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¡Llegaron las vacaciones! ¿Qué hacemos?

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Muchos padres hemos vivido al lado de nuestros hijos esta nueva manera de aprender, muy distinta a la que todos estábamos acostumbrados; algunos lograron adaptarse, otros, seguramente, lo hicieron con dificultad y, es muy probable, que unos cuantos aún no lo hayan conseguido. Pero eso acabó por el momento, pues el bimestre o trimestre terminó y llegaron las tan ansiadas, y necesitadas, vacaciones de medio año.

Es tiempo de descansar de las clases virtuales, de las tareas, de los grupos de padres de WhatsApp (aunque esos en algunos momentos nos ayudaron como grupo de soporte y demás) y darse cuenta que los chicos ya están en casa sin responsabilidades académicas. Es por ello que resulta vital buscar actividades a realizar pues, el permanecer en casa sin tener la posibilidad de salir, ni compartir con otros, como seguramente hicieron en anteriores vacaciones, podría alterarlos, nuevamente. Entonces,

¿Qué podemos hacer?

Primero, debe quedar claro que será por poco tiempo, seguramente no se extenderá más de dos semanas, así que eso representa un alivio, si pensabas que tenías que volver a “pararte de cabeza” para que tu vida pueda tener, también, un respiro.

Independientemente de ello, los chicos, sin importar la edad que tengan, necesitan mantenerse activosrecordemos lo convulsionada que estaba su conducta los primeros días de iniciarse la cuarentena, cuando aún no empezaban las clases virtuales, pues no, no podemos, ni debemos, caer en la misma situación.

Mantener rutinas en casahay que recordar que los chicos ya han estado expuestos a diversos cambios, los cuales naturalmente causan estrés; por ello es necesario explicarles cuál será la rutina diaria, hasta que terminen las vacaciones y retomen las clases virtuales. Ayudaría que, con la ayuda de ellos, se elaboren horarios para las tareas que tengan que realizar. Es importante conservar las responsabilidades con el hogar y, de no estar instauradas, pues es momento de hacerlo.

Leer. Lo importante es que sea una lectura del agrado de tu hijo, aunque diga que no le gusta la actividad en sí, definitivamente debe existir un tema que lo apasione. Además, la lectura es importantísima, no sólo por las habilidades que estimula, así como por brindar la posibilidad de escapar a mundos variados donde todo, todo, puede suceder; sino también para que tengan una tarea, un poquito, ligada a las actividades escolares. Resultaría más significativo para tu hijo o hija que también puedas leer tú, así serás su ejemplo.

JuegosAdemás de los ya tan conocidos juegos de mesa, sería interesante crear juegos novedosos o adaptar algunos que sean del agrado de tus chicos. Por ejemplo, seguir pistas con pequeños premios en cada “estación”.

Ejercicio físico. Estos días que vacaciones es importante que se mantengan físicamente activos, lo cual no necesariamente tiene que ser con actividades frente a una pantalla (como cuando hacían educación física hasta una semana atrás). Podrían ser momentos de baile, de “entrenamiento físico” (si lo hace contigo, mucho mejor), etcétera. También es importante la improvisación, si bien tener las cosas organizadas y pautadas es imprescindible, un poco de movimiento “a lo loco” resulta reconfortante.

Por otro lado, si tienen la posibilidad, y les parece adecuado, salir un momento a la calle (con todas las precauciones del caso), sería beneficioso para los chicos, no sólo por tener mayor espacio para el movimiento, sino porque el acceder a un lugar diferente y que, quizá, lo lleve a recordar momentos de esparcimiento y diversión, los ayudará a sentirse mejor.

Horas de sueñoLo más probable es que los chicos, al ponerse en “modalidad vacaciones” querrán trastocar las rutinas que antes tenían, sobre todo con respecto a la hora de ir a la cama. Es recomendable que esto no varíe mucho, no sólo porque podría perder la rutina, seguramente antes ganada con “sangre, sudor y lágrimas”; sino también porque al alterar sus horas de sueño, es muy probable que tu niño o niña se torne de mal humor y demandante, evidenciando así malestar. Ver a los chicos alterados nos afecta, pues además de generar alboroto en casa y movilizar a la familia entera, quiere decir que realmente, la están pasando mal. Ojo con eso.

Uso de pantallas. Aquí entra la disyuntiva para ellos, pues lo virtual pasó de ser, seguramente, su objeto de deseo máximo antes de entrar en estado de emergencia, a convertirse en el medio por el cual tenían que continuar su proceso de aprendizaje (quizá de manera no tan animosa como hubiésemos esperado) y ahora, nuevamente, a representar felicidad y ocio. A los niños, y adolescentes también, les cuesta “cambiar de chip” con tanta facilidad (incluso a nosotros mismos), entonces podrían presentar reacciones poco esperadas ante el uso de las mismas.

Lo importante es que ellos deben tener en claro que, si hasta una semana atrás podían estar conectados a las pantallas por muchas horas (para las clases), en vacaciones el tiempo no tiene que ser el mismo, pues el estímulo que reciben a través de ellas (tablet, tv, laptop, celular o cualquiera que sea), tienden a exacerbar las conductas. No, gracias.

