Archivo de la categoría: Educación

Programa de acompañamiento psicopedagógico

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¡Otra vez!, ¡Está aquí nuevamente!, ¡La temporada escolar regresó con todo!

A diferencia del año pasado, que fue caótico para muchos, es bueno saber que ahora podemos contar con ayuda.

El programa de Acompañamiento psicopedagógico de Yanapay está diseñado para brindar soporte para el estudiante, sea niño, adolescente o, incluso, adulto (universitarios y alumnos de post grado). Va desde la organización, estrategias para el aprendizaje, desarrollo personal, manejo de frustración, stress y todo lo que pueda surgir a nivel académico dentro del ámbito virtual.

Ahh, también hay soporte para los padres.

¡Que siempre estemos bien!

Si necesitas ayuda, estamos para escucharte, para servirte.

¿Hablamos?

Lic. Katherinne Roncal Soto
 C.Ps.P.: 15026
     Cel.: +51 998 810 240

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¿Qué pasó en el 2020 y qué podríamos esperar para el 2021?

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El pasado 2020 fue un año totalmente atípico, a la gran mayoría de nosotros nos ha pasado de todo y, si no fue así, hemos tenido personas cercanas y queridas a las que se les cambió a vida en menos de un mes. Justamente eso, cambios es lo que todos hemos experimentado, y es cierto que las personas no siempre reaccionamos de manera correcta, ni las personas ni las instituciones, como lo que pudimos observar en el estado, por ejemplo.

Lo “anecdótico” de esta situación es que muchos de nosotros, desde hace tiempo atrás, clamábamos, casi desesperadamente, cambios a nivel global, asumiendo que podíamos hacerle frente. Es claro que esto no fue así; lo cual nos lleva a reflexionar, ¿cuántas cosas que pensamos que necesitamos en calidad de urgencia, realmente son importantes y necesarias, y cuántas no lo son?

Este tema de la adaptación a los cambios es vital, porque va quedando cada vez más claro que este 2021 se nos viene retador, complicado otra vez, obligándonos a adaptarnos a lo que la vida nos ponga enfrente y esto, sobre todo en momentos demandantes, es bastante difícil, pero no imposible. Para lograrlo, necesitamos siempre, atender a nuestras emociones, hablar de ellas, buscar estar tranquilos (en la medida de lo posible), cuidar nuestro cuerpo y mente. Suena fácil, pero la verdad es una tarea titánica.

Por otro lado, como bien dicen, de las experiencias malas también podemos sacar grandes lecciones, en este caso, oportunidades. La aparición de este organismo (porque no es un ser vivo) aceleró, por ejemplo, nuestra conversión en ciudadanos digitales, es decir, el mantenimiento de nuestras relaciones, trabajo, estudios, economía y más, estuvo regido por esta nueva manera de vivir.

Asimismo, a nivel personal, tuvimos que aprender a gestionar nuestras emociones (si, volvemos a las emociones), nuestro mundo emocional dio un vuelco, para el cual no estábamos preparados. En un tiempo, poco recomendado en verdad, nos obligamos a “aprender” a hacer frente a pérdidas de seres queridos, transformándolos muchas veces en duelos silenciosos, desde la distancia y, por eso, más dolorosos aún.  Definitivamente eso nos hace conscientes de lo frágil que puede ser nuestra existencia, que no podemos dar por sentado nada, que el futuro hace sus propios planes, sin tomar en cuenta los nuestros. Debemos aprovechar cada momento que tenemos, no sabemos qué nos pueda pasar después.  

Algo más que también ha paso a preocuparnos a los padres, durante el año pasado (y todo hace indicar que será lo mismo para este año), es la es la educación de nuestros hijos. Este virus desnudó la fragilidad de nuestro sistema educativo, nos mostró la enorme brecha que existe entre nuestros alumnos y el escaso poder de innovación y acercamiento a los estudiantes del sistema educativo. OJO, me refiero al sistema, no a la labor de nuestros maestros, que esa siempre se mostró soberbia y sumamente esforzada, dadas las circunstancias.

