SOBRE NUESTROS HÉROES Y LA VISIÓN QUE SE TIENE HOY DE ELLOS

Estimados blogueros:

A raíz de una reciente conversación en la oficina sobre la identidad peruana, el pasado y el futuro, recordé un texto posteado hace cinco años en este blog (01.08.2013), que me parece muy importante en este momento de la historia del Peru. Va a continuación en los términos escritos en aquel momento, para mantener el contexto:

01 de agosto de 2013:

Acabamos de pasar las Fiestas Patrias Peruanas y también una andanada de discusiones sobre el papel de los héroes de la Guerra del Pacífico en la identidad peruana actual y en la actitud de los peruanos.

Yo me comí el cuento de cierta historiografía de que nuestro problema era que teníamos como héroes a personajes derrotados en esa infausta guerra, entre otros Miguel Grau o Francisco Bolognesi. Capaz por eso, estudie con ahínco las actividades de Andrés Avelino Cáceres en la sierra central y norte durante la resistencia post toma de Lima por los chilenos. Leí con placer sus memorias y cuanto libro encontré sobre la Campaña de la Breña. El beneficio de esa etapa ha sido una profunda admiración a los valores, entendimiento y coraje del gran Brujo de los Andes.

No hace muchos años, retomé mi análisis sobre la Campaña del Sur y también la actuación de Miguel Grau. Aprendí a entender de mejor manera la actuación de esos hombres y su heroísmo. Entendí que son héroes no por perdedores sino porque pese a todas las adversidades, no huyeron, afrontaron la realidad, defendieron al país sabiendo que lo más probable sería la derrota. Ahí vi un símbolo de solidaridad con el Perú y con los peruanos, y un hilo conductor de la admiración por esos grandes peruanos. Mi conclusión actual, Bolognesi, Grau y Cáceres, son todos héroes a carta cabal y sendero de por donde tiene que ir la actitud de los peruanos para con el país.

Capaz por eso, me disgustó muchísimo la obra “Perú Ja Ja”, que hace una versión “en broma” y “crítica” de la historia del Perú, tomando a nuestros héroes de la Guerra del Pacífico como los grandes pelotudos. Salí fastidiado luego de verla, me asombró más la cantidad de gente que asistió a la función y la actitud con la que salían, felices y gozosos. A mí no me gustó nada.

Recientemente me encuentro con un texto de Gustavo Faverón Patriau, publicado en su blog, denominado como “Los pendejos y los cojudos (a propósito de una obra teatral de Rocío Tovar)”. Comparto plenamente sus reflexiones y, por eso mismo, lo posteo a continuación.


Por: Gustavo Faverón Patriau

Rocío Tovar, directora teatral, autora de Perú ja ja, le concede una entrevista al diario La República. En esa entrevista se refiere a su propia comedia como “una magistral clase de historia del Perú en joda”. En principio, tiene derecho a hacerlo: hay innumerables autores que son notables críticos sociales a través de la sátira teatral. Pero no es su caso. De pronto, en la entrevista, refiriéndose a la obra mencionada, que representa ridículamente pasajes de la historia del Perú, dice lo siguiente:

“Lo que pasa es que, en 1889, en Arica, Bolognesi es un general en retiro, y pide volver a actividad… Alfonso Ugarte tiene 20 años, es un chico muy adinerado (de allí viene lo de estúpido, cojudo, hijo de papá) y regala 44 caballos para la batalla, y eso le da título de coronel. Entonces, un señor retirado, que vuelve a la guerra, que ama la milicia, tiene conciencia de patria y que lucha con un tipo así al lado, es como Pinky y Cerebro, El tonto y el más tonto, dos de los Tres chiflados encima del morro…”

Hay algunas cosas que sería bueno tener en cuenta antes de creerse la “magistral clase de historia del Perú” de Rocío Tovar. La batalla de Arica no fue en 1889 sino en junio de 1880. Bolognesi no era un general en retiro, sino un coronel (no era ningún anciano: tenía 63 años). Alfonso Ugarte no tenía 20 años sino 33: no era “un chico”. Su padre murió cuando él tenía cinco años: no era “un hijo de papá”. No “regaló 44 caballos para la batalla”: peleó en varias batallas antes de la de Arica (de hecho, había recibido un balazo en la cabeza en un combate anterior) y no tenía a quién obsequiarle los caballos porque el regimiento militar de Iquique lo encabezaba él mismo, lo había formado él mismo, reclutando personalmente a sus casi quinientos miembros, y también lo había equipado él.

