Archivo de la categoría: Salud mental

Síntomas de ataque de ansiedad

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Hay que reconocer que algunos de nosotros nos venimos enfrentando a situaciones complicadas, difíciles muchas de ellas, que genera en nuestro cuerpo y mente sentimientos, dolores, sensaciones y conductas que no eran comunes para nosotros; entre ellas, ataques de pánico y ansiedad.

Si bien, cada caso es diferente, si hay algo en común ¡nos sentimos terrible cuando entramos en crisis!

Si esto nos está ocurriendo, es claro indicador que necesitamos ayuda, no estamos bien, sea psicoterapéutica o médica, debe quedar claro que solos no podemos hacerle frente.

¡Que siempre estemos bien!

Si necesitas ayuda, estamos para escucharte, para servirte.

¿Hablamos?

Lic. Katherinne Roncal Soto
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Cel.: +51 998 810 240

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Diferencias entre tristeza y depresión

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Estamos viendo que la tensión y preocupación están más presentes en nuestros hogares y eso, lógicamente, nos cambia, nos confunde, ¿Qué es lo que estoy haciendo? ¿Qué estoy sintiendo? ¿Esto es normal? ¿Estoy mal? En fin…

Para todo, casi, hay una respuesta y, lógicamente, una solución. 

Si eres consciente que necesitas ayuda, que sólo no puedes procurarte bienestar emocional, no dudes en contactarnos.

¡Que siempre estemos bien!

Lic. Katherinne Roncal Soto
C.Ps.P.: 15026

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¿Es el psicólogo(a) tu amigo(a)?

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Las personas solemos preocuparnos ante la aparición de dificultades y, cuando eso ocurre, naturalmente buscamos sentirnos mejor, y para ello, muchas veces recurrimos a nuestros amigos para que nos escuchen, aconsejen y, en algunos casos, nos ayuden a tomar decisiones. Definitivamente el conversar con ellos, en esos momentos de dificultad, nos reconforta y, muy probablemente, nos saca de ese momento difícil de tensión y/o preocupación. Pero en base a ello, podríamos decir que ¿recurrir a un amigo es igual que obtener apoyo psicológico?, ¿crees que tu amigo puede hacer de psicólogo? ¿Y el psicólogo de amigo? Pues no.

“Voy al psicólogo porque es como hablar con un amigo”

Como explicamos líneas arriba, contar con el apoyo de los amigos y, también, la familia es muy importante para llevar una vida equilibrada y feliz. Aunque sabemos bien que muchas veces no tenemos esa facilidad y, de tenerla, esto no necesariamente nos garantiza que aquello que nos perturba, que nos impide ser enteramente felices, pueda, de ser posible, ser atendido y “solucionado”.

Siento decirles que confesar un problema a un amigo jamás será lo mismo que conversarlo con un psicoterapeuta. ¿Por qué? ¿Cuál es la diferencia?

