¡Feliz Navidad!

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¡FELIZ NAVIDAD!

La familia de Yanapayles desea lo mejor para estas fiestas, indistintamente que estos meses hayan sido duros o fructíferos, hoy nos toca celebrar nuestra vida, el amor y la paz.

Sigamos buscando nuestra felicidad, la tranquilidad que merecemos que poco a poquito, llegamos lejos y, de necesitar ayuda, para eso estamos.

¡Que la felicidad nos encuentre y no nos suelte nunca!

Un abrazo grande a todos.

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¿Qué le ocurre a tu hijo cuando le gritas y/o pegas?

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A raíz de la aparición de la pandemia y posterior confinamiento, estamos viendo niveles más altos de “dureza paterna” hacia la corrección de conductas o, simplemente hacia la convivencia diaria con  los chicos.

Por otro lado, es cierto que la conducta de ellos tampoco ha sido la más regulada del mundo; a pesar de ello, hay que recordar que nosotros somos los adultos, los que si podemos regularnos y estamos ahí para guiarlos, no para tener respuestas así de inarmónicas como ellos podrían tenerlas. Es nuestro deber ser sus maestros en cuanto a regulación, tolerancia, manejo de situaciones difíciles y un largo etcétera, eso jamás se aprenderá en el colegio, sólo en nuestras casas.

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¿Por qué no ceder ante los antojos de tus hijos?

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Si bien, en estos días complejos, nuestra economía hace más “sencillo” decidir qué obsequiar y que no, nos debe quedar claro que hay un motivo más importante para no darle a los chicos todo lo que piden. Es ayudarlos en su proceso de crecimiento, de maduración, consiguiendo así que entiendan que los padres, el mundo, no están hechos sólo para satisfacer sus necesidades inmediatas que, en realidad, no son verdaderas necesidades.

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Salud mental en los niños y adolescentes.

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Muchos de nosotros creemos entender a qué nos referimos cuando hablamos de salud mental, de hecho, la mayoría tenemos una idea general de ella, que va a en función a nuestras creencias, historia de vida y entorno; pero honestamente, las ideas generales no nos llevan a entender realmente el significado de salud mental y todo lo que implica. Entonces, ¿qué es salud mental?

La salud mental incluye una amplia gama de actividades que van a impactar directamente sobre nuestro bienestar mental, que incluyen la prevención de trastornos mentales y el tratamiento de los mismos; así como buscar estilos de vida que nos lleven a sentirnos plenos y felices.

Ahora, en la infancia y/o adolescencia, la salud mental implica alcanzar los indicadores esperados de desarrollo y de orden emocional, el aprendizaje de habilidades sociales y maneras adecuadas de enfrentar los problemas que puedan presentarse. Los niños que son mentalmente sanos tienen calidad de vida y pueden desempeñarse bien en el hogar, la escuela y su comunidad.

Por otro lado, lo que ha ocurrido este último año, el que los chicos hayan tenido que dejar de lado sus rutinas, hayan dejado de compartir con sus pares y demás adultos, y vivir probablemente, con cierto temor hacia algo que no pueden entender del todo; es probable que haya desencadenado en ellos pensamientos y sentimientos que seguramente afectaron su salud mental. Con esto no quiero decir que se hayan disparado los trastornos mentales en ellos (en su gran mayoría, no), pero si partimos del hecho que la falta de salud mental está altamente relacionada con situaciones que generan eventos y sensaciones que no llevan a la felicidad; y si estas se prolongan por cierto tiempo, pues … definitivamente el confinamiento afectó la salud mental de nuestros chicos. ¿En qué medida? Pues esa es una respuesta que sólo nosotros sabemos.

 ¿Qué son los trastornos mentales infantiles?

Son cambios serios en el performance de los niños, en su manera habitual de relacionarse, aprender y manejar emociones, causando angustia y problemas en el día a día. A veces muchos niños tienen temores, preocupaciones o problemas de comportamiento; cuando los síntomas son persistentes o extremos, causando infelicidad en los niños, así como serios problemas en la casa, el colegio, los amigos el entorno en general, puede que reciban el diagnóstico de trastorno mental.

Los trastornos mentales son afecciones crónicas, es decir que duran mucho tiempo y que, a menudo, nunca desaparecen por completo. Con un diagnóstico y tratamiento temprano, los niños con trastornos mentales pueden llevar una vida esperable y sin dificultades.

 ¿Qué características muestran los niños con trastornos mentales?

Estas características pueden ser muy variadas, van cambiando con el tiempo y están en función a la etapa de desarrollo en la que se encuentre el niño o adolescente. Con los adolescentes puede hacer un poco más complejo de analizar el caso, de “ver”, pues sabemos que en este periodo es esperable que los chicos puedan tener conductas erráticas o inestables porque, naturalmente atraviesan una etapa de cierto desajuste emocional. Es aquí donde la presencia del profesional externo es vital.
Por lo general, incluyen dificultades en la manera de jugar, aprender, hablar y actuar; así como la manera en que plasman sus emociones.

