Feliz Año Nuevo, pero cuál?

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Ad portas de 2008, es tradicional en nuestro país prepararnos para recibirlo con una serie de artilugios: prendas u objetos amarillos, uvas, maletas, baños, y cuanto objeto o rito nos llegue al oído, todo con la promesa que el año nuevo sea más promisorio que el año que dejamos. Así, damos por sentado que durante los siguientes 365 días, que empieza mañana martes, nos irá mejor.No hay sociedad que no escape de estos rituales de fin de año y advenimiento del nuevo, pues todas están atravesadas por la promesa de tiempos mejores para sus vidas, la diferencia es el tiempo o los cálculos; es decir, para nosotros los próximos 365 días arranca mañana, primero de enero, terminando el 31 de diciembre; es decir, el año dividido en doce meses, pero para otras sociedades estos cálculos son totalmente distintos, sencillamente porque sus calendarios son diferentes.
Hay varios tipos de calendarios. Inicialmente éstos fueron concebidos de dos tipos: los solares (365 días), y los lunares (29.5 días). También inicialmente, sus usos fueron principalmente religiosos y agrícolas; es decir, ya sea para recordar las festividades o para marcar el inicio y terminación de las estaciones, indicando así los tiempos de siembra, cosechas, apareamientos, etc.

Antiguamente, los babilonios iniciaron el uso del calendario lunar, así como las tribus celtas del norte europeo. Actualmente, ese calendario es usado por el mundo islámico, en estricta obediencia al profeta Mahoma que en el Coran señala: ” La luna nueva, fijará el tiempo para la población y para el peregrinaje”. Sin embargo, los países occidentalizados, han comenzado a cambiar hacia el calendario solar, al menos para los asuntos de orden civil. Por estos lares, la cosmografía estaba muy avanzada antes de la conquista española. Los Mayas, por ejemplo, se regían por un calendario solar de excepcional exactitud, mientras que los Incas lo hacían con un calendario anual de 365 días de doce meses o lunas.

El año solar es el tiempo de translación de la tierra alrededor del sol. En este plazo se suceden las cuatro estaciones. Esto ha hecho que sea un calendario más práctico y, por tanto, el más usado actualmente, aunque para ello haya ocurrido una serie de eventos no siempre felices, pues la historia nos muestra una serie de acontecimientos accidentales que determinó el calendario actual. Por ejemplo, fue el emperador romano Julio Cesar quien eligió el inicio del año de una manera arbitraria, modificando el calendario romano antiguo de 355 días, dividido en diez meses y que se iniciaba el primero de marzo. Ante el rechazo del pueblo romano, se tuvo que cambiar (pero luego de la muerte del soberano) sumándole dos meses más: uno se bautizó como Julio, en honor del Cesar, y el otro como Agosto, en honor del emperador Augusto.

Este calendario fue bastante preciso y se usó hasta el siglo XVI. En manos de la religión, la calendarización no estuvo ajena de la crisis que la sociedad y la religión atravesaba por esas épocas, pues la deserción en todos los campos fue rampante, y la decadencia espiritual de la jerarquía no presentaba defensa alguna contra las revueltas reformistas. Ante esa situación, se da al interior de la iglesia una urgencia de renovación espiritual y moral, un intento de conciliación con las verdades absolutas comandadas por Ignacio de Loyola y de Gregorio XIII.
Este último, el Papa Gregorio XIII, fue quien, entre varias de sus reformas, determinó el calendario actual. Concebida como una reforma proveniente del catolicismo, no fue aceptada por otras iglesias; así, el Reino unido y las colonias norteamericanas rechazaron el nuevo calendario gregoriano y usaron el Juliano hasta el año de 1752; Rusia y Rumania aceptaron el nuevo calendario hasta 1918, y las zonas ortodoxas griegas siguen aferradas al calendario antiguo.

Es más, ocurrieron varios intentos para modificar el calendario gregoriano. El más sonado fue el de la Revolución Francesa, que estableció un nuevo sistema de 10 días por semana, llamado la décade. Tres décades por mes. El día contaba con 10 horas, con 100 minutos cada una, y 100 segundos por minuto. Los nombres de los días eran: el trabajo, la virtud, el ingenio, la opinión, la recompensa, etc. Este calendario sólo duró 13 años hasta que Napoleón Bonaparte lo abolió. Otro caso fue el de la revolución soviética que remplazó el calendario cristiano por el revolucionario, con semanas de 5 días y meses de 6 semanas. En 1940 volvieron a aceptar el calendario Gregoriano.

Actualmente se vislumbran pocas posibilidades de cambio, excepto por los ajustes de algunos segundos que se hacen para compensar la pérdida de velocidad de la rotación de la tierra, que hace que el día se alargue. Y como los segundos son ahora la unidad básica de medida y son inalterables, pues están vinculados a la vibración de los átomos, hay que corregir los relojes de vez en cuando. Pero más allá de los cálculos científicos, lo cierto es que mañana no todo el mundo celebrará un nuevo año; pues, como hemos visto, eso está en función de las diferentes culturas. Así, para el mundo islámico se iniciará el año 1428, para el judío el 5768, etc. Por tanto, cuando suenen las doce de esta noche y nos abracen por el advenimiento de un nuevo año, es perfectamente lógico preguntar: ¿de cuál año nuevo?

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