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Artículos con la etiqueta infierno


¡Viva Cristo Rey!
Cristo en tu inteligencia, Cristo en tus labios, Cristo en tu corazón, Cristo en tus obras”. Porque Cristo reina.



Este domingo 20 de noviembre es la FIESTA DE JESUCRISTO, REY DE UNIVERSO, último domingo del año litúrgico que pone fin al tiempo ordinario y da inicio al tiempo de adviento.

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La fiesta de Cristo Rey fue instaurada por el papa Pío XI el 11 de Marzo de 1925. El Papa quiso motivar a los católicos a reconocer en público que el mandatario de la Iglesia es Cristo Rey. Un reinado que no es como los del mundo, sino que se trata del reino de la verdad y la vida, de la santidad y la gracia, de la justicia, del amor y la paz.

Posteriormente se movió la fecha de la celebración dándole un nuevo sentido. Al cerrar el año litúrgico con esta fiesta se quiso resaltar la importancia de Cristo como centro de toda la historia universal. Es el alfa y el omega, el principio y el fin. Cristo reina en las personas con su mensaje de amor, justicia y servicio.

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"Su imperio es un Imperio Eterno, que nunca pasará,
y Su Reino no será destruido jamás"
Daniel (7, 13-14).


El Reino de Cristo es eterno y universal, es para siempre y para todos los hombres

El Santo Padre Benedicto XVI adelantó la imagen victoriosa de Jesús al hablar de la “verdadera realeza, vivida en el servicio y el don sí”, ubicando la soberanía de Cristo, no en el marco de los poderes temporales (en los que la democracia delega el poder legislativo, ejecutivo y judicial en diversas personas), sino en la del Reino de Dios; del Amor invicto con el que Cristo vence “las potencias del mundo”.

En la fiesta de JESUCRISTO, REY DE UNIVERSO distintas imágenes del Señor nos van perfilando cómo es Él y cómo se realiza su reinado en el universo. La primera tiene un profundo calado bíblico y pascual: Cristo es el Cordero degollado. Él fue la inocente víctima de la redención, llevado al matadero por los culpables. Pero el Cordero está en pie ya que ha vencido el mal y la muerte: «Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos».
Así pues, aunque parezca contradictorio Cristo reina, en primer lugar, desde el trono de la Cruz «ofreciéndose a sí mismo, como víctima perfecta y pacificadora en el altar de la cruz».

Pero ¿Reina Cristo en nuestras vidas? o, mejor ¿es Cristo el Rey de mi vida?

Cuando satisfacemos nuestro egoísmo perdemos lo que de eternidad nos quiere regalar Dios y nos entregó Jesucristo cuando, por nosotros y por nuestra salvación, se dejó clavar en una cruz.

Y situándonos en este momento del Calvario debemos examinar nuestros deseos de vida cristiana y de santidad; para “reaccionar” con un acto de fe ante nuestras debilidades y confiar ciegamente en Dios, haciendo el propósito de situarnos con absoluta sinceridad ante nuestro quehacer ordinario, reconocer nuestros pecados y tomar en serio la fe que profesamos.

Reconocer nuestro pecado debe conducirnos al dolor sincero, nuestra voluntad tiene que detestar ofender a Dios y llevarnos a una decisión más madura y más honda de identificarnos con Cristo y de perseverar, cueste lo que cueste, en la misión que Él nos ha encomendado y que nos empuja a ser “sal y luz del mundo.”

El consejo de mi confesor de “nunca hacer lo que Jesucristo no hubiera hecho” puede ser útil para una guía de vida que nos invite a reflexionar, diariamente, si lo que hacemos está bien o mal.

Estamos viviendo una época en la que todo es relativo, nada permanece, las familias ya nos son para siempre, en medio de todo este relativismo que vivimos la palabra de Dios insiste: hay un Rey Eterno que ofrece una vida eterna y un castigo eterno (el infierno).

Pero ese destino eterno va a depender de nuestra oración, de nuestra conducta cristiana en el trato con los demás y, especialmente, con los más insignificantes ¿Y quiénes son los insignificantes? Son las personas que pasan hambre, sed, andan de forasteros, desnudos, enfermos o encarcelados.
Los insignificantes son los que no significan nada para la sociedad, la política, la familia, el trabajo, la escuela, y resulta que hacerles el bien a ellos es el pase a la vida eterna.

Hace falta la entrega con obras y con verdad, no sólo con la boca.

El amor a Dios nos invita a llevar a pulso la cruz, sin dejarla de lado, a sentir también sobre nosotros el peso de la humanidad entera, compensándolo con nuestra oración hacia ella, y a cumplir dentro de nuestro estilo de vida los designios claros y amorosos de la voluntad del Padre.

