De regreso a clases

Luego de casi cuatro meses de huelga, la gran mayoría docente de la Universidad de San Agustín ha retornado a las aulas. Sin haber logrado nada luego de tanto tiempo de paralización, esos docentes regresaron al dictado de clases reencontrándose con un raleado número de alumnos. Percibí que pocas ganas tenían, tanto alumnos como profesores, para reiniciar el trunco año académico 2009.

En mi caso, el reencuentro sólo se ha producido con los alumnos del primer año de sociología, pues son los únicos que me hicieron saber de su deseo de “apoyar” la huelga de sus profesores. Con otros alumnos, de otros cursos, he seguido haciendo clases, como lo hago cada vez que la UNSA religiosamente se declara en huelga. Con ellos, los ingresantes apoyadores de huelgas, haré clases aceleradamente, pues es probable que, según dicta la tradición huelguística de la UNSA, en febrero reclamen sus vacaciones. Con los otros, con los que “amarillamente” he continuado clases en una aula extrauniversitaria, ingresaré a un período exclusivo de evaluaciones, tal como lo acordamos antes de que la huelga arrancara el 23 de setiembre de 2009.

Pero más allá de este reinicio de clases, muy retrasadas por cierto (hay profesores que ni siquiera han terminado el primer semestre de 2009), ojalá que los interesados en protestar todos los años por la bendita homologación universitaria, reflexionen porqué cada vez las huelgas no son sinónimo de protestas sino de burla por parte del gobierno y de rechazo por parte de la población. Es fácil percibir eso porque al gobierno no le incomoda nada que las universidades nacionales estén tres, cuatro o seis meses de huelga; también facil notarlo cuando se mira el número de participantes en las movilizaciones que convoca el sindicato, número realmente ridículo, y por la mofa y repulsa que la población hace expresa cada vez que ve a los profesores universitarios protestando en las calles. Pero no sólo se trata de percepción, sino que es común escucharlo de boca de los propios huelguistas; es decir, el convencimiento que ese tipo de protesta no es un efectivo mecanismo de protesta y que, al contrario, es una forma adelantada de vacacionarse.

Quizás esa sea una razón por la que las ritulísticas huelgas de la docencia agustina, no consigan el apoyo en la comunidad arequipeña, apoyo que sería muy útil para lograr los justos reclamos de la docencia agustina y universitaria en general. En lugar de apoyo, lo que consiguen de la opinión pública es reprobación o, en el mejor de los casos, una total indiferencia. Es decir, la misma actitud del gobierno, ¿por qué?

Ensayando más respuestas, creo que hay que retomar las reflexiones que presenté en anterior post sobre la relación Estado-universidad. Allí, basado en las ideas de Adrianzén, decíamos que a este y los anteriores gobiernos la universidad es un tema que no está en su agenda porque simplemente es una institución, la universitaria, que no le sirve casi exclusivamente para nada. El día que la universidad le sea útil, allí sí que los gobiernos y el país en general, se preocuparán de la universidad pública y se movilizarán para salvarla o desarrollarla.

Creo que San Agustín no escapa de esa lógica; es decir, ¿le sirve a Arequipa? Sospecho que desde hace muchos años que la UNSA ha dejado de ser un referente de la ciudad, un emblema que enorgullecía y que, por tanto, había que cuidar y defender, ya que allí se formaban los mejores profesionales que a la vez iban a dar bríos a la ciudad. Esa relación, creo, ya se perdió desde hace muchos años.

En la actualidad en Arequipa funcionan casi una veintena de universidades; es decir, la oferta de la educación superior se ha ampliado. Hay para todos los sectores y para todos los bolsillos. Es más, la dinámica globalizadora permite hoy a los alumnos secundarios seguir estudios superiores en países del primer mundo, cosa que los padres ven cada vez con mayor complacencia. Si no es así, mínimamente hay la amplia disponibilidad de irse a Lima. En ese sentido, ?para quiénes ha quedado San Agustín? Creo que allí está el quid del asunto, pues sospecho que la UNSA se ha convertido en refugio del sector más marginal de la región. Lo peor es que tal marginalidad no sólo alcanza al sector estudiantil, son también al docente y administrativo.

Me parece que con esa base social interna y su referente externo, las tareas de la UNSA para reconquistar el posicionamiento que alguna vez tuvo, se multiplican. Obvio que el asunto se complica si es que a este análisis le sumamos el aspecto directriz o rectoral que, en los últimos años, ha estado en dudosas manos y que justamente es reflejo de esa marginalidad que hoy representa la UNSA; es decir, ni siquiera en sus mandos más altos San Agustín es reflejo de gente proba, sino de una indecencia que paraliza.

Mientras no empecemos a analizar estos asuntos, con miras al cambio, las ritualísticas huelgas agustinas seguirán ahondando su desprestigio y/o incrementando la indiferencia de una ciudad que poco o nada le importa qué le suceda a la que alguna vez fuera su gran universidad y que hoy es percibida como una más del montón.

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2 comentarios

  • Yo estudio en la UNSA y no siento pertenecer al sector mas marginal de la region.

  • Me han dicho de todo en la vida.. pero NUNCA ¡marginal¡… Te pasaste. Espero alguna disculpa.

    PD: Las labores "academicas" estuvieron aprox al 45% el dia de hoy pero los lugares de divertimento cercanos a la universidad estuvieron al 100%. (no encontre mesa en ninguno)

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