Yo no soy nacionalista, ni chauvinista y ni siquiera puedo decir que sea muy patriota. Pero me pregunto cuál es la gracia de que una escritora ignorante ande por ahí declarando estupideces infundadas, que esas estupideces le sirvan de base para criticar una realidad que nunca existió, que a esa crítica arbitraria la llame “magistral clase de historia” y que una periodista de La República, sin ningún criterio (y no es la primera vez que lo demuestra) reproduzca todas esas tonteras sin cuestionar ni siquiera los errores más obvios.

Y como no soy muy patriota ni soy nacionalista ni chauvinista, no corro el riesgo de parecer huachafo si les pido una cosa: que lean el siguiente párrafo, que es el inicio del testamento de Alfonso Ugarte, y luego piensen en quién diablos es Rocío Tovar para llamarlo “estúpido, cojudo, hijo de papá”:

“En Iquique a los cuatro días del mes de Noviembre de 1879, yo, el abajo suscrito Alfonso Ugarte, hago mi primero y quizá último testamento con motivo de encontrarme de Coronel del batallón “Iquique” de la Guardia Nacional y tener que afrontar el peligro contra los ejércitos chilenos que hoy invaden el santo suelo de mi Patria y a cuya defensa voy dispuesto a perder mi vida con la fuerza de mi mando. Declaro que soy cristiano, que profeso y creo en la Religión Católica y que vivo y muero en tal creencia. Si en algo soy injusto aquí, si he olvidado algún deber, suplico a todos me perdonen, pues en los momentos en que escribo esto me encuentro apurado, con mis deberes militares y del negocio y mi ánimo completamente aniquilado al pensar en que puedo desaparecer en esta campaña y abandonar a mi madre y hermanas que necesitan de mi apoyo. Iquique, Noviembre 6 de 1879. Firmado, Alfonso Ugarte”.

Y como no soy muy patriota ni soy nacionalista ni chauvinista tampoco corro el riesgo de parecer huachafo si les pido que lean un párrafo de la última carta que le dirigió Bolognesi, a sus 63 años, a su esposa:

“… Ésta será seguramente una de las últimas noticias que te lleguen de mí, porque cada día que pasa vemos que se acerca el peligro y que la amenaza de rendición o aniquilamiento por el enemigo superior a las fuerzas peruanas son latentes y determinantes… ¿Qué será de ti amada esposa…? ¿Qué será de nuestros hijos, que no podré ver ni sentir en el hogar común? Dios va a decidir este drama en el que los políticos que fugaron y los que asaltaron el poder tienen la misma responsabilidad. Unos y otros han dictado con su incapacidad la sentencia que nos aplicará el enemigo. Nunca reclames nada, para que no se crea que mi deber tiene precio…”

Los peruanos, a diferencia de lo que ocurre en otros lugares del mundo, no somos muy dados a leer los documentos de nuestra historia. Por ignorancia, creemos, quizás, que no tenemos nada que aprender de ellos porque fueron escritos en otro tiempo muy diferente, sobre otros problemas que ya no son los nuestros. Pero díganme si no los conmueven la carta de Ugarte, un hombre rico que bien habría podido huir ante el peligro (de hecho, desde antes tenía programado su viaje de bodas a Europa y lo abandonó para luchar por el país) o la carta de Bolognesi, que no sólo vuelve al ejército durante la guerra, sino que explica exactamente por qué lo hace: porque siente que la clase política peruana ha abandonado al país, lo ha traicionado, unos por maldad y otros por incapacidad, y cree que él tiene el deber de dar la cara y proteger a sus compatriotas.

