Hasta aquí por aquí

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En esta entrada quiero agradecerles a todos ustedes lectores por haberme acompañado en todo el tiempo que escribí en este espacio. Ha sido un gusto enorme el poder exponer aquí algunos textos y más aún contar con su lectura. En esta entrada les dejo el link para descargar el primer libro que he escrito. Aún faltan correcciones así que pido disculpas si errores ortográficos les molestan. Además, les dejo la dirección del nuevo blog en donde escribiré desde ahora. Muchas gracias por su compañía!

http://es.scribd.com/doc/190904731/l1br0

http://diarionosistema.blogspot.com/

Si tienen alguna sugerencia me la pueden hacer llegar a: csrnd.saenz@gmail.com

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Sobre los Cuadros de Casta coloniales

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Para Renzo Trujillo

Es una fuente muy importante para las investigaciones del Perú y México colonial los cuadros de casta. Evidentemen los cuadros no son meras creaciones artísticas sino que sirven para transmitir la ideología presente en el tiempo ya sea sólo en el individuo que la realiza o en todo el estado virreinal. Esto implica un cierto grado de organización del poder, economía y sociedad que no puede pasar desapercibido. Es importante también no magnificar el impacto de estos cuadros porque, lo más probable, es que su uso y difusión hayan sido bastante restringidos.

Estos cuadros están compuestos tanto por palabras como por dibujos. Las palabras que se utilizan implican una división de la sociedad del momento. Son términos que se diferencian en dos maneras: exclusivas y parciales. Las exclusivas son categorías irreconciliables en su estado puro: español, indio y negro. Las parciales son las mezclas entre ambas: mulato, mestizo, castizo, etc. Todos los términos pertenecen a un sistema de valores puros que los contiene. En este conjunto rige un cierto grado de organización semántica que los articula haciendo que la estructura dependa de diferencias y oposiciones entre las palabras. Todas estas palabras tienen un significado definido (mulato = mezcla de blanco con negra, blanca con negro).

Al ser las palabras organizadas por oposiciones y diferencias, no podemos considerar un criterio lineal en la transmisión de información de los cuadros. Cada término tiene una jerarquía que se reafirma con los dibujos. Español no está en el mismo nivel de indio ni de negro, estos últimos tampoco. Siguiendo los criterios de Bartolomé de las Casas, el indio está sobre el negro. Además, para que el indio llegue al nivel del español tienen que pasar tres generaciones mientras que para que el negro lo consiga cuatro o cinco. Esta jerarquía es lo que articula la lengua castellana que se utiliza para reafirmar la división social que es la manera de renovar y regirmar el dominio colonial.

Un tema importante es considerar el género en los cuadros de casta. El papel subyugado de la mujer hace que sea un participante pasivo en la ascensión y descenso de la jerarquía social. Es la mujer la receptora del arribismo social o de la expansión de las mezclas. Un caso peculiar es en el polo indio de donde, siempre para ascender, la encargada de hacerlo es la mujer. Es por esta razón y por el control sexual sobre las mujeres que cuando un pintor o intelectual toma a la mujer como factor para la reproducción con indios y negros implica un cierto grado de ruptura con los criterios normales que rige la sociedad del momento.

Además es importante considerar cual es el sentido de la estructura planteada en los cuadros de casta. Si el sentido es de arriba hacia abajo, implica ratificar el poder fertilizante y viril de los españoles para constituir las diversas castas. Es una apología al poder sexual español que difunde sus genes en los otros dos polos. Entonces, se debe controlar a sus herederos. Por el otro lado, si el sentido es de arriba abajo, implica un ascenso social en una jerarquía de antiguo régimen. Esto se explicita que ni el dinero ni otros aspectos pueden marcar tu ‘progreso’ sino las relaciones de matrimonio que ‘purifiquen’ la condición personal.

Es tomando estas consideraciones que grafique los cuadros de casta con un criterio de jerarquía entre los significantes

Miguel de Cabrera

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Anónimo

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Andrés Islas

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Gregorio Cangas

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Hipólito Unanue

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Entonecs, los términos implican una jerarquía que se puede organizar mediante estructuras. En este caso utilice una línea que luego complementaré con triángulos sociales. Que define la españolidad, indigeneidad y negritud? Es realmente muy difícil de hacerlo evidente en la realidad pero sí se explícita con el poder en sus diversas ramas. Las categorías de ‘blanco’ y ‘negro’ son bastante relativas. La diferencia en el plano formal de blanco y negro no es la misma en la realidad. El más blanco de los blancos realmente no es blanco pues. Ni el más negro de los negros es realmente negro. El formalismo que implica la oposición de términos se ejecuta en la realidad con el poder como sustento. ‘Te impongo ser negro y yo me impongo ser blanco’  esa pareciera ser la lógica. Pero evidentemente implica un conocimiento bien precario de organización social, o quizás elemental, a partir de la apariencia dérmica.

La diferencia de estos términos, que realmente tornan en ambiguos al identificarse en la realidad, hace que los términos sean acompañados por dibujos de sujetos. Si es que el significado de un término era la relación de procedencia, ahora se le asocia una representación para identificarlo con mayor certeza. Estos dibujos representan la ‘calidad’ que es el criterio cultural o social que complementa la división jerárquica entre los sujetos que integran una sociedad. Este tipo de cuadros evidencia la política colonial que refiere a ‘divide y reinarás’ o también a la abstracción del sujeto que lo realiza para sañalar todas las posibles combinaciones que se pueden dar entre los individuos.

Finalmente, es interesante ver que la diferencia entre los términos utilizados en las diferentes propuestas de castas hacen deducir que no existió conciencia de cada uno de los integrantes del término y dibujo. La conciencia ‘calpamulata’, ‘cambuja’, ‘torna atrás’ o ‘tente en el aire’ parecieran ser meros argumentos retóricos para resaltar y enfatizar las posiciones. La versatilidad del término hace inferir que vienen más de quien las coloca de a quien se le es colocado la categoría. El otro caso es criollo, un autor lo pone al final lo que hace inferir que en fin de cuentas es algo que representa a una mezcla.

Ojo con el caso de Hipólito Unanue en donde se explicíta toda su ideología en favor de la condición de los criollos.

Más adelante se desarrollará más este tema.

Los triangulos

Miguel Cabrera

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Anónimo

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Andrés Islas

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Hipólito Unanue

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Gregorio Cangas

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Ojo

‘Salta para atrás’, ‘torna atrás’, etc. y ‘Tente en el Aire’ no son sujeto sino posiciones. Son herramientas retóricas para señalar ubicaciones de distintas castas.

El significado de los términos es variable de acuerdo al sujeto que realiza el cuadro.

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Sobre la relatividad y los Sistemas de Referencia en la Historia

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Situémonos, amigo lector, en una autopista/carretera/vía/etc. En este camino se encuentran dos carriles: uno de ida y otro de vuelta. Además, hay dos autos como mínimo por carril pero pueden ser tantos como se quiera. Cada uno de estos vehículos serán denominados como móviles y cuentan con una velocidad particular. El movimiento que realizan implica necesariamente una aceleración (en la física se denomina MRUV (movimiento rectilíneo uniformemente variado)). Es necesario considerar que en cada lado de la pista se encuentran dos observadores. En otra ocasión se podría poner un observador en el centro de ambas vías.

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Cuando el individuo que maneja el móvil A observa al de B, se percata de que la velocidad con que se mueve el otro es la resta de su velocidad con la de él. La velocidad de B será Va – Vb. Si el signo es positivo, entonces A avanza. Si el signo es negativo, B adelanta a A. En la otra pista, A observa a C y D con una velocidad que contempla la suma de sus velocidades con la suya. Ve a C con una velocidad Va + Vc y a D con Va + Vd. Esta es la razón por la cual vemos que carros en distinto sentido avanzan con una velocidad rápida que amerita un sonido agudo; mientras que los del mismo carril o van para atrás o rebasan.