Nos dimos cuenta que no estábamos preparados para lo virtual (por más que por años quisimos digitalizar nuestros aprendizajes), que las competencias digitales de nuestros niños y adolescentes nunca fueron suficientes. Así también, notamos que el paradigma actual de educación no incluye lo vivencial en el día a día (y si es que alguna vez lo tomó realmente en cuenta), como metodología de aprendizaje per se. Muy penoso.

Es cierto que siempre hemos enfatizado en los aprendizajes académicos de nuestros chicos. Si bien son sumamente necesarios no sólo para su formación, sino para estimular razonamiento, toma de decisiones, velocidad de procesamiento de ideas, flexibilidad cognitiva, fluidez verbal, atención, memoria de trabajo y demás funciones ejecutivas y procesos cognitivos; también debemos priorizar en ese conocimiento que no sólo se brinda en las aulas (o pantallas al día de hoy), sino en casa. Ese conocimiento que adquirimos de nuestra familia en torno a valores, calidad de afecto, maneras de relacionarse con las personas, empatía, calidez y demás. Eso no sólo complementará el desarrollo de nuestros hijos, sino también nos dará la certeza que estamos formando futuros adultos conscientes, buenos seres humanos, capaces de desenvolverse adecuadamente ante los avatares del destino (como ahora).

Por ello, debemos ser conscientes que la formación de nuestros hijos, ahora sí, recae en nuestras manos, que de nosotros depende que puedan aprender todas esas habilidades para desenvolverse en un mundo no siempre grato, donde tendrán que tomar decisiones, valorando su bienestar, pero sin dejar de lado al otro.  Evidentemente nuestra presencia física durante este proceso es importantísima, en realidad, presencia y ejemplo, sino ¿cómo?

Si todos nuestros niños y adolescentes tuvieran la oportunidad de ampliar su red de aprendizaje (académico) a la experiencial brindada en casa, definitivamente ese mundo mejor que todos anhelamos, llegaría más temprano que tarde, ¡Qué lindo sería!

En definitiva, se nos viene otro año retador, duro quizá, el cual no tiene por qué afectarnos como lo hizo el 2020, pues ya tenemos experiencia, ya sabemos cómo reaccionamos ante las dificultades, y eso nos da ventaja, nos hace fuertes. Ya transitamos por el camino de la dificultad y el dolor, así que, lo haremos bien.

Seamos siempre realistas, sin dejar de lado la esperanza.

¡Que siempre estemos bien!

Lic. Katherinne Roncal Soto
C.Ps.P.: 15026

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Día internacional de las personas con discapacidad

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Una vez escuché a un papá decir que la dificultad de su niño le sirvió para darse cuenta de su real naturaleza, “de qué madera estaba hecho”.

Eso me marcó y me hizo terminar de entender que todo es cuestión de cómo valoras la vida, de la fuerza y empuje tengas en ella. Todo es lucha y a veces, efectivamente, nos toca labor intensa; pero de eso se tratar vivir, eso nos fortalece y hace que veamos el mundo con otros ojos, más reales y de amor.

Lindo día para todos y si tenemos cerca a alguien con dificultades, no lo tratemos como “problema”, sino como posibilidad."</p

 

¿Debo hablar con mis hijos sobre lo que nos está pasando como sociedad?

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Estamos viviendo tiempos convulsionados, llenos de emociones encontradas, que incluso hacen que revalidemos nuestras convicciones y/o creencias en general, ¿Qué está bien? ¿Qué está mal? ¿Qué debo cambiar? ¿Por qué debo luchar?, etcétera.

Estamos frente a una “revolución”, que nos “pone en jaque”, que nos impulsa y modifica, llevándonos a ver nuestro mundo inmediato de  manera diferente, con más “garra” y responsabilidad. Si genera estos cambios en nosotros, se imaginan ¿qué puede estar ocurriendo con nuestros chicos? .