Cabe señalar que muchos de estos trastornos suelen presentarse a la llegada de la adolescencia (debido a los cambios hormonales propios de esta etapa), pero también algunos hacen su aparición en la infancia; incluso podría ser durante los primeros años.

Aquí compartimos una pequeña lista de algunas características, pero OJO, leyendo y memorizando esta lista no quiere decir que  nos convertimos en “expertos en diagnóstico de salud mental infanto- juvenil”, NO; pero si quizá nos puede dar un poco más de pautas de “qué ver” en nuestros hijos.

  • Tristeza persistente por dos o más semanas.
  • Poco o nulo interés por las interacciones sociales. Se pueden iniciar incluso, para luego  dejarlas sin motivo aparente.
  • Herirse a sí mismo o hablar de hacerlo.
  • Hablar de muerte o suicidio.
  • Arrebatos o irritabilidad extrema. Que quede claro, la diferencia entre una pataleta y cuándo la conducta es marcadamente oposicionista o disruptiva.
  • Comportamiento fuera de control que puede ser perjudicial para los propios niños.
  • Cambios drásticos de humor, comportamiento o personalidad. OJO, no confundir con el juego imaginativo de los niños, esta característica debe ser observada en distintos contextos, ninguno de ellos de tipo lúdico.
  • Cambios en los hábitos alimenticios. Pérdida de peso.
  • Dificultad para dormir, les cuesta conciliar el sueño, no lo logra o presenta pesadillas recurrentes.
  • Frecuentes dolores de cabeza o de estómago.
  • Dificultad para concentrarse y cumplir con los requerimientos escolares. Desencadenan cambios en el rendimiento académico.
  • En tiempos donde la asistencia al colegio es masiva, evitan o buscan faltar a la escuela.

Nuevamente hacemos hincapié en que el diagnóstico lo hace únicamente un profesional certificado, en este caso, los psicólogos clínicos podemos ver indicadores claros de la presencia de algún trastorno de este orden, los cuales serán ratificados por el psiquiatra pediátrico y/o neuro pediatra, de ser el caso. El diagnóstico se hace a menudo durante los primeros años escolares y, a veces antes, de acuerdo a la severidad del caso. Sin embargo, es posible que algunos niños no sean diagnosticados, o reciban una valoración psicológica incorrecta, lo cual valgan verdades es bastante frecuente. Esto no sólo somete a los niños a sufrimiento innecesario, sino también a la familia, a todo el entorno de desarrollo del niño y, penosamente, recrudece el pronóstico.

¿Cuáles son algunos de estos trastornos?

Lastimosamente, la lista de trastornos mentales que aparecen durante la niñez y/o adolescencia no es corta. De acuerdo a la quinta edición del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM V), en base al cual se establecen los criterios de diagnóstico, se aprecian algunos de ellos:

  • Ansiedad.
  • Depresión.
  • Trastornos del neurodesarrollo.
  • Trastornos del ánimo.
  • Trastornos relacionados con factores de estrés.
  • Trastornos del control de impulsos y conductas disruptivas.
  • Trastorno oposicionista desafiante.
  • Trastornos neurocognitivos.
  • Trastorno obsesivo-compulsivo
  • Etcétera.

Detenernos en cada trastorno, más allá de convertir a este post en interminable, correríamos el riesgo de no abordar cada tema con la seriedad del caso; es por ello que hablaremos de estos trastornos de manera individual en próximas entregas.

¿Se pueden tratar estos trastornos?

Claro que sí, estos pueden ser tratados y controlados. Muchas veces es necesario el uso de psicofármacos y, de manera paralela, psicoterapia, tanto para el niño como para la familia, pues estos últimos tienen que aprender a convivir con un niño o adolescente con ciertas necesidades y requerimientos particulares. Insisto que es vital la participación de la familia en el proceso de intervención, de igual manera, los demás adultos que se encuentren cercanos al paciente, como maestros, terapeutas, etcétera,  tienen que formar parte de este proceso.

Es importantísimo recalcar que el diagnóstico temprano, así como servicios adecuados para los niños y sus familias, pueden lograr un cambio positivo en la vida de los menores con trastornos mentales, así como en su entorno.

De notar en tu niño y/o adolescente alguna conducta o manera de reaccionar que te llame la atención, o sea considera muy diferente a las reacciones de chicos de su misma edad y grado, es necesario buscar la ayuda profesional, pues como ya lo comentamos antes, el no acceder a intervención adecuada, no sólo genera infelicidad y sufrimiento en el niño y la familia; sino también atenta al bienestar que, por ley, todo menor debe acceder.

Recomendaciones para fomentar la salud mental en niños y/o adolescentes.

Tomando en cuenta que siempre será infinitamente mejor prevenir que lamentar, aquí les comparto una lista de actividades y recomendaciones para hacer con nuestros hijos y así, tratar de evitar dolor y padecimiento a futuro; pero también es necesario saber que en algunos casos, la aparición de algunos trastornos será casi inminente.