  1. Debemos tener en claro que los psicólogos somos profesionales del comportamiento humano, con formación en el desarrollo y búsqueda del bienestar, en muchos casos, con años de experiencia. Los psicoterapeutas sabemos adaptarnos a la situación y necesidad de cada paciente, aportándole lo que realmente pueda precisar, aunque él mismo no lo sepa. Sin embargo, un amigo no deja de ser eso, un amigo, donde en muchas ocasiones de manera inconsciente, lo que consigue es dirigirlo hacia una situación peor, ¿no les ha pasado alguna vez?
  2. Un buen psicoterapeuta conoce de metodología, posee habilidad para localizar todo tipo de información del paciente, tanto verbal como no verbal. El adquirir mayor información relevante, permite formular de manera clara y exacta estrategias de real ayuda al paciente.
  3. Por ejemplo,debes haber notado que la mayor parte de las personas, normalmente escuchamos pensando en responder a lo que nos están diciendo en ese momento; incluso, es muy común en conversaciones con amigos las interrupciones con opiniones de antemano, que te impiden poder expresar lo que sientes. En el caso de los psicólogos esto no ocurre, ya que hemos desarrollado gran capacidad para la escucha activa, sabiendo el momento indicado para interrumpir al interlocutor. Los psicólogos, en este caso los psicoterapeutas, sabemos identificar las emociones durante el diálogo, para trabajarlas junto al paciente.
  4. Los psicoterapeutas tenemos la experiencia necesaria para provocar en la persona meditación y autoreflexión, y así pueda comenzar a descubrir (en caso de que no lo haya hecho aún), el posible problema, la raíz del mismo o mejora que presenta.
  5. Trabajar con un psicoterapeuta enseña al paciente a ver las cosas desde otros puntos de vista, ayudándote a crecer como persona. Es ahí donde surge un abanico de posibilidades para afrontar el motivo de terapia, a la vez que aumenta el número de herramientas para hacer frente a las dificultades que te llevaron, en primera instancia, a recurrir al profesional.
  6. Durante la conversación con un amigo, hay momentos en los que él es incapaz de decirte directamente algo que sabe que puede no agradarte; intentará siempre “quedar bien”. En el caso del psicólogo, esta situación no va a darse, ya que seguramente te revelará aquello que un amigo no se ha atrevido a decirte, te guste o no.
  7. Las personas tenemos opiniones y perspectivas particulares de cada situación o hecho que se nos plantea. Si le cuentas a un amigo una situación determinada, este podrá darte su opinión muy particular, subjetiva y sesgada, basada en sus propios valores, opiniones e historia de vida. Sin embargo, desde la visión de un psicoterapeuta las cosas son diferentes, siempre te mostrará una opinión objetiva, no relacionada a su subjetividad por su “amistad” contigo.
  8. Hay que tomar en cuenta que, inicialmente, tratar un problema con un psicólogo puede ser más dificultoso, por aquello de tratarse de un desconocido para ti; pero también es cierto que tendrás la certeza de que lo conversado siempre gozará de absoluta confidencialidad. En el caso de un amigo, esa certeza nunca la tendremos por completo, pues al no tratarse de un secreto profesional corres el riesgo de que pueda enterarse otra persona. De suceder esto, la situación claramente empeoraría, generando mayor ansiedad, tristeza y demás emociones desagradables en la persona que busca ayuda.
  9. Cuando acudes a terapia, lo haces con la plena seguridad que en ella te sentirás seguro para expresarte con total libertad, sin miedo a ser juzgadoen función a tus pensamientos y/o necesidades. Esto estaría llevando, incluso, que el proceso psicoterapéutico se enriquezca y, lógicamente, tú seas el máximo beneficiado.
  10. Durante las sesiones, los psicoterapeutas establecemos términos claros: acudir a terapia en una fecha concreta semanal, diaria, quincenal, etcétera, donde sabes que tendrás tu momento para expresar todo aquello que te preocupe. Esto te llevará a darte cuenta que en la vida, todo es un proceso, que hay situaciones que no sólo tienen su momento, sino también un tiempo determinado y acelerarlas, puede ser perjudicial. Un amigo es una persona mucho más activa dentro de tu vida; acudirás a él ante problemas que requieren de una ayuda inmediata, lo cual ya sabemos que no suele suceder en el plano real y, en algunos casos, podría ser perjudicial.

Con estas diferencias, quiero dejar en claro que cada persona en nuestra vida tiene un rol fundamental y que estos no pueden mezclarse, pues no se harían nada bien. Los amigos están con nosotros para compartir la vida y, en algunos casos, brindar soporte; pero no necesariamente (en realidad no) para ayudarte a solucionar los dilemas particulares por los que todos pasamos.

Entendido esto, ¡zapatero a tu zapato!

Si notas que necesitas apoyo profesional, en Yanapay te lo podemos brindar. Comunícate con nosotros y pondremos a tu disposición a nuestro equipo de expertos.

¡Que siempre estemos bien!

Lic. Katherinne Roncal Soto
C.Ps.P.: 15026

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¿Qué pasó en el 2020 y qué podríamos esperar para el 2021?

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El pasado 2020 fue un año totalmente atípico, a la gran mayoría de nosotros nos ha pasado de todo y, si no fue así, hemos tenido personas cercanas y queridas a las que se les cambió a vida en menos de un mes. Justamente eso, cambios es lo que todos hemos experimentado, y es cierto que las personas no siempre reaccionamos de manera correcta, ni las personas ni las instituciones, como lo que pudimos observar en el estado, por ejemplo.

Lo “anecdótico” de esta situación es que muchos de nosotros, desde hace tiempo atrás, clamábamos, casi desesperadamente, cambios a nivel global, asumiendo que podíamos hacerle frente. Es claro que esto no fue así; lo cual nos lleva a reflexionar, ¿cuántas cosas que pensamos que necesitamos en calidad de urgencia, realmente son importantes y necesarias, y cuántas no lo son?

Este tema de la adaptación a los cambios es vital, porque va quedando cada vez más claro que este 2021 se nos viene retador, complicado otra vez, obligándonos a adaptarnos a lo que la vida nos ponga enfrente y esto, sobre todo en momentos demandantes, es bastante difícil, pero no imposible. Para lograrlo, necesitamos siempre, atender a nuestras emociones, hablar de ellas, buscar estar tranquilos (en la medida de lo posible), cuidar nuestro cuerpo y mente. Suena fácil, pero la verdad es una tarea titánica.