Por ello, es sumamente importante explicar a nuestros hijos, sean niños y/o adolescentes lo que está ocurriendo, así como el motivo y las acciones que se toman para llegar a soluciones; pero sin quedarnos únicamente en el problema ni en lamentos. Recordemos que el objetivo no es sólo aclararles el panorama de lo que ven, sino también darles tranquilidad, que sepan que “los adultos nos hacemos cargo”, lo cual se va consiguiendo, pasito a pasito. Asimismo, hacerles saber que es muy normal que puedan sentir frustración, cólera quizá, temor posiblemente y una gama más amplia de emociones, que lo importante aquí es transformar esas sensaciones poco agradables, en motivadoras e impulsoras de cambio.

Obviamente, también tenemos que atender estas dudas y necesidades emocionales que vayan surgiendo; esto no sólo los ayudará en la coyuntura actual, sino también hará que vayamos formándolos en el entendimiento de situaciones complejas del mundo, como de sí mismos, en el manejo emocional de sentimientos poco armónicos que, la verdad, son usuales en el mundo adulto.

Hay que recordar que al hacerlo debemos ser bastante cuidadosos, no sólo con el contenido de la información que vamos a compartir con ellos, sino también la manera en que lo vamos a comunicar y el lenguaje a usar; de tal manera que realmente entiendan lo que acontece, y no generar mayor confusión y malestar en ellos.
Al momento de hacerlo, también, es necesario que nosotros estemos convencidos que realmente hay solución, que no hay espacio para el temor y que, poco a poco, se van encontrando salidas. Así también, es sumamente importante no explicar la situación en función a “buenos” ni “malos”, pues esto no es un cuento, es la vida misma. 

Obviamente la decisión de compartir o no lo que ocurre es decisión de cada uno, de cada familia. A pesar de ello, consideramos importante que es buen momento para compartir con nuestros hijos, que se nos vienen tiempos de cambio, y debemos estar preparados  para enfrentarlos con el mejor de los ánimos, la mayor de las esperanzas y fuerza, aquello que nos ayude a vivir en un mundo mejor. Aprovechando esta situación, es buena idea, además, conversar con ellos sobre las ideas que tienen sobre lo correcto, la moral, lo adecuado y la manera de conducir de los demás. Seguramente nos llevaremos grandes sorpresas. 

En todo caso, de no tener idea cómo poder explicarle a los chicos la coyuntura actual o, de habernos impactado a nosotros de tal manera, que nos deja sin “armas” para ello, te sugiero que te comuniques con nosotros, que podemos ayudarte.

Lic. Katherinne Roncal Soto
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¡Llegaron las vacaciones! ¿Qué hacemos?

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Muchos padres hemos vivido al lado de nuestros hijos esta nueva manera de aprender, muy distinta a la que todos estábamos acostumbrados; algunos lograron adaptarse, otros, seguramente, lo hicieron con dificultad y, es muy probable, que unos cuantos aún no lo hayan conseguido. Pero eso acabó por el momento, pues el bimestre o trimestre terminó y llegaron las tan ansiadas, y necesitadas, vacaciones de medio año.

Es tiempo de descansar de las clases virtuales, de las tareas, de los grupos de padres de WhatsApp (aunque esos en algunos momentos nos ayudaron como grupo de soporte y demás) y darse cuenta que los chicos ya están en casa sin responsabilidades académicas. Es por ello que resulta vital buscar actividades a realizar pues, el permanecer en casa sin tener la posibilidad de salir, ni compartir con otros, como seguramente hicieron en anteriores vacaciones, podría alterarlos, nuevamente. Entonces,

¿Qué podemos hacer?

