedral de Freising a través del que fuera entonces arzobispo de Múnich y Freising, el cardenal Michael von Faulhaber. Celebró su primera Misa en la parroquia de San Oswaldo en Traunstein y el 30 de julio de 1951, junto a su hermano, en Rimsting, lugar donde su madre había nacido.

El 24 de marzo de 1977 Ratzinger fue consagrado arzobispo de Múnich y Freising, y el 27 de junio, Pablo VI lo nombró cardenal del título de S- Maria Consolatrice al Tiburtino. Durante el Sínodo de los obispos de 1977, dedicado al tema de la catequesis, se produce su primer encuentro con Karol Wojtyła, después de muchos años de intercambiar con él correspondencia, ideas y libros.

Teólogo

Como joven profesor de teología, abría a sus alumnos a pensadores en aquel momento considerados avanzados, y que en aquella época incluso tuvieron problemas con la Jerarquía católica, como Yves Congar o Henri de Lubac, además de a los grandes autores protestantes como Karl Barth, Oscar Cullmann o Dietrich Bonhoeffer. Ello le acarreó los recelos del catolicismo más conservador.

Entendía que había que superar la abstracción metafísica de la neoescolástica en la que consideraba estaba atrapada la teología católica. Defendía la necesidad de abrirse a un nuevo lenguaje que, partiendo del Evangelio, conectase existencialmente con las inquietudes del hombre concreto contemporáneo. En ese sentido, no ha ocultado la influencia en su enfoque de la filosofía de existencialistas como Heidegger o Karl Jaspers.

Como asesor en el Concilio Vaticano II del cardenal Frings, defendió un debate abierto y una elaboración de los textos creativa, impulsando las ideas reformistas que se tradujeron en las concepciones renovadas de la relación entre la Iglesia y el Mundo y una nueva manera de exponer las verdades centrales del cristianismo como la Revelación o la Salvación. (Así lo recuerda en el Libro La Sal de la Tierra)

En su estudio sobre la Teología de la Historia en San Buenaventura, aparecen ya algunas constantes de su pensamiento. Para Ratzinger, la fe de la Iglesia ha de fundamentarse en el mensaje de liberación del Evangelio y en la tradición más primigenia del cristianismo, (en particular los Padres de la Iglesia) de los que es posible hacer una relectura significativa para el hombre de hoy. Esto no significa, según él, la defensa del pasado, porque entiende que el depósito de la fe es inagotable, ha de entenderse vivencialmente de un modo dinámico y, por lo tanto, está siempre proyectado hacia lo nuevo.

En su libro Introducción al Cristianismo, defiende que el ser es ser pensado, pensamiento del Espíritu absoluto que se ha revelado como relación. Concibe la relación como una forma primigenia de lo real: la unidad primigenia es unidad en el amor. Así es como hay que entender el dogma de la Trinidad, donde la más intrincada teoría transmite enseñanzas prácticas para concebir el cosmos y la vida, en particular la vida humana cuyo origen y meta está en el amor.

Insiste en este mismo tratado que la omnipotencia divina se descubre en su esencia a través de la entrega del hombre Jesús de Nazareth. Sólo se entiende lo que es Dios en la impotencia y debilidad del pesebre de Belén y la muerte ignominiosa en la Cruz. Esto nos revela la ley de lo abundante, donde el amor se derrocha y suscita la respuesta de la fe que ha de ser, de este modo, una respuesta de amor. En ello se toca lo esencial del ser humano que se encuentra a sí mismo cuando se siente amado y, como respuesta, es capaz de salir de sí mismo al encuentro de los demás, especialmente de los necesitados, y de la Trascendencia. Esta es la idea básica de su libro Mirar a Cristo.

