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Por: Alfredo Barnechea (23.11.2008)

Cuando se formó la APEC, hacía cuarenta años que se discutía si había un declive americano.
La primera vez que comenzó a mencionarse el tema fue en los cincuenta, cuando los soviéticos lanzaron el Sputnik y tomaron, o parecieron tomar, la delantera en la carrera espacial. Eso, pese a que Estados Unidos estaba en una década de expansión bajo Eisenhower.
Volvió a plantearse con la derrota de Vietnam, que abrió una herida profunda en la psique norteamericana. La nación más poderosa del mundo no podía doblegar la insurrección en un pequeño país asiático.
Con la emergencia económica de Chindia, se ha hecho un lugar común señalar el desplazamiento del mundo al Este. El Pacífico sería la gran
plataforma del diálogo de civilizaciones.
Los números lo indicarían: 55 por ciento del producto mundial, y por lo menos la mitad del comercio, se generan en ese espacio. La alianza
atlántica, sin embargo, representa también un 54 por ciento de ese producto. En ambos casos, el pivote esencial lo constituyen los Estados Unidos, que representa aproximadamente una cuarta parte de la riqueza global.
En medio de la crisis, originada precisamente en los Estados Unidos, ¿hacia dónde fuga el dinero del mundo? Curiosamente a los propios Estados Unidos, y al refugio de los bonos de su Tesoro. Asimismo, ¿dónde se dirige a estudiar la elite china, o asiática en general? A las universidades norteamericanas. Según el ranking de universidades hecho por la universidad de Shangai, 17 de las 20 mejores universidades del mundo están, o siguen estando, en los Estados Unidos. El faro económico y científico del mundo siguen siendo los Estados Unidos.
Con todo y aunque carezca de los instrumentos de coordinación, económicos y militares, logrados desde la segunda postguerra por el conglomerado atlántico—, el foro de cooperación económica del Asia-Pacífico constituye una inmensa plataforma de intercambios, una extraordinaria ventana a la globalización.
¿Es ésta irreversible? Hace unos años, Harold James publicó un libro que parece ahora profético: El fin de la globalización. Lecciones de la Gran Depresión. Allí se señalaba la profunda internacionalización del mundo en el primer cuarto del siglo XX. La crisis de 1929 se trajo abajo esa globalización precedente, y el proteccionismo contagió una por una a todas las economías. Esa caída en los intercambios fue paralela a la desestabilización social y política de Europa, que a la postre condujeron a la Segunda Guerra Mundial. Es por tanto relevante que en esta cita de la APEC, sus miembros se hayan pronunciado en contra del proteccionismo.
Mientras observaba los eventos de esta reunión, dos hechos ocurrieron.
El primero: un carguero saudita con más de dos millones de barriles de petróleo, aquellos que no pueden pasar por los Canales de Suez o Panamá, fue capturado en aguas internacionales por piratas de Somalia, el país que encabeza el ranking de Estados fracasados. Un Estado fracasado o fallido tiene algunas de estas características: pérdida de control físico de parte de su territorio, pérdida del monopolio del uso legítimo de la fuerza, incapacidad para proveer a sus ciudadanos de servicios públicos.
El segundo: Daewoo Logistics alquiló a Madagascar, por 99 años (el tiempo de un protectorado), 1.3 millones de hectáreas, la mitad de la tierra arable de esa isla. Según la propia Daewoo, no pagará nada sino que proveerá empleo e infraestructura. Madagascar tiene un per cápita de menos de 400 dólares. Esta es otra forma de Estado fallido: no poder proveer de empleo a sus ciudadanos y tener que hacer outsourcing para ello.
Los tigres económicos conviven con los Estados fallidos. La globalización con la piratería, el terrorismo internacional, las migraciones, la miseria.
Salvo Haití, América Latina no tiene en rigor Estados fallidos. Pero muchos países tienen, sobre todo en términos económicos y sociales, regiones fallidas. Están fracturados. Bolivia es un caso emblemático de un país cortado en dos, en el último medio siglo, entre los llanos emergentes y el occidente histórico. En el caso del Perú, el Sur andino es esa región rezagada. Huancavelica provee buena parte de la energía hídrica del país, pero 67 por ciento de sus habitantes no tiene luz.
Por tanto, en países como los nuestros los gobiernos tienen una tarea dual, y generalmente contradictoria. Por un lado conectarse al mundo, por ejemplo a través de TLCs. Por el otro cerrar las brechas internas. La única manera de dar continuidad a lo primero es cerrar las segundas.
La crisis internacional exige en todas partes políticas contracíclicas. El Perú tiene los recursos fiscales y monetarios para realizarlas, y desarrollar por ejemplo inversión pública en infraestructura. Es la oportunidad para dirigir esa inversión a las zonas rezagadas.
El gobierno actual jugó todas sus cartas en el eje dominante de la globalización. La tarea del próximo gobierno será el TLC para adentro, según la acertada fórmula que usó Hernando de Soto. Porque la tarea histórica de nuestra generación es llegar al bicentenario de la República, el 2021, con las brechas entre los varios Perú cerradas para siempre.
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A continuación presento un importante articulo de Gary S. Becker, premio Nobel de Economía (1992), profesor de economía de la Universidad de Chicago, académico de Hoover Institution y miembro del consejo asesor del Proyecto de Privatización del Seguro Social del Cato Institute.
El artículo se denomina "El Peso de los Impuestos" y fue publicado en la pagina web del CATO Institute el 13 de marzo de este año.