Cuando el individuo situado en el móvil B mira al de A lo observa con una velocidad que es la resta de ambas: Vb –Va. Si es positvo quiere decir que lo pasa y si es negativo es pasado. Al igual que A, mira a C y D con la suma de sus velocidades. C con Vb + Vc y D con Vb + Vd.

La misma situación pasa con C y D. Cuando C mira a A lo ve con una velocidad Vc + Va y a B con Vc + Vb. D mira a A con una velocidad Vd + Va y a B con Vd + Vb. Cuando B y C se observan, entonces se verán con la resta de sus velocidades Vc – Vd o Vd – Vc. El signo depende si lo adelanta al ser positivo o es superado si es negativo.

En cada lado de la pista se colocan dos observadores. El primero verá a A y B de izquierda a derecha;  verá a C y D de derecha a izquierda. El segundo observará a C y D de izquierda a derecha y a A y B de derecha a izquierda. Si colocamos un observador en el centro su sentido girará en torno a arriba/abajo o sube/baja. Hay dos sentidos también.

Entonces este ejemplo nos permite percatarnos de la existencia del Sistema de Referencia. La observación de algo depende desde el lugar donde el individuo se encuentra posicionado. Las diferentes perspectivas sobre un fenómeno se denominan relatividad. Se puede contradecir la velocidad o aceleración, entre otras variables. Pero no se puede discrepar en torno al transcurrir del tiempo.  Esto es la relatividad general que utilizó Galileo.

El sistema de referencia puede ser de dos tipos: inercial y en movimiento. En el inercial uno se distancia y no está involucrado en el fenómeno. En el movimiento uno se encuentra afectado por la aceleración y la velocidad que modifican el estado inercial del individuo que se encuentra dentro del móvil.

En el caso de las Humanidades, el sistema de referencia puede verse desde distintas perspectivas. En la Filosofía es un marco de riqueza porque permite articular la subjetividad del individuo y de su tiempo. En la Lingüística analizar las lenguas en el tiempo. Pero en el caso de la Historia se encuentra un problema al existir una versión oficial y otra no reconocida. La Historia implica un comportamiento en tanto práctica simbólica que amerita la escritura.  Entonces, en la versión oficial se encuentra un relato impuesto por el poder que debe de aperturarse para que las personas se sientan incluidos y representados en lo que se asume como legítimo para los habitantes de un país.

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En la Historia tenemos, en lugar de la pista, una serie de acontecimientos pasados. Estos sucesos pueden afrontarse/abordarse desde distintas perspectivas que pueden ser a favor o en contra (concedo la posibilidad de la imparcialidad pero siempre tirará hacia uno de los dos lados). En torno al pasado se encuentran distintos sujetos que lo investigan desde los diferentes sistemas de referencia que existen.  En lugar de velocidad se encuentran los prejuicios y subjetividades inherentes a cada individuo.

A partir de estos sistemas de referencia (¿suplemento?), situaciones particulares sociales, se escribe la Historia. Este contexto hace necesario que no sea el producto final (historia como producción) no sea cerrado sino abierto. La Historia debe ser la escritura del pasado a partir del diálogo de diversos individuos ubicados desde distintos sistemas de referencia. Tiene que ser una sumatoria que se actualice desde y para siempre. Una sumatoria de perspectivas, de escritos, de opiniones, debe ser realmente aquello que se denomine como ‘oficial’.

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Este modelo propuesto a partir de una situación cotidiana permite entender la famosa ‘visión de los vencidos’ formulada por Wachtel en la segunda mitad del XX.  Esta ‘visión’ constituye sólo (y tan sólo) una perspectiva u observación desde un marco de referencia inercial (un francés que escribe sobre historia peruana). Es solamente una manera de observar el pasado, son unos lentes seten/ochent – eros para observar la realidad. La perspectiva de Wachtel ontologiza la condición de dominio sobre un sujeto para volverlo netamente vencido. El poder de la academia se suma al poder político para restringir al sujeto en una perspectiva maniquea. ¿Acaso, estimado señor lector podemos entender los Andes sin el queso, la guitarra/arpa/violín y el pan? ¿No son estos productos importados de Occidente que revitalizaron la cultura haciéndola más dinámica? No!. La cultura se ha enriquecido en demasía lo que cuestiona la imposición de la categoría de vencido. ¡El vencido no está realmente vencido! La ‘visión de los vencidos’ refleja el prejuicio del autor en su formulación al nominalizar al sujeto histórico a partir del poder de la academia. Es sólo una perspectiva que a mi parecer es inválida porque es una perspectiva efectuada en un marco antiguo sometida a condiciones particulares. También porque es una visión impuesta desde afuera que no reconoce los mecanismos internos de los acontecimientos. Esta visión no representa ni incluye sino que interpreta o busca comprender bajo el sometimiento de la academia en los famosos ‘Estudios Andinos’. Utilizar esta perspectiva actualmente, con todo el desarrollo de la filosofía, CCSS, etc. Es ser un académico vintage.

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La etnohistoria también es un marco, sistema de referencia, particular. Pero NO ES LA ÚNICA manera de afrontar el pasado de pueblos ágrafos. Tiene ventajas pero también tiene limitaciones que desarrollaré más adelante.

Propongo la Historia Social Peruana en donde cada invididuo pueda escribir y ser parte de la escritura de su pasado. Una Historia hecha en base al diálogo entre las distintas perspectivas.

 

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Baja, baja, ¡baja!

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Para los linguistas PUCP

  1. a. Fátima baja.
    b. Grau baja.
    c. Bolognesi baja.
    d. Parque baja.
    e. Piscina baja.
    f. Árboles baja.
    g. Descalzos baja
    h. Conquistadores baja.
    n: x baja

x(x1,x2):{x1=calidad (av, parque, óvalo, etc.); x2= (nombre propio)

  1. Análisis del verbo ‘baja’.
    Tercera persona, singular
    Tiene valencia 2: Agente (quien baja) y Locativo (de dónde baja).

Ee:baja(e) (Ag(x,e) + loc (y,e))

  1. Orígen. Oración Completa
    a. Yo bajo del ómnibus en la Iglesia Virgen de Fátima.
    b. Yo bajo del ómnibus en la avenida Grau.
    c. Yo bajo del ómnibus en el óvalo Bolognesi.
    d. Yo bajo del ómnibus en el parque.
    e. Yo bajo del ómnibus en la piscina.
    f. Yo bajo del ómnibus en los árboles
    g. Yo bajo del ómnibus en la alameda de los Descalzos.
    h. Yo bajo del ómnibus en la avenida Conquistadores.
    n: Yo bajo del ómnibus en (artículos) x.

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  1. 1er paso: volver la oración impersonal.
    a. Baja del ómnibus en la Iglesia Virgen de Fátima.
    b. Baja del ómnibus en la avenida Grau.
    c. Baja del ómnibus en el óvalo Bolognesi.
    d. Baja del ómnibus en el parque.
    e. Baja del ómnibus en la piscina.
    f. Baja del ómnibus en los árboles
    g. Baja del ómnibus en la alameda de los Descalzos.
    h. Baja del ómnibus en la avenida Conquistadores.
    n: Baja del ómnibus en (artículos) x.
    Asumiendo que toda oración tiene sujeto, entonces es un pro chico argumental.
    a. pro Baja del ómnibus en la Iglesia Virgen de Fátima.
    b. pro Baja del ómnibus en la avenida Grau.
    c. pro Baja del ómnibus en el óvalo Bolognesi.
    d. pro Baja del ómnibus en el parque.
    e. pro Baja del ómnibus en la piscina.
    f. pro Baja del ómnibus en los árboles
    g. pro Baja del ómnibus en la alameda de los Descalzos.
    h. pro Baja del ómnibus en la avenida Conquistadores.
    n: pro Baja del ómnibus en (artículos) x.

