VIDA/TRABAJO

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Mark trabaja en Lumon, una poderosa corporación con importantes aunque misteriosos negocios. Esta ofrece la ventaja más demandada de todas: la conciliación de la vida laboral y familiar. Gracias a una avanzada tecnología médica han logrado implantar un proceso llamado “separación espacial de memoria”. Los trabajadores acceden al mismo de manera voluntaria a cambio de beneficios diversos. Por este procedimiento, su yo laboral, su “innie” se pasa el día clasificando y archivando números en la División de Refinamiento de Macrodatos sin consciencia ni memoria de su vida fuera del espacio de la empresa.  Su “outtie” es felizmente inconsciente de los días de su “innie”. Sin embargo, existen algunas desventajas. Por ejemplo, sí un “innie” desea renunciar debe contar con la aprobación expresa de su “outtie”. Y eso casi nunca sucede.

Los “innies” son comprometidos, eficientes y están cómodos con sus condiciones de trabajo. Hasta que la falta de transparencia, el clima de sospecha y la insistencia de honrar la figura del fundador, cual si fuese una figura religiosa, logra generar una alianza entre los trabajadores para encontrar sentido a un sistema opaco y opresor.

Esta es la premisa de la serie “Severance”. Es una serie de ciencia ficción contada como una fábula sobre los efectos de la vida laboral en la vida personal. Creo que resonó mucho en mí porque recordé que en uno de mis primeros trabajos un gerente terminó su saludo de bienvenida a los nuevos trabajadores diciendo: “Y espero que dejen sus problemas personales en la puerta a la hora de ingreso”. Ese gerente hubiera sido feliz en Lumon.

Sí, ya sé. Ningún gerente diría esto ahora. No en voz alta, al menos.

TERRA INCÓGNITA

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Los antiguos navegantes usaban cartografías que eran, en alguna medida, imaginarias. En todos los mapas existía un espacio conocido como terra incógnita. Era así como se denominaban a los territorios más allá del mundo habitado, territorios aún no dominados. Estos eran imaginados como territorios hostiles, llenos de espantos, pero también de maravillas nunca antes vistas. Cartografiar la terra incógnita era un ejercicio de pura imaginación y una manera de conjurar el temor a lo desconocido. Era, a la vez, advertencia e invitación.

Los tiempos que corren son tiempos marcados por la incertidumbre. Los diversos acontecimientos históricos y políticos han sacado a la luz tanto lo noble como lo desagradable de nuestra propia naturaleza.

¿Qué podemos hacer? ¿Quedarnos confinados en puerto seguro? ¿Salir en busca de nuevos territorios y nuevas oportunidades? De alguna manera nos hemos adentrado en terra incógnita. Sea cual fuera nuestra decisión, confiemos en nuestras habilidades de navegantes, la capacidad para cooperar y aprovechar las lecciones aprendidas.

¡Alas y buen viento!

APRENDER A PERDER

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El éxito es dulce. Todo ese esfuerzo, sacrificios y energía invertidos para lograr los objetivos, la meta soñada. El éxito es deseable y brillante y, como dice la canción, “todo el mundo ama a un ganador”

Pero ¿qué sucede cuando a pesar de nuestra voluntad y  mejores esfuerzos la respuesta es un rotundo no? Las doctrinas al uso nos urgen a insistir, a no abandonar hasta lograr los que deseamos. No dudar, no desmayar. Intentar, persistir.

“Quien abandona es un perdedor” es un mantra al uso. Y nadie ama a un perdedor.

Pero ¿qué sucede cuando se da la batalla, se esfuerza uno y la meta no se logra?. Cuando es un despropósito seguir, cuando lo más conveniente es abandonar, recoger los restos del naufragio y dirigir el barco a otro puerto.

Debemos aprender a perder.

A dejar las metas y destinos propuestos, con pena pero con la dignidad requerida. Se da la batalla, se pierde, tal vez se aprende algo. Se sigue.

