Archivo por meses: octubre 2012

Minería y transformación institucional

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Gerardo Damonte acaba de publicar el texto en el que se discuten los cambios institucionales producidos por el desarrollo de la gran minería en el Perú “Dinámicas rentistas: transformaciones Institucionales en contextos de proyectos de gran minería” que forma parte de un texto en el que también hay un artículo de Javier Escobal y otro de Manuel Glave.

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El texto propone algunas ideas interesantes que permiten matizar la reflexión sobre los impactos de la minería sobre las instituciones locales y sus formas de organización, rondas campesinas en un caso, y comunidades campesinas en el otro. Las preguntas que se propone responder son: ¿Cómo afecta la entrada de proyectos mineros a gran escala la organización rural en el Perú actual? ¿En qué medida los procesos de cambio institucional están asociados a cambios generales en la ruralidad andina y en qué medida son dependientes del desarrollo extractivo?

A partir de las preguntas planteadas el autor concluye de la siguiente manera:

Los cambios asociados a la “nueva ruralidad” nos obligan a replantear lo que entendemos por “rural”. En este sentido, consideramos que lo “rural” se debe definir como el espacio de reproducción social de familias que, al menos parte del año, habitan zonas no urbanas, teniendo en cuenta que esta reproducción no necesariamente tiene una base económica (puede ser política o identitaria). Asimismo, debemos definir a una familia como campesina cuando una parte significativa de la vida de sus miembros se desarrolla en ámbitos rurales.

Por ello, las organizaciones rurales deben adaptarse a esta nueva realidad, diversificando sus funciones y membresías, para poder representar tanto a las familias que todavía mantienen su base de subsistencia en la tierra, como a aquellas que se encuentran más articuladas a espacios urbanos. La comunidad y la ronda, entonces, encuentran su razón de permanecer en la representatividad política de las familias que al menos tienen un pie en el campo.

En contextos extractivos, la labor política de la ronda y la comunidad se intensifica en la primera fase del desarrollo extractivo, toda vez que la empresa necesita adquirir la tierra y derechos de uso de agua para acceder a los recursos y desarrollar su actividad. Entonces, la transformación de las organizaciones rurales en entes de representación y negociación política es dramática y tiene consecuencias en su legitimidad como organizadoras o guardianas del trabajo en el campo.

Esta transformación se aprecia en los cambios generacionales de liderazgos y las continuas crisis de legitimidad por la que atraviesan comunidades y rondas involucradas en proyectos extractivos. El liderazgo se traslada a individuos con mayor capacidad negociadora, que generalmente provienen de las familias con más grados de educación o experiencia urbana. El liderazgo se disocia de la actividad productiva agropecuaria, para responder a las nuevas necesidades de representación. Con el advenimiento del canon (y la segunda fase del encuentro), la política —y con ella, las comunidades— se traslada a la arena municipal. Los líderes comunales aprovechan su recién ganada experiencia política para postular a la municipalidad y así poder disponer de los recursos del canon.

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En este proceso de politización y municipalización de la batalla política, las comunidades, muchas veces marginadas por las élites urbanas, comienzan a disputar el liderazgo urbano-distrital; en este momento la negociación pasa de la tierra a los recursos del canon. La nueva estrategia es urbanizar las comunidades para convertirlas en centros poblados y así poder acceder directamente a más recursos derivados del desarrollo extractivo: más rentas.

Por ello, lo que apreciamos en este nuevo ciclo de expansión minera es la paulatina transformación de las comunidades y rondas, de colectivos vinculados primordialmente a la producción agropecuaria y modo de vida campesino, a colectivos cada vez más vinculados a la competencia por acceder a la renta de la actividad minera. Las dinámicas productivas han dado paso a dinámicas rentistas.

Para finalizar, es importante señalar que los procesos de cambio en contextos extractivos se deben entender en el marco de transformaciones de alcance mayor, ligadas a formas de producción y modelos de desarrollo hegemónicos nacionales y globales. En el capitalismo actual, el trabajo ha sido desplazado por la extracción de recursos naturales como principal condición de acumulación. Esto se traduce en una focalización geográfica de la inversión de capital, lo que tiende a generar economías dependientes de múltiples enclaves. En el presente ensayo hemos intentado mostrar los cambios institucionales locales, ligados a dichos procesos globales, en los centros de extracción mineros andinos.

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Carreteras, desarrollo y conflictos en Cajamarca

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A fines del año 2011, con el apoyo de JICA, el CIES publicó un estudio sobre las “Barreras del crecimiento económico en Cajamarca”, texto que ha sido resumido en el artículo “Los conflictos y la falta de vías afectan el crecimiento económico de Cajamarca” e impreso en El Comercio, del 2 de octubre de este año.