Por otro lado, como bien dicen, de las experiencias malas también podemos sacar grandes lecciones, en este caso, oportunidades. La aparición de este organismo (porque no es un ser vivo) aceleró, por ejemplo, nuestra conversión en ciudadanos digitales, es decir, el mantenimiento de nuestras relaciones, trabajo, estudios, economía y más, estuvo regido por esta nueva manera de vivir.

Asimismo, a nivel personal, tuvimos que aprender a gestionar nuestras emociones (si, volvemos a las emociones), nuestro mundo emocional dio un vuelco, para el cual no estábamos preparados. En un tiempo, poco recomendado en verdad, nos obligamos a “aprender” a hacer frente a pérdidas de seres queridos, transformándolos muchas veces en duelos silenciosos, desde la distancia y, por eso, más dolorosos aún.  Definitivamente eso nos hace conscientes de lo frágil que puede ser nuestra existencia, que no podemos dar por sentado nada, que el futuro hace sus propios planes, sin tomar en cuenta los nuestros. Debemos aprovechar cada momento que tenemos, no sabemos qué nos pueda pasar después.  

Algo más que también ha paso a preocuparnos a los padres, durante el año pasado (y todo hace indicar que será lo mismo para este año), es la es la educación de nuestros hijos. Este virus desnudó la fragilidad de nuestro sistema educativo, nos mostró la enorme brecha que existe entre nuestros alumnos y el escaso poder de innovación y acercamiento a los estudiantes del sistema educativo. OJO, me refiero al sistema, no a la labor de nuestros maestros, que esa siempre se mostró soberbia y sumamente esforzada, dadas las circunstancias.

Nos dimos cuenta que no estábamos preparados para lo virtual (por más que por años quisimos digitalizar nuestros aprendizajes), que las competencias digitales de nuestros niños y adolescentes nunca fueron suficientes. Así también, notamos que el paradigma actual de educación no incluye lo vivencial en el día a día (y si es que alguna vez lo tomó realmente en cuenta), como metodología de aprendizaje per se. Muy penoso.

Es cierto que siempre hemos enfatizado en los aprendizajes académicos de nuestros chicos. Si bien son sumamente necesarios no sólo para su formación, sino para estimular razonamiento, toma de decisiones, velocidad de procesamiento de ideas, flexibilidad cognitiva, fluidez verbal, atención, memoria de trabajo y demás funciones ejecutivas y procesos cognitivos; también debemos priorizar en ese conocimiento que no sólo se brinda en las aulas (o pantallas al día de hoy), sino en casa. Ese conocimiento que adquirimos de nuestra familia en torno a valores, calidad de afecto, maneras de relacionarse con las personas, empatía, calidez y demás. Eso no sólo complementará el desarrollo de nuestros hijos, sino también nos dará la certeza que estamos formando futuros adultos conscientes, buenos seres humanos, capaces de desenvolverse adecuadamente ante los avatares del destino (como ahora).

Por ello, debemos ser conscientes que la formación de nuestros hijos, ahora sí, recae en nuestras manos, que de nosotros depende que puedan aprender todas esas habilidades para desenvolverse en un mundo no siempre grato, donde tendrán que tomar decisiones, valorando su bienestar, pero sin dejar de lado al otro.  Evidentemente nuestra presencia física durante este proceso es importantísima, en realidad, presencia y ejemplo, sino ¿cómo?

Si todos nuestros niños y adolescentes tuvieran la oportunidad de ampliar su red de aprendizaje (académico) a la experiencial brindada en casa, definitivamente ese mundo mejor que todos anhelamos, llegaría más temprano que tarde, ¡Qué lindo sería!

En definitiva, se nos viene otro año retador, duro quizá, el cual no tiene por qué afectarnos como lo hizo el 2020, pues ya tenemos experiencia, ya sabemos cómo reaccionamos ante las dificultades, y eso nos da ventaja, nos hace fuertes. Ya transitamos por el camino de la dificultad y el dolor, así que, lo haremos bien.

Seamos siempre realistas, sin dejar de lado la esperanza.

¡Que siempre estemos bien!

Lic. Katherinne Roncal Soto
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Tips para mejorar tu salud mental

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Si, nuevamente estamos pasando por momentos difíciles, donde nuestra salud física se está complicando nuevamente.

Si bien debemos cuidarnos, protegernos del “enemigo invisible” que está allá afuera, también hay que entender que con miedo y alejamiento absoluto no conseguimos nada. OJO que no nos referimos a romper la distancia (o de ser el caso, aislamiento físico), sino mantener los vínculos emocionales que nos acercan a los demás, cuidando nuestro cuerpo y nuestra mente (y el temor irracional constante empeora toda situación), a buscar maneras realistas de adaptarnos a lo que nos toca vivir, entendiendo que esta situación será pasajera, en la medida que tomemos consciencia y entendamos que es vital nuestra supervivencia.

