Ser vampiro – Let The Right One In (2008)

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Let The Right One In es la historia de una identidad, o de la búsqueda de una. Sus protagonistas, a su modo, intentan conciliar sus disputas internas, sus temores, y hacerse con una versión favorable de ellos mismos. De todas formas, tanto Oskar como Eli, los jóvenes protagonistas de esta historia de vampiros, están en un limbo constante: seguir con su “destino” -Oskar como chico solitario y “raro”; Eli como vampiresa, villanesca y sedienta de sangre- o, influenciados por el otro, intentar encontrarse seguros con una nueva identidad. No es un viaje fácil, pero parece mejor con compañía. Filmada con sencillez, compasión y cuidado, la película de Thomas Alfredsson sabe cómo enganchar a su audiencia, someterla a un espiral de diversas emociones, relatarles una historia fantasmagórica, única, atrevida. Veamos cómo.

La clave del filme está en mostrarnos a personajes cualquiera, quebradizos, temerosos de sí mismos y su futuro. Oskar, pálido y de mirada triste, parece aceptar la soledad sin mucha queja. Vive junto a su madre en un complejo habitacional en las afueras de alguna ciudad sueca, sufre de abuso en el colegio por parte de matones y, en general no parece ser alguien que disfrute de su día a día. Eso es hasta que, casi por casualidad, da con Eli: extraña niña que, a su modo, parece tener más de un secreto. Al inicio, todo parte de lo platónico: miradas extraviadas en las frías noches, tímidas palabras compartidas, mucha deducción y pocas respuestas. Entonces, de a pocos, Eli y Oskar se dan cuenta de que no les queda otra opción que estar juntos. A través de esa confianza, cada uno aprenderá del otro, sobre todo Oskar, quien tendrá que aceptar escalofriantes detalles sobre la vida de su nueva amiga.

El film de Thomas Alfredsson es pionero de una nueva forma de hacer cine de horror: reconstruir historias del pasado a través de la fábula moderna. En una tradición que ya incluye clásicos modernos como Border (2018), The Badabook (2014), The Witch (2015) y Get Out (2017), la idea siempre es la misma. Reinventar paradigmas de horror tradicionales -brujas, casas encantadas, espíritus y monstruos de cuentos para niños- y darles un enfoque distinto, contemporáneo, mucho más social, si la palabra es adecuada, mucho más comprometida con el contexto que se cuenta. Si The Badabook lidiaba con el duelo y la depresión, The Witch con los dramas familiares y Get Out con las disputas raciales, Let The Right One In se encarga de la soledad y la adolescencia. Seamos claros: pocos períodos en nuestra vida son tan tumultuosos y sufridos como esta. Pensemos, si no, en los ritos de pasaje que implica hacerse hombre, sobre todo en Oskar. Ser hombre es ser valiente, enfrentarse a los miedos, mostrar iniciativa y, con ella, hacer algo de valor. Oskar no puede hacerlo solo. Por eso, necesita de Eli. Eli, desde su actitud paciente y misteriosa, funge de la voz de la razón. Emite observaciones directas, francas, obvias. Aún así, son importantes. No es la persona más experta ni mucho menos, pero es alguien a quien Oskar jamás ha tenido. Eso ya lo vale.

Lo mismo sucede con Eli. Su situación, guardando las distancias, se parece a la de cualquiera en su lugar. Tiene que lidiar con ser mujer. Con independizarse. Su relación con la sangre podría servir como una alegoría a la llegada de la menstruación y la adultez. Quizás no. De todas formas, la sangre sigue siendo su razón de estigma. Para sobrevivir, la necesita. No quiere hacer daño -al menos, no cuando está consciente- pero no le queda otra. Es su subsistencia. Estamos ante un dilema moral de grandes proporciones. Sobrevivir y matar o simplemente morir. Eli tiene que aceptarlo, aun con su edad (o apariencia) juvenil.  Incluso si tuviese mayor edad, en el fondo -y cuando sufre- sigue siendo una niña, con todo lo que eso significa. Por lo que vemos, también Eli necesita de Oskar. No solo debido a su condición material -necesita que le ayude a conseguir la sangre- sino porque, en el fondo, necesita de alguien que la consuele en el proceso. Es a través del dolor, del acercamiento y de la compasión, que algo nace entre ambos: una relación sincera, si queremos llamarla así, de las pocas que hay. La amistad puede ser lo más fuerte, porque se trata de un vínculo que es voluntario, que se mide en el tiempo, cuyas reglas se acuerdan. Algo que vale la pena.