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Por: Gary Becker

El peso de los impuestos en un país no depende solamente del porcentaje del producto interno bruto que se cobra en impuestos, sino también de otros factores. Aquí voy a limitar mis comentarios a la relación que tiene el peso de los impuestos con el nivel de gastos del gobierno, la estructura y repercusión de los impuestos.
No es posible separar el peso de los impuestos del gasto gubernamental. La manera cómo los gobiernos gastan los impuestos recaudados hace una diferencia en el funcionamiento de la economía. Si el gasto gubernamental excede las recaudaciones de impuestos, el exceso de gastos tiene que ser financiado con deuda, si no tomamos en cuenta la emisión inflacionaria de billetes. Los intereses de una deuda gubernamental mayor tendrán que ser financiados con más impuestos en el futuro, por lo que el verdadero peso de los impuestos no se determina sólo con el monto recaudado sino con el gasto gubernamental.
El senador McCain justificó su oposición inicial a los recortes de impuestos de Bush, indicando que no se estaban combinando con recortes en los gastos del gobierno. De hecho, sucedió lo contrario: bajaron los impuestos, pero aumentaron los gastos.
El peso de los impuestos también depende del tipo de impuesto utilizado. Lo que los economistas llaman "exceso de peso", se mide por la diferencia entre el costo incurrido por quienes pagan los impuestos y el ingreso recaudado por el gobierno. Los impuestos sobre ingresos tienen "exceso de peso", porque distorsionan las decisiones del contribuyente respecto al tiempo libre. Es decir, si le van a quitar una parte de lo que va a ganar, el contribuyente puede preferir no hacer el trabajo. Mientras más altas son las tasas marginales de impuestos, mayores serán las distorsiones causadas a la oferta laboral y, por lo tanto, mayor será el "exceso de peso" del impuesto sobre la renta.
Para reducir tales distorsiones es mejor tener tasas más parejas de impuestos sobre la renta. Eso es lo que proponía Rudy Giuliani, quien recientemente se retiró de la contienda electoral. Nuestro actual sistema impositivo es excesivamente complicado. Impuestos al consumo, como el IVA, tienen menor "exceso de peso" que el impuesto sobre la renta. Pero un impuesto general al consumo también desanima a la gente a trabajar más porque los individuos pueden consumir menos y tener más tiempo libre, ya que no hay que pagar impuestos por disfrutar del tiempo libre.
El impuesto sobre la renta conlleva a otras distorsiones adicionales porque se pagan impuestos dos veces: cuando se recibe el ingreso la primera vez y cuando los ahorros producen intereses u otros ingresos adicionales. Es decir, el impuesto sobre la renta se paga dos veces: cuando se recibe el pago original y, por segunda vez, cuando se recibe el producto de los ahorros. Por el contrario, el impuesto al consumo se paga solamente una vez: al efectuar el gasto.
Existe una tendencia natural a pensar que el peso de los impuestos lo asume quien los paga a la oficina de impuestos. Cuando los inversionistas tienen que pagar más impuestos sobre el rendimiento del capital invertido, ellos tienden a invertir menos, lo cual se traduce en menos ofertas de empleo y salarios más bajos. Obviamente, hay menos empleos cuando decaen las inversiones de capital. Los inversionistas son quienes siguen enviando sus pagos al impuesto sobre la renta, pero son los trabajadores quienes en realidad están pagando, al recibir sueldos inferiores y al tener menos posibilidades de empleo. Por eso es que los economistas generalmente se oponen a los impuestos sobre el capital. Una manera de compensar el mal es permitiendo una acelerada depreciación de las maquinarias y equipos, pero es preferible avanzar hacia una tasa de impuestos de 0% sobre dividendos y demás ganancias sobre el capital invertido.
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A continuación presento el resultado de una votación sobre los Latinoamericanos más influyentes en el mundo de la cultura, propuesta por Antena 3 Internacional y la Organización Capital Americana de la Cultura. La votación la ganó el poeta chileno Pablo Neruda, seguido por Gabriel García Márquez

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Tomado del Diario Peruano Peru21 (antes de la salida de Augusto Alvarez Rodrich).

BARCELONA/MADRID.– Después de seis meses de votación, Antena 3 Internacional y la Organización Capital Americana de la Cultura anunciaron que el poeta chileno Pablo Neruda, el escritor colombiano Gabriel García Márquez y el poeta y compositor brasileño Vinicius de Moraes han sido elegidos, por votación popular de miles de personas de todos los países latinoamericanos, como los personajes que más han influido en la cultura latinoamericana.
La elección de los 100 personajes que más han influido en la cultura latinoamericana –vivos o fallecidos– se ha realizado con motivo de los 10 años de la instauración de la Capital Americana de la Cultura, promovida por la Organización Capital Americana de la Cultura y por Antena 3 Internacional.
En la primera fase –21 de abril hasta 31 de agosto de este año–, la votación fue por países, primando mayor representación de las naciones pequeñas que las de mayor población. Cada país ha aportado el siguiente número de personajes a la lista final: Argentina (9), Bolivia (3), Brasil (14), Chile (4), Colombia (9), Costa Rica (2), Cuba (4), Ecuador (4), El Salvador (2), Puerto Rico (3), Guatemala (4), Honduras (2), México (12), Nicaragua (2), Panamá (2), Paraguay (2), Perú (7), República Dominicana (3), Uruguay (2), Venezuela (6), otros países (4).
En la segunda fase –del 15 de setiembre al 30 de octubre–, los personajes aportados por todas las naciones latinoamericanas han sido puestos a votación, de donde ha salido la lista definitiva ordenada por votos.
Algunos de los 100 personajes que más han influido en la cultura latinoamericana son: 1. Pablo Neruda, 2. Gabriel García Márquez, 3. Vinicius de Moraes, 4. Octavio Paz, 5. Andrés Bello, 6. Jorge Luis Borges, 7. Rubén Darío, 8. Rómulo Gallegos, 9. Gabriela Mistral, 10. Simón Bolívar, 13. Raúl García Zárate, 28. María Isabel Granda, 51. José Carlos Mariátegui, 68. Mario Vargas Llosa, 73. Juan Diego Flórez, 88. José Gabriel Condorcanqui (Túpac Amaru), 96. Ricardo Palma Soriano.
Entre los peruanos, el guitarrista Raúl García Zárate ocupa el puesto 13, mientras que Chabuca’Granda el 28, José Carlos Mariátegui el 51, el escritor Mario Vargas Llosa el 68, el tenor Juan Diego Flórez el 73, José Gabriel Condorcanqui el 88 y Ricardo Palma el 96.
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El siguiente artículo es de Alan Reynolds y fue publicado por el Instituto CATO en su página web el 6 de noviembre pasado, justo luego del triunfo de Obama en las elecciones norteamericanas. En él, Reynolds enjuicia desde una perspectiva de los contribuyentes de mayores ingresos la propuesta de Obama respecto a la materia tributaria. Evidentemente el texto es todavía nuboso, pues las propuestas fiscales de Obama también lo son.
... Estaremos atentos a lo que se anuncie en los próximos días, pues como sabemos, los ensayos fiscales en EE.UU. suelen luego ser replicados en América Latina.