En el terreno moral, ha insistido en que el cristianismo no es un moralismo. La fe cristiana no tiene nada que ver con la religiosidad que busca la recompensa, que se ciñe a un legalismo ético para ganarse supuestamente un derecho a la salvación. La fe en Jesús se basa en la humildad que vive del amor gratuito recibido (gracia) más allá del mérito y el rigorismo. Es esta apertura al don lo que transforma al hombre y produce su conversión (la metanoia del evangelio). Llamó la atención su afirmación de que la moral sexual representaba un capítulo particularmente oscuro y trágico en la historia del pensamiento cristiano, aunque recordó que la concepción de la unión carnal entre el hombre y la mujer como sacramento y manifestación del amor de Dios no ha permitido que se cayera, a diferencia del gnosticismo y del dualismo de las primeras herejías, en una aversión a la sexualidad. Por ello se mostró partidario de una visión antropológica positiva del cuerpo y su lenguaje, que estima coherente con el Dios de la Creación y de la Vida que se revela en la Biblia.

Sobre la Escatología tiene una obra del mismo título donde pretende dar respuesta teológica a una sociedad burguesa atenazada por el miedo al sufrimiento y a la muerte. En esta obra afirma que la fe cristiana está volcada hacia la vida, su meta es vida en todos sus niveles en cuanto a don y reflejo de Dios, que es la Vida. Para la fe cristiana, sostiene, no existe ninguna vida inútil.

Ratzinger reaccionó en el libro Informe sobre la fe ante lo que consideró una deriva caótica del catolicismo tras el Concilio Vaticano II, atribuyéndola a lo que estimaba era una interpretación superficial del mismo que se apuntaba acríticamente a todo lo novedoso por efímero e inconsistente que esto fuera. Así, mostró su preocupación por un relativismo que pone en cuestión la idea de Verdad dogmática y Moral. Para él, la Verdad no es un punto de llegada, es una llamada a la búsqueda sincera donde la razón puede desplegar todas sus energías, pero eso no la diluye ni la transforma en mera invención subjetiva y manipulable. Si se renuncia a la verdad acerca del hombre, se renuncia a su libertad (así lo expresa en su libro Fe, Verdad, Tolerancia). Denunció también el empobrecimiento que para un culto profundo supuso el abandono de una liturgia enraizada en la tradición de la Iglesia.

Combatió, asimismo, la identificación del compromiso social cristiano con la colaboración en las nuevas estructuras de poder revolucionario que surgieron en Latinoamérica. Por ello condenó las manifestaciones más exacerbadas de la Teología de la Liberación, a la que vio influida por un marxismo llamado a desaparecer. También fue crítico con la identificación de la fe cristiana con formas políticas conservadoras, en coherencia con su concepción de un cristianismo que va mucho más allá de la mezquina defensa de estructuras políticas y sociales que siempre serán mutables y pasajeras. Entiende que la fe cristiana es incompatible con la adhesión a sistemas de dominación y opresión, sean del signo que sean. Por ello ha denunciado los males derivados del capitalismo y el liberalismo occidentales.

En su Teoría de los Principios Teológicos, materiales para una teología fundamental, sostiene que la Iglesia debe superar sus disputas internas y reflexionar sobre la posibilidad de respuesta que lleva en su interior. Afirma que una de las primeras reglas del discernimiento espiritual consiste en que donde está ausente la alegría y el humor está ausente el Espíritu.

Para Ratzinger, el cristiano occidental vive hoy en una era neopagana, marcada por la idolatría del dinero, el prestigio, el placer y el poder. Por ello la persona está cada vez más aislada y desorientada y la sociedad desprovista de valores humanos consistentes. Ante ello, el cristiano ha de ser el que transmita la liberación del que vive del Perdón y la promesa de la Vida Eterna para todos los hombres. Solo desde estos parámetros se puede recobrar y defender un sentido pleno de la dignidad humana. Muestra su escepticismo ante la eficacia de una reforma estructural de la Iglesia, entiende más bien que lo que hay que hacer es poner esa estructura al servicio del amor. Para el, la Iglesia vive de la alegría que los cristianos experimentan por ser tales (Ser Cristiano en la era neopagana).

Todo esto lo ha colocado en el punto de mira crítico de la teología católica más avanzada, si bien le valió la confianza de Juan Pablo II y lo llevó a desempeñar con rigor el cargo de Prefecto de la Congregación para la de la Doctrina de la Fe.