En estos casos, hay que tener claro que la severidad de cada caso, estará en función a las características particulares de cada uno, lo que incluye la salud mental de la familia, o algún padre en particular. Además, es real también que hay entornos que enferman, como también los hay aquellos que sanan y palían posibles dificultades. 

  • Establece vínculos sólidos con tus hijos desde muy pequeños, juega con ellos, léeles cuentos, canta canciones, etcétera. Realiza actividades que sean divertidas y les permita compartir. Esto hará que se sientan amados y aceptados.
  • Reconoce cuando tu hijo, indistintamente la edad que tenga, haya hecho una buena acción, diciéndole lo orgulloso que te sientes de él o ella.
  • Intenta eliminar el uso de cualquier medio electrónico durante la hora de comida o momento de compartir. Es importante que aprenda a valorar desde pequeños que esos espacios de participación con los padres, como por ejemplo la hora de la comida, son para hablar y sentirse a gusto con la familia. Con esto conseguimos que desarrollen sentido de pertenencia.
  • Limita el tiempo de acceso a electrónicos, por ejemplo en la habitación. La televisión no es niñera; además hay muchas investigaciones que han demostrado el impacto negativo que tienen las pantallas en algunos procesos mentales, incluso en el sueño, el cual tiene que ser el adecuado y reparador para la edad del niño.
  • Compartir con chicos de su misma edad, siempre supervisados por un adulto.
  • Escucha a tu hijo o hija y razona con él o ella; pero claro, dando explicaciones que sabemos que están listos para entender. A veces a los pequeños les damos grandes explicaciones de situaciones que no están aún capacitados para interiorizar, y terminamos “mareándolos” con tantas palabras, llevándolos a mostrar frustración (y nosotros también).
  • Ayúdalo a sentirse bien acerca de sí mismo, es necesario prestar atención a lo que dice, piensa y siente. En función a ello, no sólo será más sencillo regular su conducta, sino también sus emociones, como la felicidad, tristeza, enojo, etcétera. En el caso del enojo, enséñale a canalizar estos sentimientos sin comportamientos destructivos, como romper juguetes o pegarle a alguien.
  • Esfuérzate por ser ejemplo. Evita tener discusiones y reacciones que no quieras que tus hijos copien. Sé consciente que hay un tiempo para hablar o argumentar entre adultos y, sobre todo, no lo hagas enfrente de ellos, o hables de ellos, esto herirá sus sentimientos.
  • Asegúrale un ambiente escolar positivo y seguro. La noción de autoridad, reglas de convivencia y regulación de conducta aprendidas en casa, se verán también plasmadas en el ambiente escolar. Por lo general, cuando en casa estas no han sido instauradas adecuadamente, es muy probable que ocurra lo mismo en el aula.
  • Ayudarlos a que desarrollen habilidades sociales, que aprendan a solucionar problemas y conflictos. En la medida que se sientan exitosos en estas áreas, no sólo se sentirán más seguros de sí, sino también, reforzarán aún más comportamientos positivos y buscarán repetirlos.
  • Fomentar la salud física, la cual respalda una buena salud mental. Establecer hábitos alimenticios saludables, hacer ejercicio regularmente y marcar pautas de descanso adecuadas, protegen a los niños contra el estrés de las situaciones difíciles. El ejercicio también ayuda a reducir algunas emociones negativas.

Lic. Katherinne Roncal Soto
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Día internacional de las personas con discapacidad

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Una vez escuché a un papá decir que la dificultad de su niño le sirvió para darse cuenta de su real naturaleza, “de qué madera estaba hecho”.

Eso me marcó y me hizo terminar de entender que todo es cuestión de cómo valoras la vida, de la fuerza y empuje tengas en ella. Todo es lucha y a veces, efectivamente, nos toca labor intensa; pero de eso se tratar vivir, eso nos fortalece y hace que veamos el mundo con otros ojos, más reales y de amor.

Lindo día para todos y si tenemos cerca a alguien con dificultades, no lo tratemos como “problema”, sino como posibilidad."</p

 

¿Qué hacer cuando una emoción negativa nos embarga?

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¿Debo hablar con mis hijos sobre lo que nos está pasando como sociedad?

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Estamos viviendo tiempos convulsionados, llenos de emociones encontradas, que incluso hacen que revalidemos nuestras convicciones y/o creencias en general, ¿Qué está bien? ¿Qué está mal? ¿Qué debo cambiar? ¿Por qué debo luchar?, etcétera.

Estamos frente a una “revolución”, que nos “pone en jaque”, que nos impulsa y modifica, llevándonos a ver nuestro mundo inmediato de  manera diferente, con más “garra” y responsabilidad. Si genera estos cambios en nosotros, se imaginan ¿qué puede estar ocurriendo con nuestros chicos? .