El otro camino es el de la negación de la realidad y de la persistencia en el error que conduce irremediablemente al infierno del arrepentimiento.

Conocer la realidad, aceptarla, aprender. Seguir.

Lo otro es actuar como Trump.

#noseascomoTrump

SOLO ESTOY MIRANDO

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La (pe) última crisis política es un espectáculo lamentable, con un guion desastroso y unos actores perdidos en un escenario que ellos mismos crearon. Somos espectadores cautivos de un atroz juego de sombras. Desconcertados y molestos, nos sentimos estafados. Pero ¿lo fuimos? ¿Somos inocentes espectadores de las maniobras de políticos taimados y preocupados solo por sus propios intereses?

El discurso de la búsqueda del triunfo individual por sobre el comunitario ha calado en nuestra sociedad: “Sí yo estoy bien, el mundo está bien” o “El éxito depende de mi actitud”. No nos detenemos a considerar las condiciones sistémicas que determinan nuestros procesos, las graves grietas que caracterizan nuestros sistemas. Y no reflexionamos sobre esto, no discutimos sobre esto, al final ¿Qué sentido tiene? “Sí yo estoy bien, todo está bien”. Y luego viene la debacle, y las consecuencias son catastróficas para aquellos miles que (mal) viven en los límites, lejos del acceso a las oportunidades de una vida digna.

El filósofo Edmund Burke dijo en el siglo 18: “Lo único necesario para el triunfo del mal es que los hombres buenos no hagan nada”. Me pregunto: ¿Qué puedo hacer? ¿Es posible hacer algo? ¿Me considero del bando de los buenos? La respuesta a esta última pregunta es muy relevante pues lo que sigue es actuar.

UNA CUESTIÓN DE CONFIANZA

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¿De qué se trata el liderazgo? ¿Qué se requiere para ser un buen líder? ¿Se nace siendo uno? ¿Aprende uno a serlo?

Si le interesan las respuestas a tan acuciantes preguntas, podría usted consultar algunos de los 60,000 libros que se venden en Amazon sobre el tema en este momento. O tal vez podría inscribirse en alguno de los cientos (miles) de cursos que se ofrecen sobre la materia.

A pesar de tal acumulación de conocimiento, el concepto aún permanece elusivo: ¿De qué hablamos, en realidad, cuando hablamos de liderazgo? ¿Qué lo define?

En mi opinión y según lo leído, visto y vivido, el factor clave para definir liderazgo es la credibilidad.

Credibilidad entendida como una percepción de fiabilidad que se construye de manera cotidiana con el decir y el hacer congruente. Es el producto de una combinación única de capacidades técnicas y comportamiento ético.

Una cuestión de confianza.

Respecto a las habilidades técnicas, no me refiero a la posesión de un conocimiento enciclopédico sobre los asuntos de la organización pero sí de las herramientas que le permitan desarrollar con éxito las actividades cotidianas y, además, planear las metas de mediano y largo plazo.

Respecto al comportamiento ético, el mismo se traduce en acciones concretas tales como:

• Promover (de palabra y obra) un clima ético en la organización
• Verificar la calidad de la información antes de propagarla
• Comunicar las expectativas en forma clara y honesta (sin subterfugios ni ambigüedades)
• Actuar en beneficio de la organización y del equipo (antes que el suyo propio)
• Reconocer las contribuciones de los miembros del equipo ( sin ignorarlas, menospreciarlas o (peor) apropiarse de ellas de manera indebida)
• Reconocer y atender los problemas o conflictos de intereses durante los procesos de toma de decisión (evitando el pensamiento mágico que indica que los problemas se resuelven solos o que las empresas son “una gran familia feliz”)

Entre otras.

Como puede verse, la credibilidad es ardua de generar y mantener. Sin embargo, basta un acto distraído para perderla de manera irremediable.

Esta es una época de crisis de liderazgo. Nos es difícil creer que aquellos que nos representan o dirigen lo hacen en nuestro beneficio y no en el suyo propio. Esto genera inestabilidad y diversos males sociales que están a la vista.

