Tal vez la narrativa sea la mejor forma de abordar este tema, con el perdón de ustedes lo haré en primera persona y en singular, es que siempre lo hago en tercera persona y en plural, por cuestión de educación, no obstante ello, las disculpas están ofrecidas desde las primeras líneas.

 

Ha pasado más de un año de este derrotero académico interesante para mi, he conocido amigos y he visto el actuar de personas en su máxima expresión, sin embargo, el móvil que me lleva a esto, es el punto a parte colocado en mi breve pero gratísima experiencia como profesor universitario.

 

Sucede que a pesar de la tarjeta que recibí hace unos días de parte del rector de la universidad (véase la imagen), a partir de noviembre, simplemente no volveré a ésta, no porque no quiera, sino, porque es evidente que alguien no quiere o no quiso más.

20131007-andina.jpg

 

Lo que se me dijo, de manera indirecta e ingrata –creo yo- fue que mi “caso” se discutió en sesión de concejo de facultad ¿Acaso ese habrá sido punto de agenda realmente? Y que, en todo caso, se debía a supuestas faltas vinculadas a mi asistencia, por lo menos así me lo hizo saber el jefe de departamento, aunque claro, nunca se me hizo descuento alguno por ello, menos se me cursó alguna comunicación de naturaleza laboral que lo justifique, cuestiones por las que nunca haría un drama y menos una batalla legal.

 

Por mi parte en cambio, recuerdo bien haber hecho clases más allá de las horas pedagógicas, mientras algunos hacían y hacen el tea party –hora en términos comunes- en la sala de docentes, inclusive laboré algunos fines de semana, con el objeto de culminar los temas que -yo mismo- programé en los sílabos que -yo mismo- elaboré y cuyo contenido obra en el material de lectura que personalmente seleccioné y entregué a mis alumnos, porque consideré que así debía ser, y es que hasta ahora tengo la desazón de no poder aplaudir siquiera a alguno de mis docentes por estas prácticas, ello lo aprendí fuera.

 

Asumí el compromiso -real-

 

Al empezar esta labor, recibí gratas palabras de quien considero una buena persona, y quien tuvo el gran gesto de integrarnos a tan magna labor, el profesor Torre Rueda, quien antes de empezar nos dijo que esta labor sería un apostolado, obviamente tenía razón ya que la motivación no es ni era económica, ni algo que se le parezca, era más la idea compartir, enseñar, colaborar con el cambio y fortalecer a la institución, por lo menos yo, así lo tomé.

 

Creo que la labor desde el inicio fue importante y el reto fue grande, aunque debo confesar que ello me llevó a procurar ser muy exigente conmigo mismo y sobre todo con los alumnos, cuestión que flexibilicé con el paso de los ciclos, sin embargo, procuré fortalecer el compromiso con la labor vinculada a los estudiantes.

 

Por otro lado, percibí que en la facultad la identificación se halla en la cantidad de desfiles a los que vas, la cantidad de almuerzos a los que asistes, la cuota con la que colaboras para que ello suceda, el complejo de alfombra que se debe demostrar con algunas “autoridades”, personas a las que yo llamo lameculos (en mi blog lo puedo escribir libremente), y es que hacer las cosas bien en torno a lo académico no parece lo principal y suficiente, sino, lo accesorio, creo que andamos patas arriba, por lo menos, eso fue lo que noté.

 

Es así que en determinado momento me tocó conversar con la “autoridad” y recuerdo haberle precisado algunos desajustes en el proceso de acreditación que afrontamos y la forma académica en algunos aspectos de la facultad, se sorprenderán si les cuento que no recibió las críticas, por el contrario, me pidió no hacer malas ausencias ¿Todavía no sé de quién o quiénes? Asimismo, casi se me exigió respetar lo logrado, es decir, la “magnífica” infraestructura (que dicho sea de paso ya se está agrietando en el quinto nivel, sin considerar los fluorescentes que no encienden en más de un ambiente), no solo en la facultad, sino, en la universidad, etc., o sea, quería flores y adulaciones; siempre he sido anacrónico con ello y obviamente no agaché la cabeza, empero, en ese momento noté que algo sucedería en relación a mi continuidad y siempre lo comenté con ustedes.

