HENRY PEASE Y LA POLÍTICA

Por: Jerónimo Centurión

Se nos fue Henry. Y lo digo así, en plural, no porque sea parte de su familia o de su grupo de amigos cercano. Lo digo como periodista, como ciudadano. Como peruano que sueña más de la cuenta con un país mejor.

Mi trabajo periodístico me permitió conocerlo en el 2000, cuando luchaba incansable contra la dictadura fujimorista. En ese momento, en medio de la pasión descontrolada que concitan las marchas, me llamó la atención la manera en que combinaba la brillantez académica con ese tono de elegantísima indignación. Recuerdo claramente la manera en que ponía en orden su cabello extra fino cada vez que la pasión lo despeinaba.

Tras el derrumbe de la mafia fujimorista, Henry Pease fue presidente del Congreso durante el gobierno de Toledo. Un par de veces lo entreviste en su despacho. No recuerdo el tema, pero sí la sensación de que Pease, con sus pequeños lentes de lectura, su peinado perfecto, su terno oscuro y la mirada imperturbable clavada en papeles que podrían haber sido proyectos de ley o algún texto suyo, encajaba perfectamente en ese despacho de madera, elegantísimo. Repleto de libros, referencias históricas, enormes lámparas y pinturas. Ha pasado más de una década desde esa escena y los políticos que lo han reemplazado en ese despacho me producen una nostalgia rabiosa. Pensar en Otarola o en la última chica, Ana María Solorzano como presidentes de Congreso deprimen a cualquiera. Pero no a Henry Pease.

Hace dos años pude entrevistarlo para un video que produje sobre el Plan de Lima al 2025. El Municipio de Lima tuvo la brillante idea de nombrarlo coordinador y Pease realizó un trabajo invaluable. Riguroso y ambicioso. Pero lo que más me llamó la atención fue su optimismo. Recuerdo que en ese momento la alcaldesa Villarán y el burgomaestre de San Juan de Lurigancho, Carlos Burgos, estaban enfrentados públicamente. Un diálogo entre representantes de ambas comunas era impensable. Imposible.

El plan de Lima pretende ser una hoja de ruta que busque mirar el futuro de nuestra capital más allá de lo que pueda hacer un alcalde durante su gestión. Un proyecto transversal, a largo plazo, que invita a sus alcaldes, regidores y vecinos a participar activamente de la solución de los grandes problemas de nuestro país: educación, salud, seguridad.

En ese contexto, recuerdo a Henry Pease contándome, con un tono travieso, alegre y hasta pícaro: “he conciliado con Burgos, hemos encontrado puntos de común interés, vamos a trabajar con ellos”. San Juan de Lurigancho tiene más de un millón de vecinos. Burgos pudo sabotear el plan, pero Pease lo evitó.

Su experiencia, lucidez, inteligencia, pero también sentido común le permitían mirar la política más allá de los personajes que ocupan interinamente un puesto.

El tuvo siempre muy claro que la política no son los políticos, ni que tampoco es un concepto abstracto. La política es la acción. Son nuestros actos, nuestras decisiones. Es sabes escuchar, es respetar la opinión del otro y tener la capacidad para ir a lo esencial y encontrar consensos que nos permitan actuar pensando en el futuro, en el bien común.

La noche que lo entrevisté me sorprendió verlo tan emocionado mientras me contaba como los vecinos de Comas tenían propuestas interesantes para solucionar temas de seguridad en su distrito. Por momentos me intrigaba como Pease, luego de haber visto y vivido el descalabro de la política en el país, seguía confiando en ella con tanto entusiasmo.

Luego entendí, creo, que dejar que pesimismo primero y el egoísmo inmediatamente después, se apoderen de nosotros sería claudicar a todo por lo que había luchado en su vida. Henry Pease encarnó la política en su sentido más literal y olvidado, “trabajar por el bien común”. Que tu ejemplo se expanda, que se viralice, lo necesitamos más que nunca. Hasta siempre.

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