Aceptemos sin miedo la voluntad de Dios en nuestras vidas, formulemos sin vacilaciones el propósito de edificar toda nuestra vida de acuerdo con lo que nos enseña y exige nuestra fe. (1)
Estemos seguros de que encontraremos lucha, sufrimiento y dolor, pero, si poseemos de verdad la fe, no nos consideraremos nunca desgraciados: también con penas e incluso con calumnias, seremos felices con una felicidad que nos impulsará a amar a los demás, para hacerles participar de nuestra alegría sobrenatural, echando fuera todas las preocupaciones que nos alejan de Él. (2)

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¡Viva Cristo Rey!

Hay que reconocer a Cristo como Rey del Universo, sin anteponerle lo material de nuestro mundo y saber que no hay facultad alguna ni persona que se sustraiga a Su Soberanía, y que tal actitud servirá para santificar el alma y purificarla en aras de una más exacta perfección.

Cristo Reina y lo hará siempre hasta que vuelva a juzgar a vivos y a muertos. Eso lo dice el Credo y, como creemos en lo que decimos, hemos de hacer lo que creemos.

Exclamemos ¡Viva Cristo Rey! como última expresión de nuestras vidas y será la primera expresión que pronunciaremos cuando pasemos a la Casa del Padre.


(1) “Porque el Señor nos reclama tal como somos, para que participemos de su vida, para que luchemos por ser santos” dice San Josemaría Escrivá de Balaguer en su libro “Es Cristo que pasa”

(2) “Mirar a Cristo para comprender el sentido de la verdadera realeza, vivida en el servicio y en el don de sí” es la invitación del famoso Salmo real 110, a dicho el Papa Benedicto, en la síntesis de su Catequesis a los peregrinos de lengua española, en el Aula Pablo VI. CATEQUESIS DE BENEDICTO XVI



Texto del saludo del Santo Padre Benedicto XVI en español en su Catequesis a los peregrinos de lengua española, en el Aula Pablo VI. (16-11-2011)

Queridos hermanos y hermanas:

Dedicamos la última catequesis sobre la oración del Salterio al salmo 110, uno de los más famosos salmos sobre la realeza. La tradición de la Iglesia, siguiendo el uso y la interpretación que de él hizo el Nuevo Testamento, lo ha considerado siempre como uno de los textos mesiánicos más significativos. El rey que canta el Salmista es Cristo, el Mesías que instaura el Reino de Dios y vence a las potencias del mundo. Él es el verdadero Rey que con su resurrección ha entrado en la gloria y está sentado a la derecha del Padre. Él es también el verdadero y definitivo sacerdote que lleva a su cumplimiento definitivo el sacerdocio de Melquisedec y que, en el misterio del pan y del vino, dona la remisión de los pecados y la reconciliación con Dios. Así, este salmo nos invita a mirar a Cristo, su misterio pascual, para comprender el sentido de la verdadera realeza, vivida en el servicio y en el don de sí. Rezando con este salmo pedimos al Señor que nos ayude a caminar siguiendo a Cristo, el Rey Mesías, dispuestos a subir con Él al monte de la cruz para llegar con Él a la gloria.

Invito a todos a enriquecer vuestra relación con Dios con el rezo piadoso de los salmos, especialmente en la liturgia de las horas. Muchas gracias por vuestra visita.





CRISTO AYER Y CRISTO HOY,
CRISTO SIEMPRE SERÁ EL SEÑOR.
TÚ ERES DIOS Y ERES AMOR;
ME HAS LLAMADO ¡AQUÍ ESTOY!


1. ¡GLORIA AL SEÑOR! SUYO ES EL DON,
GRAN JUBILEO DEL PERDÓN.
TIEMPO DE GRACIA SINGULAR:
SIN MEDIDA SU AMOR NOS DA...
¡AMÉN! ¡ALELUYA!

2. ¡GLORIA AL SEÑOR! VAMOS A ÉL,
A SUS PROMESAS SIEMPRE FIEL,
SIEMPRE DISPUESTO A PERDONAR:
SIN MEDIDA SU AMOR NOS DA...
¡AMÉN! ¡ALELUYA!

3. ¡GLORIA AL SEÑOR! QUE SE ENCARNÓ
Y POR NOSOTROS PADECIÓ
SOBRE UNA CRUZ HASTA EXPIRAR:
SIN MEDIDA SU AMOR NOS DA...
¡AMÉN! ¡ALELUYA!

4. ¡GLORIA AL SEÑOR! EL NIÑO DIOS,
AL QUE LA VIRGEN ALUMBRÓ
JUNTO A BELÉN, EN UN PORTAL:
SIN MEDIDA SU AMOR NOS DA...
¡AMÉN! ¡ALELUYA!