 

Después de haber trabajado con muchos alcaldes, esa postura me recordó la errada y absurda idea que tienen algunos de pretender que todos aplaudan sus “logros” como si fuesen obras o favores que se hacen, lo digo así, porque es necesario preguntarme lo siguiente: ¿Alguien tiene que aplaudirlos? ¿Acaso no están ahí para eso y cobran y cobraron una remuneración por ello? ¿Les debemos gratitud eterna? ¿Lo hicieron para exigir reconocimiento o este debería provenir de terceros de manera desinteresada? Y claro me pregunté ¿Tengo que soportar esto?

 

Llegué al punto de ver con indignación cómo, en un ente privado, prima el clientelismo y hasta una suerte de nepotismo, nuevas autoridades seguidas de parientes, allegados, amigos, como si se tratase de un cargo de elección popular, está claro que hay cosas que el derecho no prohíbe, pero determinados valores sí ¿Tendrá ello algún tipo de sustento académico que algún alumno pueda sostener?

 

Mis respuestas son y se harán evidentes del contenido de mi versión; entre otras cosas, lo que me llevó a esto, fue el hecho -creencia en algunos-, de que nos acreditaremos por contar con un edificio moderno de concreto, aunque claro está, es más que evidente que no cumplimos con la mayoría de indicadores que requieren los estándares de calidad del proceso de acreditación, verbigracia, ni siquiera tenemos bases de datos en la biblioteca de la facultad o un currículo pertinente y bien elaborado, porque creo que se guarda cual libro sagrado ¿Alguien lo conoce o está privado para pocos?

 

Está claro, que mientras las cosas no se tomen con seriedad, y por ejemplo, se contraten consultores en materia de acreditación que se carguen la labor encima, ello no se logrará, ya que gran parte de profesores no lo sabe y los alumnos ni siquiera lo entienden, no culpo a nadie, pero el proceso, debería ser tomado con seriedad, al margen de la naturaleza de la acreditación en cuanto a calidad universitaria respecta, hecho que de por sí ya es debatible, sobre ello comparto unas breves ideas cruzadas con Carlos Adrianzen Cabrera en los términos siguientes:

 

El dijo o tal vez deba decir escribió, porque fue una de sus columnas en El Comercio:

 

“No hay nada más triste que pasar de tener un orgullo quebrado, al apresuramiento y creer que todo se puede resolver rápidamente. Creer esto implica engañarse al cuadrado. Sí, las universidades peruanas –al igual que las chilenas, venezolanas, brasileñas o mexicanas- tienen una alta dispersión de performances y en conjunto no dan la talla global. Esta situación tiene claros antecedentes causales. Deficiente formación escolar preuniversitaria; regulación estatal abultada, absurda y pusilánime; e insuficiente conexión entre la investigación y desarrollo universitario y el Estado y las Corporaciones.

 

Por supuesto, que existen héroes y excepciones que aportan globalmente o producen excelentes bachilleratos universitarios. Pero estos solo confirman la regla. La producción regional dista de acercarse a productividades norteamericanas, europeas, oceánicas o asiáticas. Aunque, eso sí, es probable que superemos con cierta holgura a las africanas.

 

Aceptado esto y reconociendo que resulta difícil admitirlo, el problema de fondo –además de recapitalizar la educación preuniversitaria- implica la construcción de ambientes académicos de alta productividad y celo del prestigio acumulado. Ambientes que no tienen problemas atrayendo fondos para sus presupuestos de investigación.

 

Pero, nótese, la tarea de construir universidades competitivas requiere plena libertad de cátedra. Un ambiente con espontaneidad y autonomía, no repleto de regulaciones. Por más que muchos repitan que la acreditación universitaria asegura calidad, lo cierto es que los acreditadores burocráticos (estatales) o los privados (con fines de lucro) no le pueden enseñar a las actuales y futuras Chicago, Harvard, National University of Singapore, Cambridge, Melbourne o MIT cómo se implementa un ambiente académico de alta productividad.