Así también debemos tener en claro que, si nuestra salud mental se ve comprometida, pues nuestra salud física se verá seriamente afectada, lo mismo ocurre si nos encontramos evidentemente impactados en el plano emocional, es más que probable que nuestro cuerpo no se sienta bien, y esa es una realidad absoluta.

Por otro lado, debemos ser conscientes que esta situación no sólo nos afecta a nosotros, los adultos, también a nuestros niños y adolescentes; por eso, al cuidarnos (en todo sentido), los cuidamos también a ellos.

¡Que siempre estemos bien!

Lic. Katherinne Roncal Soto
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¿Es “bueno” ser diferente?

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Dicen que en la diferencia está el gusto, pues ¡claro que si!

No podemos esperar que todos pensemos, sintamos y actuemos igual, eso es imposible, pues todos tenemos una historia particular, sentimientos únicos y maneras de valorar el mundo (y valorarnos) muy personales. Eso nos convierte en seres maravillosos, que aportamos al mundo desde nuestra perspectiva muy particular.

Podemos encontrar verdaderas maravillas dentro de las diferencias, de los demás y nuestras. Aprender a valorar y entender, incluso nuestros lados poco armónicos, nos hace más conscientes de nosotros mismos, lo mismo de los demás.

Como alguna vez escuché decir por ahí “ser rarito, tampoco está mal”.

Lindo día para todos.

¡Que siempre estemos bien!

Lic. Katherinne Roncal Soto
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Ser positivo es …

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Solemos pensar que las personas que reconocemos como positivas, van por el mundo como campanita, pensamos que son tremendamente ingenuos, a veces rayando en lo cuasi ridículo y llevando el optimismo a niveles irreales; cuando en verdad, no es así (o no debería serlo).

Una  vez escuché a una persona muy querida decir, “Hay que prepararse para lo peor, y esperar lo mejor”. Eso es ser optimista.

¡Que siempre estemos bien!

Lic. Katherinne Roncal Soto
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Salud mental en los niños y adolescentes.

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Muchos de nosotros creemos entender a qué nos referimos cuando hablamos de salud mental, de hecho, la mayoría tenemos una idea general de ella, que va a en función a nuestras creencias, historia de vida y entorno; pero honestamente, las ideas generales no nos llevan a entender realmente el significado de salud mental y todo lo que implica. Entonces, ¿qué es salud mental?

La salud mental incluye una amplia gama de actividades que van a impactar directamente sobre nuestro bienestar mental, que incluyen la prevención de trastornos mentales y el tratamiento de los mismos; así como buscar estilos de vida que nos lleven a sentirnos plenos y felices.

Ahora, en la infancia y/o adolescencia, la salud mental implica alcanzar los indicadores esperados de desarrollo y de orden emocional, el aprendizaje de habilidades sociales y maneras adecuadas de enfrentar los problemas que puedan presentarse. Los niños que son mentalmente sanos tienen calidad de vida y pueden desempeñarse bien en el hogar, la escuela y su comunidad.

Por otro lado, lo que ha ocurrido este último año, el que los chicos hayan tenido que dejar de lado sus rutinas, hayan dejado de compartir con sus pares y demás adultos, y vivir probablemente, con cierto temor hacia algo que no pueden entender del todo; es probable que haya desencadenado en ellos pensamientos y sentimientos que seguramente afectaron su salud mental. Con esto no quiero decir que se hayan disparado los trastornos mentales en ellos (en su gran mayoría, no), pero si partimos del hecho que la falta de salud mental está altamente relacionada con situaciones que generan eventos y sensaciones que no llevan a la felicidad; y si estas se prolongan por cierto tiempo, pues … definitivamente el confinamiento afectó la salud mental de nuestros chicos. ¿En qué medida? Pues esa es una respuesta que sólo nosotros sabemos.

 ¿Qué son los trastornos mentales infantiles?

Son cambios serios en el performance de los niños, en su manera habitual de relacionarse, aprender y manejar emociones, causando angustia y problemas en el día a día. A veces muchos niños tienen temores, preocupaciones o problemas de comportamiento; cuando los síntomas son persistentes o extremos, causando infelicidad en los niños, así como serios problemas en la casa, el colegio, los amigos el entorno en general, puede que reciban el diagnóstico de trastorno mental.

Los trastornos mentales son afecciones crónicas, es decir que duran mucho tiempo y que, a menudo, nunca desaparecen por completo. Con un diagnóstico y tratamiento temprano, los niños con trastornos mentales pueden llevar una vida esperable y sin dificultades.

 ¿Qué características muestran los niños con trastornos mentales?