Por ello, es sumamente importante explicar a nuestros hijos, sean niños y/o adolescentes lo que está ocurriendo, así como el motivo y las acciones que se toman para llegar a soluciones; pero sin quedarnos únicamente en el problema ni en lamentos. Recordemos que el objetivo no es sólo aclararles el panorama de lo que ven, sino también darles tranquilidad, que sepan que “los adultos nos hacemos cargo”, lo cual se va consiguiendo, pasito a pasito. Asimismo, hacerles saber que es muy normal que puedan sentir frustración, cólera quizá, temor posiblemente y una gama más amplia de emociones, que lo importante aquí es transformar esas sensaciones poco agradables, en motivadoras e impulsoras de cambio.

Obviamente, también tenemos que atender estas dudas y necesidades emocionales que vayan surgiendo; esto no sólo los ayudará en la coyuntura actual, sino también hará que vayamos formándolos en el entendimiento de situaciones complejas del mundo, como de sí mismos, en el manejo emocional de sentimientos poco armónicos que, la verdad, son usuales en el mundo adulto.

Hay que recordar que al hacerlo debemos ser bastante cuidadosos, no sólo con el contenido de la información que vamos a compartir con ellos, sino también la manera en que lo vamos a comunicar y el lenguaje a usar; de tal manera que realmente entiendan lo que acontece, y no generar mayor confusión y malestar en ellos.
Al momento de hacerlo, también, es necesario que nosotros estemos convencidos que realmente hay solución, que no hay espacio para el temor y que, poco a poco, se van encontrando salidas. Así también, es sumamente importante no explicar la situación en función a “buenos” ni “malos”, pues esto no es un cuento, es la vida misma. 

Obviamente la decisión de compartir o no lo que ocurre es decisión de cada uno, de cada familia. A pesar de ello, consideramos importante que es buen momento para compartir con nuestros hijos, que se nos vienen tiempos de cambio, y debemos estar preparados  para enfrentarlos con el mejor de los ánimos, la mayor de las esperanzas y fuerza, aquello que nos ayude a vivir en un mundo mejor. Aprovechando esta situación, es buena idea, además, conversar con ellos sobre las ideas que tienen sobre lo correcto, la moral, lo adecuado y la manera de conducir de los demás. Seguramente nos llevaremos grandes sorpresas. 

En todo caso, de no tener idea cómo poder explicarle a los chicos la coyuntura actual o, de habernos impactado a nosotros de tal manera, que nos deja sin “armas” para ello, te sugiero que te comuniques con nosotros, que podemos ayudarte.

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Manejo del Duelo en tiempos de pandemia.

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Este tema, sobre todo en tiempos como estos, resulta complejo y doloroso, pues nos hace recordar que todavía no podemos sentirnos seguros, ya que aún no tenemos garantizada la vida, la salud ni el bienestar en general. Además, hemos estado expuestos últimamente a tantos momentos dolorosos de pérdidas que nos desarticulan y, la verdad, no sabemos cómo reaccionar.

Primero tenemos que aclarar qué es duelo. Solemos pensar que duelo es la pérdida de un ser amado, cuando en realidad, el concepto va mucho más allá. Se refiere a la pérdida, ¿de qué? De TODO, que nos genera dolor, rabia, miedo, soledad, desesperanza, perdiendo muchas veces la capacidad de tomar decisiones, y demás sentimientos que consideramos negativos.

Entonces, definimos Duelo, como el proceso psicológico que atravesamos a lo largo de la vida, así como diversas pérdidas que sufrimos en ella. Puede ser, efectivamente, que se refiera al fallecimiento de miembros de nuestra familia, el alejamiento de la pareja, el ya no contar con nuestros seres queridos como era antes, discusiones con amigos que generen reales alejamientos. También pueden ser  otro tipo de pérdidas, como podría ser el trabajo, la salud que se pierde, el dinero y, por lo tanto, nuestro estilo de vida, beneficios de algún tipo, y un largo etcétera.

Lo peor que podemos hacer es resignarnos ante el dolor (eso es como si nos dejáramos morir), hay que reasignar esa pena y transformarla en combustible que ayude a continuar. Cargar con el sentimiento de la pérdida es algo así como cargar en la espalda un saco de carbón, pesa , hace heridas al contacto, hasta que nos damos cuenta que ese carbón podemos usarlo como combustible, que si lo quemamos, puedo avanzar más rápido que sólo llevarlo en la espalda.

Es cierto que, a veces nos invade la idea “Por qué a mí que soy bueno, y a él no que es tan malo”. Hay que entender que las cosas no nos pasan porque sean premios o castigos en la vida, todos somos mortales, todos somos propensos a morir, porque así es la biología. Lo mismo con las otras pérdidas que comentamos líneas arriba, donde tenemos muy pocas cosas seguras. Tenemos que ser conscientes que nuestra vida puede cambiar en un minuto, por eso, lo mejor que podemos hacer es cuidarnos y, si nos enfrentamos a un cambio radical, a una pérdida, lo mejor por hacer es no culpar a nadie, pues nadie buscó esa situación de manera deliberada; debe quedar claro que la vida no se empeña en hacernos daño, son sólo hechos fortuitos y, a veces, desafortunados.