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  1. Desaparece del ómnibus por redundancia según el contexto. (¿economía léxica?). Se substrae debido a que su posición es un poco más alejada del verbo según la estructura sintáctica.
    a. pro Baja en la Iglesia Virgen de Fátima.
    b. pro Baja en la avenida Grau.
    c. pro Baja en el óvalo Bolognesi.
    d. pro Baja en el parque.
    e. pro Baja en la piscina.
    f. pro Baja en los árboles
    g. pro Baja en la alameda de los Descalzos.
    h. pro Baja en la avenida Conquistadores.
    n: pro Baja en (artículos) x.

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  1. Desaparece la preposición ‘en’ y una parte de x. Si es que x tiene ambos componentes, entonces desaparece el de la calidad (x1) Ej. Avenida Grau por Grau. Si sólo tiene x1, permaneces. Ej. Piscina permanece. Esto puede suceder por redundancia, asumir que tanto el conductor como el cobrador conocen el lugar. Nuevamente puede ser el caso de una economía léxica.
    a. pro Baja Fátima.
    b. pro Baja Grau.
    c. pro Baja Bolognesi.
    d. pro Baja parque.
    e. pro Baja piscina.
    f. pro Baja árboles
    g. pro Baja Descalzos.
    h. pro Baja Conquistadores.
    n: pro Baja x (si x(x1,x2)->x2; si x=x1 -> x1).

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  1. La última parte es el desplazamiento del complemento de lugar a una posición delante del verbo. Una posición PRE en la frase verbal. Pero aun así, está por detrás el pro. El cambio de posición permite poner más énfasis en la frase para conseguir con mayor éxito el entendimiento del deseo por parte del pasajero. Es totalmente ilógico pensar que Fátima, Grau, Bolognesi, la alameda, piscina, etc. Bajen del bus, pero es una manera de hablar que los limeños pareciera estar acostumbrados.

a. pro Fátima baja.
b. pro Grau  baja.
c. pro Bolognesi  baja.
d. pro parque baja.
e. pro piscina baja.
f. pro árboles baja.
g. pro Descalzos baja.
h. pro Conquistadores baja.
n: pro x (si x(x1,x2)->x2; si x=x1 -> x1) baja.

Hay que tener en cuenta que los complementos de lugar no pueden ser el sujeto de la oración porque no concuerdan gramaticalmente con el verbo. Ej. Conquistadores baja o árboles baja. Ambas son malísimas gramaticalmente pero pragmáticamente correctas. El sujeto se mantiene vacío siendo el pro quien dirige la frase

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Ojo. Cuando en una oración se efectúa un desplazamiento se coloca en el análisis un símbolo ‘t’. Esto refiere a traza, lugar que anteriormente ocupaba. Por ser el análisis continuo se ha omitido.

 

 

  1. Conclusiones: Parece que las frases utilizadas para descender en el transporte público siguen necesariamente un criterio de economía léxica. Esto se puede representar a partir de la articulación de una estructura sintáctica más simple. Es el contexto el que determina que la frase sea entendible y asegure la comunicación exitosa entre el pasajero, cobrador y conductor.

 

 

 

 

 

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Reflexiones para el Vicentenario I

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Al ser el ‘Perú’ la cuna de un desarrollo civilizatorio mundial, aún no se ha podido constituir una ciudadanìa activa ni una naciòn completa. Esto a partir que se generò una subyugaciòn de las etnias para reducirlos a una condiciòn servilista. La desigualdad estructural en un ‘imperio’ totalistarista idealizado, una colonia jerarquizada y una repùblica (hasta hoy) no inclusiva ni representativa son las herencias que nos deja la Historia.

A la fecha, el Perù necesita crear sujetos diferentes a los otros. Como en el siglo XVI, continuamos indigenizando en la selva y sierra para generar la ley de la consulta previa que permita la inversiòn minera en desmedro del agro. Esto debido a la falta de una ciudadanìa universal ante la reducciòn del estado por la ineficiencia de las elites. La que se ha podido construir hasta el momento es vulnerable y limitad. EL estado se apodera (usurpa) de tierras para concedersela a privados. En estos lugares no hay colegios, ni servicios de salud, ni presencia de seguridad, etc. El estado no tiene ninguna responsabilidad con los ciudadanos y se esperanza en la miseria de Juntos/Pensiòn 65.

La naciòn se ha formado por oposiciòn con Chile, mientras que al interior de la sociedad nos carcome el racismo y la discriminaciòn. La relaciòn con Chile a servido de placebo ante los errores reiterados de nuestra clase gobernante. El criticar al chileno nos ha obstaculizado el desarrollo de una capacidad autocrìtica que urge de ser entrenada. El poder reside en el pueblo, en la ciudadanìa; el futuro està en nuestras manos.

El imaginario nacional comienza a elaborarse a partir de la comida y mùsica. La primera se ensalza y magnifica en medio de un paìs con alta tasa de desnutriciòn infantil. La segunda aùn no resulta ser totalmente inclusiva pero viene sucediendo poco a poco. La mùsica vernacular andina aùn no se asimila si es que no viene a ser el intento de sofisticaciòn de Quequezana para que sea agradable a nuestra èlite.

En un contexto de desigualdad entre los habitantes del paìs, en un contexto en el cual se contrapone el individualismo y el colectivismo, se confronta el liberalismo y el socialismo. La primera a partir de la sucesiòn y trànsito desde una èlite mercantilista hasta la neoliberal empresaria de hoy. El segundo se convierte en un arma para defender el comportamiento social de cooperaciòn entre los individuos. La estructura del paìs hacìa inevitable la confrontaciòn ideològica que llegò a acontecer en la segunda mitad del XX.

Un liberalismo que florece en las ciudades. Un modelo econòmico que nos lleva a la miseria moral y ciudadana. Una mentalidad de emprendimiento que reafirma la desigualdad entre los integrantes hacia un desarrollo que prioriza lo individual. La competencia plaga cualquier acto de solidaridad entre los habitantes. El fortalecimiento del neoliberalismo, y su condiciòn maleable, a permitido penetrar en la esfera de lo colectivo generando una desarticulaciòn de las comunidades donde el lucro y la propiedad individual es permitido. Todos los sectores se entrelazan en el mercado. El ‘Perù’ se ha convertido en un mero modelo econòmico que no permite una solidaridad entre los ciudadanos al plasmar reiteradamente la competencia por el desarrollo econòmico.

Las reducciones del pasado que alimentaban a los encomenderos en las ciudades vienen a ser hoy en dìa los cerros y barriadas que abastecen a los obreros de las fabricas de los empresarios limeños.

La educaciòn es el problema principal que nos aqueja y que puede sacarnos del hoyo en el que estamos (pese a las mediocres cifras del crecimiento que nos vende el estado). Un estado que no invierte lo suficiente, profesores ideologizados que ven la carrera para su lucro personal, el mercado que invade a los alumnos con la mentalidad consumista, las familias desmembradas, etc. En este contexto, còmo pueden estudiar los alumnos? Còmo estamos educando al futuro del paìs?