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Por: Alan Reynolds

En su libro para su campaña presidencial de 1992, Colocando a la gente primero (Putting People First), Bill Clinton y Al Gore dijeron, “Reduciremos la carga tributaria para los estadounidenses de clase media pidiéndole a los extremadamente ricos que paguen su porción justa. Los contribuyentes de clase media tendrán que elegir entre un crédito tributario para niños o una reducción considerable en su tasa tributaria”.
Para el 15 de enero de 1993, sin embargo, el recientemente elegido Bill Clinton le dijo al New York Times que debido al empeoramiento de las proyecciones para el déficit comercial se ha visto forzado a incumplir con sus promesas de campaña de reducirle los impuestos a la clase media.
“El Sr. Clinton habló durante toda su campaña acerca de la necesidad de lidiar con el declive en los ingresos de la clase media durante los ochenta. Él propuso una reducción de impuestos para la clase media hace aproximadamente un año, en New Hampshire, y repitió la promesa con frecuencia. Pero en las semanas después de su elección … el nuevo equipo de consejeros económicos de Clinton aparentemente han hecho nuevos cálculos y han concluido que la reducción de impuestos no es posible si el Sr. Clinton quiere reducir el déficit y también continuar con un programa de ‘inversión’ para reavivar la economía. Cálculos que arrojan un creciente déficit requieren un presidente que cambie de plan, dijo él, añadiendo: ‘Creo que sería irresponsable por parte de cualquier presidente de EE.UU., en cualquier situación, no responder a las cambiantes circunstancias”.
Los cínicos han sugerido que una vez que el Presidente-electo Barack Obama se confronte con el tenebroso déficit de 2009 de por lo menos $1 trillón, él, también, tendrá que incumplir su promesa de “reducciones tributarias para la clase media”. Cuando se le pregunta acerca del precedente de Clinton, no obstante, Obama dijo que el hubiera tomado decisiones distintas. Él implicó que la redistribución a través del código tributario es su principal prioridad.
Poco antes de las elecciones yo escribí, “Los más problemáticos aumentos en impuestos en el plan de Barack Obama no son esos que ya podemos ver pero aquellos que seguramente serán anunciados después, luego de que las elecciones hayan pasado y las realidades presupuestarias asomen su fea cabeza”.
Una tasa tributaria de 20% sobre los dividendos y ganancias de capitales por sobre los contribuyentes de más altos ingresos recaudaría poco o nada de fondos, pero esto no es nada por lo cual agitarse terriblemente. Elevar la tasa tributaria más alta a 39,6% desalentaría algo de esfuerzo e inversiones, pero muchos profesionales y pequeñas empresas podrían evitar aquello refugiando más de su ingreso en el más bajo impuesto corporativo. El plan de Obama de gradualmente eliminar las deducciones y exenciones personales para esos mismos contribuyentes sería brutalmente injusto para las familias grandes y para aquellos que viven en estados “azules” de altos impuestos,por lo que puede ser que hasta demuestre ser una torpeza política.
Aquellos que imaginan que el gobierno no intentará aumentar los impuestos durante una recesión tienen memoria de corto plazo. La Ley Obama de Reconciliación de Presupuesto fue firmado por George Bush Sr. El 5 de noviembre de 1990—meses luego de que la economía había entrado en una recesión en julio de ese año.
Mirando más allá del próximo año, el mayor peligro fiscal no son los aumentos en impuestos que Obama describe como tales, pero los aumentos en impuestos que el describe como “reducciones tributarias”—específicamente, $1,3 trillones de promesas no financiadas de beneficios sociales a ser “rembolsados” con cheques de entre $500 y $4.000 cada uno.
Bajo uno de los planes de Obama, si usted ahorra $1.000 y luego se cuida de no ganar mucho, el gobierno le enviará $500. Un estudiante con un ingreso familiar por debajo de $100.000 (él o su esposa tiene que quedarse en casa) podría obtener $4.000 por 100 horas de servicio a la comunidad, lo cual equivale a $40 por hora (libre de impuestos).
Hay un crédito de $3.000 para el cuidado de los niños que es negado cada vez que aumenta el ingreso desde $30.000 hacia $58.000. Hay otro crédito reembolsable de impuestos de $500 por cada trabajo para hacer parecer que el Seguro Social es gratis, pero este se elimina rápidamente después de ganar $75.000 (una figura que Obama describió como $200.000). Es posible recolectar varios de tales cheques, pero ganar más ingresos puede que entonces resulte en perder más de 50 centavos por cada dólar extra ganado ya que los créditos van siendo retirados.
Un editorial del 23 de octubre publicado en el Wall Street Journal, “Una previsión acerca de las Obamanomics” (“An Obanomics Preview”), concluyó que “Si el Sr. Obama de verdad quiere un ‘estímulo’, el debe anunciar que dadas las condiciones de la economía él no aumentará los impuestos”. Aunque suenen convincentes, los argumentos contra-cíclicos (Keynesianos) rápidamente se vuelven en su contra cuando sea que la economía no está en una recesión—es decir, gran parte del tiempo.
Cuando la economía se recupere el próximo año (como siempre se recupera si los políticos restringen su intromisión), los demócratas seguramente darán crédito para la recuperación del nuevo presidente. Pero también podrían intentar convertir el mantra republicano “no aumenten impuestos durante una recesión” en una invitación a aumentar las tasas tributarias luego de que la recesión se haya acabado.
Un problema potencialmente mayor es que Obama utilizará el argumento contra-cíclico para su ventaja posponiendo el asunto hasta 2010, cuando las reducciones tributarias de Bush simplemente expiren.
Si los aumentos tributarios no son ley para 2009, ¿por qué molestarse en solo aumentar unos cuantos impuestos durante 2010 cuando hacer nada al respecto automáticamente resultaría en una total eliminación de las reducciones tributarias de 2001-2003?
Armados con esa lucrativa cuenta en blanco como nueva línea base, un presidente y congreso demócrata podrían magnánimamente ponerse de acuerdo para preservar solamente los aspectos que además de desperdiciar plata del fisco son populares tales como la ley original de Bush—con una tasa de impuestos altamente costosa de 10% y el crédito para niños, por ejemplo—mientras que permite que más de solamente las dos tasas más altas vuelvan a subir, y aumenta la tasa tributaria a nivel de los estados también. Todo en nombre de la responsabilidad fiscal, por supuesto.
Los impuestos más altos siempre fracasan en aumentar las recaudaciones que esperan sus partidarios. Cuando eso sucede, sabemos dónde buscarán los demócratas para aumentar los impuestos. Y eso es meterse cada vez más en el bolsillo de cualquier negocio lucrativo o inversionista exitoso (aún más difícil) que todavía exista.
Para aquellos considerando el futuro más allá del próximo año, el principal riesgo tanto para los contribuyentes individuales como para los corporativos no es que el nuevo presidente cumplirá con sus promesas de aumentar unas cuantas tasas tributarias y eliminar algunos vacíos legales. El principal riesgo es que el cumplirá con sus más grandes promesas de establecer todos aquellos programas de beneficios públicos financiados con impuestos y disfrazados como “créditos tributarios”.
Si millones de más votantes se han acostumbrado a pagar nada por el gobierno (ni siquiera por sus beneficios de Seguridad Social), y en cambio a recibir un manojo de cheques de la Tesorería, se volverá casi igual de difícil para cualquier presidente terminar con esos programas como lo será para los contribuyentes pagar por ellos.
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Estimados blogeros:

