Thriller de principios – The Ghost Writer (2010)

[Visto: 265 veces]

Hay cosas que hacen de un thriller uno bueno. Lo primero: un estilo que trascienda, o más bien, que enganche. Lo segundo: un misterio que valga la pena resolver; un crimen político o un conflicto pasional. Lo tercero: la sorpresa; someter al espectador a una cierta construcción narrativa, solo para reventársela en la cara cuando menos se lo espera. Todo eso consigue Polanski con su Fantasma. Elabora un juego mecánico de engaños y pistas, diseña una partida glamurosa e intelectual entre poderes políticos y relaciones controvertidas. Manipula los hilos una vez más, pero lo hace parecer la primera.

El escritor recibe un primer llamado: una oferta lucrativa para escribir las memorias de Adam Lang, el polémico ex primer ministro del Reino Unido. El escritor, a todo esto, no tiene interés alguno en política: cree ser el indicado y aquel capaz de hacer las preguntas correctas. Sin embargo, tal cualidad se verá enfrentada una vez que explota la noticia: Lang ha utilizado aviones y fuerzas del estado para realizar vuelos de tortura diseñados para ir contra presuntos terroristas. La tensión política también se hace personal: el escritor insiste en la figura de Lang y de su enigmática esposa Ruth, todo a la sombra de Mike McCara, su predecesor en la escritura de las memorias, quien falleció sospechosamente antes de explotar la controversia…

Roman Polanski ha compuesto un thriller de primera categoría. Es un thriller de principios en la medida de que todos sus elementos son los propicios para entretener a su audiencia y a la vez generar algo distinto, audaz. Tiene una puesta en escena elegante y distinguida: planos generales bien cuidados y una fotografía grisácea y frigorífica. Tiene un ritmo inquietante, contenido, pero capaz de robar nuestra atención. Tiene cháchara política, femmes fatales, un protagonista agradable y una dosis adecuada de humor —del británico, eso sí— para alivianar la tensión. Los elementos de siempre se mantienen. El twist, por supuesto, está en la modernidad. Adaptar un film claramente hitchcockniano a una puesta contemporánea: ferrys en vez de viejas embarcaciones, Guerra de Irak en vez de Guerra Fría, manuscritos en USB en vez de cajas fuertes. El otro elemento esencial —y no menos relevante— es la dirección de Polanski: una cuidadosa elaboración de escenarios, los tándems que confrontan a dos personajes, lo rítmico y coreografiado de escenas de persecución, las revelaciones o las grandes sorpresas. De a pocos, la historia va aumentando en intensidad, el crescendo evoluciona hasta hacerse frenético, hasta que la tensión nos desborda y nos hace dependientes de la pantalla. Permanecemos crédulos.

Es, además,  un thriller de principios en la medida en que plantea un dossier de preguntas morales que no son sencillas de responder. ¿Qué debe hacer un hombre apolítico, solitario y deseoso de dinero al enfrentarse a secretos de estado? ¿Qué debe hacer un primer ministro en tiempos de guerra y con toda la presión encima? ¿Qué debe hacer él cuando sus secretos explotan?  El punto, entonces, está en plantear las preguntas correctas, como haría cualquier escritor de memorias, a fin de hallar respuestas legítimas, necesarias.

La pregunta fundamental, por supuesto, está en el escritor. ¿Qué lo motiva en principio a realizar la búsqueda, arriesgando su vida? Sabemos que es posible que no se trate de convicciones morales. Creemos, entonces, que se trata de un instinto natural, una curiosidad agresiva y necesaria para que la gente se sienta bien; alimentar a ese bichito hosco, siempre presente. El escritor se arriesga porque tiene la potestad -única en él- para hacerlo. Es eso, o Ruth. El escritor se ve fascinado ante ella y ante su sospechosa omisión en las memorias. Quiere enmendarlo. Y es que algo no anda bien. Bajo la interpretación de Olivia Williams, se construye un personaje fantasmagórico, cínico y atractivo, capaz de comerse ella sola la tensión sexual de la pantalla, cada vez más creciente junto a Ewan McGregor. Da gusto ver que, más allá de la cháchara política, el film en verdad va sobre ellos dos. Las conversaciones, escritas de forma sardónica y atrevida, pero aún manteniendo cierto estándar formal, hace que, de a pocos, ambos personajes se vayan agrietando mutuamente.

De nuevo volvemos al escritor. ¿Será Ruth el motivo de sus pesquisas? ¿Su deseo, su necesidad de descifrarla? No vamos más allá. Solo nos sirve saber que, de todos los posibles “héroes”,  él tiene más sentido. Justo por ser el hombre desinteresado es que el escritor se atreve a ir más allá: nada que perder, nadie a quien defender, ningún sesgo ideólogo al cual obedecer. Lo que importa es lo que consigue. La lección es precisa: un tipo corriente, egoísta y desinteresado, puede —y debe— revelar lo no revelado.

La lección llega, como buen thriller, en su climax: como pieza musical, Polanski manipula a voluntad todos los elementos que tiene a su disposición y los direcciona hacia ella. Con la perturbadora y brillante banda sonora de Desplat —de estilo vintage, reminscente de las partituras de Bernard Hermann— encontramos lo que estábamos buscando: una resolución propicia, casi emotiva, desenmascarando a los malvados, aunque eso ya lo sabíamos antes. Igual, por cómo estamos acostumbrados, necesitamos ese momento de satisfacción, esa implosión de emociones que involucra saber por fin la verdad. Nos damos cuenta que la escena, desde la música y el escenario, ha sido correctamente catapultada desde el inicio; como una buena novela, todo se construye para una sola frase, esta vez, garabateada en un manuscrito.

El comentario político es igual de relevante: desde arranque, todos sabemos lo que está pasando. Por eso, la sorpresa del final (con Ruth incluida) no es una sorpresa política, sino narrativa. Si fuese política, sería decepcionante. El film, más que revelación, parece ser recordatorio. La crítica feroz al gobierno de Tony Blair, al neo-imperialismo de occidente y los complots orquestados por la CIA debe seguir estando vigente y, al parecer,  el cine se hace cargo de ello. Con delicadeza y maestría, por supuesto. Así, un nuevo misterio queda resuelto, o tal vez no del todo. Las paginas salen volando. El escritor peligra. Nuevo capítulo.

Puntuación: 0 / Votos: 0

Acerca del autor

Anselmi

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *