Archivo por meses: febrero 2012

La minería que vendrá

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La dialéctica es un método para comprender el cambio, aunque en sus inicios se acomode demasiado en la lógica del evolucionismo inevitable que niega la incertidumbre que pregona la ciencia del caos.

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Ocurre que la interacción social se dispersa en todas las direcciones y afecta a todos los actores, de modo que la manifestación de “agua si oro no”, o cualquier otra que se relacione con la conservación de las especies, o la necesidad de tener agua potable, terminarán por afectar el rumbo de la tecnología. Pero este no es el tema a tratar, sino el de la minería del futuro.

Las minas a cielo abierto parecen haber llegado al final de sus vidas, las restricciones para hacerla posible solo crecen. Haya ya muchos países que prohíben la minería a cielo abierto, y otros tantos en los que los conflictos terminan por tirar abajo la rentabilidad de los proyectos. El futuro de la minería esta en los nódulos marinos (algo de lo que ya hemos hablado) y el subsuelo. Sin embargo los costos y las técnicas de perforación son aún demasiado caros.

Otro de los temas importantes para el futuro de la minería tiene que ver con la recuperación de los minerales de los desechos acumulados por explotaciones ineficientes, o con las tecnologías para “raspar el fondo de la olla” y obtener un beneficio, cuestión en la que la industria petrolera parece haber avanzado más rápidamente que la minera. Pensemos por ejemplo en los pasivos ambientales de siglos de baja tecnología e irresponsabilidad social, o en las minas abandonadas porque las técnicas no permitían obtener todo el mineral. En el delirio es posible imaginar explotaciones de alta rentabilidad que acaben con los pasivos de la minería.

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Es en esta dirección que algunas empresas avanzan en alianza con otras empresas, centros de investigación y universidades, buscando soluciones. Un ejemplo de ello es lo que viene haciendo Rio Tinto con Atlas Copco para reducir considerablemente el tiempo necesario para excavar bajo tierra. La misma empresa trabaja con TOMRA Sorting Solutions para la recuperación de minerales de los desechos. En la misma línea se trabaja para una mayor automatización del transporte de minerales, así como sistemas robotizados de exploración.

El tema es interesante ya que interpela a todos los actores sobre su responsabilidad y papel en el futuro de la sostenibilidad socioambiental d las actividades extractivas. En otras palabras, el esfuerzo por tratar de que no haya minería en cabecera de cuencas debe acompañarse con la investigación y el desarrollo de la tecnología necesaria para que esto sea posible.

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PEMEX ha entrado en trompo

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La economía mexicana se ha beneficiado por décadas del petróleo hasta el punto que este factor se convirtió en el narcótico principal para evitar una reforma tributaria que permita que los ingresos públicos se asienten sobre bases más sólidas.

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Sin embargo, desde hace algunos años la estatal PEMEX tenía claro que si no encontraban nuevas reservas los problemas económicos no tardarían en manifestarse, y se las hecho a buscar como la gallinita ciega del cuento. Entre tanto, los avances en las exploraciones en aguas profundas comenzaron a verse como la alternativa, los privados ya habían empezado en distintas partes del mundo, y Brasil anunciaba los yacimientos en el Presal frente a Rio de Janeiro. El entusiasmo de la industria petrolera volvía. Y en este devenir ocurre la catástrofe de BP en la plataforma Deep Water Horizon. Pero PEMEX ha seguido en este camino, y como no cuenta con la tecnología necesaria ha “flexibilizado” su marco normativo abriendo posibilidades para la participación de otras empresas petroleras. Este no es un camino fácil y la necesidad aprieta, de modo que PEMEX ha decido al parecer lanzarse a la piscina tenga o no agua y comenzar con la perforación en aguas superprofundas. Pemex paga rentas de 500 mil dólares diarios por plataforma, solo para buscar petróleo en el mar. Asimismo, cuenta con 231 de estas instalaciones de crudo en el Golfo de México y más 6 mil pozos de explotación en todo el país azteca.

De otro lado, México tiene importantes reservas de esquisto de dónde podría obtener gas, pero nuevamente ello requiere de una tecnología nueva que no ha sido domesticada por los mexicanos, e modo que tendían que traer empresas de fuera, cosa que no les gusta. Además explotar el esquisto y procesarlo supone trabajar en tierra, y con ello habría que enfrentar a los campesinos, pobladores de pequeñas y medianas villas, hacer kilómetros de zanjas para los tubos, pelearse con los ecologistas, etc. O, peor que eso enfrentar las consecuencias de los desastres como el ocurrido en San Martin Texmelucan. No hay nada que hacer en el mar los peces muere sin quejarse, y no hay poblaciones que tomen las instalaciones.

De acuerdo n un reciente artículo de Anastasia Gubin – La Gran Época “El presidente de la Comisión Nacional de Hidrocarburos (CNH) de México, Juan Carlos Zepeda, desató la alarma por los planes del gobierno de perforar dos pozos ultra profundos cerca de las aguas de Estados Unidos este año, al advertir en una entrevista, que ni la empresa ni su comisión están preparadas para manejar un grave accidente o derrame de petróleo en dicha zona.