Prefecto de la Congregación Para La Doctrina De La Fé

El 25 de noviembre de 1981, Juan Pablo II nombró a Ratzinger prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Dimitió en la arquidiócesis de Múnich a principios de 1982. Fue nombrado cardenal obispo de Velletri-Segni en 1993, elegido vicedecano del Colegio Cardenalicio en 1998 y finalmente decano del mismo 2002, uniendo como es preceptivo su sede cardenalicia a la de Ostia. Ideológicamente, Ratzinger tiene ideas conservadoras en cuanto al control de la natalidad y el diálogo interreligioso. Fue el cardenal más próximo a Juan Pablo II; Ratzinger y Wojtyla fueron calificados intelectualmente como “almas gemelas”[cita requerida].

Bajo su prefectura se dictaron escritos acerca de la postura de la iglesia católica con respecto a las personas homosexuales (1986), y “Carta a los obispos de la Iglesia Católica sobre la atención pastoral de las personas homosexuales” (1992), rechazando los proyectos de reconocimiento legal de las uniones entre personas homosexuales (3 de junio de 2003).

Por razón de su cargo fue también el responsable de estudiar la compatibilidad de la teología de la liberación con la doctrina católica; le compitió prohibir el ejercicio de la enseñanza en nombre de la Iglesia a teólogos disidentes como Hans Küng, Leonardo Boff y otros, varios de ellos españoles. Con esto mostró su posición como filósofo y teólogo de raíces hegelianas, como su inspirador y maestro, el fallecido Joseph Frings, cardenal del título de S. Giovanni a Porta Latina y arzobispo de Colonia.[cita requerida]

Según el New York Times, el Vaticano habría reconocido en 2010 haber encubierto (durante el mandato del papa como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe) a un sacerdote estadounidense, Lawrence Murphy, sospechoso de haber abusado de unos 200 niños sordos.5 6

Sin embargo, el Vaticano desmintió tal encubrimiento en una nota publicada posteriormente a la noticia. Se explicó en la misma que a mediados de los años setenta, algunas víctimas del padre Murphy informaron sobre estos abusos a las autoridades, que emprendieron una investigación en ese momento. Según portavoz del Vaticano, Federico Lombardi, dicha investigación fue abandonada. La Congregación para la Doctrina de la Fe fue informada sobre esta cuestión unos 20 años después. Dado que el padre Murphy era anciano, en un estado de salud muy deteriorado, en aislamiento, y que no se habían registrado denuncias de abusos desde hacía veinte años, la Congregación para la Doctrina de la Fe sugirió que el arzobispo de Milwaukee considerara afrontar la situación, por ejemplo, restringiendo el público ministerio del padre Murphy y exigiendo que el padre Murphy aceptara la plena responsabilidad de sus actos. El padre Murphy murió aproximadamente cuatro meses después, sin ulteriores incidentes.7

Durante su Servicio como Cardenal Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el Papa Juan Pablo II le encomendó en 1986 la redacción de un nuevo Catecismo de la Iglesia católica, el cual fue terminado y publicado luego de seis años de trabajo en 1992, con la Constitución Apostólica “Fidei Depositum” o deposito de la Fe, del sumo pontífice Juan Pablo II.

El año 1986 confié a una Comisión de doce cardenales y obispos, presidida por el cardenal Joseph Ratzinger, el encargo de preparar un proyecto del catecismo solicitado por los padres del Sínodo. Un Comité de siete obispos diocesanos, expertos en teología y catequesis, colaboró con la Comisión en ese trabajo.
Juan Pablo II, Fidei Depositum

ELECCIÓN AL PAPADO

Predicción

El cardenal Ratzinger ofició el funeral de Juan Pablo II El 2 de enero de 2005, la revista “Time” publicó que fuentes vaticanas decían que Ratzinger era el favorito para suceder a Juan Pablo II si el papa moría o se ponía muy enfermo para continuar como Papa. A la muerte de Juan Pablo II, el Financial Times dio la preferencia a Ratzinger para convertirse en papa en la primera posición, pero cercano a sus “rivales” en el ala “liberal” de la Iglesia.[cita requerida]

Aunque Ratzinger era considerado el favorito por la mayoría de los medios de comunicación internacionales, otros mantenían que su elección estaría lejos de la realidad porque muy pocas predicciones papales en la historia moderna se habían vuelto realidad. Las elecciones de sus predecesores Juan Pablo I y Juan Pablo II habían sido sorpresivas. Aunque era el favorito, fue una sorpresa para muchos que resultara electo.