Por otro lado, la pérdida o el dolor ante el duelo nos genera estrés, y las personas no reaccionamos de la misma manera ante el estrés; por ello, no podemos decir que existe una única manera de manejar este dolor. A pesar de ello, se establecieron estas  5 etapas:

  1. Negación. Es cuando tratamos de “amortiguar el golpe” y negamos el impacto que ha tenido la pérdida en nosotros. Aquí, mientras más lejos estemos de la realidad y de entender la pérdida como tal, más tiempo nos tomará entender el dolor emocional causado por la pérdida.
  2. Ira. En esta etapa aparecen la rabia y el resentimiento, pasamos la mayor parte de nuestro tiempo buscando responsables o culpables. También, durante este tiempo, entendemos que la pérdida es irreversible, lo cual genera más dolor. Esa rabia solemos proyectarla, no solo con nosotros mismos, sino en nuestro entorno.
  3. Negociación. Aquí tratamos de estar en control de lo que pasa, a veces fantaseamos que podemos evitar el suceso, como cuando se le pide a Dios que nos ayude, o hacemos promesas para que el duelo no se dé. Esta etapa es corta porque no encaja con la realidad, y puede darse antes que el duelo ocurra en verdad.
  4. Depresión. Nos invade la tristeza y sensación de vacío, no hablamos de depresión clínica (el trastorno de salud mental), pero sí de no manejar la situación de manera adecuada. Podría llevarnos a presentar crisis existencial: “para qué me quedo aquí, sola(o) si ya no está”. Aquí lo difícil no sólo aceptar la ausencia, sino también entender que la vida que nos queda por recorrer está definida por esa ausencia. Es normal que nos aislemos más, que nos sintamos cansados, que pensemos que no podemos salir de ese estado de tristeza y melancolía.
    Esta etapa suele durar más tiempo, es la que nos impacta más, pues nos toca lidiar con la realidad. A veces, el dolor nos bloquea y no nos permite entender lo que ocurre, o ver el mundo como realmente es. Es la etapa más peligrosa.
  5. Aceptación. Se acepta la pérdida, la ausencia del ser querido, o de eso importante que ya no está con nosotros. Si bien la tristeza se mantiene porque el recuerdo de los episodios tristes no desaparecen, al recordar lo ocurrido ya no genera dolor. Al principio, si bien nos sentimos más aliviados y ya no presentamos sentimientos intensos, tampoco sentimos felicidad ni tranquilidad; esa va llegando de manera paulatina, hasta regresar a la “normalidad”. Aprendemos a convivir con el dolor, sin que genere mayor dolor.

Cabe señalar que no todos tenemos que pasar necesariamente por estas etapas, ni tampoco en ese orden específico, pero al menos debemos llegar a la última de ellas. Se espera que el duelo se termine de superar en aproximadamente un año, es decir, que transitemos por las etapas que sean necesarias en ese lapso de tiempo.

Muchos de nosotros nos hemos enfrentado a la pérdida de un ser querido, el cual no hemos tenido la oportunidad de despedirlo de la manera que seguramente hubiésemos deseado; es más, en muchos casos, no pudimos, siquiera, dar el último adiós. Eso complica más el proceso de duelo, se torna más doloroso e, incluso, podría volverse traumático y/o patológico. Podría originar que nos estanquemos en alguna de las etapas que mencionamos antes, por ejemplo en negación y nos bloquee por completo, haciendo que no podamos seguir la vida como siempre, que no consigamos integrarnos a nuestra vida pasada.

¿Cómo ayudarnos ante un duelo complicado?