Estas características pueden ser muy variadas, van cambiando con el tiempo y están en función a la etapa de desarrollo en la que se encuentre el niño o adolescente. Con los adolescentes puede hacer un poco más complejo de analizar el caso, de “ver”, pues sabemos que en este periodo es esperable que los chicos puedan tener conductas erráticas o inestables porque, naturalmente atraviesan una etapa de cierto desajuste emocional. Es aquí donde la presencia del profesional externo es vital.
Por lo general, incluyen dificultades en la manera de jugar, aprender, hablar y actuar; así como la manera en que plasman sus emociones.

Cabe señalar que muchos de estos trastornos suelen presentarse a la llegada de la adolescencia (debido a los cambios hormonales propios de esta etapa), pero también algunos hacen su aparición en la infancia; incluso podría ser durante los primeros años.

Aquí compartimos una pequeña lista de algunas características, pero OJO, leyendo y memorizando esta lista no quiere decir que  nos convertimos en “expertos en diagnóstico de salud mental infanto- juvenil”, NO; pero si quizá nos puede dar un poco más de pautas de “qué ver” en nuestros hijos.

  • Tristeza persistente por dos o más semanas.
  • Poco o nulo interés por las interacciones sociales. Se pueden iniciar incluso, para luego  dejarlas sin motivo aparente.
  • Herirse a sí mismo o hablar de hacerlo.
  • Hablar de muerte o suicidio.
  • Arrebatos o irritabilidad extrema. Que quede claro, la diferencia entre una pataleta y cuándo la conducta es marcadamente oposicionista o disruptiva.
  • Comportamiento fuera de control que puede ser perjudicial para los propios niños.
  • Cambios drásticos de humor, comportamiento o personalidad. OJO, no confundir con el juego imaginativo de los niños, esta característica debe ser observada en distintos contextos, ninguno de ellos de tipo lúdico.
  • Cambios en los hábitos alimenticios. Pérdida de peso.
  • Dificultad para dormir, les cuesta conciliar el sueño, no lo logra o presenta pesadillas recurrentes.
  • Frecuentes dolores de cabeza o de estómago.
  • Dificultad para concentrarse y cumplir con los requerimientos escolares. Desencadenan cambios en el rendimiento académico.
  • En tiempos donde la asistencia al colegio es masiva, evitan o buscan faltar a la escuela.

Nuevamente hacemos hincapié en que el diagnóstico lo hace únicamente un profesional certificado, en este caso, los psicólogos clínicos podemos ver indicadores claros de la presencia de algún trastorno de este orden, los cuales serán ratificados por el psiquiatra pediátrico y/o neuro pediatra, de ser el caso. El diagnóstico se hace a menudo durante los primeros años escolares y, a veces antes, de acuerdo a la severidad del caso. Sin embargo, es posible que algunos niños no sean diagnosticados, o reciban una valoración psicológica incorrecta, lo cual valgan verdades es bastante frecuente. Esto no sólo somete a los niños a sufrimiento innecesario, sino también a la familia, a todo el entorno de desarrollo del niño y, penosamente, recrudece el pronóstico.

¿Cuáles son algunos de estos trastornos?

Lastimosamente, la lista de trastornos mentales que aparecen durante la niñez y/o adolescencia no es corta. De acuerdo a la quinta edición del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM V), en base al cual se establecen los criterios de diagnóstico, se aprecian algunos de ellos:

  • Ansiedad.
  • Depresión.
  • Trastornos del neurodesarrollo.
  • Trastornos del ánimo.
  • Trastornos relacionados con factores de estrés.
  • Trastornos del control de impulsos y conductas disruptivas.
  • Trastorno oposicionista desafiante.
  • Trastornos neurocognitivos.
  • Trastorno obsesivo-compulsivo
  • Etcétera.

Detenernos en cada trastorno, más allá de convertir a este post en interminable, correríamos el riesgo de no abordar cada tema con la seriedad del caso; es por ello que hablaremos de estos trastornos de manera individual en próximas entregas.

¿Se pueden tratar estos trastornos?

Claro que sí, estos pueden ser tratados y controlados. Muchas veces es necesario el uso de psicofármacos y, de manera paralela, psicoterapia, tanto para el niño como para la familia, pues estos últimos tienen que aprender a convivir con un niño o adolescente con ciertas necesidades y requerimientos particulares. Insisto que es vital la participación de la familia en el proceso de intervención, de igual manera, los demás adultos que se encuentren cercanos al paciente, como maestros, terapeutas, etcétera,  tienen que formar parte de este proceso.

Es importantísimo recalcar que el diagnóstico temprano, así como servicios adecuados para los niños y sus familias, pueden lograr un cambio positivo en la vida de los menores con trastornos mentales, así como en su entorno.