Zepeda, dijo en una entrevista, que Petróleos Mexicanos (PEMEX), “tiene relativamente poca experiencia con la perforación en aguas profundas, y mucho menos con los pozos de los ultra-profundas a profundidades superiores a 6.000 metros”, informó The Wall Street Journal.”

Zepeda agregó que no cuenta ni con personal, equipo ni presupuesto para cumplir con su tarea de supervisión, más necesaria que nunca si se consideran los riesgos de esta iniciativa. Al parecer PEMEX seguirá adelante y si pasa algo, “…pos ojalá no se den cuenta”. Sería interesante en este sentido que los mexicanos tomen la idea del sistema civil de vigilancia de los derrames de petróleo implementado por Gulf Oil Spill Tracker

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Debatiendo sobre un gasoducto en el Peru

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La construcción del gasoducto sur andino, o proyecto KUNTUR (para más detalle clic aquí), como se le llama, es una inversión considerable cuyos efectos son diversos. De una parte beneficiará a un gran número de familias que tendrán una fuente de energía barata para mejorar sus condiciones de vida, a los pequeños comerciantes e industriales. Sin embargo como bien señala Cecilia Blume (ver reproducción de artículo más adelante) la rentabilidad tiene que ver con inversiones de mayor envergadura sobre las que algunas señales hay si se cumple la promesa de impulsar el polo petroquímico en Moquegua.

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También significa avanzar en las modificaciones de la matriz energética. Hasta hace poco nuestro vector era el hidroeléctrico, sin embargo sus consecuencias ambientales nos han colocado en otra vía, aunque sin haber hecho la ponderación de ambos impactos. Esto último me hace recordar la vinculación que existe entre esta opción y el proyecto Conga. De una parte la población “extractivista” del sur peruano exige al gobierno más gas, aún con el riesgo que señala Blume, de que no hay más reservas; mientras el pueblo “no extractivista” del norte pide menos minería. Otro elemento dejado de lado es el de la consulta previa. Casi 1,100 KM de tubo son muchos problemas menudos.

Sobre el riesgo respecto de las reservas de gas peruano para abastecer el gasoducto, habría que considerar no solo que éstas pueden existir, y de hecho no solo hay exploración relacionada con fuentes tradicionales, sino también con las posibilidades de explotar yacimientos de esquisto en la vertiente oriental de los andes asunto en el que se encuentra avocado Maple Energy en el Perú. De otro lado, una vez tendida una red, la posibilidad de conectarse a otras redes no puede descartarse. Conectarse con la producción boliviana es una posibilidad, y si las posibilidades del esquisto son reales, también con una futura red Argentina.

ARTÍCULO DE CECILIA BLUME SOBRE EL PROYECTO DE GAS EN EL SUR DEL PERÚ

Bajo el título de “Kuntur” Cecilia Blume, Abogada (CBConsult), publicó en el El Comercio, jueves 2 de febrero del 2012, los siguientes comentarios:

La discusión del gasoducto del sur Kuntur es compleja y planteo algunas ideas para discusiones posteriores.

El gasoducto llevaría gas de Malvinas en el Cusco, a Ilo en Moquegua por un ducto de 1.200 km, atravesando Arequipa y Moquegua, con ramales al Cusco y Puno.

Una inversión así solo se justifica si hay gas que transportar y un uso rentable de este en destino.

Odebrecht y Conduit invertirían en el ducto aproximadamente US$2.000 millones, y se necesitan, cuando menos, 5 trillones de pies cúbicos (TCF) de reservas para justificar su construcción. Estas vendrían de los lotes 57 (Repsol/Petrobras) y 58 (Petrobras), pero como no se han probado hasta el momento, no se sabe efectivamente si existen.

Asumiendo que existan, tanto en Ilo como en la ruta del ducto se requeriría consumir este gas de una manera intensiva para que el proyecto sea rentable.

Los usuarios domésticos, autos o pequeñas industrias consumen muy poco gas. Se requerirá de grandes consumidores: plantas térmicas o petroquímica de etano.

Braskem (Brasil) o SK (Corea) podrían instalar plantas petroquímicas para producir polietileno, separando el etano. Proyectos costosos y cuyos procesos reducen el valor calórico del gas, lo que termina por requerir un mayor volumen de gas para otros usos como para las térmicas.

Las regiones por las que pasaría el ducto, incluyendo la selva, son complejas, y es difícil predecir tiempos y resultados para los permisos y trámites, lo cual se suma al costo del negocio.

Existen otras alternativas que deberían explorarse para llevar gas al sur como los ductos virtuales (camiones repartidores de gas que Repsol y Petro-Perú ya evalúan).

También es viable llevar el gas por barco desde Melchorita hasta Ilo y poner una regasificadora en Ilo para distribuir el gas.