Primero, debe quedar claro que será por poco tiempo, seguramente no se extenderá más de dos semanas, así que eso representa un alivio, si pensabas que tenías que volver a “pararte de cabeza” para que tu vida pueda tener, también, un respiro.

Independientemente de ello, los chicos, sin importar la edad que tengan, necesitan mantenerse activosrecordemos lo convulsionada que estaba su conducta los primeros días de iniciarse la cuarentena, cuando aún no empezaban las clases virtuales, pues no, no podemos, ni debemos, caer en la misma situación.

Mantener rutinas en casahay que recordar que los chicos ya han estado expuestos a diversos cambios, los cuales naturalmente causan estrés; por ello es necesario explicarles cuál será la rutina diaria, hasta que terminen las vacaciones y retomen las clases virtuales. Ayudaría que, con la ayuda de ellos, se elaboren horarios para las tareas que tengan que realizar. Es importante conservar las responsabilidades con el hogar y, de no estar instauradas, pues es momento de hacerlo.

Leer. Lo importante es que sea una lectura del agrado de tu hijo, aunque diga que no le gusta la actividad en sí, definitivamente debe existir un tema que lo apasione. Además, la lectura es importantísima, no sólo por las habilidades que estimula, así como por brindar la posibilidad de escapar a mundos variados donde todo, todo, puede suceder; sino también para que tengan una tarea, un poquito, ligada a las actividades escolares. Resultaría más significativo para tu hijo o hija que también puedas leer tú, así serás su ejemplo.

JuegosAdemás de los ya tan conocidos juegos de mesa, sería interesante crear juegos novedosos o adaptar algunos que sean del agrado de tus chicos. Por ejemplo, seguir pistas con pequeños premios en cada “estación”.

Ejercicio físico. Estos días que vacaciones es importante que se mantengan físicamente activos, lo cual no necesariamente tiene que ser con actividades frente a una pantalla (como cuando hacían educación física hasta una semana atrás). Podrían ser momentos de baile, de “entrenamiento físico” (si lo hace contigo, mucho mejor), etcétera. También es importante la improvisación, si bien tener las cosas organizadas y pautadas es imprescindible, un poco de movimiento “a lo loco” resulta reconfortante.

Por otro lado, si tienen la posibilidad, y les parece adecuado, salir un momento a la calle (con todas las precauciones del caso), sería beneficioso para los chicos, no sólo por tener mayor espacio para el movimiento, sino porque el acceder a un lugar diferente y que, quizá, lo lleve a recordar momentos de esparcimiento y diversión, los ayudará a sentirse mejor.

Horas de sueñoLo más probable es que los chicos, al ponerse en “modalidad vacaciones” querrán trastocar las rutinas que antes tenían, sobre todo con respecto a la hora de ir a la cama. Es recomendable que esto no varíe mucho, no sólo porque podría perder la rutina, seguramente antes ganada con “sangre, sudor y lágrimas”; sino también porque al alterar sus horas de sueño, es muy probable que tu niño o niña se torne de mal humor y demandante, evidenciando así malestar. Ver a los chicos alterados nos afecta, pues además de generar alboroto en casa y movilizar a la familia entera, quiere decir que realmente, la están pasando mal. Ojo con eso.

Uso de pantallas. Aquí entra la disyuntiva para ellos, pues lo virtual pasó de ser, seguramente, su objeto de deseo máximo antes de entrar en estado de emergencia, a convertirse en el medio por el cual tenían que continuar su proceso de aprendizaje (quizá de manera no tan animosa como hubiésemos esperado) y ahora, nuevamente, a representar felicidad y ocio. A los niños, y adolescentes también, les cuesta “cambiar de chip” con tanta facilidad (incluso a nosotros mismos), entonces podrían presentar reacciones poco esperadas ante el uso de las mismas.

Lo importante es que ellos deben tener en claro que, si hasta una semana atrás podían estar conectados a las pantallas por muchas horas (para las clases), en vacaciones el tiempo no tiene que ser el mismo, pues el estímulo que reciben a través de ellas (tablet, tv, laptop, celular o cualquiera que sea), tienden a exacerbar las conductas. No, gracias.