De notar en tu niño y/o adolescente alguna conducta o manera de reaccionar que te llame la atención, o sea considera muy diferente a las reacciones de chicos de su misma edad y grado, es necesario buscar la ayuda profesional, pues como ya lo comentamos antes, el no acceder a intervención adecuada, no sólo genera infelicidad y sufrimiento en el niño y la familia; sino también atenta al bienestar que, por ley, todo menor debe acceder.

Recomendaciones para fomentar la salud mental en niños y/o adolescentes.

Tomando en cuenta que siempre será infinitamente mejor prevenir que lamentar, aquí les comparto una lista de actividades y recomendaciones para hacer con nuestros hijos y así, tratar de evitar dolor y padecimiento a futuro; pero también es necesario saber que en algunos casos, la aparición de algunos trastornos será casi inminente.

En estos casos, hay que tener claro que la severidad de cada caso, estará en función a las características particulares de cada uno, lo que incluye la salud mental de la familia, o algún padre en particular. Además, es real también que hay entornos que enferman, como también los hay aquellos que sanan y palían posibles dificultades. 

  • Establece vínculos sólidos con tus hijos desde muy pequeños, juega con ellos, léeles cuentos, canta canciones, etcétera. Realiza actividades que sean divertidas y les permita compartir. Esto hará que se sientan amados y aceptados.
  • Reconoce cuando tu hijo, indistintamente la edad que tenga, haya hecho una buena acción, diciéndole lo orgulloso que te sientes de él o ella.
  • Intenta eliminar el uso de cualquier medio electrónico durante la hora de comida o momento de compartir. Es importante que aprenda a valorar desde pequeños que esos espacios de participación con los padres, como por ejemplo la hora de la comida, son para hablar y sentirse a gusto con la familia. Con esto conseguimos que desarrollen sentido de pertenencia.
  • Limita el tiempo de acceso a electrónicos, por ejemplo en la habitación. La televisión no es niñera; además hay muchas investigaciones que han demostrado el impacto negativo que tienen las pantallas en algunos procesos mentales, incluso en el sueño, el cual tiene que ser el adecuado y reparador para la edad del niño.
  • Compartir con chicos de su misma edad, siempre supervisados por un adulto.
  • Escucha a tu hijo o hija y razona con él o ella; pero claro, dando explicaciones que sabemos que están listos para entender. A veces a los pequeños les damos grandes explicaciones de situaciones que no están aún capacitados para interiorizar, y terminamos “mareándolos” con tantas palabras, llevándolos a mostrar frustración (y nosotros también).
  • Ayúdalo a sentirse bien acerca de sí mismo, es necesario prestar atención a lo que dice, piensa y siente. En función a ello, no sólo será más sencillo regular su conducta, sino también sus emociones, como la felicidad, tristeza, enojo, etcétera. En el caso del enojo, enséñale a canalizar estos sentimientos sin comportamientos destructivos, como romper juguetes o pegarle a alguien.
  • Esfuérzate por ser ejemplo. Evita tener discusiones y reacciones que no quieras que tus hijos copien. Sé consciente que hay un tiempo para hablar o argumentar entre adultos y, sobre todo, no lo hagas enfrente de ellos, o hables de ellos, esto herirá sus sentimientos.
  • Asegúrale un ambiente escolar positivo y seguro. La noción de autoridad, reglas de convivencia y regulación de conducta aprendidas en casa, se verán también plasmadas en el ambiente escolar. Por lo general, cuando en casa estas no han sido instauradas adecuadamente, es muy probable que ocurra lo mismo en el aula.
  • Ayudarlos a que desarrollen habilidades sociales, que aprendan a solucionar problemas y conflictos. En la medida que se sientan exitosos en estas áreas, no sólo se sentirán más seguros de sí, sino también, reforzarán aún más comportamientos positivos y buscarán repetirlos.
  • Fomentar la salud física, la cual respalda una buena salud mental. Establecer hábitos alimenticios saludables, hacer ejercicio regularmente y marcar pautas de descanso adecuadas, protegen a los niños contra el estrés de las situaciones difíciles. El ejercicio también ayuda a reducir algunas emociones negativas.

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Manejo del Duelo en tiempos de pandemia.

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Este tema, sobre todo en tiempos como estos, resulta complejo y doloroso, pues nos hace recordar que todavía no podemos sentirnos seguros, ya que aún no tenemos garantizada la vida, la salud ni el bienestar en general. Además, hemos estado expuestos últimamente a tantos momentos dolorosos de pérdidas que nos desarticulan y, la verdad, no sabemos cómo reaccionar.

