Lima

Lima es una ciudad hermosa, pero también una ciudad de mierda. Una urbe que representa una gran fracción del Perú y que claramente no es solo las fotos postales de la Costa Verde.

Lima es Lince con sus telos y las flores entre Tomas Guido e Ignacio Merino. Es Miraflores, los gatos del Parque Kennedy y los locales de Berlín. Lima es Ate Vitarte con su ejército de mototaxis. Es Santa Anita y es en específico cualquiera galería del Óvalo Santa Anita. Es SJL y caminar cuesta arriba por Mangomarca. Es una calle o un barrio o una esquina de VMT, El Agustino o SJM que quizá no llegaremos a conocer pero que tienen muchísimo que ofrecer.

Lima es un nuevo celular en Las Malvinas y un libro viejo en Amazonas. Es bajarse en la estación Canaval y Moreyra agarrando fuerte la mochila o la cartera. Es ver el mar desde el Parque Nazca y pasear a gusto en Larco con Benavides.

Lima es un emoliente antes de tomar el micro, es sentarse en la calle con una jonca de chelas, es jugar una pichanga en una losa cualquiera, es la cabina de internet de barrio o exasperarte por el tráfico en la Javier Prado. Es entrar a un mercado y que te digan consulte casero sin compromiso. Lima es mirarte y preguntar si quieres comer pollo a la brasa, y enrumbar viendo el cielo abúlico.

Pero Lima también es tener miedo de un asalto o robo. Es ser peatón y desconfiar hasta de los semáforos rojos. Es vivir o ver o convalidar la informalidad. Es la mirada cansada del tipo sentado apoyando la cabeza en la ventana del metropolitano. Es todas y cada una de nuestras taras. Es nuestro fracaso y también nuestro hartazgo.

Pero Lima, en su corazón, es la esperanza de un futuro mejor de los cientos de miles que migran y migraron de todas las regiones en busca de mejores oportunidades. Es insistir, es luchar mientras el cielo y el desierto nos dejen volver a intentar de nuevo.

Puntuación: 0 / Votos: 0

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *