SOLO ESTOY MIRANDO

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La (pe) última crisis política es un espectáculo lamentable, con un guion desastroso y unos actores perdidos en un escenario que ellos mismos crearon. Somos espectadores cautivos de un atroz juego de sombras. Desconcertados y molestos, nos sentimos estafados. Pero ¿lo fuimos? ¿Somos inocentes espectadores de las maniobras de políticos taimados y preocupados solo por sus propios intereses?

El discurso de la búsqueda del triunfo individual por sobre el comunitario ha calado en nuestra sociedad: “Sí yo estoy bien, el mundo está bien” o “El éxito depende de mi actitud”. No nos detenemos a considerar las condiciones sistémicas que determinan nuestros procesos, las graves grietas que caracterizan nuestros sistemas. Y no reflexionamos sobre esto, no discutimos sobre esto, al final ¿Qué sentido tiene? “Sí yo estoy bien, todo está bien”. Y luego viene la debacle, y las consecuencias son catastróficas para aquellos miles que (mal) viven en los límites, lejos del acceso a las oportunidades de una vida digna.

El filósofo Edmund Burke dijo en el siglo 18: “Lo único necesario para el triunfo del mal es que los hombres buenos no hagan nada”. Me pregunto: ¿Qué puedo hacer? ¿Es posible hacer algo? ¿Me considero del bando de los buenos? La respuesta a esta última pregunta es muy relevante pues lo que sigue es actuar.

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