Luego de unas merecidas vacaciones en mi blog, vuelvo a plantear algunas reflexiones sobre la situación mundial. El siguiente texto, aparecido en el Diario El País el 13 de noviembre pasado explora la situación de la lucha política mundial luego del triunfo del señor Obama en las últimas elecciones en los EE.UU....
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Por: Josep Ramoneda

Obama "es un hombre sin resentimiento". Lo dice Martha Nussbaum, una de las figuras más reconocidas de la filosofía americana. La política se había convertido en el escenario del resentimiento, la figura que para Nietzsche representaba la esencia del cristianismo. La revolución conservadora americana, de inspiración evangélica, había propagado el resentimiento por el mundo. En España, donde el PP de Aznar se ofreció como base para su expansión en Europa, el resentimiento se había convertido en la esencia de la vida política. Con Obama se ha recuperado el sosiego. Bush ha optado por acabar su mandato con exquisitez en las formas, quizás confiando en hacer olvidar una derrota de la que es el principal culpable.
Puede que los ciudadanos empiecen a pedir en la calle las respuestas que no hallan en las 'cumbres'
De modo que sólo la señora Palin y el sector más irreductible de la derecha española, organizado en torno a la Conferencia Episcopal, siguen impasibles con sus particulares cruzadas de sembradores de odios. Ahora, la estrategia de la derecha, tanto en Estados Unidos como en Europa, pasa por minimizar la importancia del cambio que representa Obama. La derecha siempre busca ahogar cualquier esperanza de la ciudadanía que pudiera mover mínimamente el statu quo.
Con Obama de moda, Rajoy se ha sentido legitimado en su apuesta por la moderación, convencido de que en tiempos de crisis lo más rentable es la discreción, porque el desgaste del que manda pueda acabar con el poder en manos de la oposición, independientemente de los méritos que ésta haya hecho. Zapatero, con sillón garantizado en Washington, aunque sea por gentileza de Sarkozy (¿cuál sera el montante de la factura?), se las promete muy felices porque consiguió hablar por teléfono con Obama y ya está en la lista de espera para la ansiada visita a la Casa Blanca, que dicen llegará en primavera. Zapatero se equivoca si piensa que, depuesto Bush, todo irá sobre ruedas. Zapatero será escuchado en Washington en la medida en que sea capaz de desarrollar una política internacional que le convierta en aliado necesario para Obama. Y esto no pasa por convocar ejercicios espirituales de la Alianza de Civilizaciones, sino por ejercer influencia y autoridad en aquellos lugares del mundo en que España puede tener algo que decir: Europa, América Latina, norte de África y Oriente Próximo.
Zapatero lleva semanas organizando -con la oposición y los agentes sociales en el papel de comparsas- la comedia de la reunión de Washington. De momento, lo más interesante que este espectáculo ha dado es la foto de Zapatero con Botín que luce unos flamantes tirantes rojos. Tienen los tirantes tradición en la política española. Con ellos Fraga representaba los esfuerzos para que los herederos del franquismo no se cayeran de la Transición. Los tirantes de Botín van camino de convertirse en el Toro de Osborne de la crisis, icono de un sistema bancario que, al decir del diario The Wall Street Journal, deslumbra al mundo.
A medida que se acerca la reunión de Washington crece el número de analistas que piensan que una cumbre mal preparada y con un presidente interino en Estados Unidos no pasará de las vagas afirmaciones y promesas. Sólo una persona con la autoridad que Obama tiene en este momento podría forzar algún punto de acuerdo entre la ortodoxia económica americana, la retórica europea de la refundación del capitalismo, el capitalismo autoritario chino y las reivindicaciones de los países emergentes. Pero Obama no estará. Se equivocan los gobernantes si piensan que con una foto y un calendario de reuniones pueden recuperar la confianza ciudadana.
Terminado el espectáculo, cuando los líderes regresen a casa, seguiremos en las mismas: con despidos de trabajadores a mansalva. Con impunidad para los que aprovechan la crisis para reducir las plantillas, sin que las autoridades políticas hagan nada para evitarlo. Con la economía productiva ahogada por falta de crédito, sin que los dineros prometidos por el Estado lleguen a puerto. Con el umbral de la pobreza alcanzando ya a sectores de las clases medias. Con el sarcasmo de los bancos repartiendo dividendos millonarios y los ejecutivos cobrando bonos salvajes. Con España perdiendo puestos en el ranking de los países más igualitarios, algo que es constante desde que en tiempos de Felipe González llegó a ser el país con menor diferencial de rentas de Europa. Y con la amarga sensación de que se van tomando medidas al tuntún, sin que nadie sepa muy bien qué es lo que realmente hay que hacer. No es extraño que en algunos países europeos, Francia, por ejemplo, se tema la reacción de los ciudadanos. Estimulados por la ciudadanía americana, puede que empiecen a pedir en la calle las respuestas que no encuentran en las reseñas de las cumbres. Quien avisa no es traidor.
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Estimados blogeros:

Va una reflexión de Alan Garcia sobre la relación entre la crisis financiera y la situación del país. Pese a que en el artículo hay cierta inexactitud y -desde mi punto de vista- exceso de optimismo, vale leerla para saber la visión que desde la Presidencia de la Répública se tiene al respecto. El artículo fue publicado en el Diario EL COMERCIO de Lima (09.11.2008)

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Por Alan García Pérez. Presidente de la República