Con nuestros adolescentes, que muchas veces resulta tan difícil de acordar y/o complacer, sería buena idea tratar de acercarse a conversar con ellos, y así puedan compartir las ideas y sentimientos que podrían estar surgiendo en ellos, en torno a esta nueva manera de organizarnos en la vida. Es necesario tener en cuenta que, por el hecho de ser “grandes”, ellos no procesan, entienden ni sopesan la información como lo hacemos los adultos; por lo tanto, podrían estar apareciendo en ellos pensamientos y sentimientos que, más que ayudarlos, podrían estarles generando real malestar emocional. Recuerden, siempre será nuestro deber, velar por su bienestar, tanto físico como emocional.

Como dijimos líneas arriba, este pequeño tiempo que los chicos estarán libres, nos sirva para reconectarnos con ellos, no con sus tareas ni responsabilidades escolares (de las cuales nosotros también nos cansamos) y podamos sentir que estamos juntos en esto, que no sólo los protegemos, sino que nos divertimos y tratamos de ser felices, así como la familia que siempre fuimos o, de repente, quisimos ser.

Lic. Katherinne Roncal Soto
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¿Cómo aprende el cerebro?

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Importancia de las emociones en el proceso de aprendizaje

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¿Es cierto que las emociones pueden influir en el aprendizaje de un niño o adolescente? Pues… Si.  

Esto ocurre porque el proceso de aprendizaje está totalmente vinculado a las emociones que viven nuestros hijos, tanto dentro como fuera del ambiente de aprendizaje (aula y, por estos días, la casa). Dependiendo de dichos espacios, se tendrá una reacción positiva respecto a la educación o negativa y, por tanto, su predisposición para el aprendizaje será una u otra.

Las investigaciones en neurociencia indican, a través del estudio de la actividad de las diferentes áreas del cerebro y sus funciones, que solo puede ser verdaderamente aprendido aquello que interesa, que “comunica” algo, esto llama la atención y genera emoción, aquello que es diferente y sobresale de la monotonía.

En cuanto a la motivación y la emoción, estos son procesos distintos aunque íntimamente relacionados. Las emociones nos “mueven”, es lo que nos impulsa a actuar, y la motivación es la responsable de mantener nuestra atención sostenida en el tiempo, la disposición al esfuerzo mantenido por conseguir una meta.

Tanto la motivación como la emoción, influyen en la percepción, la atención y el aprendizaje.

¿Cómo?

Atención:
Tanto las emociones como la motivación, hacen que captemos la información por encima de otra. Allí, donde ponemos nuestra atención, es hacia donde nos dirigimos y nos enfocamos. Por ejemplo, cuando estamos alegres, prestamos atención a aquellas cosas ligadas a esa emoción; en cambio, las emociones displacenteras o desagradables reducen nuestra atención y concentración, pues lo que queremos es evitarlas. En contra parte, las emociones agradables amplían nuestro interés, haciendo que prestemos mayor atención a más cosas; llevándonos a aumentar la capacidad para relacionar y asociar elementos diferentes.

 Percepción:
La manera en que interpretamos la información se ve afectada por las emociones y, consecuentemente, lo que nos motiva. Nuestra percepción de las situaciones que vivimos, así como el procesamiento de dicha información, varía en función a lo que experimentemos, así como a las emociones que estas nos generen. Por ejemplo, cuando nuestros hijos ingresan a una habitación oscura y esto los asusta, pueden percibir que la ropa colgada de la percha es un monstruo que los acecha, percepción tergiversada de la realidad.