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Los autores, Waldo Mendoza (*) y José Gallardo (**), ambos economistas, consideran en el texto cuatro factores como los limitantes del desarrollo, aun cuando en el artículo presenten solo tres: la poca articulación vial en la región que resta oportunidades de acceso y reduce las oportunidades del crecimiento de la economía de mercado; la alta conflictividad social principalmente en torno a la minería; las limitadas capacidades de las instituciones públicas para hacerse cargo del desarrollo; y finalmente la fuerte emigración de sus miembros más talentosos.

La desarticulación vial de Cajamarca es un tema recurrente en la discusión sobre el desarrollo de la región que no fue solucionado por el centralismo, ni por la regionalización, pese a que existen planes para enfrentarlo. Este es un tema de falta de voluntad política, no es un problema de recursos económicos.

La conflictividad social vinculada a la minería tiene que ver, según los autores, con la mala relación entre la población y la actividad minera, sea por sus efectos ambientales o principalmente por prácticas inadecuadas, cuyo pasivo se carga a pesar de haber sido en gran medida corregidas por la inversión subsiguiente. Y la real vinculación entre la producción de oro de Yanacocha y el crecimiento del PBI regional. Este sin embargo me parece más un problema de falta de institucionalidad para canalizar los conflictos, que una reacción “tardía” frente a las malas prácticas de algunas empresas. En otras regiones, los conflictos no han detenido las inversiones.

Sobre las limitadas capacidades de las instituciones públicas, coincidimos en la falta de Estado y de Gobierno Regional, producto de la ausencia de una élite política o una clase dirigente local/ nacional con algún norte que pueda articular a la mayoría de la población. Podría además argumentarse que 11 años de regionalización no son suficientes para lograr los objetivos que esta se propone, pero ese es otro tema.

Finalmente, está el tema de la emigración. Cajamarca no retiene población, la expulsa, y como siempre ocurre, los que se van son los que están en mejores condiciones para establecerse en otros lugares que le brinden condiciones algo más favorables que las de su lugar de origen. La causa es entonces la falta de oportunidades en la región, asunto que tiene que ver con el bajo efecto multiplicador del empleo de la inversión minera, y nuevamente la incapacidad institucional para generar espacios de desarrollo en otras áreas y sectores económico.

Pero dejemos los comentarios y veamos que dicen los autores de este interesante trabajo sobre el tema del desarrollo y la minería en el Perú:

Los conflictos y la falta de vías afectan el crecimiento económico de Cajamarca

Cajamarca es una de las regiones con los peores indicadores socioeconómicos del país. A diferencia de otras, en los últimos años su crecimiento ha sido modesto. Paradójicamente, posee gran cantidad de población -con cerca de millón y medio es la cuarta región más poblada del país-, una buena dotación de recursos naturales: tiene 870 mil hectáreas cultivables (8%de la superficie agrícola nacional), y una importantísima dotación de recursos minerales.

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Sus niveles de productividad son inferiores a los de otras regiones, pero dentro de su sector es la minería la que posee el nivel más alto de valor agregado bruto (VAB), algo más de S/.71.600 per cápita. Los bajos niveles de productividad y la escasa dinámica de crecimiento en los sectores que generan empleo han determinado que Cajamarca sea la región que históricamente ha tenido la mayor cantidad de emigrantes del país. Según el censo del 2007, más de 600 mil cajamarquinos viven en otras regiones. La situación de la productividad está fuertemente asociada con la de los indicadores de educación, salud e infraestructura, que en la región presentan un sustancial rezago.

Los resultados del estudio, encargado por la JICA y el CIES, sugieren que es posible identificar por lo menos tres factores limitativos de su crecimiento: la alta conflictividad social, que surge principalmente en torno a la actividad minera; el bajo desarrollo de una infraestructura vial de calidad, sobre todo en la articulación interna de la región, situación que reduce el retorno social debido a la carencia de este importante factor de complementariedad; y las limitadas capacidades del sector público regional y la fragilidad de las instituciones en general.

Conflictos sociales

La desaceleración del crecimiento en Cajamarca está relacionada con la desaceleración de la producción minera y con la escasa dinámica del resto de sectores. A ello se suma la demora de la puesta en marcha de importantes proyectos mineros. Estos aspectos están explicados por la conflictividad social, cuyo origen, a su vez, puede ser hallado no solo en los problemas ambientales y de manejo de recursos asociados a la actividad minera, sino principalmente en las prácticas inadecuadas de la actividad minera en la década de 1990. La situación de conflicto no ha podido ser revertida a pesar del cambio sustancial en el modelo de responsabilidad social y de relación con la comunidad de la empresa minera. Desde sus orígenes, este problema está asociado a la falta de Estado, ausencia que ha forzado a las empresas a desarrollar una serie de funciones en las comunidades, como la promoción del empleo, la construcción de infraestructura, la provisión de servicios de educación y salud, entre otras.