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Sobre el ‘Indio’ en el lenguaje

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Para Andrés Napurí

El presente escrito constituye un estudio de caso sobre una línea de reflexión para los estudios históricos que poco a poco irá desarrollándose. El estudio consiste en el ‘indio’ que permite enfocar la Historia peruana de manera diferente. La perspectiva contempla el reconocer al sujeto denominado como ‘indio, como agente o protagonista de la Historia Nacional. Para este fin, es necesario ‘limpiarlo’ de todos los prejuicios que se armaron en una sociedad desigual y con tinte servilista.

La presencia colonial articuló mecanismos de dominación en beneficio de la metrópoli. Estos mecanismos consistieron en acciones determinadas, en cierto sentido fijas, definidas: constituyen predicados específicos contextualizados en una situación de dominio. Según señalan las investigaciones históricas, los pilares de la presencia colonial fueron la mita y el tributo. Es aquel sujeto quien cumple con las acciones de dominación el dominado. Los predicados que cumplió este sujeto fueron: mitar, tributar, servir, ser evangelizado.

El ‘mitar’ se hacía para la corona (objeto indirecto O.I.), ‘tributar’ también se realizaba en favor de la corona pero con cesión al encomendero (O.I.), ‘servir’ se realizaba para el encomendero (O.I.), ‘ser evangelizado’ se realizaba por los religiosos.

Simbolizando:

M: Mitar                ___ mita para …             x mita …               Mx
T: Tributar          ___ tributa para …         x tributa …                         Tx
S: Servir                ___ sirve a ___              x sirve a y                           Sxy
E: ser Evangelizado     ___ es evangelizado        x es evangelizado         Ex

Existe un sujeto, al menos uno, que cumple con todos los predicados de dominación. Este es el sujeto de dominio que se denominó ‘indio’.

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X = indio
y= encomendero

Se lee: ‘Existe un sujeto que mita, tributa, sirve a todo encomendero y es evangelizado. Este sujeto es el ‘indio’.’

Gracias a la observación de Andrés Napurí, ‘indio’ se inscribe dentro de un sistema formal (¿langue?).  En este sistema se diferencia de otros términos, significantes, como ‘castellano’, ‘morisco’, ‘judío’, ‘marrano’, etc. El ‘indio’ en un determinado periodo de tiempo NO es el mismo que en toda la historia. El sujeto denominado hace valer su agencia histórica para redefinirse (vivir), el sistema se modifica y los predicados se alteran ante el contexto (variables económicas, sociales, políticas, etc.).

Es entonces que la ‘‘indigeneidad’’, la condición inherente al ser ‘indio’ (para mi significado), se forma por la articulación de significantes de la época propia de un sistema específico que se modifica al pasar el tiempo. Esto es particular en el siglo XIX con el darwinismo social y el darwinismo social. Estas ideologías articulan significantes propios de su ‘forma de pensar’, sistema de creencias algunas no demostradas ni ontológica ni epistemológicamente, para imponerse para el poder. La ‘’indigeneidad’’ se impone por el poder al ‘indio’ que designa a un sujeto de una manera tan rígida que pareciese ser una realidad ontológica. Pareciese que el sujeto a quien se denomina ‘indio’ siempre fue ‘indio’ de manera natural y pareciese que tiene algo inherente que lo ‘indigeniza’: la ‘’indigeneidad’’.

Dejar de lado al ‘indio’, con todo su sentido opresivo y discriminador, es un esfuerzo por rescatar a ese otro a quien se le denominó de esa manera. <Hacerlo hablar>, escribiendo su Historia, consiste en un continuismo de la Historia Oficial que se aprovecha del pasado prehispánico en su propio beneficio. El otro tiene que hablar por sí mismo para que su agencia sea explícita en la Historia: su Historia. Que con diálogo e inclusión puede ser NUESTRA historia nacional. La Historia Oficial tiene que ser necesariamente inclusiva y representativa.

Todos los debates sobre el ‘indio’ y su problema (Cuestión Indígena), fueron sin la voz del mismo ‘indio’. Por tanto nunca tuvieron solución sin la representatividad.

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Para la Historia de las Comunidades

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Para Romi,
comparte esto con todos tus amigos que estudian turística

El presente artículo tiene como objetivo reflexionar en torno a las comunidades. En estas líneas propongo una personificación histórica que constituye un primer esfuerzo personal que más adelante, con más información, se irá detallando. Algunas ideas son angulares. La primera consiste en que las comunidades de hoy no son las mismas que la del periodo prehispánico. Han existido diversas modificaciones en un lapso de quinientos años (Historia del Perú) en donde se sucedieron el dominio español y el republicano. Por tanto, unas comunidades prístinas organizadas netamente bajo criterios andinos resulta utópico de encontrar. La segunda idea consiste en que el significante ‘comunidad’ puede ser designa a diferentes sujetos a lo largo del tiempo. Quizás sea una institución que se modifica y reinventa conforme a las circunstancias que la condicionan. Además, el significante semánticamente es bastante general. Tercero, la perspectiva sobre las comunidades, o sobre los ‘indios’, puede ser tan diferente como quien la contemple. Puede ser una visión positiva (Arguedas), imparcial (a mi parecer mero intento formal, imposible en la práctica) y negativa (mirada prejuiciosa donde se apelan a adjetivos peyorativos). Todo esto a partir de  reconocer al otro como un igual pero diferente, diverso, en su de vivir. Esta es la clave de todo.

La Historia del Perú, en sus cerca de quinientos años, se pueden dividir en ocho periodos: ayllus prehispánicos, encomiendas, reducciones, repartos, rebelión y contrarebelión, independencia, despojo, inclusión parcial e inclusión total.

El primer periodo es el de los Ayllus. Evidentemente es antes de la presencia ibérica y el contacto con el mundo moderno. En este tiempo se utilizaron como criterio de organización social los conocimientos tradicionales ‘andinos’ como la tripartición, cuatripartición, hanan/hurin, chaupi, etc. Como dice la etnohistoria, parece ser que el ayllu era la cédula básica del Tawantinsuyo. Sobre este periodo de tiempo no hay una información directa salvo la que proporciona la arqueología. Mi esperanza es que la memoria histórica de habitantes de los lugares donde se desarrolló algún tipo de sociedad prehispánica de alguna u otra manera puede permitir aproximarnos de una mejor manera a este periodo.

El segundo periodo arranca con el arribo ibérico en 1532. Los diferentes ayllus fueron cedidos por merced real, encomendados, a los ‘conquistadores’ (evidentemente este término se forma desde el castellano puesto que si fuese desde el quechua un significante negativo sería el que se les atribuya) que se pasaron a denominar vecinos ilustres. A cada uno se le asignó una cantidad de personas en condiciones serviles para la asignación del tributo y del servicio personal. Todo esto en su condición de vasallos del rey de Castilla (perteneciente a la casa Habsburgo).  Es necesario tener en cuenta que en España existían propiedades comunales de tierra. José María Arguedas detalla esto  en un estudio contemporáneo. Es este espacio, el de la existencia de propiedad comunal en la institucionalidad castellana, lo que permitió que los ayllus subsistan pero con las modificaciones que las instituciones ibéricas requerían para la dominación. Siguiendo a Arguedas, en España los ‘señoritos’ eran los que se encontraban en la jerarquía social y los vecinos (los que se agrupan en colectividades agrarias) en la parte baja. En el Perú, los vecinos eran la jerarquía más alta; mientras que los comuneros, la más baja. ¿Será que pese a todo el afán de riquezas los ‘conquistadores’ reconocían su inferioridad respecto a sus señores en la península? En este periodo aún no se consolida estatal española como máximo poder fáctico (implícitamente lo era). Esto aconteció finalmente tras la rebelión de Gonzalo Pizarro que generó la organización de La Gasca.