 

Estos, no pocas veces, configuran reconfortantes engaña muchachos. Mientras los estatales tratan de maquillar las cosas bajo criterios locales y pueden terminar usando la acreditación para controlarlo todo (si están en manos de los politizados ministerios locales); las privadas diferencian con su el prestigio de sus estándares a quienes las buscan. Pero no garantizan nada. Las centenas de universidades sudamericanas acreditadas no aparecen, ni marginalmente, como líderes de la producción intelectual global. Creer, como se repite hoy con fruición, que las acreditadoras garantizan la calidad de la educación universitaria, es pues un mito.

 

Contrariamente a lo que le han hecho creer al presidente Humala, el que una universidad florezca refleja intensa competencia interinstitucional, no necesariamente estándares prefijados. No existe pues una asociación necesaria con sus acreditaciones, ni si ésta es una universidad estatal (receptora de subsidios), una cooperativa privada dizque sin fines de lucro (pero con fines de lucro implícito) o empresarial (con fines de lucro explícito).

 

En el caso peruano, me temo que caminamos entusiastamente hacia acreditaciones estatales masivas, fáciles y verosímilmente politizadas. Que existirán presiones para que al final se termine acreditando hasta a la Universidad de la Vida. O acaso, ¿se puede usted imaginar que alguien se atreva a exigir implacablemente criterios de acreditación norteamericanos o europeos a las universidades estatales más grandes del país?

 

Se incendiaria la pradera en cinco minutos.”

 

Yo dije precisé sobre el particular:

 

“Una posición bastante somera de las cosas, ya que la acreditación no procura solo la ubicación en un ranking, al margen de quien lo haga, con fines de lucro o no, con fines políticos o no, el proceso de acreditación universitaria en Europa (Bologna) procuró en su inició la movilidad estudiantil y profesional, con el fin de equiparar las condiciones, algo que no sucederá en el país, ni siquiera entre universidades de la misma región, para ello claro, hay que estandarizar y procurar igualar las condiciones, la acreditación en buena cuenta no importa la consecución de un lugar en el ranking (que tampoco es objetivo para ser utilizado como punto de referencia), se hace para procurar la mejora continua en un proceso constante, tras el que se logra el reconocimiento, que es lo que ésta busca en buena cuenta; si ello no se viese así, el SINEACE no existiría hace mucho, y en nombre de la pradera seguiríamos en lo mismo, con centros de lucro universitarios, sin control, sin reconocimiento por falta de calidad en relación a los estándares necesarios y en la misma mediocridad (aunque sea por obligación legal), dado que ninguna universidad peruana se compara con las citadas en el artículo, y por ello, es evidente que estás si pueden ser autoevaluadas y evaluadas por pares como plantea el sistema.”

 

Ello terminó con otro comentario, que ya no viene al caso, y un “like” suyo en el mío, puesto que el extracto es de facebook, sabrá Dios si nuestras autoridades de facultad saben que existe (facebook, no mi comentario por si acaso), lo cierto es que, sirva o no, es un proceso legal serio, y aunque inútil en el mercado, tendría que ser asumido con tal seriedad; sin embargo, a nadie más parece importarle, y el proceso sigue así, supongo que por resignación, por carencia de recursos, por alumnos adormecidos, plagados de marasmo o tal vez intimidados por el “Tribunal de Honor”, quién sabe.

 

Al margen de esto, si tomé la carga académica con seriedad, por lo menos, eso me lo han hecho saber algunos pocos alumnos, quienes me han servido de inspiración siempre, ya que, ni siquiera conozco, hasta el día de hoy, los resultados de las dos evaluaciones de docentes que se realizaron durante mi estadía ¿Para qué se hacen entonces?

 

Breve, pero grato paso por turismo

 

En este camino tuve la suerte de pasar también por la carrera de turismo, con gratísimos recuerdos, con buenos alumnos, y con una actividad que aún llevo presente y que nos permitió dar de lo nuestro, aunque claro, a mi más puro estilo no se conocerá, sino por redes sociales y fotos, ya que debo disculparme de ellos y confesarles que nunca entregué videos, fotos e informe sobre el particular a las autoridades universitarias, para que se viese en la revista de la universidad o en el programa televisivo de la misma, no es mi estilo y no lo hice para que me aplaudan, simplemente lo hice para conectarlos con la realidad y que podamos entender la necesidad de trabajar más pensando en otros que en el propio reconocimiento, les dejo la fotografía de recuerdo:

20131007-img_1181.jpg

 

Sepan que no fue proyección social, porque, esa función universitaria, no debe mal entenderse y mal interpretarse en actividades sociales, sino, en proyección y pertinencia universitaria con la realidad y el mercado laboral, cosa que no he percibido y que tal vez existe, empero para mi, fue solo un gesto que quedará en Kajyapata.