Hoy, el mundo y sus gobiernos viven en la incertidumbre y consideran inevitable una larga depresión económica y social. Creo que ese pesimismo nace de una mala interpretación de la historia y de desconocer las enormes fuerzas productivas y los recursos financieros que tiene la humanidad.
I. Hoy abundan las visiones tremendistas, tal vez porque la crisis coincidió con la campaña electoral estadounidense. El público busca libros de Marx y otros anuncian que es la crisis terminal del sistema. Pero olvidan que el mismo Marx había hablado de las enfermedades de infancia (kinderkrankheit) de los sistemas. No imaginan que esta crisis puede ser, en realidad, una crisis de crecimiento del capitalismo.
II. Porque la vieja economía de las cosas materiales, está siendo sustituida por la economía de la información. En esta nueva etapa la energía básica ya no es la de los combustibles fósiles sino la comunicación y la información que extienden los mercados y permiten multiplicar los valores. Este es el caso del dinero electrónico y de su velocidad que permite titulizar, empaquetar y rebautizar los mismos valores para ofrecerlos a fondos de pensiones de países remotos. En realidad lo que ocurrió es que los nuevos grandes poderes de la información se usaron con ignorancia y exageración. Estos banqueros y funcionarios del ayer no entienden la nueva velocidad. Pero es una crisis de crecimiento.
III. Porque hoy la humanidad, sin un solo centro económico preciso, tiene inmensos recursos para su recuperación. Trillones de dólares provenientes de los petrodólares, enormes depósitos de divisas en los bancos centrales, una creciente demanda social por bienes y servicios dispuesta a usar esos recursos. Pero tiene, además, capacidades productivas nunca antes vistas. La digitalización que recién se inicia, la genética que está en sus primeras etapas, la nanotecnología que varía las propiedades y la aplicación de la materia.
Y algo más importante, la humanidad tiene hoy una velocidad de interacción de la que aún no es consciente. Encontrar el bacilo causante de la tuberculosis demoró siglos, después, encontrar el tratamiento de la triterápico del sida tomó 20 años y ahora ubicar el virus de la gripe aviar solo cinco meses porque ya cientos de laboratorios estaban conectados instantáneamente. Lo mismo ocurre con la crisis de este tiempo. No se necesitará seis años y una gran guerra como en el año 1929 ni se requerirá varios años y un gran endeudamiento como en 1973. La crisis de hoy se extendió instantáneamente, originó un espasmo, pero la economía global construirá la respuesta con la misma velocidad. No dudo que en 18 o 24 meses se iniciará un proceso de crecimiento aun más veloz que el de los últimos 10 años.
IV. Pero por el momento, todos buscan culpables y no ven salidas. En realidad, lo justo y correcto sería aceptar que la expansión exagerada de los créditos inmobiliarios y de los gastos de guerra en Iraq también benefició a la mayoría de los países y a sus familias. Veamos: Millones de hipotecas facilitaron la construcción de millones de viviendas, y por eso, las empresas y millones de obreros y técnicos compraron minerales, espárragos, textiles chinos y latinoamericanos. Por ello, también subieron los precios del petróleo, del cobre, de los productos agrarios y, por eso, Latinoamérica cumplió un ciclo de siete años de crecimiento continuo y, como lo repiten sus gobernantes, redujo su pobreza. Este es el lado positivo del que ahora todos se olvidan buscando proyecciones tremendistas para algo que es absolutamente racional y controlable.
V. El verdadero problema es que solo algunos países tuvieron un comportamiento 'precíclico'; es decir, ahorrar y usar el dinero en inversiones productivas en vez de especular, comprar armas o repartir salarios electorales. En ese caso fue más inteligente ser precíclico que intentar ahora ser contracíclico.
¿Qué hacer ahora? La elección de Barack Obama contribuirá a la serenidad, resistir los 18 o 24 meses sosteniendo las inversiones públicas, manteniendo reglas estables que atraigan la inversión externa y sobre todo el caer en recursos desesperados que tendrían peores consecuencias.
VI. La conclusión es que, quien mantenga ahora la calma y continúe sus inversiones públicas y privadas, ganará mucho más cuando dentro de unos meses comience la reactivación mundial que inevitablemente vendrá y con una mayor velocidad.
Para ello el Perú continuará su crecimiento en el año 2009. No será de 9% como este año 2008, pero alcanzará el 6,5%, con un nivel de inflación del 3,5%. Así fortalecerá el empleo y continuará extendiendo su mercado interno. Es difícil creer que con el próximo relanzamiento mundial los precios del cobre, el plomo o el zinc se mantengan en los bajos niveles de este momento de confusión. El Perú continuará su cambio energético hacia el gas construyendo gasoductos y puertos y construyendo autopistas que gracias a su actual crecimiento son inversiones rentables. Con serenidad y prudencia el Perú será un país refugio para el capital productivo del mundo.

05/11/08: VUELVE LA POLITICA

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Por: Felipe González - ex presidente del Gobierno español (Tomado del Diario El Pais - 05.11.2008)