El tercer periodo es el de las reducciones. En este periodo la presencia colonial se intensifica a partir de dos pilares que garantizan el dominio: el tributo y la mita. Es el virreinato la máxima institución en la colonia. Es con el virrey Francisco de Toledo que se fundan las reducciones donde se concentraron a los ayllus que vivían en la periferia. Su ubicación espacial diversa, ¿pisos ecológicos de Murra, confederaciones interlacustres o federaciones de valles?, hacía que fuese difícil su distribución en la mita, el cobro de los tributos y su evangelización. En la traza urbana cuadricular, organización espacial castellana, se les distribuyó para que viviesen en policía (urbanidad y civismo). La reducción en un solo sitio de las diversas colectividades desarraigó a los ayllus de su espacio originario. Se les confirió en un “instrumento social”’, un constructo en forma de ciudad, que modificó necesariamente sus categorías mentales (esto lo demostraré más adelante).

Es con el contacto hispánico que los ayllus cambiaron su nombre por el de ‘comunidad’ o ‘parcialidad’. En el  segundo caso, ‘parcial’ hacía referencia en el siglo XVI a un tipo de afinidad entre los individuos. Su adhesión con el sufijo –idad derivó semánticamente en una agrupación de sujetos afines. ‘Comunidad’ va en el mismo sentido sólo que implica necesariamente la propiedad de la tierra.

Con la presencia ibérica se desarticulan los ayllus. Sujetos como los forasteros se desarraigaron de sus comunidades para evitar el pago de tributo o cumplir los ciclos de la mita. Es necesario señalar que el estado colonial, como compensación por estos mecanismos de servilismo debido a su condición de vasallaje, respetó la propiedad de sus tierras. Además, permitía argumentos de legitimación prehispánicos y el respeto de sus autoridades. Los forasteros se dirigieron en gran medida a Potosí para poner a disposición su trabajo en la actividad minera. Se formó un proletario minero que gozaron de un salario y el derecho de explotar la minería en días libres. Los ayllus comenzaron a descomponerse y cambiaron su denominación. Las reducciones son los precedentes de los pueblos actuales en el interior del país.

Durante el siglo XVII se experimentó un auge y también se entró en un declive dentro del virreinato.  Esto tomando como referencia la producción de plata en Potosí: con la mina en su máximo esplendor se produce el auge; con la minería en depresión, la crisis. Sumado con la formación de forasteros, se produjo la venta de cargos públicos para aliviar las deudas que contrajo el fisco colonial. La venta de los corregimientos (el corregidor era quien cobraba los tributos de las comunidades) impuso el lucro como finalidad inherente a los cargos públicos para recuperar la inversión y obtener una ganancia (creencia de que al ocupar un cargo público se debe de lucrar con él). La presencia de nuevos corregidores seguramente modificó a las comunidades en cuanto a la imposición de una mayor carga tributaria. Esto pudo derivar en la formación de forasteros y tensiones que detonaran en crisis.

El cuarto periodo comienza con la ascensión de los Borbones. En este momento comienzan a surgir (producirse) y agudizarse tensiones que formarán una crisis que detonó con la rebelión de Túpac Amaru. Fueron los corregidores quienes al efectuar el reparto (concesión forzosa de una canasta de mercancías (que incluían mulas de Tucumán) ) designaron kurakas/caciques advenedizos. Al ser el corregimiento una institución que permitía el lucro, necesitaban un intermediario que facilite la extensión del monto a pagar. Los caciques eran reconocidos como ilegítimos por su comunidad o parcialidad de acuerdo con la organización política comunal. Esto generó tensiones (se pueden ubicar muchísimas en el AGN). Esta instauración de un cacique títere del corregidor se consideró como un ataque contra la misma institución comunal que generó un ambiente de disconformidad con el virreinato. Este fue el caldo de cultivo en el cual la rebelión tupacamarista se desarrolló.

El quinto periodo es el de la rebelión de José Gabriel Condorcanqui, Túpac Amaru II, y el de la contrarebelión virreinal. La represión generó el fin de la nobleza aborigen mediante una cruenta rebelión que les substrajo de todos sus privilegios. Todo esto debido ante una amenaza subversiva potencial. Este proceso derivó en el fin del kurakazgo/cacicazgo como máxima autoridad política en la organización comunal. La institución que tomará la posta serán los municipios de indios siendo el alcalde la máxima autoridad. Tras la rebelión de Amaru II y al finalizar el periodo virreinal, las comunidades cambiaron trascendentalmente en su organización política. Es el inicio del ascenso del varayoc.

En el sexto periodo, independencia, representa una comunidad indígena en el escenario drásticamente diferente a la del XVI. La fragmentación, el cambio de nombre y el desplazamiento del curaca son los principales efectos diferenciadores respecto al ayllu prehispánico. Las diversas comunidades apoyaron tanto a la causa patriota como realista. Fueron los grandes protagonistas sin nombre puesto que constituyeron el grueso de los ejércitos y de las montoneras que conquistaron la ‘independencia’.  Son los anónimos sobre los cuales descansa nuestra República que reconociéndoles el mérito se haría más inclusiva la Historia. Por ejemplo, Huancayo recibe el título de la Incontrastable por el apoyo que dieron a la causa patriota mediante decreto dado por José de San Martín. En este periodo se inserta la ideología liberal que postulará la desamortización de la tierra. Esto para su asignación a privados quienes la hicieron producir óptimamente insertándola al mercado.

El sétimo periodo, el despojo, arranca con la consolidación de la abolición del tributo indígena durante el gobierno de Castilla. Esto se consiguió gracias a la abundancia de los ingresos del guano que impedía contar con un ingreso ‘menor’ (tributo comparado con los ingentes ingresos del guano). La abolición del tributo indígena trajo como consecuencia el despojo de las tierras de las comunidades para su concesión a particulares. Esto porque el pago del tributo tuvo como contraprestación el respeto de la propiedad comunal. Los que adquirieron la propiedad se convirtieron en hacendados, mistis, gamonales, que en vez de generar la modernización liberal deseada en las tierras, utilizaron los mismos mecanismos laborales serviles de la colonia. Ejemplo de esto es la prolongación del yanaconaje que le daba a las comunidades una parcela de la tierra de la hacienda no en propiedad para su trabajo. También se recurrió a mecanismos arteros de deuda laboral como el enganche y el socorro.

El octavo periodo se inicia con el segundo gobierno de Augusto B. Leguía. En este periodo se produce el reconocimiento de las comunidades indígenas como persona jurídica. Esto a través de su mención en la constitución de 1920 en donde se les reconoce la propiedad de la tierra en condición de inembargable, imprescriptible e inajenable. Este avance se contrapone con la permanencia del latifundio. En este periodo acontecen fortísimas rebeliones campesinas y se desarrolla un movimiento intelectual/artístico denominado como ‘indigenismo’.

El noveno periodo comienza con el Gobierno Revolucionario de las F.F.A.A. Con la Reforma Agraria quedaron abolidos los latifundios. La relación de dominación del gamonal/misti/terratenientes sobre el indio/yanacona/pongo desaparece. La comunidad se hace pleno derecho de su propiedad territorial y ve aumentado su potencial económico. Se hacen en ese momento diversas cooperativas agroindustriales.

El décimo periodo lo vivimos actualmente. Las comunidades han ingresado al neoliberalismo y al individualismo contemporáneo. Su organización se encuentra legitimada por un estatuto de comunidades que las uniformiza en todo el país. También las somete al estado como cualquier ciudadano. Parece que no exista la explotación servilista o al menos no de manera indirecta.

