El modelo ancashino en Arequipa

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Hasta los americanos, a través de sus medios más influyentes, han abordado el problema de  Ancash, esa región que es hoy el mejor reflejo de lo que nos podríamos convertir si no reaccionamos  a tiempo: un páramo  atravesado por el sicariato, la corrupción y el narcotráfico. Las noticias así lo confirman, pues lo de Ancash se replica en otras regiones y aunque no se menciona a Arequipa, me atrevo a señalar que aquí también, desde el Gobierno Regional, se ha montado una mafia que actúa de la misma manera que lo hace allá; es decir, aquí también tenemos nuestro César Álvarez.

No puede entenderse la corrupción y sicariato ancashino si lo desconectamos de los ingentes recursos que tiene esa región. Desde hace años Ancash ocupa el primer lugar en asignación por el canon minero. Casi mil millones de soles anuales recibe esa región por ese concepto, una cifra demasiado apetecible que explicaría los niveles demenciales a los que los clanes han llegado para su usufructo; es decir, la presencia de bandas organizadas que están detrás de las obras, concesiones y demás que no han vacilado en exterminar físicamente a quien se le oponga o amenace sus intereses.

 Hasta el año pasado, la región que le seguía a Ancash en asignación por canon era Arequipa. Como sabemos, la crisis recaudatoria de las empresas mineras, hizo que ese rubro decayera casi en un 50% (de 748 millones de soles a 470 millones). Es decir, hasta hace un año, Arequipa tenía un dineral y aunque ahora se ha reducido, sigue siendo apetecible y motivadora para que, a su alrededor, se organicen mafias similares a las ancashinas.

 Aunque aquí no ha sido tan visible como en el norte chico, creo que aquí también se han organizado esas mafias y sospecho que, incluso, varias se han gestado en el mismísimo Gobierno Regional. Es decir, estamos hablando de organizaciones que tras la fachada de cogobiernos o bases populares son las que han venido usufructuando los recursos que le corresponde a toda Arequipa. A diferencia de lo que ocurre en Ancash, aquí no hay sicariato, pero creo que sí se práctica, por todo lo alto y en doble vía, la compra de dirigentes, el chantaje la extorsión y la intimidación para seguir manteniendo la base política que necesita el gobierno regional actual.

 En conclusión, lo de Ancash también se replica en nuestra ciudad, obviamente con otra intensidad y, probablemente, estilo, pero que en el fondo resulta siendo lo mismo: un Estado a nivel regional flanqueado por pandillas y con conexiones políticas, sociales e incluso familiares  muy fuertes con las principales autoridades. Estoy seguro que a medida que se acerque el fin de este mandato, eso se irá visibilizando más, pues, recordemos que cuando se hunde el barco, los primeros en saltar son las ratas.

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