Primero tenemos que aclarar qué es duelo. Solemos pensar que duelo es la pérdida de un ser amado, cuando en realidad, el concepto va mucho más allá. Se refiere a la pérdida, ¿de qué? De TODO, que nos genera dolor, rabia, miedo, soledad, desesperanza, perdiendo muchas veces la capacidad de tomar decisiones, y demás sentimientos que consideramos negativos.

Entonces, definimos Duelo, como el proceso psicológico que atravesamos a lo largo de la vida, así como diversas pérdidas que sufrimos en ella. Puede ser, efectivamente, que se refiera al fallecimiento de miembros de nuestra familia, el alejamiento de la pareja, el ya no contar con nuestros seres queridos como era antes, discusiones con amigos que generen reales alejamientos. También pueden ser  otro tipo de pérdidas, como podría ser el trabajo, la salud que se pierde, el dinero y, por lo tanto, nuestro estilo de vida, beneficios de algún tipo, y un largo etcétera.

Lo peor que podemos hacer es resignarnos ante el dolor (eso es como si nos dejáramos morir), hay que reasignar esa pena y transformarla en combustible que ayude a continuar. Cargar con el sentimiento de la pérdida es algo así como cargar en la espalda un saco de carbón, pesa , hace heridas al contacto, hasta que nos damos cuenta que ese carbón podemos usarlo como combustible, que si lo quemamos, puedo avanzar más rápido que sólo llevarlo en la espalda.

Es cierto que, a veces nos invade la idea “Por qué a mí que soy bueno, y a él no que es tan malo”. Hay que entender que las cosas no nos pasan porque sean premios o castigos en la vida, todos somos mortales, todos somos propensos a morir, porque así es la biología. Lo mismo con las otras pérdidas que comentamos líneas arriba, donde tenemos muy pocas cosas seguras. Tenemos que ser conscientes que nuestra vida puede cambiar en un minuto, por eso, lo mejor que podemos hacer es cuidarnos y, si nos enfrentamos a un cambio radical, a una pérdida, lo mejor por hacer es no culpar a nadie, pues nadie buscó esa situación de manera deliberada; debe quedar claro que la vida no se empeña en hacernos daño, son sólo hechos fortuitos y, a veces, desafortunados.

Por otro lado, la pérdida o el dolor ante el duelo nos genera estrés, y las personas no reaccionamos de la misma manera ante el estrés; por ello, no podemos decir que existe una única manera de manejar este dolor. A pesar de ello, se establecieron estas  5 etapas:

  1. Negación. Es cuando tratamos de “amortiguar el golpe” y negamos el impacto que ha tenido la pérdida en nosotros. Aquí, mientras más lejos estemos de la realidad y de entender la pérdida como tal, más tiempo nos tomará entender el dolor emocional causado por la pérdida.
  2. Ira. En esta etapa aparecen la rabia y el resentimiento, pasamos la mayor parte de nuestro tiempo buscando responsables o culpables. También, durante este tiempo, entendemos que la pérdida es irreversible, lo cual genera más dolor. Esa rabia solemos proyectarla, no solo con nosotros mismos, sino en nuestro entorno.
  3. Negociación. Aquí tratamos de estar en control de lo que pasa, a veces fantaseamos que podemos evitar el suceso, como cuando se le pide a Dios que nos ayude, o hacemos promesas para que el duelo no se dé. Esta etapa es corta porque no encaja con la realidad, y puede darse antes que el duelo ocurra en verdad.
  4. Depresión. Nos invade la tristeza y sensación de vacío, no hablamos de depresión clínica (el trastorno de salud mental), pero sí de no manejar la situación de manera adecuada. Podría llevarnos a presentar crisis existencial: “para qué me quedo aquí, sola(o) si ya no está”. Aquí lo difícil no sólo aceptar la ausencia, sino también entender que la vida que nos queda por recorrer está definida por esa ausencia. Es normal que nos aislemos más, que nos sintamos cansados, que pensemos que no podemos salir de ese estado de tristeza y melancolía.
    Esta etapa suele durar más tiempo, es la que nos impacta más, pues nos toca lidiar con la realidad. A veces, el dolor nos bloquea y no nos permite entender lo que ocurre, o ver el mundo como realmente es. Es la etapa más peligrosa.
  5. Aceptación. Se acepta la pérdida, la ausencia del ser querido, o de eso importante que ya no está con nosotros. Si bien la tristeza se mantiene porque el recuerdo de los episodios tristes no desaparecen, al recordar lo ocurrido ya no genera dolor. Al principio, si bien nos sentimos más aliviados y ya no presentamos sentimientos intensos, tampoco sentimos felicidad ni tranquilidad; esa va llegando de manera paulatina, hasta regresar a la “normalidad”. Aprendemos a convivir con el dolor, sin que genere mayor dolor.

