APEC

Participé como Coordinador de la MCLCP-AQP en un foro-debate sobre el APEC (Foro de Cooperación Económica Asia Pacífico) a realizarse pronto en Arequipa. En el evento estuvieron miembros de la Cámara de Comercio, del Municipio Provincial, Pymes, etc. y pude notar un discurso casi monocorde en relación a las bondades de esa reunión que congregará en la Ciudad Blanca a representantes de algunas de las principales economías del mundo.

Dichas bondades se resumen en lo siguiente: Arequipa se pondrá en la vitrina mundial, tendremos 1600 visitantes extranjeros que dejarán US$ 1´600,00 a la economía regional, podremos negociar proyectos con los grandes de la economía, se generarán las oportunidades para el desarrollo regional, etc.

Cuando me tocó participar, advertí que iba a dividir mis comentarios en dos de los papeles que represento: uno como Coordinador de la MCLCP-AQP y el otro como Decano del Colegio de Sociólogos-AQP. Como lo primero, señalé que la MCLCP-AQP aplaudía la organización de ese importante evento que nos permite, como país, codearnos con las grandes economías del mundo. También dije que como Mesa, nos alegraba que los foros de APEC a realizarse en Arequipa, tengan una perspectiva de género. Sólo nos apenaba que a pesar de las gestiones hechas, la Mesa no haya sido invitada a esas reuniones, seguramente porque la APEC habla de negocios, de cómo mantener cifras azuladas en sus balances, mientras que a la Mesa le interesa el tema de desarrollo, como un elemento vital para reducir la pobreza en el país. Ante lenguajes diferentes, el entendimiento sería casi nulo.

Hasta allí hablé como Coordinador de la MCLCP-AQP. Como Decano del Colegio de Sicólogos, lo que me interesaba advertir al numeroso auditorio, principalmente juvenil, ya que el evento estaba organizado por InterQuorum, era que no había que entusiasmarse demasiado con el tan venerable APEC, pues el hecho que seamos país anfitrión y que nos codeemos con los grandes, no significa que lo seamos. No lo digo yo, sino las cifras, pues según el último IDH, hemos bajado al puesto 87 (en el 2006 estábamos en el 82); es decir, varios de los 21 países que conforman el APEC están entre los diez primeros del ranking mundial del IDH, nosotros no estamos detrás de ellos, estamos muy detrás. Es más, sólo podríamos compararnos con Papua Nueva Guinea que también integra el Foro.

No soy muy optimista, tampoco, en que nuestra cuidad se beneficie, pues, todo, desde los paquetes turísticos, alojamientos, pasajes, todo, lo manejan desde Lima: es más, incluso hay delegaciones que llegan hasta con su cocinera. Por otro lado, conociendo las exquisiteces de esas delegaciones de negociantes (las Convenciones Mineras que se realizan en Arequipa cada dos años son un buen referente) no habrá en la ciudad capacidad para satisfacerlas, pues en Lima, por ejemplo, esas delegaciones pidieron suites de lujo y Lima, la mismísima capital peruana, no pudo satisfacer esa demanda. Aquí, simplemente no tenemos esas suites de lujo. Es más, esas delegaciones acostumbran feudalizar la ciudad como lo hacen los mineros; es decir, el centro de la ciudad se cierra para los comunes mortales, pues los ricos pasean, entonces pensar que la ciudad conocerá de cerca a los poderosos es inverosímil.

A pesar de esa visión apesadumbrada planteé que dicho Foro a realizarse en Arequipa debíamos tomarlo como un reto y un aprendizaje. Reto en el sentido de saber cuánto nos falta para alcanzar los niveles económicos de los

grandes del APEC y aprendizaje para tomar conciencia de los vacíos que hay que llenar para lograr esos niveles, pues los países primermundistas han llegado a serlo combinando una estrategia centrada en potenciar la educación y la salud. A esta fórmula, países como China, integrante también de APEC, le ha sumado el totalitarismo. En ese sentido, ese foro debe ser para que sepamos de cerca qué podemos aprender de esas experiencias y cómo traducirlas en términos de verdadero desarrollo para nuestro país.

Obvio que las criticas a mi expocisión no tardaron en llegar y la principal fue sobre mi actitud “pesimista”, que qué de malo había en querer ser como los chinos que ostentan hoy los niveles de crecimiento económico más importantes del mundo, etc. Esas criticas tenían razón en algo: algunas veces, como en esta oportunidad, soy pesimista, pero a lo Bryce Echenique; es decir, un pesimista que quiere que las cosas salgan bien. Es más, una cosa es ser optimistas, pero otra es ser ingenuos, pues el deseo no es realidad (principio elemental del psicoanálisis). En lo que no tenían razón las críticas es en que no hay nada malo en querer ser como los chinos. Creo que sí hay mucho de malo, pues de los modelos de desarrollo económico hasta hoy conocidos, es uno de los peores, pues se asienta sobre un desprecio absoluto a los Derechos Humanos y, tal como lo dije en mi comentario “Moda China”, esa experiencia no la quiero para mi país. Lamentablemente, como vienen sucediendo las cosas, el gobierno aprista sí parece estar muy seducido con ese modelo. Repito, lamentable.

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