 Aprendizaje: 
Todos estos procesos mencionados anteriormente, potencian o inhiben la adquisición de conocimientos y habilidades. Cuando la emoción es de tristeza, preocupación o disgusto, nuestra atención se centra en las consecuencias negativas, y eso nos lleva a “estancarnos” en esa emoción desagradable, lo cual no propicia el aprendizaje. En cambio, el aprendizaje participativo y basado en la experiencia crea motivación, no ocurre lo mismo con el aprendizaje memorístico y repetitivo. Las tareas creativas son más motivadoras y divertidas que las repetitivas.

Es de esta manera que, cuando nuestros hijos se sienten muy molestos, tristes o ansiosos, aparecen los bloqueos mentales, que hacen que el aprendizaje no se dé, pues no percibimos adecuadamente la información y, en consecuencia, no la procesamos correctamente. Las emociones incómodas e intensas absorben toda nuestra atención. Contrariamente, la motivación positiva, unida a sentimientos de capacidad y poder, generan en nuestros hijos perseverancia y, en consecuencia, adecuado rendimiento.

Ahora nos queda más claro porqué es imposible separar a las emociones del proceso de aprendizaje en general, más allá del plano académico, también de la información necesaria que necesitamos para la vida.

Lic. Katherinne Roncal Soto
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Pregunta clave: ¿valía la pena?

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106 diego fernandez

“Creo que se debe poner al corriente de las verdaderas leyes muy pronto a los niños. Aunque sea cómodo para la madre, no hay que decir a un niño que es obligatorio ir a la escuela a los cuatro años. Cuando establezcamos una ley para los niños, hemos de prestar mucha atención a que se trate de una verdadera ley, de una ley suprafamiliar que gobierne a los seres humanos del grupo de personas del que se forma parte (…). Si el niño ha transgredido una ley, se siente culpable y ese sentimiento se aplaca por un castigo, pero ha de ser un castigo que el niño conozca de antemano. Las infracciones de las leyes se pagan. Se debe preguntar al niño: «¿Valía la pena arriesgarse al castigo?». «¿Sí? ¡Entonces tenías razón al hacerlo!» La educación del niño hacia la autonomía es eso. Cuando los niños están constantemente castigados en la escuela, los padres se ponen furiosos. El niño dice: «Me importa un bledo», lo que no es verdad, como bien muestra su semblante. Lo único que ocurre es que está contento de dar la lata a sus padres. A partir del momento en que se le pregunta: «¿Valía la pena? ¿Qué has hecho para merecer este castigo?». «Estuve hablando cinco minutos.» «¿Valía la pena?» «¡Oh, no!» «¿Ves? Es como si compraras el derecho a hablar en clase. Te ha salido demasiado caro.» La próxima vez, el niño hará él solo este razonamiento.”

Dolto, Françoise (1998). El niño y la familia. Desarrollo emocional y entorno familiar. Barcelona, España: Ediciones Paidós Ibérica. Página 19.

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¿Por qué a mi hijo le cuesta adaptarse a los cambios?

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Siempre decimos que una de las cosas que más queremos en la vida es que nuestros hijos se conviertan en “personas de bien”, que sean “maduros”; pero esta palabra, realmente ¿Qué quiere decir?, ¿Cuándo llega esa madurez?, ¿Qué implica esa madurez?

Obviamente esta madurez depende, por sobre todo, del desarrollo cerebral de los niños, pues las áreas del cerebro se desarrollan a diferentes velocidades y generando conexiones entre ellas, impactando de manera directa sobre el desarrollo intelectual de los niños, específicamente sobre las funciones ejecutivas; pero…

¿Qué son las funciones ejecutivas?

Son las actividades mentales complejas, que nos llevan a planificar, organizar, guiar, revisar, regularizar y evaluar nuestro comportamiento; es decir “funcionar” adecuadamente, facilitando la adaptación al entorno y, consecuentemente, nuevas situaciones. Estas habilidades son vitales para el aprendizaje académico, pues permiten asociar ideas, movimientos y acciones simples para realizar tareas complejas.