  • Es necesario que dejemos fluir las emociones que nos embargan, no “hacernos los valientes”. Es normal sufrir, es normal que duela muchísimo y que sintamos que se nos parte el alma. Tenemos que permitirnos “estar mal”, aflorando las emociones dolorosas.
  • Es importante hablar de lo que sentimos (las palabras son mágicas, siempre), puede ser con personas cercanas, con algunos miembros de la familia, con alguien de nuestra confianza y que sabemos que nos brindará soporte emocional.
  • También nos ayuda “compartir” con el fallecido, desde abrazar su foto, usar su ropa, su perfume, etcétera, es una manera de sentirnos cerca y lidiar con el dolor. Eso podemos hacerlo mientras nos preparamos y aprendemos a vivir con la ausencia de la persona.
  • Una opción, sobre todo ahora que esta situación de la covid 19 no nos ha permitido despedirnos de la manera que quisiéramos y necesitamos, es hacer una carta de despedida. Puede ser en un momento y espacio privado, donde nos permitimos mostrar nuestro dolor, algo así como si tuviésemos una cita con esa persona, y ahí le decimos todo lo que nos sale del corazón, aquello que hubiésemos querido decirle como despedida. Seguramente una sola carta será insuficiente, se podrá hacer las que sean necesarias.
  • También se pueden hacer cartas como quien narra la historia que tuviste con esa persona, lo que compartieron, lo que sentían el uno por el otro, la historia de vida en común. Esto ayudará, no sólo para que afloren todas las emociones que podríamos tener guardadas, sino también para que se ejercite la memoria. Hay que tener en cuenta que la memoria es la herramienta que nos ayudará a que nuestros seres queridos siempre se “mantengan” en nuestro recuerdo, con nosotros.
  • Algunas personas, cuando se sienten tristes, tratan de alejarse, incluso de no recibir apoyo de otros, esa es la peor decisión, pues es como si nosotros mismos escogiéremos enfrentar el peor momento de nuestras vidas, solos, por nuestra cuenta. Es necesario recibir el cuidado, cariño y afecto de los demás, alguien que nos brinde la opción de conversar, pero no sólo para hablar de lo doloroso, sino también de cosas positivas, incluso permitirnos reír, de darse el caso.
  • Ayudaría también que, en casa podamos darle un último adiós, esto además de brindarnos paz, también nos ayuda a sentirnos tranquilos de estar haciendo algo que, seguramente, alegraría a esa persona que ya no está.  Desde prender una vela, incienso, tocarle una canción, prepararle la comida que más le gustaba, leerle algo, etcétera.
  • Con este tema del duelo, a veces pensamos que ya no hay salida, que estamos perdidos y no tenemos opción de sentirnos bien. Ojo que, aunque a veces no lo parezca, siempre hay salida, hay luz al final del túnel, pues llega un momento donde el dolor se vuelve entendible, manejable, consiguiendo vivir con esa pena sin que nos genere más dolor emocional.
  • Es cierto también que por más que nos esforcemos, el dolor no cesa, llevándonos a sentir desesperación y desamparo. Es en esos casos, es necesario buscar ayuda psicológica profesional, pues en ocasiones, por más que lo intentemos, nuestro esfuerzo no es suficiente. Si este pesar no se atiende de manera adecuada, puede generar en nosotros desde trastornos de ansiedad, depresión, estrés post traumático, somatizaciones, pérdida del sentido de la vida, hipersensibilidad, irritabilidad, trastornos de la alimentación, adicciones y un sinfín de problemas.

    Recordemos que cuidar nuestra salud mental, no sólo nos permite continuar “en la carrera”, sino vivir bien.

    Lic. Katherinne Roncal Soto
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Problemas en la pareja ¿Todo se acabó?

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Hasta cierto punto, es esperable que todas las parejas tengan conflictos,  y eso no es malo, pues los problemas de pareja son algo normal e inevitable. Estos problemas exigen de cada uno lo mejor de sí para poder seguir adelante.

Estos se originan del simple hecho de que toda pareja está conformada por dos personas que, a pesar de tener cosas en común, en esencia son diferentes (puntos de vista, pasado, modos de ser, actitudes, etcétera); si bien estas diferencias forman parte de la riqueza de una pareja, también son fuente directa de ellas mismas. Es así que toda pareja vive el reto de saber convivir con estos aspectos contrarios, sin acabar menospreciando o descalificando el mundo del otro. Este reto forma parte, también, de lo que entendemos por “amor”; es decir, amar a alguien implica ser capaces de convivir con las diferencias, sin tener la necesidad de imponer un punto vista, o desvalorizar a la pareja. También es necesario subrayar que, el bienestar de una pareja depende de saber manejar adecuadamente los retos que suponen el ser distintos, así como los problemas que surgen de la convivencia.

¿Es la incompatibilidad causa de los conflictos de pareja?

Las diferencias de cada uno en una relación de pareja no significan incompatibilidad, por el contrario, la incompatibilidad en una pareja es más bien la incapacidad o indisposición de uno, o de ambos, para asimilar y saber convivir con las diferencias del otro. El reto de toda pareja es hacer coexistir la diferencia de dos modos de vivir necesariamente diferentes. Lograr esto no es nada sencillo, generando muchas veces problemas en la pareja. No se trata de que una pareja no tenga conflictos, se trata por un lado de que estos conflictos no se salgan de control, y amenacen con romper la relación; y por otro lado, aprender y crecer de manera personal como de a dos. A esto nos referimos cuando afirmamos que los conflictos de pareja no son del todo malo.

Podríamos decir que existen problemas de pareja que son necesarios, y problemas de pareja  innecesarios. Los problemas de pareja necesarios tienen que ver con las dificultades que surgen naturalmente del reto de aprender a convivir con los modos de ser diferentes, y los problemas de pareja innecesarios se referirían a incapacidades, indisposiciones, impotencia de uno o de ambos, para lidiar adecuadamente con este reto. Los conflictos de pareja innecesarios, entonces, tienen que ver con un mal manejo de las diferencias presentes, necesariamente, dentro de una relación.

Los problemas de pareja confrontan a cada uno con sus propios demonios.

Por otro lado, los conflictos dentro de la unión también están ligados con aspectos “negativos”, con “imperfecciones” dentro de la relación, o quizá heridas abiertas, problemas no resueltos que se vienen arrastrando desde la infancia. Esto, evidentemente, vuelve considerablemente complejo y difícil el reto del que hablábamos, de lograr una convivencia plena de los modos de ser diferentes dentro de una relación.