Elección

El 19 de abril de 2005, el cardenal Ratzinger fue elegido como sucesor de Juan Pablo II en el segundo día del cónclave después de cuatro rondas de votaciones. Coincidió con la fiesta de San León IX, el más importante papa alemán de la Edad Media, conocido por instituir el mayor número de reformas durante un pontificado.

Ratzinger esperaba retirarse pacíficamente y había dicho que “hasta cierto punto, le dije a Dios ‘por favor no me hagas esto’… Evidentemente, esta vez Él no me escuchó”.

Antes de su primera aparición en el balcón de la Basílica de San Pedro después de ser electo Papa, fue anunciado por el cardenal chileno Jorge Arturo Medina Estévez, diácono de S. Saba y protodiácono del Colegio Cardenalicio. El cardenal Medina primero se dirigió a la multitud con “Queridísimos hermanos y hermanas” en italiano, español, francés, alemán e inglés, antes de continuar con el tradicional Habemus Papam en latín.8 En la Solemne Inauguración de su Pontificado, que remplaza la ya extinta coronación (el último papa coronado fue “Pablo VI”), el cardenal Medina fue el encargado de imponerle el palio, mientras que Angelo Sodano, cardenal obispo de Albano y del título in commendam de S. Maria Nuova, Secretario de Estado, le colocó el “anillo del Pescador”.

En el balcón, las primeras palabras de Benedicto XVI a la multitud, dadas en italiano antes de que impartiera la tradicional bendición Urbi et Orbi en latín, fueron:

Queridos hermanos y hermanas, después del gran papa Juan Pablo II, los señores cardenales me han elegido a mí, un simple y humilde trabajador de la viña del Señor. Me consuela el hecho de que el señor sabe trabajar y actuar con instrumentos insuficientes, y sobre todo me encomiendo a vuestras oraciones. En la alegría del Señor resucitado, confiando en su ayuda continua, sigamos adelante, que el Señor nos ayudará y María Su Santísima Madre estará de nuestra parte. Gracias. Después dio la bendición.

El Pontificado

El 19 de abril de 2005 fue elegido sucesor de Juan Pablo II después de dos días de cónclave y dos fumatas negras. El cardenal Ratzinger había repetido sucesivas veces que le gustaría retirarse a una aldea bávara y dedicarse a escribir libros pero, más recientemente, había reconocido a sus amigos estar listo para “cualquier función que Dios le atribuyera”.

Su elección generó de inmediato duras críticas, centradas en su supuesto perfil neo-conservador; se lo acusó de desear restituir la organización y doctrina de la Iglesia a la que tenía antes del Concilio Vaticano II. Algunos analistas preveían que con él la Iglesia endurecería sus posturas en lo referente a la prohibición del aborto, la homosexualidad, la eutanasia o el uso de métodos anticonceptivos. Sus partidarios aducen que durante su Prefectura sólo uno de los procesos abiertos acabó en excomunión: el del arzobispo ultraconservador Monseñor Marcel Lefebvre; también se le conoce que asistió al Concilio Vaticano II y que había sido de los más progresistas y propuesto reformas novedosas.

Recientemente ha publicado en castellano la obra “Fe, verdad, tolerancia”, en la cual expone la doctrina de la Iglesia Católica en los tiempos actuales.

En agosto de 2005, participó en la Jornada Mundial de la Juventud en Colonia, cosechando grandes muestras de afecto por parte de la juventud y donde también se destacó el recuerdo de Juan Pablo II.