Todas las convenciones dominantes se han roto y, en efecto, vuelve la política reclamada por la misma "mano invisible del mercado" que la marginó como un estorbo. Aunque la visión del mercado que lo ocupaba todo y excluía cualquier intervención tiene un fundamento ideológico, no creo que éste sea el espacio del debate actual. Ahora, para superar la grave crisis en la que estamos, lo importante es que se actúe políticamente bien.
Estamos ante una oportunidad para los que creen en la función de la política como gobierno del espacio público compartido, que, entre otras, debe asumir la responsabilidad de regular la contradicción de intereses propia de una sociedad libre y ocuparse de que el ciudadano no esté solo, a merced del señor mercado. Si se resuelve la crisis y se encauzan las soluciones que eviten su repetición en el futuro, triunfarán durante mucho tiempo las ideas capaces de sacarnos de este marasmo.
Ante la gravedad de lo que ocurre, los más fundamentalistas de la ideología neoconservadora están actuando con la misma o más decisión que los que la combaten. Llegan más lejos en la intervención, seguramente a la espera de otros tiempos. Pero hay tiempo para este debate, porque en la respuesta que necesitamos está la política con mayúsculas, la que mira a los ciudadanos y pone al mercado a su servicio y no al revés. Ahora, lo que importa es hacerlo bien y rápido.
Las intervenciones masivas que se están produciendo deben servir para evitar la recesión o la depresión, limitando el efecto en la economía productiva, y también para reformar el marco local y global en que se mueven los flujos financieros, haciéndolos previsibles y transparentes. Pero si se intenta volver a la senda que se consideró exitosa en los años noventa del pasado siglo y en los primeros años del presente, sin cambios en el modelo, más allá de que se mejore la regulación, se repetirá la situación. El estallido de la inmensa burbuja financiera no sólo se debe a los fallos de regulados y reguladores, que son evidentes, sino a la dimensión desproporcionada que adquirió la economía financiera, al margen de su función primordial de alimentación de la actividad productiva.
Regular el funcionamiento de los mercados globales, sin la tentación de confiar en la autorregulación de la "mano invisible", tampoco debe llevarnos a lo contrario, con un exceso de intervencionismo del Estado o de los Estados concertados. Necesitamos Estados modernos, fuertes y ágiles, que sean ellos mismos transparentes, eficaces y previsibles. Regular el mercado no es sustituirlo, sino enmarcarlo en su función correcta. Por eso es la hora de la política como gobierno de los intereses de los ciudadanos en el espacio que compartimos, desde lo local nacional hasta lo global, pasando por integraciones regionales como la Unión Europea, capaces de ordenar el sistema financiero y los flujos comerciales.
Ha habido fallos de los agentes, inventando instrumentos y vehículos financieros que escapaban a toda contabilidad y tenían poca o nula relación con la evolución de la economía real de las empresas o de las familias. Las distintas instituciones financieras se han servido de los clientes para colocar estos productos en lugar de servirse de ellos para gestionar prudentemente sus depósitos, ahorros, inversiones o créditos. Y ha habido fallos de los organismos de control. Los locales, inadaptados o sin competencia en lo global, y los internacionales, aún más obsoletos y desajustados.
La aceptación de la economía de mercado nos ha homologado globalmente. Mercado con sistemas autoritarios -incluso definidos como comunistas-, mercado con democracias liberales, pero mercado sin discusión. Es más verdad que nunca que no hay democracia sin mercado, pero que sí hay mercado sin democracia.
La coordinación para fijar reglas comunes entre sistemas políticos tan diversos será complicada. Sin embargo, si aceptamos que el funcionamiento del sistema financiero es global e interdependiente, podríamos actuar con eficacia. La crisis nace de la carencia de gobernanza global adecuada, y es interés de todos reformar el funcionamiento del sistema.
La epidemia empezó en esta ocasión por los mercados centrales, a diferencia de la de hace 10 años, que arrancó en los emergentes, pero contamina a todo el sistema, como entonces, y se convierte en pandemia que pone en crisis al sistema financiero y golpea a la economía productiva hasta llevarnos a la amenaza recesiva o depresiva que pesa sobre todo el mundo. Habrá regiones que noten los efectos de manera menos dura y puedan responder a los mismos con acciones anticíclicas eficaces, pero todas estarán afectadas y lo notarán en su empleo y en su crecimiento.
Para actuar en lo global, hay que coordinar esfuerzos entre los clásicos, Estados Unidos, Unión Europea y Japón, y un número de emergentes con peso creciente en el producto mundial, excedentes de ahorro y demografías determinantes para el futuro. China, India, Rusia, Brasil, México, los países del Golfo, Suráfrica, etc., tienen que formar parte de la respuesta. Esto dará un grupo de 20 o 25 países para articular una propuesta y a continuación ampliar el campo para contar con todos.
Necesitamos una regulación eficaz y homogeneizada en todos los mercados, que abarque a los distintos productos de este sistema financiero global. Esto no significa sobrerregular, sino transparentar el marco de actuación de los agentes financieros y hacer previsibles sus comportamientos, con registros contables claros y controles rigurosos.
Se trata de salvar al sistema financiero, aunque haya diferencia en las recetas aplicadas, para que todo lo demás no se hunda. Las intervenciones tienen que orientarse hacia la normalización del funcionamiento de la economía real, ahogada por el fracaso del sistema financiero. En lo que se refiere a España, creo que las medidas de rescate aprobadas son apropiadas, aunque pueden ser insuficientes, pero sobre todo hay que dar operatividad inmediata al paquete aprobado. A eso se puede añadir lo que se decida institucionalmente en la UE.
Lo primero es restablecer la confianza del ahorrador en el sistema financiero y bancario, solvente en general pero con algunos problemas en casos concretos. Por eso, recuperar la liquidez debe acompañarse del análisis de responsabilidades que permita fortalecer el sistema.
Hay que restablecer la normalidad operativa cuanto antes, para evitar los cortes de crédito que están llevando a muchas empresas e individuos a una situación crítica muchas veces injustificada.
Hay que acelerar la bajada de las tasas de interés nominales para evitar una mayor destrucción de empresas, más devaluación de activos y más pérdidas y quiebras de deudores, que pueden desencadenar como una bola de nieve una creciente recesión. Más allá de las políticas monetarias, parece claro ya que la inflación va a descender.
El ICO debería ocuparse masivamente del apoyo a las pymes, tal vez con un fondo complementario para operar directamente o para avalar. Aunque nos llamen la atención las crisis de los grandes, sin duda importantes, el empleo y la red social está en las pequeñas y medianas empresas.
Los bancos y cajas deben estar dispuestos a revisar las hipotecas, cobrando los intereses durante tres o cuatro años, y aplazando el pago del principal mediante la ampliación del plazo de amortización. No puede ser una fórmula general, ni normativa, pero sí generalizable por los operadores. Así contribuiremos a evitar el drama de muchas familias y a frenar un incremento de la morosidad innecesario.
Hay que actualizar la información sobre la totalidad de los compromisos de pago de las entidades financieras y vigilar la tasa a la que están captando recursos, porque de eso depende la suficiencia del rescate, la reanudación del crédito y el tipo de interés al que podrán prestar.
Bancos, cajas y empresas deben aclarar sus operaciones financieras en los mercados internacionales y transparentar sus registros contables -si los tienen-, para saber hasta dónde nos llega la infección.
Hay que estimular la demanda aumentando la inversión pública. Más allá de los presupuestos, empresas del Ministerio de Fomento y otros pueden acudir al BEI para la financiación de proyectos. Habrá líneas de crédito en buenas condiciones y nosotros necesitamos aumentar nuestro capital físico. Estas operaciones de inversión pueden compensar la caída de la actividad y estimular la recuperación.
Como estamos contra el reloj, no hay que resaltar la urgencia de estas y otras decisiones.
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Estimados blogeros:

Obama ha ganado las elecciones en EE.UU y creo que el triunfor es un símbolo del avance humano en varios sentidos:
1. Probó que el ciudadano de a pie, si se lo propone, puede cambiar el destino manifiesto de un proceso político.
2. Probó que las políticas inclusivas de un Estado que invierte en Educación y Bienestar social pueden permitir legar a la sociedad grandes hombres.
3. Permitió constatar que la movilización social en pro de un proyecto utópico es posible (el YES, WE CAN) y que -por tanto- la financiación para tal proyecto también.
4. Constató que es posible hablar de cambio, esperanza, ciudadanía y justicia social, sin asociarlo a violencia disolutoria, sino a compartir, coordinar y conversar.

A continuación les hago llegar un comentario de LLUÍS BASSETS aparecido el día de hoy en el Diario El País, que se refiere a como se llegó a donde se llegó en estas elecciones.