Justamente, uno de los factores por los cuales los conflictos de pareja pueden complicarse y generar crisis, están relacionados a nuestras características y/o problemas individuales no resueltos, anteriores a la relación, que incluso es probable que vengamos arrastrando de nuestra propia infancia, de nuestro pasado. Es por este motivo que las dificultades en una relación de pareja pueden ser complejas e intensas, pues confrontan a cada uno en la relación, a sus “propios demonios”, porque hace salir a flote problemas no resueltos que, de otra manera (fuera de una relación de intimidad y de confianza) no saldrían.

¿Cuáles suelen ser los motivos de discusión dentro de la pareja?

Pueden ser muchas y variadas las razones por las que las parejas discuten o tienen dificultades. Entre ellas:

  • Celos, desconfianza.
  • Manejo del dinero o problemas económicos.
  • Trabajo, problemas para conseguirlo o trabajo en exceso que genera estrés.
  • Enfermedades (físicas o mentales).
  • Repartición de tareas.
  • Infidelidad.
  • La familia, dificultad de poner límites a la familia extensa (suegros, hermanos, etc.).
  • Falta de deseo sexual u otros problemas sexuales.
  • Eventos traumáticos.
  • Sentimiento de no ser comprendido.
  • Dificultad en tolerar las características poco armónicas del otro.
  • Sentimiento de dar más de lo que se recibe.
  • Sentimiento de ser desplazado o no ser tomado en cuenta, de que la relación no es prioridad para la contraparte.
  • Comunicación inadecuada.

Los problemas de pareja permiten crecer y fortalecer tus debilidades.

Como ya lo vimos líneas arriba, si un miembro de la pareja (o ambos) mantiene (n) “heridas abiertas del pasado”, es más que probable que genere conflictos en la relación. Por ejemplo, si María arrastra problemas no resueltos de su infancia, donde sus padres no le dieron la atención y el afecto que necesitó de pequeña, es muy probable que esa atención que no tuvo de niña, ahora demande en su pareja Juan (probablemente con el mismo ímpetu como si fuese niña otra vez), llevándola, seguramente, a tratar de controlar e invadir el espacio personal de Juan, haciendo que él le reclame constantemente lo “intensa” que puede ser e, incluso, lo sofocante que puede llegar a comportarse en algunas circunstancias. Es así, que en la medida que maría no haya resuelto este dolor del pasado de manera adecuada, entenderá el deseo de  su pareja Juan por tener su espacio y su privacidad, como muestras de desamor y desatención, pues ella buscará ser siempre el centro de atención de Juan, cuando sabemos que eso no es correcto. Las discusiones provenientes de este conflicto, probablemente, revivirán las heridas abiertas que María trae, llevándola a hacer preguntas constantes y querer controlar a Juan día a día. A su vez, esta conducta activará en Juan el deseo de “protegerse”, es decir, distanciarse, pues sentiría que su espacio vital se ve amenazado.

Esta dinámica está presente, en mayor o menor medida, en todas las relaciones de pareja importantes. Lo que sucede es que existe una especie de “reciprocidad” entre las debilidades de cada uno en una relación; es decir, que las personas no solo se atraen por aspectos positivos, como la belleza, la inteligencia, etcétera; sino también se atraen debido a aspectos negativos. Los problemas no resueltos, por ejemplo, forman parte de las razones por las que dos personas se atraen y se unen. Esto tiene que incluirse en la concepción que tenemos del amor, pues no es contrario al mismo.

Que la relación de pareja confronte a cada uno con sus debilidades o problemas no resueltos y, de esta forma, les exija atenderlos y superarlos, solo puede ser algo conveniente, pues es únicamente por amor que una relación de pareja exige a ambos a crecer y fortalecer sus debilidades. En la medida que se logre esto, se habrá conseguido no sólo superar ese dolor propio de pasado, sino también haber superado la crisis de pareja,y acercarnos a a la tan esquiva felicidad.

Lic. Katherinne Roncal Soto
C.Ps.P.: 15026

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¡Me separo! ¿Mis hijos sufrirán?

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Desde que somos jóvenes, muchas personas buscamos vivir en pareja, y es así que nos “emparejamos”, empezamos nuestra vida familiar. También ocurre, a veces, que este ideal de vida familiar no resulta como lo imaginamos, es decir, aparecen los problemas cada vez más complejos y, muchas veces, estos no tienen solución.

En estos casos, la separación puede ser la solución a los conflictos de pareja, es más, en ocasiones, resulta el “menor de los males”, pues las personas tenemos derecho a buscar ser felices dentro de relación que entablemos.  A pesar de ello, una separación implica dolor y cambios, para los ahora “ex”, para los hijos; incluso para la familia extendida y amistades.

Dar el paso hacia la separación no es algo sencillo, eso lo sabemos o, en su defecto, lo entendemos. Tomar la decisión de decir adiós a la pareja para siempre, a esa persona que esperábamos que sea el amor de nuestra vida y que, al final, no fue así, es algo que genera tristeza, por más que tengamos claro que esa es la mejor opción. En esos momentos, viene a nosotros todo tipo de pensamientos ¿Qué pasará después? ¿Qué será de mi vida? ¿Mis hijos van a sufrir?