Ya sabemos cómo terminó esa historia, sabemos que Ugarte y Bolognesi murieron en esa batalla, y, leyéndolos, sabemos que ellos sabían cuál era su destino. En contra de lo que dice un estúpido lugar común, que todos hemos escuchado alguna vez, el Perú no llama héroes a Bolognesi y a Ugarte porque en nuestro país nos guste adorar a los perdedores. Los consideramos héroes, con justicia, porque hicieron mucho más de lo que estaban obligados a hacer (en verdad, estrictamente, no estaban obligados a hacer casi nada): son héroes porque fueron solidarios en un país donde la solidaridad es rara.

Rocío Tovar no es un caso aislado. En el Perú existe la idea vil y baja de que la solidaridad y la voluntad de entregarse por los demás es cosa de “cojudos”. Que la compasión, la colaboración y la empatía son zonceras de payasos, “el tonto y el más tonto”, y que los “cojudos” son perdedores porque este mundo no es para ellos, sino para los “pendejos”. ¿Y quiénes fueron los pendejos? Los que salieron volando, los que recaudaron dinero ajeno y desaparecieron para siempre, los que renunciaron a sus deberes y salvaron el pellejo, los antecesores de la repartija, la traición, el asalto, la inoperancia y la cobardía.

Lo de Rocío Tovar es una lástima (demasiada ignorancia junta, demasiada indolencia) pero mucho más triste es que Perú ja ja sea un hito en la historia de los grandes éxitos del teatro peruano. Quienes creen que el éxito valida a las obras de arte y a los productos culturales tienen ahí algo que explicarnos.

Ugarte y Bolognesi fueron peruanos solidarios que trataron de garantizar la vida, la seguridad y la paz de los demás peruanos a costa de sus vidas, puestas en riesgo por la estupidez y la inmoralidad de la clase política. Eran “cojudos” tratando de arreglar los problemas causados por los “pendejos”. Qué poquito hemos cambiado, ¿no? Y cuántas cosas más tenemos que leer para ser justos con ellos y con nosotros mismos.

Puntuación: 4.91 / Votos: 22

Acerca del autor

Luis Alberto Duran Rojo

Abogado por la PUCP. Profesor Asociado del Departamento de Derecho de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP). Director de ANALISIS TRIBUTARIO. Magister en Derecho con mención en Derecho Tributario por la PUCP. Candidato a Doctor en Derecho Tributario Europeo por la Universidad Castilla-La Mancha de España (UCLM). Con estudios de Maestria en Derecho Constitucional por la PUCP, de Postgrado en Derecho Tributario por la PUCP, UCLM y Universidad Austral de Argentina. Miembro de la Asociación Peruana de Derecho Constitucional, del Instituto Peruano de Investigación y Desarrollo Tributario (IPIDET) y la Asoción Fiscal Internacional (IFA).

2 Comentarios

Carlos Esteban

Lucho, es cierto lo que dices. No vi la obra, tú sabes por qué, pero eso no me impidió leer la entrevista a Rocío Tovar. Y francamente fue una pésima entrevista y las respuestas igual. Se puede hacer comedia pero hay que saber hacerlo. Hay que saber también justificar la comedia, o justificar la burla o transgresión (como ella quiere justificar), pero en la entrevista no se justifica nada. Gran diferencia con el montaje de "Bolognesi en Arica" de Alonso Alegría, dode se justifica bien lo que se quiere hacer. Hasta pronto. Míralo aquí : http://puntoedu.pucp.edu.pe

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enrique corpancho león

Quizá la actitud de muchos peruanos respecto de nuestra historia se deba a que se enteran progresivamente que lo que le han contado no era cierto y asumen la actitud del converso: arremeten contra todo lo que le enseñaron y adoptan una actitud cínica. Respecto a Alfonso Ugarte, lo heroico en él fue el haberse quedado y expuesto su vida, no que se arrojara con su caballo con la bandera en la mano al abismo, que sí me parece una leyenda grotesca y patriotera y no se por qué siguen enseñando eso en los colegios. Debería revisarse la enseñanza de la Historia del Perú y así nos daríamos cuenta que abundan más los traidores, desertores y corruptos en nuestra historia, personajes cuyos nombres los encontramos en calles y avenidas.

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