En octubre del mismo año, participó en el Sínodo de Obispos, agregando una sección de intervenciones libres, cuya difusión publica tuvo que restringir debido a unas declaraciones de su sucesor en la Congregación para la Doctrina de la Fe, sobre el voto a los políticos católicos que estaban a favor del aborto[cita requerida].

Según datos de la Prefectura Apostólica, en el año 2007 unas 2.830.100 personas han participado en encuentros públicos con el Pontífice en el Vaticano o en Castelgandolfo (es decir, no se incluyen los viajes).9

Sus publicaciones

En abril de 2007 publicó la primera parte su libro Jesús de Nazareth en la que reflexiona sobre la figura de Jesucristo en calidad de teólogo, no como sumo pontífice de la Iglesia católica. Ha sido un éxito internacional de ventas. En él sale al paso de ideas recientes que reducen la figura del Jesús histórico a un mero moralista rebelde o liberal, a un profeta escatológico o un revolucionario político. Sin rechazar frontalmente estas visiones, Ratzinger hace hincapié en que el factor de inteligibilidad clave es la unión de Jesús con el Padre. Esta vivencia de intimidad con Dios le otorga autoridad para presentarse como un nuevo Moisés que renueva la Ley judía (Torá) para darle pleno cumplimiento en la predicación de las bienaventuranzas (la pobreza, la mansedumbre, la pureza de corazón…) y el amor al enemigo. Su experiencia de Hijo lo lleva a la obediencia de un amor entregado hasta la muerte. Jesús era el Rey esperado por Israel, pero un rey que rechaza la tentación demoníaca del poder y se presenta en la humildad de su origen, su cercanía a los pecadores y su servicio a todos. Existe una plena correspondencia entre el Jesús histórico que anunció e hizo presente el Reinado de Dios y el Cristo de la fe de las primeras comunidades de creyentes. Los evangelios, por lo tanto, sin ser reportajes exactos de lo acontecido, nos revelan la verdadera Persona de Jesús y su significación auténtica como Hijo de Dios. Apartando esta expresión de sus antecedentes mitológicos y políticos, la condición de Hijo permite asomarnos al interior de Jesús que nos da a conocer a Dios como Abba (Padre, en arameo). En ello radica la originalidad de Jesús y su novedad.

Consistorios para la creación de nuevos cardenales

El 24 de marzo de 2006 en la Plaza de San Pedro celebró su primer Consistorio Ordinario público para la creación de nuevos cardenales.

El 17 de octubre de 2007, tras la Audiencia General, anunció un segundo consistorio para la creación de nuevos cardenales, entre ellos tres españoles y cinco latinoamericanos. Tuvo lugar el 24 de noviembre de 2007 y se nombró a 18 cardenales y otros 4 más que habían cumplido ya 80 años. El papa comunicó su intención de haber nombrado también al anciano obispo Ignacy Jez, de Koszalin-Kolobrzeg (Polonia), que falleció el día anterior al anuncio.

Beatificaciones y canonizaciones

El papa Benedicto XVI decidió que, tal como se hacía antes, las beatificaciones las llevara a cabo el Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, que actualmente se encuentra en la persona de José Saraiva Martins C.M.F., cardenal diácono de N. Signora del Sacro Cuore. En algunos casos, ha delegado en otros cardenales. En cualquier caso, el rito de beatificación se celebra -salvo excepciones- en la iglesia local más directamente vinculada con el nuevo beato. Entre las beatificaciones durante el Pontificado de Benedicto XVI destacan Mariana Cope de Molokai (1838-1918), Clemens August Graf von Galen, obispo de Münster (1933-1946 cardenal), Josep Tàpies y seis compañeros sacerdotes de la diócesis de Urgell, que murieron mártires en 1936, Carlos de Foucauld, José Anacleto González Flores y ocho compañeros mártires en México en 1927, Antonio Rosmini.

El 28 de octubre de 2007 el Santo Padre aprobó la mayor beatificación “masiva” de la historia de la Iglesia, 495 mártires españoles; la celebración no la presidió él, pero tuvo una audiencia privada con los peregrinos y obispos españoles.