En todo este esfuerzo no se ha considerado a la selva y a sus habitantes. Para tal fin, actualmente se ha creado un nuevo concepto ‘comunidades indígenas u originarias’. Una vez conseguida la inserción de las comunidades campesinas al campesinado nacional (término de Luis Miguel Glave) se requiere la inclusión e inserción de la selva. Ojo! Que esto se dé con el reconocimiento del otro selvático como un igual en cuanto a la condición humana pero diferente modo de vivir. No en afán de superioridad sino en entendimiento desligándonos del antropocentrismo que nos ha aquejado siempre. ‘Indigenizarlo’, con toda la carga semántica relativa a la maquinaria colonial/republicana servilista y diseminadora que abarcó la Historia del Perú,  es un grave error. Que la Historia por fin sirva, que deje su lugar en los roperos donde se apolilla o legitime discursos chauvinistas, para que se convierta en maestra de vida para tomar conciencia en la experiencia histórica para no cometer el mismo error de infravalorar al otro.

Con todo este intento de clasificación se puede derivar algunas conclusiones. Primero, las comunidades de hoy NO son necesariamente descendientes directos de los ayllus prehispánicos.  Entre ambos hay una distancia de cerca de 500 años en donde existieron modificaciones como la inserción en la modernidad y la occidentalización.  Hubieron muchas variaciones de por medio. Segundo, la historia peruana se caracteriza por el servilismo. Los ‘señores’ (encomenderos, gamonales, hacendados, empresarios, etc.) buscaron siempre la utilización del otro. Tercero, los integrantes de las comunidades no han permanecido siempre en ellas sino que han salido como los forasteros o migrantes. Cuarto, el reconocimiento de las comunidades y la escritura de su Historia (no la etno que es finalmente una ficción) permitiría incluirlas dentro de la Historia Oficial para hacerla más representativa. Quinto, el problema de la tierra constituye la piedra angular sobre la cual se asienta todos los debates sobre la ‘cuestión indígena’.

Los cambios que afectaron a las comunidades fueron principalmente los siguientes: las reducciones, los forasteros, el cambio de nombre, el desplazamiento de los curacas por los alcaldes de indios, la inserción en el campesinado nacional, la inserción del libre mercado y al individualismo.

El tema principal consiste en la enseñanza de la Historia como práctica en el interior del país. Este escrito pretende ser una Historia de las Comunidades pero sólo se habla desde la perspectiva del estado limeño. Creo que puede servir, mejorándolo, en una base sobre la cual se establezca la Historia de las Comunidades que se desarrolle en provincia en el futuro. Esto con el objetivo que la memoria histórica pueda ser escrita para suprimir el discurso oficial que alimenta todos los textos escolares. Esto genera una historia nada inclusiva ni representativa que urge cambiar.

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Sobre las lenguas y el poder

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El presente artículo tiene por objetivo reflexionar sobre la lengua en la Historia. Esto a partir de considerarla como un factor/vehículo de constante reafirmación de la situación de dominación.

Una lengua, entendiéndola a partir de la langue saussureana, consiste en un sistema de valores puros. Estos son significantes que se organizan a partir de relaciones de diferencia. Las lenguas no son homogéneas, son diferentes entre ellas. Por ejemplo, al espacio entre dos escalones en español se le llama descanso; mientras que en inglés, landing. La primera lengua mira la escalera desde abajo; mientras que la segunda, desde arriba.

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De esta manera, un estadounidense puede ‘latinizar’ en inglés a un español (categorizarlo en la misma posición que un americano (otrora su colonizado)). Mientras que los españoles denominaron ‘indio’ a un hablante de quechua, aymara, chipaya, etc.

En inglés se utiliza los términos ‘hispanic’,’ latino’ o ‘spanish american origin’ en los censos para clasificar a las personas según criterios étnicos y raciales. Estos términos se oponen a ‘White’, ‘Afroamerican’, ‘American Indian or Alaska Native’ , ‘Asian Indian’, ‘Chinese’, ‘Filipino’, ‘Other Asian’, ‘Japanese’, ‘Korean’, ‘Vietnamese’, ‘Native Hawaiian’, ‘Guamanian or Chamorro’, ‘Samoan’,  ‘other pacific islander’, ‘some other race’. Es motivo de investigación los criterios que toma el gobierno EEUU para definir la raza. Esto, a priori, tiene una perspectiva relacionado con las naciones. Un español, quizás, quisiera denominarse ‘white’ en su condición de occidental. El poder de EEUU, así como el dominio económico, impide que asuma esta categoría.

En la época colonial un ‘indio’ se diferenciaba de un ‘criollo’, ‘negro’, ‘mulato’, ‘zambaigo’, ‘salta pa’tras’, ‘chino’, ‘cholo’, etc.

Cualquier criterio taxonómico representado en una lengua en una sociedad implica una ideología que la abastece. En el caso del racismo científico el sustento es el imperialismo inglés decimonónico (“la carga del hombre blanco” de Kipling). La taxonomía social constituye un sistema de valores puros, por tanto es formal. Los términos tienen diferencia formal más no ontológica. Un afro descendiente no es realmente ‘negro’. La taxonomía ontologiza significantes.

Así como a los estadounidenses no les interesa como el español quiera denominarse (son ‘hispanic’ y punto), de la misma manera ocurrió con ‘indio’ en la colonia. Este término no pertenece a las lenguas nativas o aborígenes sino que fue incorporado como préstamo léxico en la imposición de lenguas.

El tema interesante se produce cuando se asimila la lengua dominante y su sistema formal asociado. Esto hace que se produzca un tipo de conciencia que lo hace a uno denominarse en la categoría que lo sitúa su dominante. En los censos y visitas un sujeto se denomina ‘indio’. Entonces, la lengua permite ontologizar un significante impuesto por el poder sobre un sujeto que lo hace definirse a partir de él. Una lengua dominante hace que uno asuma el significante de dominación como si fuese totalmente natural, soy ‘indio’ porque soy ‘indio’ siendo quechua hablante. De la misma manera que se constituye la nacionalidad.

Quise reflexionar en torno a la imposición del poder a partir del dominio entre lenguas. La lengua es un vehículo plástico porque permite reafirmar constantemente la situación de sometimiento.  Además, ideologías que utilizan la lengua para legitimarse mediante criterios taxonómicos.

 

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Sobre la Escritura de la Historia

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El presente artículo tiene por objetivo reflexionar en torno a la lingüística y la historia. Con este fin se busca plantear un marco teórico para aproximarse al pasado contenido en la escritura y desde la escritura.

Todo mi marco teórico de la lingüística se lo debo a Mario Montalbetti y las clases de Análisis Lingüístico. Se tiene el significado (el contenido de la referencia), significante (lo que se refiere) y objeto/sujeto (el referido) organizado en un triángulo:

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Un ejemplo en torno a un perro

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La relación entre el significante y el significado forma lo que se conoce como signo lingüístico. Hay tres aproximaciones para explicar la relación entre ambos que reciben el nombre de teorías del signo. Para Aristóteles el significante antecede al significado. Para Chomsky el significado antecede al significado. Finalmente, para Saussure ambos son simultáneos.

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Considero que tanto el significante como el significado y, por supuesto, el objeto/sujeto tienen una historicidad. Entiéndase por historicidad el poder modificarse en el tiempo (si tenemos dos momentos t1 y t2, por la historicidad ambos son diferentes). La historicidad entonces hace que puedan variar en el tiempo (a intervalos de tiempo más cortos o cercanos la variación tiende a ser menor pero es una modificación en sí).

Es importante analizar al objeto/sujeto. Este personaje será sobre el cual girará toda la investigación y la escritura de la Historia. Los predicados que se redactarán lo implicarán a él como sujeto o agente. Este objeto/sujeto evidentemente tiene historicidad porque se encuentra bajo las dimensiones del espacio/tiempo. Puede ser objeto/sujeto una piedra, el rey de España, una comunidad campesina de Guatemala, etc.

