Ensayo sobre el querer – Un beau soleil intérieur (2017)

[Visto: 162 veces]

Contiene spoilers

¿Por qué amar? ¿Por qué exponerse al intricado proceso de amor y desamor, a la mecánica de rechazos permanentes y exposición constante? ¿Por qué soportar la falsa intimidad, las promesas forzadas, el dolor reprimido? No lo sabemos. Aun así, no parece quedar de otra. Las personas siguen viviendo bajo las reglas de toda relación amorosa. El amor sigue siendo ley. Moldea nuestra forma de pensar, nuestros elementos performativos y la forma en que nos vemos a nosotros mismos. He allí el asunto. Claire Dennis se hace la misma pregunta. ¿Por qué? Y, con este por qué, también viene el cómo. Si toda relación amorosa es performativa, entonces puede ser fácilmente entendida desde el cine. Funciona.

El bello sol interior del film es el de Isabelle, mujer divorciada, madre de una y artista moderna, quien, a su modo, decide buscar una relación que mejore los días. Aun sufriendo y aun en medio de su complicada vida, cree firmemente en que hay espacio para el amor. Isabelle, a su modo, empieza a tentar la suerte y probar nuevas relaciones, a ver si una de ellas podría ser la del hombre de su vida. Los hombres, por supuesto, son bastante disimiles entre sí. Cada uno, a su modo, parecen retratar facetas diferentes de la Isabelle y su personalidad, como piezas de un puzzle esperando ser resueltas. Denis y sus co-guionistas adaptan -si tal palabra es admisible- el famoso ensayo -si se le puede llamar ensayo- de Roland Barthes, Fragmentos de un discurso amoroso, y lo hacen a lo grande. No se guardan detalles. No le temen al escándalo.

Un beau soleil intérieur sabe lo que quiere, pero parece encontrar conflictos a la hora de filmarlo. No sabe bien si presentar una serie de viñetas -una por cada amante de Isabelle- o si forzarlas todas en una sola historia lineal. El resultado, sin duda alguna, es extraño. Es una película pequeña, un film de espacios cotidianos, de rutina filmada, y, de alguna manera, capaz de absorber a la audiencia. Lo hace, quizás, por la energética performance de Juliette Binoche: ¿quién no quisiera pasarse horas viendo a Binoche hacer lo que sea? Lo hace, además, porque, sin importar lo repetitivo de la pantalla, aún nos quedamos con los detalles: la historia es repetitiva y pesada porque la vida lo es, pero aún así la vivimos y con gusto. A pesar de no entender muy bien qué sucede con Isabelle -y con quien hace el amor- aun así nos dejamos llevar por la sensación de libertad y entrega de la protagonista y sus ideales. De a pocos, nos dejamos convencer.

Hay, entonces, una incipiente melancolía que parece invadir cada minuto del filme. La melancolía, por supuesto, se ve en la mirada contrariada de Juliette Binoche, en la ingenuidad con la que atraviesa distintas situaciones, todas marcadas por el desamor. La melancolía, a su vez, se ve en los momentos más especiales del film, deliciosamente construidos por Denis. Es a través de los diálogos, escritos con sencillez y honestidad, que la cineasta explora los conflictos cotidianos de sus personajes, sus miedos, sus inconsistencias y deseos. Cada detalle, por supuesto, encaja a la perfección: primeros planos que alternan a ambos hablantes en la conversación y los hacen parecer aún más cercanos de lo que ya parecían; travellings que mantienen esa esencia de espontaneidad mientras está Isabelle con la cita de turno; pequeños detalles que resaltan el realismo de lo que vemos en la pantalla. Los detalles: las pausas al hablar, las palabras entrecortadas por el miedo, las risas y llantos entre los personajes. Mientras más real se siente la soledad que transmite Isabelle y su pequeño universo, más fácil es sentirse melancólico. Por supuesto, ayuda la música: música jazz, de saxofón y trompeta, música que incita al recuerdo, la nostalgia, la tristeza.

Parte de la clave de adaptar a Barthes se basa en los detalles. Hacer que un ensayo sea un film requiere el uso de analogías, de leguaje simbólico y poco fiel a las formas del texto original, solo siendo leal a su contenido e intenciones. No resulta tan evidente cómo Barthes vive a través de Binoche y Denis. Hay que prestar algo de atención. Forzarse. El resultado, una vez hallado, es sobrecogedor.

Veamos. Primero, absence (ausencia). La prueba de abandono frente a la ausencia del amado. La absence se ve en Vincent, banquero felizmente casado, que parece ser la opción más segura para Isabelle: un amante atento, dedicado a satisfacerla, un hombre seguro y exitoso que parece confortarle. Aun así, Isabelle no puede con su ausencia. No puede aceptar que él no esté para ella. Su ausencia se siente en los pequeños momentos, en espacios cualquiera de la rutina, en esas experiencias que deberían ser compartidas con quien se quiere más. Isabelle se rinde y con razón.

Después, angoisse (ansiedad). La sensación de angustia frente al abandono -o amenaza de abandono- del amante. La angoisse se ve reflejada en la relación entre Isabelle y el actor, que, como su ausencia de nombre sugiere, destaca por su silencio y enigma. La relación parece demasiado buena para ser cierta. Luego el actor le hace una incómoda revelación a Isabelle, desatando un enorme dilema. Angoisse en el rechazo de Isabelle a lo que escucha, en los silencios y enfrentamientos que tiene con su nuevo amante, en la necesaria aceptación de que es una resolución incapaz de recomponerse. La angoisse, al parecer, lleva a la negación. Antes de que suceda, Isabelle prefiere alejarse por su cuenta. Mejor aplacar el dolor con rapidez.

Por supuesto, no son las únicas referencias al discurso del amante que encontramos en Isabelle. En los encuentros fortuitos, también sucede. Askesis, como la duda incipiente y la culpa mientras Isabelle decide visitar a su ex esposo, alguien que parece amarle desde siempre, con facilidad, pero que con tiempo no ha sabido mantener la chispa prendida, que se mantiene torpe, inexperto con la mujer a la que amó por tanto tiempo. Isabelle duda y se arrepiente. No vale la pena continuar.

Atopos, un amor inclasificable, que se aparece de pronto. Isabelle conoce a un sujeto amoroso y protector, alguien inteligente, capaz, distinto. Parece estar lista para aceptar esta nueva aventura. un así, frente a tantos actos fallidos, el velo de duda se mantiene activo, con duda.

Muchos ejemplos distintos, pero la idea es la misma: amor y sus contradicciones, expresadas en el contexto particular de Isabelle, en los conflictos constantes y en los continuos cambios de parecer.

Agradecemos a Binoche y Denis porque, a pesar de las neurosis y temores que presentan, siguen firmando un film que es muy nuestro. Nos gusta porque es humano, contradictorio, fresco, triste y honesto. Es sencillo identificarse con Isabelle y su odisea. Es común enfrentarse a la indecisión, al dolor del amor y el desamor por partes iguales, a exponerse y hacerse vulnerable en la intimidad con el otro. Annulation, como explosión del lenguaje que anula al amado debido a la presión del amor; amor al amor, si cabe la expresión. ¿De eso sufre Isabelle? Al final, mientras se suceden los créditos, la vemos junto a su psiquiatra, dándole sentido a sus sentimientos. Nuevamente, honestidad, afabilidad, picardía. La vida sigue, al parecer. Isabelle lo demuestra.

Puntuación: 0 / Votos: 0

Acerca del autor

Anselmi

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *