Las dos efes del Perú

Si hay algo que agradecerle al 2017 es que nos ha enseñado qué nos une y qué nos desune como país: nos une el fútbol, nos desune Fujimori. El fútbol, y concretamente la clasificación al mundial de Rusia, no sólo nos ha unido en momentos de triunfos y perdidas con los equipos adversarios, sino que nos ha llenado de ilusión y, lo más importante, de un sentimiento triunfador, poco usual en el ánimo nacional. Fujimori, y concretamente el indulto negociado por PPK, nuestro mandatario, no sólo nos desune, sino que nos reencuentra con el constante sentimiento nacional de ser un país de mierda. Aceptémoslo, ni la tragedia del norte de inicios del año que se va, ni la llegada del Papa iniciando el nuevo año, tiene el poder de esas dos efes.

Lo transversal del fútbol y Fujimori es el sufrimiento, otro de nuestros grandes elementos identitarios. Así, la alegría del fútbol tenía que estar opacada por la tragedia de tener a un capitán sancionado por la FIFA (obvio, tenía que ser coquero, decíamos) y que no jugaría el mundial. Ese sentimiento fatalista lo habríamos solucionado con la noticia que el capitán sí jugará y nos conducirá al triunfo total. El capitán recupera la confianza del país y lidera la unidad y sentimiento nacional; algo porqué vivir, por lo menos el 2018.

Pero en eso aparece Fujimori y nuevamente el sufrimiento; la fatalidad que nos consume. El país es inviable; que se vayan todos, decimos y pensamos que sólo queda apagar la luz. Nuestra entuerta clase política, principalmente la gobernante, vuelve a hablar de reconciliación como lo hizo todo el año, sin resultado alguno. Lamentablemente, el tema de Fujimori no se resuelve por una decisión de la FIFA, como en el caso del fútbol. Fujimori no sólo es coquero, sino pérfido, decimos y así, con alguien a quien damos tamaños calificativos, es imposible reconciliarnos; es más, es el enemigo y como tal sólo queda liquidarlo.

Difícil pues la salida de la reconciliación para acabar con el problema de Fujimori. Es más, imposible teniendo a su principal propulsor, PPK, sin autoridad y cada día más embarrado por el halo de la corrupción.  Qué vendrá; quién o dónde está la solución? Nadie lo sabe, mucho menos en un país como el nuestro, poco afecto a la democracia; permeado históricamente por la violencia; desinstitucionalizado; cada vez más subdesarrollado políticamente y sin liderazgo visible. Sólo queda recordar que hemos pasado por peores momentos, superándolos sin saber cómo, variante nuestra de la sentencia que en política los problemas o no se resuelven o se resuelven solos. Con ese anhelo, recibamos el 2018, pues tendremos Papa y Fútbol.

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