El 1 de mayo de 2011, el papa beatificó a su antecesor, S.S. Juan Pablo II en una multitudinaria ceremonia en la Plaza de San Pedro, en el Vaticano. Su Santidad resaltó las obras y virtudes del difunto papa polaco. Solo falta un milagro más comprobado para que el Beato Juan Pablo II se convierta en santo. Esta fue la primera vez que un papa beatifica a su antecesor desde la Edad Media.

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Comunión y Liberación: ‘Personas que aman a la Iglesia tomen riendas de ex PUCP’

Comunión y Liberación: Personas que aman a la Iglesia tomen riendas de ex PUCP

krouillong karla rouillon gallangos no recibas la eucaristia en la mano comunion y liberacion ex PUCP
LIMA, 31 Jul. 12 / 07:39 am (ACI/EWTN Noticias).- El movimiento Comunión y Liberación recordó las raíces católicas de la ahora ex Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), por lo que expresó su deseo de que, “en un sobresalto de conciencia, las personas que aman a la Iglesia y a Cristo, luz en las tinieblas, tomen las riendas” de este centro de estudios.

En un manifiesto publicado el 27 de julio, este movimiento lamentó la actitud de rebeldía del rector Marcial Rubio de desconocer la autoridad del Papa Benedicto XVI, lo que llevó a la Santa Sede a retirarle a la universidad los títulos de “Pontificia” y “Católica”.

“Asombra el cinismo con que los dirigentes de una institución católica desde siempre, afirman, como última tergiversación de la realidad, que la Iglesia quiere quitarles los bienes, en el momento mismo en que ellos intentan quitárselos a la Iglesia misma, con buena paz del gran José de la Riva Agüero”, añadió al referirse al juicio que la ex PUCP mantiene con el Arzobispado de Lima.

El texto indicó que los estudiantes se han convertido en víctimas, pues “son inducidos a rebelarse a la Iglesia, como si fuera la enemiga. No se dan cuenta de que el relativismo absoluto del clima cultural dominante, no podrá sino quitarles el ímpetu ideal que ahora viven”.

“Si hasta el nombre ‘católico’ es sólo una marca, si todo es sólo una interpretación, si no se estudia y se vive para encontrar la Verdad, ¿para qué uno se esfuerza e investiga? ¿Sólo para una satisfacción pasajera, sólo para el éxito social?”, preguntó.

Comunión y Liberación señaló que “la situación actual es una gran herida para la Iglesia y la sociedad entera, pero nos permite ver con claridad qué sucede cuando la razón humana positivista se afirma a sí misma como autónoma”.

Por ello, expresó su deseo de que personas que aman a Cristo y a la Iglesia tomen las riendas de la universidad, pues su mismo símbolo de la barca surcando aguas turbulentas mirando a una estrella en forma de cruz, muestra que desde sus orígenes tiene raíces católicas.

“Estos hechos nos alientan a seguir a Cristo presente aquí y ahora en su Iglesia, en unidad con los Obispos y el Papa, porque en ella descubrimos cada día que la fe ilumina nuestra razón y nuestro corazón, abriéndonos a la verdad y a las necesidades de nuestros hermanos hombres. Dar testimonio de esta novedad, de esta luz en las tinieblas, es la mayor contribución de los cristianos al bien de todos”, afirmó.

Para leer el manifiesto completo puede ingresar a:
http://www.facebook.com/pages/Et-lux-in-tenebris-lucet/390016111066020

Vicerrectora de ex PUCP: Van a tener que usar la violencia para sacarnos de aquí [Leer más …]

PRETEXTO PARA ATAQUES A LA IGLESIA (Sobre el caso Garatea)

PRETEXTO PARA ATAQUES A LA IGLESIA

El “caso Garatea” y la dictadura del relativismo

Martes 29 de mayo de 2012

Fuente: TRADICIÓN Y ACCIÓN

A pesar de ser un asunto exclusivamente interno de la Iglesia, la sanción disciplinaria impuesta por el Arzobispo de Lima a un conocido religioso de ideas revolucionarias despertó una reacción airada en sectores que poco o nada tienen que ver con el catolicismo. Aquí explicamos el motivo de esa reacción, y hasta dónde pretende llegar.