¿Coincide conmigo en que es la credibilidad es lo que define el liderazgo? Sí ha respondido de manera afirmativa, le dejo esta última pregunta: Y por casa ¿cómo andamos?

ONDA TRANSVERSAL

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Sabes cómo es cuando arrojas una piedra a un cuerpo de agua. La piedra toca la superficie en un punto específico, por un tiempo breve.

 Sin embargo, la energía de ese contacto genera una vibración, una onda transversal. Esas vibraciones a su vez producen olas que viajan lejos y tocan orillas apenas imaginadas.

Pero la energía se disipa, pierde intensidad.

Entonces, es menester lanzar otra piedra. Y buscamos en nuestro interior la disposición para realizar el lanzamiento, la voluntad para intentar una vez más. Tomamos aire, medimos la fuerza, mejoramos la técnica. Esta vez llegaremos más lejos por más tiempo.

Y lanzamos nuestra propia piedra, la que solo podemos lanzar nosotros, a nuestra manera y en el momento debido.

Una vez, otra vez y otra vez. Cuantas veces sea necesario.

AQUELLOS VIEJOS TIEMPOS

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Algunas cosas están cambiando. Esto no debería sorprendernos pues vivimos en un universo en permanente movimiento[1]. Sin embargo, los cambios se producen en áreas de nuestra vida que parecían estar regidas por leyes casi inmutables. Las maneras en que nos relacionamos unos con otros ya no son las que eran.

Me explico: lo que antes se consideraban como asuntos privados de marido y mujer ahora pueden catalogarse como delito de feminicidio[2]. Lo que antes era un coqueteo “natural” de un jefe en extremo cariñoso hoy puede ser considerado como hostigamiento sexual. Lo mismo pasa con aquellos inocentes chascarrillos que se hacían en referencia al color de la piel o la etnicidad de las personas. Ahora ya podemos calificarlas como lo que son: comentarios racistas[3].

Algunos extrañan aquellos viejos tiempos. Cuando todo era claro y cada cosa estaba en su lugar. Un manotazo en la cara, un comentario hiriente eran asuntos privados y nadie debía intervenir. El mundo era un lugar estable (estático) y predecible. Sin sensibilidades a flor de piel, sin derecho a reclamo.

Pero algunas cosas están cambiando.

Puede parecer que es poco, que solo hemos arañado la superficie. Y eso.

Es posible. Sin embargo, es un inicio. Además, es sabido que un viaje de mil kilómetros comienza con un primer paso.   Llamar a las cosas por su nombre parece un buen comienzo. O al menos un comienzo.

[1] Ver: http://www.atlasoftheuniverse.com/espanol/bigbang.html
[2] Ver: https://busquedas.elperuano.pe/normaslegales/decreto-legislativo-que-fortalece-la-lucha-contra-el-feminic-decreto-legislativo-n-1323-1471010-2/
[3] Ver: https://elperuano.pe/noticia-sanciones-contra-racismo-73757.aspx

 

LIKE (SE ALQUILA)

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Digamos que es la hora del almuerzo. Da un par de vueltas buscando algún lugar adecuado y en una misma cuadra encuentra, puerta con puerta, dos restaurantes de menú. Diferenciados por el nombre (“El rico A” y “B el sabroso”, respectivamente) son muy similares entre sí: decoración del local, disposición de las mesas, mozos apurados, cajera con semblante displicente ubicada en la entrada del local. Sin embargo en El Rico A las mesas están todas ocupadas, es más, hay una pequeña cola de gente esperando turno. ¿Cuál escogería usted para almorzar? Me atrevería a decir que su elección sería el local con mucho público. ¿La razón? la consideración de que la preferencia manifiesta del público implica una buena calidad del servicio ofrecido. ¿No es cierto?