Cabe señalar que no todos tenemos que pasar necesariamente por estas etapas, ni tampoco en ese orden específico, pero al menos debemos llegar a la última de ellas. Se espera que el duelo se termine de superar en aproximadamente un año, es decir, que transitemos por las etapas que sean necesarias en ese lapso de tiempo.

Muchos de nosotros nos hemos enfrentado a la pérdida de un ser querido, el cual no hemos tenido la oportunidad de despedirlo de la manera que seguramente hubiésemos deseado; es más, en muchos casos, no pudimos, siquiera, dar el último adiós. Eso complica más el proceso de duelo, se torna más doloroso e, incluso, podría volverse traumático y/o patológico. Podría originar que nos estanquemos en alguna de las etapas que mencionamos antes, por ejemplo en negación y nos bloquee por completo, haciendo que no podamos seguir la vida como siempre, que no consigamos integrarnos a nuestra vida pasada.

¿Cómo ayudarnos ante un duelo complicado?

  • Es necesario que dejemos fluir las emociones que nos embargan, no “hacernos los valientes”. Es normal sufrir, es normal que duela muchísimo y que sintamos que se nos parte el alma. Tenemos que permitirnos “estar mal”, aflorando las emociones dolorosas.
  • Es importante hablar de lo que sentimos (las palabras son mágicas, siempre), puede ser con personas cercanas, con algunos miembros de la familia, con alguien de nuestra confianza y que sabemos que nos brindará soporte emocional.
  • También nos ayuda “compartir” con el fallecido, desde abrazar su foto, usar su ropa, su perfume, etcétera, es una manera de sentirnos cerca y lidiar con el dolor. Eso podemos hacerlo mientras nos preparamos y aprendemos a vivir con la ausencia de la persona.
  • Una opción, sobre todo ahora que esta situación de la covid 19 no nos ha permitido despedirnos de la manera que quisiéramos y necesitamos, es hacer una carta de despedida. Puede ser en un momento y espacio privado, donde nos permitimos mostrar nuestro dolor, algo así como si tuviésemos una cita con esa persona, y ahí le decimos todo lo que nos sale del corazón, aquello que hubiésemos querido decirle como despedida. Seguramente una sola carta será insuficiente, se podrá hacer las que sean necesarias.
  • También se pueden hacer cartas como quien narra la historia que tuviste con esa persona, lo que compartieron, lo que sentían el uno por el otro, la historia de vida en común. Esto ayudará, no sólo para que afloren todas las emociones que podríamos tener guardadas, sino también para que se ejercite la memoria. Hay que tener en cuenta que la memoria es la herramienta que nos ayudará a que nuestros seres queridos siempre se “mantengan” en nuestro recuerdo, con nosotros.
  • Algunas personas, cuando se sienten tristes, tratan de alejarse, incluso de no recibir apoyo de otros, esa es la peor decisión, pues es como si nosotros mismos escogiéremos enfrentar el peor momento de nuestras vidas, solos, por nuestra cuenta. Es necesario recibir el cuidado, cariño y afecto de los demás, alguien que nos brinde la opción de conversar, pero no sólo para hablar de lo doloroso, sino también de cosas positivas, incluso permitirnos reír, de darse el caso.
  • Ayudaría también que, en casa podamos darle un último adiós, esto además de brindarnos paz, también nos ayuda a sentirnos tranquilos de estar haciendo algo que, seguramente, alegraría a esa persona que ya no está.  Desde prender una vela, incienso, tocarle una canción, prepararle la comida que más le gustaba, leerle algo, etcétera.
  • Con este tema del duelo, a veces pensamos que ya no hay salida, que estamos perdidos y no tenemos opción de sentirnos bien. Ojo que, aunque a veces no lo parezca, siempre hay salida, hay luz al final del túnel, pues llega un momento donde el dolor se vuelve entendible, manejable, consiguiendo vivir con esa pena sin que nos genere más dolor emocional.
  • Es cierto también que por más que nos esforcemos, el dolor no cesa, llevándonos a sentir desesperación y desamparo. Es en esos casos, es necesario buscar ayuda psicológica profesional, pues en ocasiones, por más que lo intentemos, nuestro esfuerzo no es suficiente. Si este pesar no se atiende de manera adecuada, puede generar en nosotros desde trastornos de ansiedad, depresión, estrés post traumático, somatizaciones, pérdida del sentido de la vida, hipersensibilidad, irritabilidad, trastornos de la alimentación, adicciones y un sinfín de problemas.

    Recordemos que cuidar nuestra salud mental, no sólo nos permite continuar “en la carrera”, sino vivir bien.

    Lic. Katherinne Roncal Soto
    C.Ps.P.: 15026

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Manejo del Duelo en tiempos de pandemia. by Lic. Katherinne Roncal Soto C.Ps.P.: 15026 is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.