Intentan cohibir la libertad de la Iglesia

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El Papa advierte sobre la “dictadura del relativismo”.
Días antes de ser elevado al supremo Pontificado, en abril de 2005, el entonces Cardenal Joseph Ratzinger advirtió sobre la nueva tiranía que amenaza al Occidente y al mundo: la “dictadura del relativismo”, generadora de inéditas formas de persecución contra quienes se adhieren íntegramente a la Fe y la moral de la Iglesia.

Un anticipo palpable de cómo podrá ser tal dictadura lo dio la semana pasada el extraño coro de protestas que se levantó, desde sectores laicistas o de izquierda, contra la decisión del Arzobispado de Lima de suspender la licencia ministerial al P. Gastón Garatea. Tal medida era perfectamente justificada, ya que dicho sacerdote había manifestado posiciones incompatibles con la doctrina y la moral católicas en temas cruciales.

Siguiendo las seculares y sabias normas de la Iglesia, inicialmente el religioso fue apercibido por la Autoridad eclesiástica, en forma personal y en varias oportunidades. Tras esas correcciones fraternas vino finalmente la sanción, por persistir en sus posiciones equívocas. Fue un desenlace lógico, justo y razonable. Pero lo que sucedió después ya no tuvo nada de lógico…

El “caso Garatea” es un tema estrictamente eclesiástico. La Iglesia es, como se sabe, una societas perfecta, es decir, una institución que contiene en sí misma todos los medios para alcanzar su fin, y es por tanto plenamente autónoma del Estado en cuanto a su constitución, doctrina y vida interna. Ella posee una autoridad espiritual propia sobre todos sus miembros, tanto sacerdotes como fieles, que le cabe ejercer libre de interferencias.

No obstante, la sanción eclesiástica al P. Garatea dio lugar a un espectáculo surrealista y bochornoso: un enjambre de personas manifiestamente ajenas a la vida de la Iglesia —izquierdistas de varios matices, anticlericales, ateos, personajes de la farándula, agnósticos, etc.—, a los que se sumaron teólogos de la liberación, se levantaron en bloque para cuestionar la sanción y atacar a la Autoridad religiosa limeña. Arrogándose el papel de jueces supra-eclesiásticos, esos partidarios de la “tolerancia” a todo y con todos sacaron a relucir una manifiesta intolerancia contra el legítimo ejercicio del poder eclesiástico. Y esto, únicamente porque el Arzobispado cumplió con su deber de proteger a los fieles contra un sacerdote que difundía claros errores. Incluso circularon mensajes recogiendo firmas a favor del P. Garatea: uno de ellos, publicado a dos páginas en un diario de izquierda, criticaba la sanción como “injusta”.

El cargamontón de los relativistas

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Un plantón frente a la Nunciatura Apóstólica, en apoyo al sacerdote rebelde reunió apenas unas decenas de personas. Pero para el izquierdista “La República” fue una manifestación “masiva”…
¿Pero quiénes son esos críticos? ¿Cuál es su autoridad moral? ¿Qué títulos poseen para señalar lo que es justo o injusto en la Iglesia? —Veamos: entre los firmantes figuran un veterano comunista, Javier Diez Canseco; varios agnósticos declarados, como el pintor Fernando de Szyszlo; un literato escéptico, Alfredo Bryce, acusado de haber plagiado más de 30 veces a escritores peruanos e hispanoamericanos; la feminista pro-aborto Rocío Villanueva; la también defensora del aborto, Magaly Solier; el marxista y fundador del Partido Socialista Revolucionario, Marcial Rubio (paradójicamente actual rector de la PUCP…); actores de teatro muy apartados de la doctrina católica, como Alberto Ísola.