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Por: Lluís Bassets

Cuando se lean estas líneas hasta aquí quizás ya significa la Casa Blanca. Con el recorrido que ha realizado en los últimos 21 meses, desde que anunció su candidatura, hasta el cierre de las urnas, basta y sobra para declararle vencedor del desafío que significaba bregar porque un ciudadano afroamericano se convirtiera en el 44º presidente de los Estados Unidos de América. Su campaña ya ha transformado a este país, que celebró ayer su día grande electoral convertido en una sociedad post racial, en la que el ascensor social funciona para todos los ciudadanos. También le ha transformado a él, quizás no personalmente, pero sí en su imagen pública y en su capacidad de sintonizar con la gente. Y, lo que es más interesante, su campaña ha obtenido unos resultados vencedores en todos los capítulos: participación, financiación, organización, uso de las nuevas tecnologías y sondeos. Lo único que le faltaba ayer era que el escrutinio de los votos populares le proporcionara los 270 delegados necesarios.
El candidato republicano, John McCain, alguna responsabilidad tiene en tantos éxitos y en uno en concreto: no ha querido hacer sangre con los vídeos subversivos del pastor negro Wright, el mentor espiritual de Obama de discurso antiamericano. También le ha facilitado las cosas con sus dos errores más garrafales (el nombramiento de la señora Palin y su reacción desordenada e impulsiva ante la crisis financiera). Pero el mérito fundamental es de Obama y de su equipo. Ha sido la mejor campaña de la historia y ha contado con un candidato inmejorable, todo rozando la perfección. No se han producido cambios de rumbo político en su orientación. Tampoco cambios de equipos, como les sucedió a Clinton y McCain. Ni filtraciones. La disciplina y el orden han reinado en una medida desconocida: el reparto de la piel del oso antes de cazarlo ha quedado proscrito.
De la campaña sale una experiencia que desborda al actual Partido Demócrata. La financiación pública de las campañas ya no será posible a partir de ahora. La recaudación por Internet se revela un mecanismo de participación y de organización que va más allá de una campaña. Aunque los medios tradicionales aman a Obama, han sido los nuevos los que le han dado la victoria: Internet, marketing viral, mensajes telefónicos, vídeos en YouTube, videojuegos. Obama ha movilizado masas, algo inhabitual en la política estadounidense, pero la movilización más intensa ha funcionado en el uso de los nuevos medios, en chats y redes sociales. Un nuevo partido, sí, pero también una nueva forma de hacer política, la propia además de una generación que se incorpora con fuerza y carácter propios.
Pero lo mejor de todo es el propio Obama, la fuerza de su personalidad, su oratoria, su carácter, ese temperamento de primera clase que le han elogiado incluso sus adversarios y un ego especial, transparente, que no vive con angustia su relación con el poder. Un anti Sarkozy, en suma, que sabe trabajar en equipo y dirigirse con naturalidad a los ciudadanos.
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El siguiente es un importante texto de Francesc Granell (catedrático de Organización Económica Internacional de la UB y miembro de la Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras), aparecido en el Diario El País (04.11.2008).

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El G-20, lo que va de 1944 a 2008

Por: Francesc Granell

Despejada la incógnita de quién va a ser el inquilino de la Casa Blanca durante los próximos cuatro años, la atención de los analistas de temas internacionales puede volver a centrarse en lo que dará de sí la reunión del G-20 que se celebrará en Washington el 15 de noviembre, sin que a estas alturas sepamos aún si se encontrará una fórmula para que España, que no es miembro de ese club, pueda hacer alguna aportación sistémica a su primera reunión a nivel cumbre de jefes de Estado y de Gobierno desde que naciera en 1999, ya que hasta ahora sólo se habían reunido sus ministros de Hacienda y gobernadores de bancos centrales.
La ambición inicial de Sarkozy y Brown, cuando le propusieron a Bush convocar la reunión, era muy alta: refundar el capitalismo tras el traspié que ha sufrido en estos últimos meses. Bush frenó de entrada tal ambición al decir que la reunión no debe socavar los fundamentos de la economía libre de mercado en que hasta ahora se ha basado el sistema internacional.
Para acabar de reducir las ambiciones de la próxima reunión en Washington del G-20, el director gerente del Fondo Monetario Internacional defendió el decaído prestigio de su institución y propuso un plan de gobernanza de la globalización circunscrito a unas cuantas reglas pactadas en el Foro de Estabilidad Financiera Internacional. Según el director gerente, se trata tan sólo de paliar las imperfecciones de funcionamiento del mercado, lo cual se acompañaría con un aumento de los recursos puestos a disposición del FMI por sus Estados miembros y con la creación de un nuevo instrumento financiero para aliviar los problemas de liquidez a corto plazo.
Llegados a este punto deberíamos preguntarnos si lo que hasta ahora se lleva propuesto por Francia, Gran Bretaña, la Unión Europea, Estados Unidos o el propio FMI, o lo recomendado por la reunión regular de los ministros y gobernadores del G-20 en São Paulo, bajo presidencia brasileña, responde a la ambición de lanzarse a un Bretton Woods II o se queda en un simple parcheado de los que hasta ahora tenemos.
Yo creo que estamos en el segundo de tales escenarios por una sencilla razón: las relaciones de poder en el mundo actual distan mucho de las existentes cuando se celebró la Conferencia de Bretton Woods, en la que se puso en marcha el Sistema Monetario Internacional que -con varias enmiendas y cambios reglamentarios y con muchas críticas por su funcionamiento- ha permitido que los pagos internacionales y el comercio mundial no se colapsaran como sucedió tras la crisis mundial de 1929, una crisis que duró, por cierto, un decenio.Cuando norteamericanos y británicos reunieron a 44 países en la Conferencia Monetaria y Financiera de Bretton Woods, en 1944, partíamos, prácticamente, de cero al haberse desmontado los automatismos del Patrón Oro que habían situado al Reino Unido a la cabeza de las finanzas mundiales hasta acabada la Primera Guerra Mundial. La economía mundial funcionaba en los años treinta y cuarenta del siglo pasado con un alto proteccionismo y con un sistema de pagos en el que la convertibilidad entre monedas brillaba por su ausencia.
Nuestro mundo globalizado actual no puede comparar sus problemas con los que había entonces, pero, a mi entender, lo más importante no es que hoy tengamos una auténtica "economía mundial integrada" y entonces no la tuviéramos, sino el hecho de que en 1944 había una sola potencia dominante, Estados Unidos, y ahora en cambio -sobre todo tras el declive de la presidencia de Bush- ya no hay un liderazgo económico ni político mundial aceptado por todos.
En Bretton Woods, el británico Keynes propuso un plan que consistía en crear una Unión Internacional de Compensación en que los países que habían contraído deudas y que necesitaban crédito para reconstruirse de las destrucciones de la guerra pudieran reflotar sin tener que recurrir a políticas limitadas por su balanza de pagos. Keynes completaba su plan con una moneda única: el Bancor. Pero los estadounidenses -que eran los únicos que lideraban porque estaban haciendo ganar la guerra contra Hitler y podían prestar a los demás- quisieron limitar su compromiso y por eso se aprobó su Plan White, que creó el Fondo Monetario Internacional con unas reglas estrictas de acceso al crédito y con la obligatoriedad de adoptar tipos de cambio casi fijos. La única concesión de los estadounidenses para contentar a los británicos y paliar los problemas de reconstrucción de los países europeos destruidos por la guerra fue permitir la creación del Banco Mundial. En Bretton Woods, Estados Unidos impuso su ley y su dólar quedó convertido en la moneda estrella del nuevo Sistema Monetario Internacional. En aquel momento y en términos actuales diríamos que Estados Unidos era el G-1 que hacía y deshacía a su antojo.
Desde que el FMI y el Banco Mundial se pusieron en marcha, a finales de los años cuarenta del siglo pasado, la economía mundial se ha transformado profundamente. En primer lugar, ha aumentado sensiblemente el número de países que cuentan y los países subdesarrollados se han dividido entre los pobres y los emergentes con necesidades específicas y con quejas sobre el funcionamiento asimétrico del sistema internacional. Además, el vínculo oro-dólar establecido en 1944 desapareció a principios de los años setenta del siglo pasado tras la pérdida de confianza en el dólar que se derivó de los déficit norteamericanos generados por la guerra de Vietnam. En cuanto a los tipos de cambio semifijos de Bretton Woods, han sido sustituidos por una flotación a veces impredecible y que genera mercados especulativos. En cuarto lugar, el euro ya representa una cierta alternativa al dólar y China se ha erigido en el país con mayores reservas de cambio. Asimismo, el mundo está desbordado por una liquidez internacional descontrolada, consecuencia de las finanzas inyectadas por eurodólares, petrodólares y nuevos instrumentos financieros imaginativos.
Pero la gran diferencia entre Bretton Woods y la cumbre del G-20 de Washington no viene sólo de estas cuestiones técnicas, sino de la mencionada inexistencia de un G-1 que pueda hacer cambiar las cosas con un liderazgo suficiente. Nuestro mundo tiene una gobernanza compleja en donde Estados Unidos ha perdido el liderazgo que tuvo hace unos años y no puede dictar soluciones unilaterales so pena de una fuerte crítica de los demás o de las ONGs. Es así como se han ido configurando los grupos de gobernanza que hoy conocemos: el G-7 de países económicamente fuertes; el G-8 cuando conviene que Rusia también esté presente; el G-10 cuando hay que movilizar a los países financieramente determinantes; el G-20 cuando los países ricos consideran que hay que dar entrada a los países emergentes sistémicamente relevantes cuando se trata de cuestiones económicas de alcance mundial; el G-77 en que los países pobres hacen llegar sus quejas sobre las injusticias mundiales, por no citar más que algunos de los clubes más relevantes, y eso sin contar la Unión Europea o algunos organismos internacionales que parecen haber cobrado una cierta vida propia y desvinculada de sus Estados miembros: OCDE, OMC, FMI, Banco Mundial, etcétera.
La crisis mundial por la que atravesamos no va a solucionarse con medidas nacionales sino con respuestas a nivel mundial, pero forjar respuestas mundiales resulta hoy tan complejo por la falta de liderazgos claros que no creo que en la cumbre del G-20 de Washington se pueda refundar nada. No habrá, pues, ninguna "revolución" aunque sí se abrirán vías de diálogo para ir decidiendo nuevos remiendos a un sistema que está muy necesitado de ellos.
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Por: Jorge Bruce (tomado del Diario Peru 21 del 02.11.2008)

