¿Adiós al guillenismo?

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Juan Manuel Guillén Benavides decidió no ir a un tercer  período al Gobierno Regional, tal como lo imaginaban muchos, en especial el entorno más cercano que ha medrado todos los años que ha ostentado el poder en Arequipa. La angustia de ese circulo debe ser mayor porque parece que con esta decisión acaba una etapa de la política local que algunos llaman “guillenismo” ¿Será así?

Indiscutiblemente, Juan Manuel Guillén ha sido una de las grandes figuras de la política local. Planificador universitario, Rector agustino, Alcalde provincial, Presidente regional; es decir, por lo menos, una treintena de años dedicado a la gestión pública desde lugares decisorios, encabezando sueños e ilusionando a cientos o  miles que en su  momento creyeron que detrás de ese porte diminuto  y de hablar pausado, se escondía la gran figura y promesa  que necesitaba la universidad agustina, el consejo provincial, el gobierno regional, etc.  Por eso es que muchos pensaron que su estela generaría un estilo, un pensamiento, un “ismo”.

 Pero parece que no ocurrió, pues los balances que arrojan las gestiones que hizo Guillén en cada uno de los espacios que le tocó actuar, no son tan halagüeños; por ejemplo, su engendro agustino fueron los cornejos y valdemares que, sabemos, hundieron esa universidad; su paso por el gobierno provincial fue superficial;  y el regional decepcionante: 8 años, pocos logros y, encima, envuelto en halos de corrupción.

 Pero no sólo son los balances de sus gestiones los que impidieron la formación de un “ismo” propio, sino también su particular estilo: enclaustrado, personalista, amante de estar rodeado de incondicionales y genuflexos y, en su segundo mandato regional, de bribones “populares”. Esa es la razón por la que su movimiento nunca cuajó como organización partidaria. Al igual que en otros lares, se volvió eminentemente electorera y amico-familiar. Por eso es que luego de él, nadie. Por eso es que ante su ausencia no hay quien llene el vacío, y ni siquiera puede presentar como un suplente  ante las próximas elecciones, a alguien de su propia hechura.

 Por eso es que la pregunta que encabeza este post está mal formulado, pues Guillén nunca construyó en serio un movimiento regional, una alternativa política y programática. Pudo haberlo hecho, pues en varias ocasiones la historia local le dio la mano para que lo hiciera pero él las rechazó.

 Tengo la impresión que detrás del anuncio de que no postulará  a un tercer período regional, que por cierto es lo más decente que ha hecho últimamente, políticamente hablando, lo que se esconde es la decisión de retirarse de la política activa. De ser así, debe ser doloroso saber que  no deja huella, o, en el mejor de los casos, sólo un recuerdo de algo que pudo haber sido, pero que no fue. Lo sabe, lo intuye y me imagino que debe sentirse decepcionado, pues lo que ve a su alrededor, entre sus  más allegados, no son ni el remedo de lo que él fue o quiso proyectar. Cabe la posibilidad que quiera enmendar eso, pero sabe que el tiempo y el cuerpo no están de su lado. Cabe la posibilidad que siga infectado del virus maléfico que genera el poder, para lo cual le queda la próxima elección parlamentaria, pero si se cura de él y si francamente ha decidido retirarse del activismo caudillista, entonces sólo queda decirle: adiós Juan Manuel.

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