Apoyaron asimismo al P. Garatea los caviarísimos Diego García Sayán (recordado por haber excarcelado a cientos de presos por terrorismo) y Roberto Dañino; la inefable alcaldesa de Lima Susana Villarán, partidaria de todas las causas revolucionarias, que irónicamente considera al sacerdote rebelde “un ejemplo de cristiano”; el ex-rector de la PUCP Salomón Lerner, quien presidió la abstrusa y desacreditada “Comisión de la Verdad” [1]; el sacerdote chileno P. Diego Irarrázabal CSC, relativista extremado, quien incluso declaró estarse “convirtiendo a otras formas religiosas. Yo practico el servicio a la Pachamama y hago la challa” [2]; el infaltable ex sacerdote y atizador de conflictos sociales, Marco Arana. En fin, la lista es larga; pero podemos apostar que quien se tome el trabajo de recorrerla no reconocerá en ella a ningún defensor de las enseñanzas tradicionales de la Iglesia, y sí a muchos defensores de posiciones frontalmente contrarias a la Fe católica.

Dime quién te defiende…

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Con tales personajes asumiendo la defensa del sacerdote en cuestión, ya se ve a qué corriente éste pertenece: “dime quién te defiende y te diré quién eres”, podríamos decir. Los antecedentes del P. Garatea lo muestran, además, alineado desde hace décadas con posiciones contestatarias a la Jerarquía de la Iglesia. Prototipo del “teólogo de la liberación”, fue dirigente del ONIS (Oficina Nacional de Información Social), que en los años 70 era “uno de los movimientos de sacerdotes de avanzada más conocidos de América Latina, junto con el grupo «Golconda» en Colombia o los Sacerdotes para el Tercer Mundo en Argentina”, señala el estudioso P. Jeffrey Klaiber S. J. [3]. Como se recuerda, de esos dos grupos surgieron los tristemente famosos “curas guerrilleros” Camilo Torres y Domingo Laín en Colombia, y Carlos Mujica y Antonio Puigjané en Argentina.

El ONIS del P. Garatea se caracterizaba, dice el mismo autor, por la nada sacerdotal “pretensión de comprender los grandes problemas socio-políticos mejor que los expertos y de ser los verdaderos intérpretes del sentir de las masas populares, y una actitud de desafío frente a la autoridad, que, en este caso, era la jerarquía eclesiástica” [4].

Ocultando estos antecedentes, y a falta de otra cosa para elogiar, los apologistas del sacerdote apelan al sentimentalismo y reivindican en términos líricos la preocupación de este por los pobres. ¿Pero qué revolucionario no invocó a los pobres como pretexto para sus perversos fines? Marx, Lenin, Abimael lo hicieron; ¡hasta el propio Judas, el traidor, lo hizo!; y “no porque él pasase algún cuidado con los pobres, sino porque era ladrón”, narra el Evangelio [5]. Pero lo que importa en el caso, y los panegiristas del P. Garatea eluden decir, es que —repetimos— el religioso infringió gravemente normas de la Iglesia, difundiendo ideas erróneas en materia moral, y recibió por ello una sanción justa y proporcionada.

* * *
En resumen, quienes atacan al Arzobispo de Lima por haber sancionado al cuestionado sacerdote, pretenden en el fondo cohibir la libertad de la Iglesia de ejercer su misión, y establecer así una nueva forma de dictadura, la dictadura del relativismo denunciada por Benedicto XVI. La hora de que los católicos unamos fuerzas para prevenirla y contrarrestarla está llegando.

Notas

[1] “Perú 21”, 18-5-2012

[2] DIEGO IRARRÁZABAL, Utopía autóctona, modernidad y evangelización, in “Tópicos ’90”, Santiago de Chile, N° 1, octubre 1990, p. 223.

[3] P. JEFFREY KLAIBER S.J., La Iglesia en el Perú, Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú, 1988. pp. 381-383.

[4] Idem ,Ibid. Destaque nuestro.

[5] Juan, 12, 9.

RESPALDO AL CARDENAL JUAN LUIS CIPRIANI SOBRE EL CASO GARATEA [Leer más …]