El filme tiene un lado didáctico. La forma en que Alfredsson filma su historia es contemplativa, meticulosa, en la que la acción tarda en llegar. Debe ser así. Es, entonces, una historia de silencios. Una historia minimalista, a ratos simplona. Por momentos, la película ofrece poco qué ver. Pero es solo el principio. Conforme avanza el film, Alfredsson nos revela su inusitada belleza. De a pocos, de la misma forma en que Oskar y Eli se acercan y aumenta la intimidad entre ambos, también la pantalla empieza a mostrarse sin temor. Dentro de los fríos páramos suecos, parece existir algo valioso, algo en esos primeros planos de Eli y Oskar, en el contraste de rojo sangre con lo pálido de la piel sajona y la nieve que lo cubre todo. Sin colores saturados, pero con una fotografía pulcra y cuidada, parece como si los personajes viviesen en un mundo paralelo, mundo de cuento, que parece incluir todo tipo de sorpresas. Tanto Eli como Oskar, personajes de pocas palabras, transmiten mucho más con la mirada, con el silencio, como si la imagen pudiese ser la única forma de codificar sus tribulaciones. No es, entonces, un horror elegante (gótico) o grosero (gore). Tan solo es un horror realista, compuesto de episodios cotidianos, filmados con simpleza. Tal vez así le sea más sencillo a la audiencia identificarse con lo que ve en la pantalla. Bueno. Es una posibilidad.

La audiencia necesita estar involucrada, sobre todo en las escenas de mayor tensión y controversia. Por momentos, Let The Right One In parece no comprometerse moralmente con sus personajes. ¿Debería Oskar utilizar la violencia para defenderse? ¿Resulta legítimo que se vuelva el protector de Eli, con todos los riesgos que ello implica? ¿Debería Eli continuar con su cacería de sangre sin culpa o aceptar que su subsistencia viene con un costo moral casi impagable? Los personajes no hacen tantos esfuerzos por absolver tales interrogantes. Tan solo, hacen lo que pueden. Viven del día a día. Pensemos, si no, en el personaje del cuidante, el supuesto “padre” de Eli. Nunca queda claro cuál es el tipo de relación que mantienen: no queda caro en dónde se traza a jerarquía, que tipo de acuerdo mantienen y que es lo que eso significa. Él lo sufre. Lo vemos  asumir su acuerdo con dolor, con cierta melancolía, como queriendo zafarse sin importar qué. Parece que quiere ser atrapado. Nuevamente, cuestión de identidad: él ya no sabe si la tiene. Y nuevamente, el vínculo: cuando su vínculo con Ella comienza a desgastarse -y él parece dispuesto a ponerse en riesgo solo para romperlo- las cosas parecen complicarse. Oskar parece la opción más relevante. La única. 

Let The Right One In tiene mucho qué decir. Su propio título lo va adelanta: the right one in; solo la persona correcta puede entrar en la vida de otro. Se aprecia la lección. Se le encuentra valor, honestidad. Encontramos un testimonio de amistad, con idas y venidas, con numerosos temores, pero que vale la pena. Han pasado más de 10 años, ha habido hasta un remake, pero el valor de Let The Right One In se mantiene. Hizo mucho. Comenzó con un nuevo cine de horror, un horror comprometido con los personajes que presenta, que los desarrolla, los acerca la audiencia; que fuerza al público a preocuparse por su bienestar.

Horror que sana.

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Acerca del autor

Anselmi

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