Resulta que somos seres sociales y aunque proclamemos independencia de criterio y (más aún) feroz individualidad, nuestras conductas se ven fuertemente influenciadas por las conductas y preferencias de nuestros congéneres. De allí proviene la efectividad de técnicas publicitarias del tipo influencia social (“8 de cada 10 la usan” o “76 % está de acuerdo con…). Cuantas más personas aprueban algo, más posibilidades hay que nosotros lo hagamos también. “El impacto de la técnica de la prueba social es exponencial: cuando el número de personas a las que les gusta algo aumenta, también aumentan las probabilidades de que otras persona pulsen “me gusta”, lo que a su vez suscita todavía más adhesiones” (Andrews, Van Leeuwen & Van Baaren, 2014, p. 50)[i].

Pensaba en esto cuando leía el reportaje de investigación del New York Times[ii] acerca de Devumi, una compañía que provee de “seguidores” en las diversas redes a sociales (Twitter, Youtube y Linkedin, entre otros) a todo aquel que pueda pagarlos. Los costos varían pero, para empezar, el presupuesto es a razón de dos centavos de dólar por seguidor. Sus cerca de 200, 000 clientes han adquirido ya 200 millones de seguidores y “likes” para sus redes sociales.

Los clientes de Devumi son diversos: actores, políticos, figuras religiosas, atletas, consultores de todo tipo. Inclusive Michael Dell, el magnate de las computadoras, adquirió un número importante de seguidores para su cuenta de Twitter.

Al ser inquiridos por las razones para usar este servicio, los clientes que accedieron a responder afirmaban que 1) todos en la red lo hacían y 2) en el negocio de la influencia personal lo que define tu valor es la cantidad de atención que tengas en tus redes sociales y esta atención debe conseguirse y mantenerse a toda costa. Además, cuantos más seguidores exhibían, más seguidores (e influencia) podrían obtener en el futuro.

Raros tiempos estos en los que vivimos. Tiempos de seguidores y likes alquilados y del “fake it until you make it” como consigna. [iii]

 

[i] Van Baaren, R., Andrews, M. and van Leeuwen, M. (2014). Hidden Persuasion. Amsterdam: BIS Publishers, p.50.

[ii] https://www.nytimes.com/interactive/2018/01/27/technology/social-media-bots.html

[iii] “Pueden encontrarse en casi todos lados: artículos que explican cómo puedes fingir tu camino hacia el éxito. Hay consejos sobre cómo verse más inteligente de lo que realmente eres, cómo verse más importante durante las reuniones, cómo sonar como si supieras de lo que estás hablando (incluso cuando no lo haces), y cómo puedes demostrar tu autoridad exhibiendo un gesto de poder u ocupando más espacio físico durante las reuniones. Pero, esta es la cuestión, fingir nunca te dará el éxito tan rápido como el trabajo duro y un plan de desarrollo de carrera. Porque falsificarlo deja fuera la parte más crítica de la ecuación: Esfuerzo.”

Quest, L. (2017). Why You Should Stop Trying To ‘Fake It Till You Make It’. Enero 30, 2018, de https://www.forbes.com/sites/lisaquast/2017/08/14/why-you-should-stop-trying-to-fake-it-till-you-make-it/#14bd5514799d

 

 

 

10 (U 11) CONSEJOS PARA SER FELIZ (O NO)

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La incertidumbre es, algunas veces, una oportunidad. Nos obliga a replantearnos sueños y proyectos. A revisar la fecha de caducidad de algunos de nuestros talentos (¡aunque usted no lo crea!) y a desarrollar aquellos que no han sido debidamente considerados y que nos pueden ser de utilidad en las nuevas circunstancias.

La mente humana tiene la maravillosa capacidad de imaginar, de proyectar. Esa capacidad salvó a nuestros antepasados de morir en las planicies por el ataque de un tigre dientes de sable (¿ese crujido de ramas, esa sombra que pasa?) y nos ha permitido evitar grandes catástrofes organizando recursos y voluntades. Aunque lo que imaginemos no llegue a realizarse, el solo ejercicio de construir escenarios nos ayuda a replantear nuestro presente. Así, sí dentro de un determinado período de tiempo queremos estar allá (un punto en el futuro) más vale que nos pongamos manos a la obra en el aquí y ahora.