 

El ímpetu joven aún puede más

 

Me han dicho muchas veces que mi ímpetu es peligroso, y la mayoría de veces lo han atribuido a mi juventud y supuesta inexperiencia, impericia, imprudencia, etc., no obstante ello, me rehúso a creer ese cuento, porque, aunque yo mismo diga lo contrario, aún mantengo esperanzas de cambio, es por ello que, no me asusta, aunque si me apena como en este caso, decir la verdad, ya que prefiero hacerlo, que encerrarme en el círculo de la costumbre del dejar hacer, dejar pasar, no es mi estilo, tal vez, si sea ligero, pero así como se me han cerrado puertas por ello, se me han abierto otras más interesantes, a ello le denomino “cerrar ciclos”, y por ahora creo que –temporalmente- este ciclo se cerró.

 

Digo temporalmente, en razón de que la lamentable valla del cese a los setenta, terminará expurgando a los que hoy critico, y tal vez en ese momento, queden las personas que además de los aduladores, pretendan un cambio real, con los que trabajaré gustosamente, si es posible y gratis de ser necesario, pues, a diferencia de algunos, si tengo la conciencia de ser parte de esta universidad y en especial de esta facultad, ahora mismo, tengo proyectos de capacitación en Buenos Aires, estudiando de manera intensiva derecho probatorio, curso que enseñé, y que seguramente, en términos de algunos de mis alumnos, hoy enseñará algún amigo de la autoridad premunido de un manual de EGACAL y el ABC del derecho probatorio, ojala se me hubiese permitido trasladar ese conocimiento a mis alumnos pero no será posible, porque ya cuenta la leyenda universitaria que alguien –otro docente joven- fue despedido por intentar capacitarse contra la voluntad de la universidad y los procedimientos duros sobre el particular para obtener permisos al respecto.

 

No se crean el cuento de que es el estudiante el que hace a la institución

 

A los alumnos no me queda más que decirles gracias, aunque claro, les he notado bastante aletargados, desconozco las razones, pero gran parte del cambio, considero que debería nacer de ustedes, en torno a la acreditación, a la calidad, a las competencias que debería lograr, al contenido de la instrucción que se les imparte, a quiénes deberían enseñar y por qué (para que nos les den gato por liebre), a la ausencia de institucionalidad en relación a ello.

 

No se crean el cuento ese de que el alumno hace a la universidad o a la facultad, pues, es la universidad la que debería hacerlo, cuando las cosas van en serio, el orden de las cosas debería ser el último, los casos excepcionales siempre existen, pero para todo lo demás se requiere una facultad fuerte e institucionalizada, que inspire y que se preocupe, no por titular alumnos, sino, por formarlos antes y ubicarlos luego en los lugares más expectantes de la región y del país, algo respecto de lo que aún estamos muy lejos.

 

Además mis disculpas por los errores que cometí, seguro, tuvo que ver con el ímpetu de mi juventud, inexperiencia o demás, siempre sucede, en algún momento las cosas tendrán que mejorar, por mi parte es un compromiso constante.

 

Mis nuevos alumnos y gracias eternas a la institución

 

Este año en comento, me ha privado de mi hijos, mis alumnos por naturaleza, aunque he aprendido más de ellos y gracias a ellos, sin embargo, cerrar este ciclo, tiene en forma alguna, un lado bueno, y es que me acercará más a los enanos y a quienes académica y pre-profesionalmente dependen de mi en el estudio, quienes, de hecho, estarán eternamente agradecidos a los que no me quieren más en la facultad.

 

Finalmente les pido compartan eso con quienes no tuve la oportunidad de despedirme formalmente y con quienes aún pueden cargarse las riendas de lo que realmente se desea en nuestra facultad.

Puntuación: 5.00 / Votos: 3