Por ejemplo, a partir de los 3 años, aparecen las primeras habilidades para regular la conducta, sobre todo por tiempos cortos, necesitando aún el monitoreo y/o supervisión de los padres o de la figura de autoridad para conseguirlo plenamente, costándole seguir indicaciones específicas. Por lo tanto, a esa edad, esperar que los pequeños permanezcan más de 25 minutos consecutivos sentados en un mismo lugar es poco factible; a pesar de ello, hay pequeños que lo consiguen, pero seguramente yendo en contra propio desarrollo, generándole probablemente sumo malestar.

A los 4 años, son capaces de controlar ciertos impulsos y tener necesidad de compartir con los pares, entendiendo la temática del juego compartido. En esta etapa los niños buscan hacer amigos y disfrutar con ellos. Seguramente los pequeños de esta edad que llevan clases virtuales deben sentirse frustrados, porque saben que no pueden compartir con los compañeros, notando que su juego (el que le permite poner ideas en práctica) es probable que sea en solitario. Es así que es posible que ese malestar se transforme en desgano, frustración y cierta desobediencia ante la pauta de las actividades por realizar, establecidas por el adulto.

De los 5 a los 8 años, es la etapa de mayor desarrollo de las funciones ejecutivas, por lo cual la mayor parte de dificultades en torno al desarrollo cognitivo serán evidentes dentro de este periodo de tiempo, se necesita estar bastante pendiente del día a día de los chicos y de aquello que empieza a costarles, dentro del plano del aprendizaje. También van ganando facilidad para regular su conducta, como también dirigir el comportamiento de manera autónoma, fijándose pequeñas metas y anticipándose a hechos, sin depender de las indicaciones de otros.

Dada las circunstancias actuales, es muy probable que los niños comparen su año anterior o las actividades que antes realizaban en el aula y el recreo y las extrañen, costándoles asumir las nuevas responsabilidades y maneras de accionar. En esta etapa es más probable ver episodios de rebeldía e, incluso, negación hacia las nuevas actividades académicas, las cuales podrían fácilmente ser planificadas por ellos mismos, mostrarse desobedientes y retadores, pues se espera que en este periodo de tiempo, los niños consigan desarrollar conductas estratégicas y habilidades de razonamiento más organizados y eficientes.

Entre los 9 y 11 años, sobre todo a los 10, los niños ya son capaces de controlarse a nivel conductual como en torno al flujo de ideas, consiguiendo después habilidades similares, incipientes claro está, a las de un adulto joven.

Al llegar a los 12 y hasta los 14 años, algunas funciones cognitivas todavía se encuentran en clara evolución, como son la flexibilidad cognitiva, resolución de problemas y memoria de trabajo. Igualmente, durante este periodo de tiempo, los adolescentes se encuentran habilitados para razonar, aunque no consiguen ponderar por completo las consecuencias de sus decisiones, ni la anticipación de las mismas. Se puede observar que, en torno a la adaptación del sistema educativo a distancia, la mayor dificultades que encuentran los púberes y adolescentes por estos días es la negación a la participación fluida de las actividades planteadas por los maestros, si bien son conscientes del error, no consiguen entender las reales consecuencias de sus actos y decisiones.

Como podemos ver, tanto niños como púberes y adolescentes se encuentran en constante cambio, físico, cognitivo y, sumamos a ello, tener que entender y asumir una realidad que, valgan verdades, a los adultos también nos cuesta entenderla. Es por ello que es necesario que seamos justos con ellos y no juzgarlos como adultos, pues vemos que aún no se encuentran capacitados para entender el mundo en su total envergadura, como lo hacemos los padres.

 

Lic. Katherinne Roncal Soto
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¡Mi niño no acepta las clases virtuales!

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Estos tiempos son difíciles, tenemos preocupaciones de todo tipo, la familia, el trabajo, el colegio de los chicos y un largo etcétera. Justamente de lo primero pensamos que, con esfuerzo, vamos a manejarlo y sentir que podemos con las dificultades; en cambio en lo que respecta a nuestros hijos y sus vidas, nos complicamos y preocupamos aún más.