Con nuestros adolescentes, que muchas veces resulta tan difícil de acordar y/o complacer, sería buena idea tratar de acercarse a conversar con ellos, y así puedan compartir las ideas y sentimientos que podrían estar surgiendo en ellos, en torno a esta nueva manera de organizarnos en la vida. Es necesario tener en cuenta que, por el hecho de ser “grandes”, ellos no procesan, entienden ni sopesan la información como lo hacemos los adultos; por lo tanto, podrían estar apareciendo en ellos pensamientos y sentimientos que, más que ayudarlos, podrían estarles generando real malestar emocional. Recuerden, siempre será nuestro deber, velar por su bienestar, tanto físico como emocional.

Como dijimos líneas arriba, este pequeño tiempo que los chicos estarán libres, nos sirva para reconectarnos con ellos, no con sus tareas ni responsabilidades escolares (de las cuales nosotros también nos cansamos) y podamos sentir que estamos juntos en esto, que no sólo los protegemos, sino que nos divertimos y tratamos de ser felices, así como la familia que siempre fuimos o, de repente, quisimos ser.

Lic. Katherinne Roncal Soto
C.Ps.P.: 15026

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¿Cómo aprende el cerebro?

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¡Mi niño no acepta las clases virtuales!

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Estos tiempos son difíciles, tenemos preocupaciones de todo tipo, la familia, el trabajo, el colegio de los chicos y un largo etcétera. Justamente de lo primero pensamos que, con esfuerzo, vamos a manejarlo y sentir que podemos con las dificultades; en cambio en lo que respecta a nuestros hijos y sus vidas, nos complicamos y preocupamos aún más.

Seguramente que durante este tiempo de cuarentena e, incluso ahora que ya no estamos en ella, nos hemos encontrado con varios momentos de frustración con nuestros hijos: las clases virtuales, las tareas, la Miss, la pelea por que los chicos entiendan que la computadora que antes les traía momentos de felicidad (seguramente que muchos de ellos, incluso, clandestinos), ahora es a la que tienen que “pegarse” para hacer actividades que ya no necesariamente les parecen tan placenteras como antes.

¿Y eso? ¿Por qué?

Además de lo arriba expuesto, que de por sí ya representa un cambio tremendo en la rutina e ideas pre concebidas de los niños y adolescentes, responde a sus características particulares, y con esto no hablamos de lo que sienten necesariamente, sino de la etapa de desarrollo intelectual en la que se encuentran.

Jean Piaget, gran precursor de la teoría Cognitiva, afirma que toda nueva vivencia impacta directamente sobre los niños. Cuando esta encaja con lo que el niño ya sabe, lo lleva hacia el equilibrio; en cambio cuando esa experiencia es novedosa y no sabe cómo entenderla y/o enfrentarla, los pequeños presentan desequilibrio cognitivo, que inicialmente los confunde y desarticula, pero con la guía pertinente esto se transforma en aprendizaje. Evidentemente no todos llegan a experimentar un aprendizaje que los lleve a la satisfacción y felicidad, lo cual dependerá también de cómo interpretan las situaciones novedosas y, claramente, del soporte emocional que reciban durante ese tiempo.

Es así que, durante los 2 a 4 años, los niños aun no pueden usar la lógica para transformar, combinar o separar ideas, necesitan tocar, manipular objetos y así poder “jugar” con el conocimiento, consiguiendo, de esta manera, entender el punto de vista del otro.

Ahora queda claro por qué a nuestros pequeños de esas edades les resulta sumamente complicado quedarse sentados toda la clase virtual, si es que esta no va acompañada de la presencia de uno de los padres para ayudarlo a engarzar las palabras y conceptos nuevos con objetos de su entorno. De no contar con esa presencia, lo más probable es que la clase, por más llena de música y color que sea, le resultará aburrida, pues les costará tremendamente entenderla. Por lo tanto, no habrá aprendizaje.

Con el paso del tiempo, y la adecuada manipulación de contendidos académicos, los niños aprenderán el uso de símbolos, siendo esto evidente a la hora de jugar, pues conseguirán seguir instrucciones, simular distintas situaciones, usando para ello la imaginación. Por ejemplo, usar una escoba como caballito, una caja grande como nave espacial el martes y el miércoles se convierta, esa misma, caja en un castillo.

De los 4 a 7 años, los pequeños ya representan mejor el mundo en base a ideas, incluso la noción de número aparece de manera más clara (por ejemplo ya no cuentan porque se aprendieron de memoria los números, sino saben que el número 1 representa a un objeto), dejando cada vez más la rigidez que los acompañaba para empezar a jugar con las ideas, que ahora son más claras y se presentan de manera organizada en su cabecita. Si esto siempre va acompañado de juego y experiencias lúdicas, el aprendizaje será real y, sobre todo, significativo. Asimismo, la necesidad de compartir con los amigos y disfrutar de su compañía será necesaria y evidente, siendo eso seguramente, otro motivo por el cual a muchos niños de ese rango de edad les cuesta adaptarse al medio virtual.

Claramente hay más características que se presentan en nuestros pequeños en estas edades, las cuales estarían jugando un rol decisivo en la adaptación a este nuevo sistema educativo, a esta nueva “normalidad” que cuesta, a ellos y a nosotros los adultos también.

 

Lic. Katherinne Roncal Soto
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