5. ¡GLORIA AL SEÑOR! EN NAZARET,
HUMILDE OBRERO DEL TALLER,
LUZ QUE EN LA SOMBRA BRILLA YA:
SIN MEDIDA SU AMOR NOS DA...
¡AMÉN! ¡ALELUYA!

6. ¡GLORIA AL SEÑOR! EL BUEN PASTOR
QUE EN EL REDIL SU GREY DEJÓ
Y A SU OVEJUELA FUE A BUSCAR:
SIN MEDIDA SU AMOR NOS DA...
¡AMÉN! ¡ALELUYA!
7. ¡GLORIA AL SEÑOR! MAESTRO Y DIOS,
ES EL CAMINO, EL SALVADOR;
ÉL NUESTROS PASOS GUIARÁ:
SIN MEDIDA SU AMOR NOS DA...
¡AMÉN! ¡ALELUYA!

8. ¡GLORIA AL SEÑOR! ÉL NOS AMÓ
Y EL JUEVES SANTO ENTREGÓ
SU CUERPO Y SANGRE EN VINO Y PAN:
SIN MEDIDA SU AMOR NOS DA...
¡AMÉN! ¡ALELUYA!

9. ¡GLORIA AL SEÑOR! ÉL SE INMOLÓ
CORDERO SANTO Y REDENTOR,
PARA CONCORDIA UNIVERSAL:
SIN MEDIDA SU AMOR NOS DA...
¡AMÉN! ¡ALELUYA!

10. ¡GLORIA AL SEÑOR! POR EL PERDÓN,
DESDE LA CRUZ, AL BUEN LADRÓN,
MISERICORDIA SIN IGUAL:
SIN MEDIDA SU AMOR NOS DA...
¡AMÉN! ¡ALELUYA!

11. ¡GLORIA AL SEÑOR! NO HAYA TEMOR,
ESTE MILENIO ESPERA A DIOS,
JESÚS VIVIENTE VOLVERÁ:
SIN MEDIDA SU AMOR NOS DA...
¡AMÉN! ¡ALELUYA!

12. ¡GLORIA AL SEÑOR! A NUESTRA VOZ,
.UNE LA VIRGEN SU ORACIÓN
Y EN CRISTO LLEGA A CULMINAR:
SIN MEDIDA SU AMOR NOS DA...
¡AMÉN! ¡ALELUYA!

13. ¡GLORIA A LA SANTA TRINIDAD,
Y GLORIA A DIOS EN LA UNIDAD,
DE NUESTRA FE LA LUZ VITAL!:
SIN MEDIDA SU AMOR NOS DA...
¡AMÉN! ¡ALELUYA!
Fátima y el Infierno
Por el R.P. Bertrand Labouche
Sacerdote F.S.S.P.X La Reja, Argentina

Video sobre la Virgen de Fatima para Niños
http://www.convicciontv.cl/infantiles/virgen-de-fatima.html

En Fátima, Nuestra Señora recordó a los hombres sus postrimerías:

El Cielo: "Soy del Cielo", "Vas al Cielo y Jacinta y Francisco también", "Cuando recéis el Rosario, diréis después de cada misterio: ¡Oh Jesús (...) lleva todas las almas al Cielo!”

El Purgatorio: "Amelia estará en el purgatorio hasta el fin del mundo".

El Infierno: la Santísima Virgen, con un rostro grave, pidió cinco veces a los pastorcitos oraciones y sacrificios por la conversión de los pecadores: "Después de cada misterio del Santo Rosario diréis: ¡Oh Jesús mío, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de tu Divina Misericordia." Más aún, por la primera vez en la historia de sus apariciones, Nuestra Señora MOSTRÓ EL INFIERNO A LOS TRES NIÑOS.


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Fue el día 15 de julio de 1917, después de haber dicho estas palabras: "Sacrificaos por los pecadores, y decid muchas veces, en especial cuando hicierais algún sacrificio: Oh Jesús, es por tu amor, por la conversión de los pecadores y en desagravio por los pecados cometidos contra el Inmaculado Corazón de María".

"Al decir estas últimas palabras, -escribe Lucía-, abrió de nuevo las manos como en los meses pasados. El reflejo parecía penetrar en la tierra y como un mar de fuego. Sumergidos en ese fuego demonios y las almas, como si fuesen brasas transparentes y negras o broceadas, con forma humana que fluctuaban en el incendio, llevadas de las llamas que de ellas misma salían, juntamente con nubes de humo cayendo por todos los lados, semejantes al caer de las pavesas en los grandes incendios, sin peso ni equilibrio, entre gritos y gemidos de dolor y desesperación que horrorizaban y hacían estremecer de pavor.

(Debe haber sido a la vista de esto cuando di aquel "ay", que dicen haberme oído).