Seguramente que durante este tiempo de cuarentena e, incluso ahora que ya no estamos en ella, nos hemos encontrado con varios momentos de frustración con nuestros hijos: las clases virtuales, las tareas, la Miss, la pelea por que los chicos entiendan que la computadora que antes les traía momentos de felicidad (seguramente que muchos de ellos, incluso, clandestinos), ahora es a la que tienen que “pegarse” para hacer actividades que ya no necesariamente les parecen tan placenteras como antes.

¿Y eso? ¿Por qué?

Además de lo arriba expuesto, que de por sí ya representa un cambio tremendo en la rutina e ideas pre concebidas de los niños y adolescentes, responde a sus características particulares, y con esto no hablamos de lo que sienten necesariamente, sino de la etapa de desarrollo intelectual en la que se encuentran.

Jean Piaget, gran precursor de la teoría Cognitiva, afirma que toda nueva vivencia impacta directamente sobre los niños. Cuando esta encaja con lo que el niño ya sabe, lo lleva hacia el equilibrio; en cambio cuando esa experiencia es novedosa y no sabe cómo entenderla y/o enfrentarla, los pequeños presentan desequilibrio cognitivo, que inicialmente los confunde y desarticula, pero con la guía pertinente esto se transforma en aprendizaje. Evidentemente no todos llegan a experimentar un aprendizaje que los lleve a la satisfacción y felicidad, lo cual dependerá también de cómo interpretan las situaciones novedosas y, claramente, del soporte emocional que reciban durante ese tiempo.

Es así que, durante los 2 a 4 años, los niños aun no pueden usar la lógica para transformar, combinar o separar ideas, necesitan tocar, manipular objetos y así poder “jugar” con el conocimiento, consiguiendo, de esta manera, entender el punto de vista del otro.

Ahora queda claro por qué a nuestros pequeños de esas edades les resulta sumamente complicado quedarse sentados toda la clase virtual, si es que esta no va acompañada de la presencia de uno de los padres para ayudarlo a engarzar las palabras y conceptos nuevos con objetos de su entorno. De no contar con esa presencia, lo más probable es que la clase, por más llena de música y color que sea, le resultará aburrida, pues les costará tremendamente entenderla. Por lo tanto, no habrá aprendizaje.

Con el paso del tiempo, y la adecuada manipulación de contendidos académicos, los niños aprenderán el uso de símbolos, siendo esto evidente a la hora de jugar, pues conseguirán seguir instrucciones, simular distintas situaciones, usando para ello la imaginación. Por ejemplo, usar una escoba como caballito, una caja grande como nave espacial el martes y el miércoles se convierta, esa misma, caja en un castillo.

De los 4 a 7 años, los pequeños ya representan mejor el mundo en base a ideas, incluso la noción de número aparece de manera más clara (por ejemplo ya no cuentan porque se aprendieron de memoria los números, sino saben que el número 1 representa a un objeto), dejando cada vez más la rigidez que los acompañaba para empezar a jugar con las ideas, que ahora son más claras y se presentan de manera organizada en su cabecita. Si esto siempre va acompañado de juego y experiencias lúdicas, el aprendizaje será real y, sobre todo, significativo. Asimismo, la necesidad de compartir con los amigos y disfrutar de su compañía será necesaria y evidente, siendo eso seguramente, otro motivo por el cual a muchos niños de ese rango de edad les cuesta adaptarse al medio virtual.

Claramente hay más características que se presentan en nuestros pequeños en estas edades, las cuales estarían jugando un rol decisivo en la adaptación a este nuevo sistema educativo, a esta nueva “normalidad” que cuesta, a ellos y a nosotros los adultos también.

 

Lic. Katherinne Roncal Soto
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