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De Soto, mineros y ecologistas

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Hay muchos artículos escritos sobre el caso Conga que apuntan a discutir los pormenores de los enfrentamientos, y pocos que intentan ir a explicaciones de fondo. En estos apuntes de De Soto se intenta comprender el problema y no juzgarlo, y para ello usa dos conceptos, el de frontera y el de entropía, el primero funciona como metáfora para diferenciar los intereses de las partes calificándolos como ecologistas y económicos; y el segundo concepto se aplica como en la física, como algo que no se puede evitar pues se coloca fuera de nuestro control, de manera que no importa que camino tome Cajamarca si se apoya en la minería o en la agricultura, inexorablemente deberá organizarse de manera capitalista. Y tal vez cuando así sea se descubra que agricultura y minería son compatibles.

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CUESTIÓN DE FRONTERAS: CHILE FÁCIL, CAJAMARCA DIFÍCIL. Análisis sobre el conflicto en Cajamarca

Hernando De Soto En El Comercio, 30-9-2012

Siempre he creído que las cosas más importantes de nuestra vida ocurren en espacios protegidos por fronteras. La frontera es lo que separa lo interno de lo externo y es al interior que la vida se piensa y organiza.

Mi percepción de que el universo solo puede entenderse por partes proviene-en cierto modo-de la visión de Charles Darwin, padre de la evolución y autor de “El origen de las especies”. Deduje que él pensó en fronteras (o límites, bordes, perímetros, envolturas) cuando especuló que la vida comenzó en un “pequeño estanque caliente con toda clase de amoníacos y sales fosfóricas”, en el cual las fronteras protegían de lo malo solo dejando que lo bueno se filtre -la luz y el calor- para formar el compuesto proteico de la vida.

Este entendimiento fue fortalecido con otras lecturas, desde poemas hasta filosofía clásica. César Atahualpa Rodríguez, el gran poeta arequipeño, escribió algo así: “Y tú, Dios inmenso, con qué herramienta quieres que te corte para que quepas donde pienso”. Hace más de dos mil años Aristóteles sostuvo que sin espacios protegidos por fronteras dentro de los almacenes de maíz, los ratones no podrían existir. Observó, además, que las polillas no se desarrollarían sin las bolsas de aire que, como fronteras, se forman entre las sábanas.

Los conflictos sociales que enfrentan a las industrias extractivas con los pobladores del Perú profundo también tienen que ver con fronteras. Una es la ecológica, delimitada por fenómenos físicos como el agua la tierra y el clima. La otra es la frontera económica, delimitada por construcciones legales: propiedad, contratos y empresa. Al Perú profundo le preocupa la frontera ecológica y a los peruanos globalizados, sobre todo al de los empresarios, les interesa la frontera económica.

En Cajamarca, Conga no va porque viola mi frontera ecológica; en Lima, Conga va porque eso fortalece la defensa de mi frontera económica. Ni los ecologistas ni los economistas abandonarán sus fronteras porque ambos delimitan valores esenciales que son irrenunciables. Casi todos los conflictos sociales, ya sea entre países, socios, cónyuges, herederos o entre iglesia y universidad, resultan por apasionados desacuerdos sobre fronteras y, por eso, son aparentemente difíciles de resolver, a pesar de que los oponentes son perfectamente compatibles. Para comprender por qué las fronteras ecológicas son tan importantes para el Perú rural, comencemos por definirlas. Si pensamos en cosas grandes, estas pueden ser los cauces, las montañas, los microclimas y los valles que protegen la vida de comunidades naturales, tales como los bosques, ríos, lagunas, pastizales o la biodiversidad amazónica. Si pensamos en cosas chicas, las fronteras ecológicas pueden ser las membranas, cascaras o pellejos que protegen la vida de una célula, un órgano, una fruta o un cuy.

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Estas fronteras protegen la integridad del sistema biológico o ecológico donde se plasma la vida porque cumplen dos funciones: 1) defienden el espacio interior de una comunidad natural de la “entropía”, esa tendencia obstinada del universo hacia la degradación de la energía y la materia; y 2) filtran-seleccionando, absorbiendo y combinando ordenada mente los elementos externos que les son útiles: energía, nutrientes o información. En resumen, sin fronteras que protegen de la entropía y seleccionen en un espacio manejable lo que viene de afuera, no hay vida.

¿Cómo no va a preocuparse el Perú profundo cuando las mineras, petroleras y las agro industrias perforan sus fronteras ecológicas? Cajamarquinos y apurimeños saben, por instinto, que la entropía es una realidad al acecho. Mire usted a su alrededor y verá la entropía por todas partes: si no cuida su salud, esta se deteriora y usted morirá antes de tiempo; si no controla las plagas, estas destruirán las cosechas; la leche derramada no retorna por sí sola a la botella; y los desiertos no prosperan si no plantamos vegetales.
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