No es claro cómo se financiaría un ducto sin reservas probadas de gas y sin contratos en firme para petroquímica o termoeléctricas, que generen un mercado hoy inexistente.

Es necesario cubrir la demanda de gas en el sur pero, ¿tiene lógica económica hacer este gasoducto? ¿Se requerirá dinero público para ello o a Petro-Perú?

Quizá sería bueno una explicación.

Fuentes adicionales:

Humberto Campodónico: “El gas de Camisea llegará al sur en un año”
Puertas abiertas al capital extranjero
Campodónico: “Con PDVSA iremos a la cuenca del Marañón, sin riesgo exploratorio”
La Geopolítica de la Energía, el Gaseoducto del Sur y la Integración Energética Sudamericana. Por Darc Costa y Raphael Padula
CONSULTORIA PARA DETERMINAR LA COMPLEJIDAD Y PROSPECTIVA DEL GAS NATURAL . ESTUDIO DE ESCENARIOS. INFORME FINAL

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PARADOJA: ¿RIQUEZA, CAUSA DE LA POBREZA?

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El espejismo de las rentas

Por: Gonzalo Portocarrero Sociólogo
Publicado en El Comercio, Miércoles 1 de Febrero del 2012

La renta es una ganancia desproporcionada que surge cuando los precios de un producto están muy por encima de sus costos de producción. Tómese como ejemplo el caso del oro. Siendo su costo alrededor de US$300 la onza; se vende, sin embargo, a US$1.600. La renta suele aparecer como un milagro y una bendición.

Pero la historia enseña, una y otra vez, que la renta termina convirtiéndose en causa de conflictos, de destrucción de la ética del trabajo y en obstáculo a un desarrollo económico sustentable.

Para empezar: ¿a quién pertenece la renta? La respuesta jurídica no es necesariamente la respuesta ético-política.

La ley puede prescribir que las empresas mineras tributen, por ejemplo, el 30% de sus excedentes. Todo lo demás les pertenece. Pero tal concentración del ingreso no pasa desapercibida, de manera que surgen voces que cuestionan la desproporción entre la inversión y las ganancias. ¿Por qué la empresa habría de quedarse con la parte del león? ¿Por qué no la región o el Estado? ¿O los propios trabajadores?

Se genera entonces un conflicto. De un lado las empresas tratan de lograr legitimidad social mediante generosas campañas publicitarias. Entonces, remarcan su contribución a la comunidad en términos de empleo, impuestos y otros beneficios aportados a las regiones de donde extraen los recursos. Además prometen futuras inversiones que traerán más empleos y tributos. Todo ello es indudablemente cierto. Pero no es menos cierto que, pese a todas estas contribuciones, las empresas continúan apropiándose de la mayor parte de la renta.

De otro lado, muchos políticos construyen sus carreras capitalizando el descontento contra la privatización de la renta y prometiendo redistribuciones sensacionales. Se postula que las rentas deben ser del Estado y servir a la comunidad nacional. El desenlace de la lucha no está escrito, ni tiene que ser siempre el mismo. No obstante, las empresas por su rentabilidad desmesurada son muy vulnerables.

En muchos casos estas empresas son estatizadas o, al menos, se les impone mayores cargas tributarias. La situación puede ser entonces peor. La abundancia de recursos en manos del Estado fomenta la corrupción y el clientelismo. Y se erosiona la ética del trabajo.

En Venezuela, por ejemplo, el Estado se convierte en el agente que redistribuye la enorme renta petrolera. La corrupción y el populismo proliferan. La política se convierte en una lucha por acceder al control de la renta, y el éxito político es lograr un esquema de redistribución que compre y asegure la ‘lealtad’ de un mayor número de votantes a través de subsidios y creación de empleos.

El trabajo perseverante no tiene la recompensa que sí tienen los vínculos mafiosos. Se desvanece la laboriosidad y se favorece la expectativa de recibir sin trabajar.

De otro lado, cuando las rentas son muy elevadas, por la misma afluencia de divisas, el tipo de cambio disminuye. Entonces, se abaratan las importaciones mientras que las exportaciones pierden competitividad.

En resumen: la actividad empresarial se hace más difícil y se crean menos empleos productivos. Todo gira en torno al Estado. La desindustrialización y la monoexportación tienden a primar. Puede parecer mentira pero la historia lo confirma una y otra vez. Como dice Jürgen Schuldt, somos pobres porque, paradójicamente, somos ricos.

Solo una sólida institucionalidad democrática permite florecer a una economía donde hay muchas rentas.

En este caso los excedentes se usan para financiar obras de infraestructura y de educación, de modo que la productividad nacional aumenta. Y no la corrupción y el populismo.

El hecho es que al Perú se le ha prometido una inversión de US$50.000 millones en los próximos años. Y el debate, que se ha centrado en el caso Conga, se ha limitado al examen del impacto ambiental del proyecto.

Entonces, es hora de preguntarse si somos realmente capaces de absorber la renta minera sin que ella produzca más corrupción, inestabilidad política y pobreza. Sigue leyendo