Un ejemplo puede clarificar la situación. Aún hoy utilizamos el significante ‘comunidad’ para referirnos a las colectividades campesinas. Este término comenzó a utilizarse en el siglo XVI y su uso se desbordó en el XVII, XVIII, XIX, XX y XXI. Pero evidentemente las colectividades campesinas son diferentes en cada uno de estos siglos y en estos momentos. Entonces, tenemos un significante que permanece constante mientras que el sujeto a quien designa varió y el significado también lo hizo.

Si se designa a la historicidad de estos tres elementos (significante como S, significado como s y objeto/sujeto como O) como *, entonces tenemos ocho posibles combinaciones:

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La lectura es la siguiente: En el caso 4 se llama ‘el significante se mantiene constante mientras que el significado y el sujeto/objeto varía’. En el 7, ‘el significante y el significado varían, pero el objeto/sujeto se mantiene constante’. La 3, ‘el significante y objeto se mantienen constantes mientras que el significado varía’.

La primera y octava posibilidad son imposibles. La primera puesto que si el significante, significado y sujeto/objeto son constantes, entonces no hay historicidad. Es el tiempo presente y no hay un estudio histórico sobre el mismo presente en tanto pasado. El último porque todo varía y no hay un elemento de referencia. Esto lleva a que la historicidad para su estudio en estos tres elementos no tiene que afectar ni a ninguno ni a todos. Por lo tanto, la variación tiene que afectar mínimo a uno o máximo a dos.

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Para organizar estas seis posibilidades se tiene dos criterios: por la inmediatez del pasado y por la teoría del signo a la que refiere. La primera toma como elemento ‘estructurante’ si el sujeto/objeto se mantiene constante. Si el sujeto no varía (caso 3, 5 y 7) entonces la historia es reciente (sujeto aún vivo pero que ya tiene pasado) o a la descendencia directa. Esto hace que el intervalo temporal que lo comprende sea realmente corto. La segunda manera, que se dan en los casos 2/4/6,  el sujeto varía lo que lleva a tener un marco temporal más amplio: un pasado más lejano. Por tanto, tenemos dos pasados: el pasado inmediato y el pasado distante.

El segundo criterio toma en consideración a las teorías del signo. El caso 2 y 7, donde el Ste. y Sdo. tienen el mismo signo (o varían o no varían) se asocia a la propuesta de simultaneidad de Saussure. En el caso 3 y 4 hace que el significante anteceda al significado por tanto se sigue a Aristóteles. En los casos 5 y 6  el significado el significado permanece mientras que el significante varía por tanto se sigue a Chomsky.

Volvamos al caso de  ‘comunidad’. Se tiene un significante que permanece constante pero un significado y sujeto que varían. Esto se asocia al caso cuatro. Es cuestión de tiempo el poder asociar cada una de las posibilidades a un ejemplo propio de la investigación histórica.

Por qué realizar este tipo de reflexión? Qué es lo significativo de este escrito para que no sea una simple divagación u onanismo? La Historia, en tanto discurso, se encuentra escrita. Es por esta razón, junto que la gran mayoría de fuentes que son documentos, que el signo lingüístico es inmediato a la Historia como práctica (investigación). Desconocer de lingüística en el trabajo histórico es como investigar sin análisis, es tan sólo leer y comparar.

Tener en cuenta este escrito es un intento por acercarse a lo real, al otro, pese a todas nuestras subjetividades inherentes a la condición humana misma. De no ser esto posible, entonces se tiene un patrón sobre el cual opera la subjetividad.

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Algunas reflexiones sobre el artículo ‘Visión de los vencidos o subalternidad?’

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El presente artículo constituye una crítica sobre un artículo de Liliana Regalado publicado en el libro Crónicas Coloniales. Hay que reconocer que quien escribe este artículo es sólo un estudiante de pregrado en la especialidad de Historia. El análisis toma en cuenta principalmente las conclusiones y la bibliografía. También ha de señalarse el respeto por la doctora Regalado adquiridos por sus trabajos y su excelente labor docente. Este crítica se contextualiza en medio de un profundo respeto académico.

Una primera preocupación surge al revisar los libros que se utilizaron para la elaboración del artículo. Considero que para efectuar una reflexión crítica de una corriente de investigación o conceptos se urge revisar gran parte de la literatura o al menos los representantes más significativos. Faltan trabajos de su fundador Ranajit Guha (Elementary aspectos of Peasant Insurgency in Colonial India) y de los principales exponentes como Dipesh Chakrabarty (Provincializing Europe), Homi Bhabha (The location of culture),  Gayatri Spivak  (Can the subaltern speak?) o Partha Chatterjee. Al margen de esto, toda reflexión crítica debe de valorarse en cuanto a sus argumentos.

Sobre la subalternidad describe tres ideas. La primera lleva a considerarla como un logos que persiste en sujetos que estuvieron en situación  de dependencia colonial. La segunda considera que los antiguos colonos desarrollaron una historia separada con sus propios registros de historicidad; además de sus propios hitos y símbolos. La tercera consiste en considerar a la ‘gestas’ emancipadoras como parte del establecimiento de una cadena de colonización.

A partir de estas valoraciones sobre subalternidad contrapone su apreciación sobre la <visión de los vencidos> propuesta por Nathan Wachtel. La primera idea consiste en revelar una historia desde la óptica del colonizado. La segunda se centra en que tanto el colonizador  como el colonizado comparten el mismo curso histórico. La tercera señala que se produce la existencia de relatos complementarios desde una perspectiva  no hegemónica. Acá sostiene que la inclusión está presente por el ‘coprotagonismo’ de todos los actores que participaron en la situación colonial. La cuarta implica que la subalternidad, a diferencia de la <visión de los vencidos>,  no suprime el hecho colonial aun después del ‘develamiento’ de las prácticas y discursos que colonizaron la historia y la cultura de los pueblos originarios. La quinta idea es la más importante: todas las explicaciones sobre el curso de la historia obedecen a particulares puntos de vista, manejo de teorías específicas y de la selección de acontecimientos a usar.

La crítica es la siguiente (en ánimos de contribuir a la historia rural del Perú). Para la primera idea sobre subalternidad. ¿No es acaso el gamonalismo un factor que persistió en la sierra hasta la reforma agraria? ¿No persistió de esta manera el yanaconaje, el sistema de pongos y otro tipo de trabajo servil hasta el siglo XX?  Por tanto, la dominación colonial en tanto coerción servil persistió y transgredió la periodificación que divide colonia/república. No sé si es que constituye un logos, pero si es una constante que persiste contemporáneamente a través de mecanismos como el racismo.

Sobre la segunda idea sobre subalternidad. ¿No es acaso la Historia del Perú una Historia criolla hasta la fecha? Esto tomando en cuenta la Historia que se enseña en los colegios y no la que se difunde en el círculo académico. La diferencia se da a partir de la reducida distribución de la segunda y de la masificación de la primera gracias al circuito del libro escolar. La Historia que se enseña en el colegio no es inclusiva porque no representa a las minorías. A diferencia de grandes personajes como Grau, Bolognesi, Ugarte, etc. A las minorías se las enseña como ‘indios’, ‘negros’, ‘chinos’. ¿Acaso se reconocen a las sublevaciones campesinas y su reconocimiento en las guerras (Chile/Independencia)? ¿ Se enseña  la participación criolla en favor/defensa de la monarquía y de los ‘grandes héroes’ luchando por España? ¿Se enseña la existencia del yanaconaje y el pongaje así como la expropiación de tierras? Ninguna de estas se da; por tanto, sí existe una historia separada formada por los ‘antiguos colonos’ y actualizada por sectores conservadores.