Si bien, varios estudios aseguran que la separación de los padres figura entre las causas de estrés más intensa que afecta la infancia; a pesar de ello, es más claro aún que las experiencias negativas, producto de las discusiones y “frialdad” entre los padres, son generadoras de ansiedad, miedo e inseguridad, así como sentimientos ambivalentes y, hasta, diversos trastornos de conducta. Es decir, el dolor de vivir dentro de una familia fracturada pero no separada, genera mayor daño emocional.

Si bien este proceso siempre será complicado y penoso, tenemos opciones, “consejos”, para que las separaciones no afecten sobremanera a los hijos, entendiendo que cada caso es muy particular y que estos puntos, si bien son generales, no necesariamente tienen que responder a todas las realidades.

En cuanto al accionar de los padres:

  1. Evitar a toda costa discutir sobre la separación delante de nuestros hijos. Se ha comprobado que muchos niños suelen culparse de la separación de sus padres, con las secuelas que esto provoca en la autoestima y equilibrio emocional de los hijos.
  2. Nunca desaprobar la conducta de la otra parte o, simplemente, hablar mal de la ex pareja delante de nuestros chicos, o con ellos; tampoco propiciar que otros lo hagan. Si bien, en algunos casos el dolor y la indignación nos puede embargar, hay que recordar que ya no hablamos ni pensamos sólo por nosotros, también por el bienestar emocional de ellos, nuestro motor.
  3. Se recomienda que ambos padres comuniquen a los hijos la decisión de separarse (en términos sencillos de entender), sin dar mayor detalle de lo acordado, o no, entre los padres. Al momento de hacerlo, asegurarse que no se agravie a ninguno de los padres, por más que alguno de ellos no haya tenido la mejor de las conductas.
    En este caso, es recomendable hacer hincapié en que la separación no afectará la relación individual entre los hijos con cada padre, que no tiene nada que ver con el amor materno o paterno.
  4. Ser sumamente prudentes con precipitar la entrada de nuestros hijos en una nueva relación y/o familia. Antes de presentar una nueva pareja, es necesario saber nuestros hijos tienen la capacidad para asimilar la nueva relación.
  5. Jamás condenar a nuestros chicos al abandono afectivo, con tal de evitar los encuentros con la ex pareja. Es importante que por más difícil sea la ruptura, el vínculo entre nuestros hijos y el padre o madre que sale de la casa, no sufra más de lo que la propia separación implica. Este vínculo, a fin de cuentas, si es para toda la vida.
  6. Nada justifica convertir a nuestros hijos en espías que informen qué hace la otra parte, ni rehenes del cariño para conseguir negociaciones ventajosas. En caso de establecer régimen de visitas, no se debe perder la perspectiva de que la prioridad es satisfacer la necesidad de compartir juntos, hijo y padre, sin hacer de eso una manera de sancionar. Los chicos deben saber que contarán con el cariño y apoyo de ambos padres, como si nada hubiese pasado; así como también seguir gozando del amor y cuidado de abuelos, tíos y primos.

    En cuanto a la conducta diaria de nuestros hijos:

  1. Dentro de lo cotidiano, nuestros hijos no deben perder las rutinas ya establecidas desde antes, ayuda apegarse a ellas, esto les brindará orden y estructura.
  2. Si bien es esperable que aparezca cierta desorganización conductual en nuestros hijos, no se debe permitir mala conducta, lenguaje inapropiado o comportamientos inaceptables para compensar la pérdida. De presentar un marcado desajuste, tanto emocional como conductual, es necesario acudir a un profesional en salud emocional. 
  3. Evitar en lo posible otros cambios en la vida de los hijos, como por ejemplo mudanzas, cambio de colegio, de amistades, actividades extracurriculares dejadas de lado, etcétera. Asimismo, si ya se estableció un régimen de visitas, no cambiar los días ni horarios. Dejarlos “plantados” y hacer promesas que no se pueden cumplir, no sólo los daña emocionalmente, sino también los llevan a no entender la noción de responsabilidad y estabilidad.

Es necesario tener en claro que, ante la separación, indudablemente nuestros hijos vivirán un proceso difícil y doloroso, por ello tienen derecho a hablar de ello y a recibir ayuda terapéutica. El darles la oportunidad de entender su nueva situación, implica enseñarles herramientas, no sólo para continuar con su vida, sino también para enfrentar otras dificultades que puedan aparecer en el futuro.

¿Te separaste? ¿No sabes cómo ayudarte y/o ayudar a tus hijos en esta situación? ¿Consideras que no es bueno que tus hijos convivan con tu ex pareja? ¿Tu ex pareja no te permite compartir con tus hijos?

De ser este tu caso, no dudes en pedir ayuda. Comunícate con nosotros al +51 9988 10240 o a yanapaysp@gmail.com  que en Yanapay siempre estamos gustosos en ayudarte.

Lic. Katherinne Roncal Soto.
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