Los demonios distinguíanse por formas horribles y asquerosas de animales espantosos y desconocidos, pero transparentes como negros carbones en brasa. "Asustados y como para pedir socorro, levantamos la vista hacia Nuestra Señora, que nos dijo entre bondadosa y triste: «Habéis visto el infierno, a donde van las almas de los pobres pecadores; para salvarlas, Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón»".

"Mar de fuego, formas horribles de los demonios, gritos de desesperación": Lo que vieron los pastorcitos corresponde perfectamente con las penas físicas y morales que sufren para siempre los que murieron en estado de pecado mortal. Ciertamente, esta visión es para nuestra época una gran gracia; pues en el espíritu del "hombre moderno", la idea de poder ser condenado a un fuego eterno ha desaparecido progresivamente. Incluso se burla de eso. ¿Y cuál fue el instrumento principal de esta terrible anestesia? El silencio de los predicadores.

¿Cuántos gritan: "¡FUEGO!", "¡FUEGO ETERNO!"?

San Alfonso, doctor de la Iglesia, decía que se consideraría culpable de un pecado mortal si no hubiese predicado sobre el infierno por lo menos una vez al año. Añadamos, como "instrumento", la generación de los que no transmitieron a sus hijos las convicciones que habían recibido en la misma edad. "Lo que vieron los pastorcitos..."

Miles de almas se levantarán el día del juicio final: "Ustedes, que lo sabían, ¿por qué no nos avisaron? ¿Por qué nos tranquilizaron? Ustedes, que sabían en qué estado estábamos, ¿por qué no se preocuparon por nuestra conversión? ¿Por qué, por lo menos, no rezaron por nosotros?" La mejor de las Madres ha avisado a sus hijos. De hecho, la evocación de esta visión del infierno ha producido ya muchas veces efectos saludables en las almas, sobre todo con el apoyo de la oración y de la penitencia.

Todavía produce y seguirá produciendo estos efectos. La Santísima Virgen vino expresamente y usó este medio para impedir que otros hijos suyos cayeran en el abismo eterno de fuego y de desesperación. Hay personas que se extrañan de que Nuestra Señora haya revelado a unos niños un espectáculo tan espantoso y asqueroso. En general, para no decir casi siempre ¡estas personas necesitaban escuchar este relato para empezar a entender después que ellas mismas debían convertirse! Y comprenden entonces la pedagogía de Nuestra Señora, ejemplo de las madres: Las almas de los pastorcitos no se quedaron traumatizadas, "estresadas", sino llenas de una lucidez sobrenatural, de fervor en la oración y de caridad apostólica por la conversión de los pobres pecadores. No los trastornó tanto el horror de la visión como la tristeza de María y el destino de los condenados al infierno.

Una enfermedad con llagas repulsivas provoca en el buen médico, no un invencible asco, sino el deseo de hacer todo para curarla. Del mismo modo, estos santos niños harán todo lo posible para que se salven las almas en peligro de condenarse. "La contemplación del Inmaculado Corazón de María y la visión del infierno fueron las causas de la santificación de Jacinta. Ella decía con frecuencia: ¡Oh infierno ¡Oh infierno! ¡Qué pena tengo de las almas que van para el infierno ¡Y las personas que, estando allí vivas, arden como la leña en el fuego! ¡Tanta gente que va al infierno! ¡Tanta gente en el infierno!" Y la pastorcita advertía a los padres: "¡No dejen cometer pecados a sus hijos, que pueden ir a parar al infierno!"

Si eran personas mayores: "Díganles que no hagan eso, que ofenden a Dios Nuestro Señor, ¡y después pueden condenarse!" La visión del lugar que ocuparía en el infierno fue también la que impulsó a Santa Teresa de Ávila en el camino de la santidad: "Y así torno a decir que fue una de las mayores mercedes que el Señor me ha hecho, porque me ha aprovechado muy mucho, así para perder el miedo a las tribulaciones y contradicciones de esta vida como para esforzarme a padecerlas y dar gracias al Señor que me libró, a lo que ahora me parece, de males tan perpetuos y terribles". (Libro de la Vida, Santa Teresa de Jesús de Ávila)

En el mes siguiente, el día 19 de agosto, Nuestra Señora pronunció un pequeño aviso que nos debe hacer pensar: "Rezad, rezad mucho, y haced sacrificios por los pecadores, PUES muchas almas van al infierno POR NO TENER QUIEN SE SACRIFIQUE Y PIDA POR ELLAS".

Hay una relación de causa a efecto entre el celo de un cristiano y la salvación de otra alma, o entre la falta de generosidad de un cristiano y la condenación de esta alma.


¡SURSUM CORDA! (Levantad vuestros corazones)