El premier Simon ha dicho que se castigará a los culpables de los desmanes ocurridos recientemente, particularmente en Tacna, una ciudad a la que calificó de “muy especial” (lo es simbólicamente, pero el vandalismo es más bien ordinario). Eso va a estar difícil. Si bien la hipótesis de los agitadores infiltrados acude con frecuencia a la mente de autoridades y periodistas –y de hecho no se la puede descartar–, esta no es necesariamente cierta. Es una explicación tentadora pero no rigurosa. La dinámica de la psicología de masas es más compleja que la de unos cuantos encapuchados azuzando las pasiones del grupo, ya enardecido por motivos variados. Puede tratarse de una frustración importante, como en Tacna respecto de la ley del canon minero y la rivalidad –que en psicoanálisis se conoce como el narcisismo de las pequeñas diferencias– con Moquegua. O bien de una intervención policial desastrosa, como en Nueva Cajamarca, donde se procedió al desalojo de un inmueble privado utilizando granadas lacrimógenas. Solo que dicho local colindaba con dos colegios y la intervención se realizó en pleno horario escolar, con lo cual los niños huyeron aterrados y asfixiados, a lo que los padres acudieron angustiados primero, furiosos después. Sin embargo, ni siquiera esta aberrante decisión policial o judicial explica los destrozos, agresiones, ataque a la comisaría y toma de carreteras –siguiendo un guión penosamente familiar– durante el resto del día.
En 1929, José Ortega y Gasset publicó La rebelión de las masas. No obstante, su análisis transcurre en un entorno de estabilidad política, seguridad económica y orden público –precisamente lo que nos falta a los peruanos–, produciendo lo que él llama el “hombre-masa”. Este hombre está regido por una convicción interna de que la vida es fácil, sin limitaciones trágicas. Cada individuo medio encuentra en sí una sensación de dominio y triunfo que lo lleva a afirmarse tal cual es, sin escuchar ni sentir el apremio de desarrollarse culturalmente. Entre nosotros, esto se observa entre las élites satisfechas y autocomplacientes, sordas al rumor que surge de abajo, agravando y, en cierta medida, causando el problema que nos desafía como colectividad. Pero, en lo inmediato, a lo que asistimos es a una regresión masiva en los incesantes conflictos sociales que brotan, una y otra vez, en nuestro territorio. De ahí que nos hayamos permitido adulterar el título de su libro más célebre.
La defensora del Pueblo, Beatriz Merino, ha señalado que los conflictos se han incrementado en 800 % en los tres años que lleva en el cargo. Nos urgen explicaciones desde diferentes perspectivas para prevenir este crecimiento exponencial. Lo que el psicoanálisis puede enseñarnos es por qué las masas regresionan hacia comportamientos narcisistas o paranoicos. El espacio no permite abundar en estas teorías acá. Me limitaré a señalar que la masa promueve intensamente la agresión en individuos que jamás actuarían de esa manera en su vida cotidiana. Ante situaciones como las citadas, menos que un agitador se requiere la presencia de líderes ocasionales que profieran banalidades sintónicas con el ánimo dominante, por lo general esquemáticas o demagógicas, pero no apaciguadoras, pues eso iría a contrapelo de los miedos que fomentan la depredación y serán desoídos o maltratados, como les consta a varios policías. Los fiscales podrán identificar mediante videos a personas destruyendo propiedades, pero eso no ayudará a entender ni prevenir tanto tumulto y descontrol (volveremos con más sobre violencia social).