Ciudadanía e indignación

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A Humala se le inflamó la calle desde los primeros meses de su mandato. Recordemos Cajamarca por el proyecto Conga, o Arequipa con lo de Tía María. Pero, por el dominio y la visión centralista, poco o nada importaba, ya que esas eran protestas de “provincia”, del “interior del país”; es decir, de los cholos que poco o nada importan. Ahora la cosa, es distinta, la calle sí está incendiada porque se trata de limeños y, principalmente de actores televisivos que encabezan las protestas en pleno centro de Lima, y ahora sí la cosa importa. Ahora el gobierno sí siente que se le mueve el piso.

Las protestas provincianas eran de orden económico; se trataba de inversiones millonarias que impulsarían las economías regionales, para muchos el núcleo de las dinámicas sociales; sin embargo, unos llamados a huelgas o paros regionales, protestas y unos cuantos contusos, y el proyecto se paraliza y el gobierno, congreso incluido, silba y mira al techo.  Las protestas limeñas no son económicas, son de orden cultural, pues se protesta por la vergüenza de la “repartija”, por recuperar la decencia o dignidad en el congreso. Otra vez, la cultura sobre la economía.

Pareciera pues que la ciudadanía se siente en nuestro país más por el lado del corazón que por el del bolsillo. No debería extrañarnos, pues las ciencias sociales han demostrado que entre los grandes agitadores de los cambios sociales están las ideas cargadas de sentimiento y pasión, sino que los diga Mariátegui, o  Haya, o Guzmán; lamentable, como lo diría Berlin, muchas ideas y pasiones son locas y peligrosas.

Sea cual fuere el impulsor o agitador, el hecho es que la calle está inflamada. Leo que empezaron con mil y ahora la Plaza San Martín albergó a diez mil manifestantes. Bien por eso, el problema es quién dirige eso, adónde van las protestas, y nuevamente regresamos al odioso tema de la institucionalidad, pues al no haber partidos político la indignación corre el riego de diluirse o, lo que resulta siendo peor, que sea aprovechada por los trapaceros de siempre, aquellos que, como siempre, buscan el caos o desorden, pues saben que “a rio revuelto, ganancia de pescadores”. Estamos ad portas de un proceso electoral. No sería nada raro, pues, la indignación termine siendo fabricada.

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