Sobre la tercera idea. Las ‘gestas’ emancipatorias no conocieron la realidad interna del Perú. San Martín y Bolívar, así como otros precursores, tuvieron ideas positivas para abolir el tributo y extender la condición de <peruano>. Pero estas iniciativas no contemplaron el respeto por la propiedad de la tierra y la defensa jurídica gracias a su ceguera propia del liberalismo. ¡Querían invertir en la tierra por tanto tenían que desamortizarla, quitársela a los ‘indios’, abolir las comunidades! Es con Castilla que tras la abolición definitiva del tributo indígena se forman los grandes latifundios. Estos fueron alimentadas a partir de mano de obra servil agrupada en el yanaconaje con mecanismos como el enganche o socorro. Pese a las buenas intenciones, sí se generó una cadena de ‘colonización interna’. Esto llevo el problema hasta 1920 cuando la constitución reconoce la personería jurídica de las comunidades y les otorga la propiedad sobre sus tierras. Todo esto bajo la condición de inenajena/imprescripti/inembarga – bilidad.

En cuanto a las ideas sobre la <visión de los vencidos> es necesario utilizar su quinta idea:  todas las explicaciones sobre el curso de la historia obedecen a particulares puntos de vista, manejo de teorías específicas y de la selección de acontecimientos a usar. esto resalta el papel inherente de la subjetividad del historiador en su condición de escritor y de enunciar en medio de un tiempo/lugar específico. La <visión de los vencidos> se enunció durante el auge la etnohistoria y muchas cosas han cambiado a partir de ese momento.

Sobre la primera idea sobre la óptica del colonizado. En primer lugar, siguiendo las líneas de conversación con William Aranda, la <visión de los vencidos>  es un reduccionismo maniqueo de la realidad. Se utiliza como pieza fundamental la dominación inherentemente política pero hay otras variables en las cuales la situación se cambia. Por ejemplo, la posesión de los recursos la tienen los ‘colonizados’ y de no trabajar la tierra perjudicarían a los ‘colonizadores’. En esta situación el primero tiene agencia sobre el segundo pero tomando en consideración otras variables. Esto con el objetivo de reconocer la agencia de los sujetos. Entonces, la <visión> nos deja una ‘historia del colonizado’ pero sin el ‘colonizado’ no para el ‘colonizado’. Quien escribe es un investigador extranjero (Murra/EEUU, Wachtel/Francia, Curatola/Italia Someda/Japón, etc.) o de Lima en situaciones privilegiadas al resto de la población (Pease/Católica, Rostworowski/IEP, etc.) que escriben desde  universidades o instituciones prestigiosas  para generar textos que circulan en el reducido ámbito académico.  A esto se le puede sumar que están escritos en español/castellano, inglés, alemán, japonés, francés, etc. Es imposible que la comunidad lea su estudio etnohistórico/subalterno/visionariovencido siempre y cuando no sepa el idioma de la escritura del trabajo. La impresión que se genera es de un investigador que se pone la máscara del ‘colonizado’ para escribir sobre él. Termina siendo la imposición de un discurso de uno sobre otro.

Sobre el compartir del curso histórico. Esto realmente es evidente a partir de que los actores comparten el mismo tiempo y, en fin de cuentas, el mismo espacio. ‘El aleteo de las alas de una mariposa puede provocar un Tsunami al otro lado del mundo’ por tanto la existencia de la condición de ‘no-contactados’ parece imposible. Esto ya lo dejó en claro Eric Wolf en ‘Europa y los sin Historia’. El problema recae en saber reconocer la alteridad, querer reconocerla además, ver el rostro del otro como un igual. A partir de la perspectiva de la primera idea, la de un ‘colonizado’, entonces es imposible que se cumpla un reconocimiento del otro a partir de la <visión>.

La tercera idea sobre la existencia de relatos complementarios y el reconocimiento de la inclusión. No podemos negar, aunque sea en la postura más positivista, que la desigualdad y opresión son los elementos que estructuraron la existencia de las instituciones de este espacio denominado ‘Perú’.  La existencia de un relato complementario sin una previa reconciliación entre los actores no es más que un acto de cinismo y consiste en pegar discursos con agua. ¿La inclusión consiste en sólo señalar el ‘coprotagonismo’ de los actores? Este es un primer intento y fundamental. Pero no se puede quedar aquí sino en el reconocimiento de su accionar, de su agencia, en todos los sectores que vienen a ser minorías. En la escritura no se buscan protagonistas sino actores sociales que luchan por su vida en las diversas condiciones.

La cuarta idea, en donde resalta la preferencia de la autora por la <visión> , supone que la subalternidad cree la existencia de prácticas y discursos que colonizaban a la Historia y la cultura pese a su ‘develamiento’ . En el interior del país aún subsisten las prácticas religionas cristianas, las corridas de toros y la utilización de los ‘animales coloniales’ (vacas, chanchos, ovejas, etc.). No se puede entender a la sierra sin el queso o el pan. Las prácticas y algunos discursos aún subsisten (y subsistirán) pero está en los individuos el revertirlas.

En conclusión, considero que la manera de abordar la Historia de los ‘Andes’ (utilizando este sujeto para designar un espacio geográfico en torno a la cordillera en donde habitan muchas personas) no implica ni la subalternidad ni la <visión de los vencidos>. Ambas posiciones colapsan y no explican la realidad de manera idónea. La ‘subalternidad’ porque como teoría y concepto parte de axiomas propios a una realidad distinta a la peruana (la india). Es indispensable utilizarla como marco de reflexión que permite afrontar, por oposición negativa o semejanza, lo que aconteció en el ‘Perú’. La <visión de los vencidos> es una forma de escritura que no toma en cuenta la subjetividad de sus historiadores que pretenden abordar al otro, al colonizado.  La falencia de esta <visión>se desarrolla en este artículo http://blog.pucp.edu.pe/item/176944/vencidos-o-vencedores
pero se continuara sobre este tema en los sucesivos artículos. La situación que se plantea, la disyuntiva entre la subalternidad o la <visión>, es irreal. El verdadero desafío es afrontar el pasado con la Historia Social.

La solución que se propone es la siguiente. Al margen de posiciones historiográficas o teóricas que solo sirven para una minoría, los historiadores y los que la estudian, se debe de masificar la enseñanza de Historia. No como discurso que es lo acontecido hasta la fecha con pésimos resultados sino como práctica. Se han de enseñar en el colegio el ‘arte de escribir’ en términos históricos reconociendo el visitar los archivos para poder redactar su condición histórica individual y colectiva en los diferentes lugares. Hay que difundir la enseñanza de la Historia en el interior del país con buenos profesores que permitan que más personas sean invitadas al debate por el conocimiento del pasado (actualmente lo tienen muy pocos en calidad de feudo como la Academia Nacional de la Historia). Enseñar la escritura histórica permitirá generar una producción masiva de textos para generar un circuito al interior del país que permita conocer la realidad de los diferentes lugares. Es el momento en el cual la memoria histórica de cada uno de los peruanos se canalice para desplazar al discurso histórico vigente que no es inclusivo (parafraseando a Gabriel Salazar).

El esfuerzo de la Dra. Regalado es notable por reconocer diferentes líneas de investigación. Es importante y digno de resaltarse que al transcurrir el tiempo ella actualiza sus métodos y perspectivas. No como algunos, los ‘hipsters’ históricos, que continúan defendiendo a la Etnohistoria. Pronto seguirá la crítica contra esta línea de investigación.

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