Sobre el éxito, el fracaso o la búsqueda de la felicidad, presumo que, en el fondo, cada quien sabe lo que quiere y/o lo que necesita (que son dos cuestiones diferentes). Es por esta razón que desconfió de las listas de consejos para encontrar el camino al éxito y a sus alegrías. Cada quien tiene su contexto, sus filias y fobias, sus talentos y limitaciones. ¿Cuánto valor puede tener un consejo sin contexto?

Además, constato que en no pocas oportunidades esas listas se contradicen entre sí: ¿debemos levantarnos con el canto del gallo o dormir lo que nuestros cerebros requieran para encontrar las respuestas que necesitamos? ¿Debemos ser ordenados o desordenados para lograr desatar los flujos de la creatividad? ¿Debemos tener trato horizontal, amigable y distendido con nuestros colaboradores para lograr el éxito comercial?  Que se sepa, Steve Jobs no seguía este último y mírenlo ustedes.

En fin, la existencia humana es compleja y, algunas veces, francamente absurda. Aunque siempre es interesante.

Un hombre se quejaba amargamente de sus dificultades ante el cómico Groucho Marx:

-“Groucho, amigo ¡la vida es en verdad difícil!”

A lo que el gran Groucho respondió:

-“¿Comparada con qué?”

 

 

 

 

 

 

FUTURO

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Community manager, analista  experto en big data, influencer. Ocupaciones que no existían hace cinco años. Resulta abrumadora la velocidad de los cambios tecnológicos y como esta ha modificado lo que implica ser empleable. ¿Qué requiero para seguir siéndolo en los próximos cinco años? ¿Cuál es ese conjunto de competencias y cualificaciones requeridas para encontrar y conservar un trabajo decente, progresar en la empresa, o cambiar de empleo y adaptarme a la evolución de la tecnología y de las condiciones actuales del mercado de trabajo?[i]

Consideremos, además, la llamada cuarta revolución industrial o “la amenaza robótica”. La noción de que estructuras robóticas puedan realizar todo tipo de actividades cotidianas, sobre todo en el área de la producción, ha dejado de pertenecer al terreno de la ciencia ficción. Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE): Austria, Alemania y  España son ,en este orden, los países que se verán más afectados por la revolución robótica. Así lo señala un estudio elaborado por este organismo que destaca que la automatización permitirá sustituir a un 12% de los empleados españoles. Durante el Foro Económico Mundial de Davos de enero del 2016, se anunciaron que a 2020 se perderán unos cinco millones de puestos de trabajo en todo el mundo por esta razón. Con una particularidad: esta revolución tendrá un impacto menor en las economías desarrolladas que en los mercados emergentes, que se verán afectados por la reducción de la ventaja competitiva de la mano de obra barata. Será un proceso lento pero sin duda llegará.[ii]

La pregunta subsiste: ¿Qué debo hacer para ser empleable en este contexto? Creo que más que aprender algunas habilidades o desarrollar competencias se requiere de un cambio de actitud. Tal vez, las preguntas más pertinentes serían: ¿Estoy dispuesto a mantener la curiosidad y el deseo de aprender? ¿Estoy motivado a invertir recursos valiosos como tiempo y dinero para entender hacia dónde va mi sector y desarrollar las habilidades que se requerirán mañana? ¿Estoy dispuesto a arriesgarme para conocer nuevas maneras de trabajo colaborativo, nuevas formas de liderazgo? ¿Estoy dispuesto a revisar mis parámetros culturales para tener una visión diferente del mundo que me rodea?

Una cosa es clara, mis amigos: El futuro no es lo que solía ser.

 

[1] Definición de empleabilidad en OIT. Recomendación 195: http://www.ilo.org/dyn/normlex/es/f?p=NORMLEXPUB:12100:0::NO::P12100_INSTRUMENT_ID:312533

[2] https://economia.elpais.com/economia/2016/05/20/actualidad/1463769085_077235.html.

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