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Elecciones, ciudadanos y candidatos al congreso: Un triangulo sin base***

468 candidatos pero una lista corta de elección

Si algún ciudadano ejemplar se propusiera conocer las características de cada uno de los 468 candidatos para el Congreso de la República que están en carrera, tendría que recurrir a las hojas de vida que el JNE publica en su página Web , sin embargo, la información allí consignada difícilmente podría inclinar su voto preferencial a favor de uno y otro candidato, y, por lo tanto, sería remoto que el conocimiento concienzudo de las características de los candidatos incline la selección del voto preferencial prospecto.

Más allá del entusiasmo del marketing y la publicidad por convencer a los candidatos por determinada estrategia de segmentación y de posicionamiento, está claro que los ciudadanos no se plantean elegir entre los 468 candidatos y los spots y paneles publicitarios que prometen “honestidad y justicia”, “venta de medicinas genéricas” o “lucha contra la corrupción” no llegan a la retina ciudadana, nadie vota por una promesa, sin conocer a la persona, sin establecer niveles de confianza, sin atribuirles valores, capacidades. En verdad en el campo de elección de los ciudadanos existe una lista corta de entre 5 y 10 nombres de candidatos, que se definen en función de la recordación y la atribución que se les hace respecto a algún desempeño pasado.

En tal sentido la representación está mediada por la confianza construida por el candidato o atribuida por el ciudadano, pero esta confianza ha venido socavándose estructuralmente en la medida que las dimensiones urbanas han restringido mucho la interacción cara a cara, por los niveles de saturación informativa de la comunicación política y debido a excesiva complejidad e intermediación de los sistemas políticos que alejan al ciudadano de su representación y desvanecen el nexo entre demandas y políticas.

Frente a este panorama resulta oportuno preguntarse cómo los ciudadanos construyen sus listas de elección de candidatos para el congreso, dado que los partidos políticos no funcionan, las ideologías políticas no organizan el relacionamiento con lo político y la clase política se muestra incapaz de superar los intereses particulares y actuar en base al interés del bien común.

Si no lo veo, no lo voto

Frente a la amplia gama de candidatos en cada elección congresal, los ciudadanos se vinculan con aquellos candidatos que en primer lugar los reconocen, los sienten cercanos y en segundo lugar les atribuyen alguna capacidad de cambio. Existe algunas formas de visibilidad pública que facilita en mayor o menor medida la posibilidad de estar en la lista de elección del ciudadano o ciudadana, es decir, en el campo cognitivo de los electores, estas formas de visibilidad y por ende de construcción de cercanía son diversas, entre las que encontramos las siguientes:

a Tener algún capital político que le haya permitido ser conocido y que fácilmente pueda ser identificado con una causa un tema, una gestión o una sector poblacional.

En esta categoría entran los políticos profesionales, los ministros y funcionarios, y congresistas y excongresistas con trayectoria, ciertamente también los operadores políticos que al viejo estilo han desarrollado relaciones clientelistas con sectores poblacionales alrededor de programas sociales.

B Tener algún capital mediático de una exposición permanente que haya fijado su rostro en las retinas de los ciudadanos antes de convertirse por estas épocas en electores.

En esta categoría tenemos a cantantes criollos o folklóricos, vedettes, humoristas, comentaristas deportivos, periodistas y también a vendedores de fotocopiadoras, y un sin fin de miembros de la farándula nacional.

C Tener algún capital temático: profesionales, empresarios y especialistas, exitosos o simplemente fluidos en el lenguaje, que permanentemente han expuesto sus ideas o acciones en los medios y que de alguna manera han construido una imagen que les ha permitido hacerse conocidos y con ese capital de imagen tentar el puesto irrenunciable de 5 años a buen sueldo. En el actual proceso electoral tenemos ex-fiscales, defensores de derechos humanos, ex presidentes de algún consorcio empresarial, economistas, comentaristas políticos e incluso abogados de casos famosos.

D Tener un capital identificatorio, como es el caso de deportistas por mérito propio que han brillado dentro o fuera de las canchas, enmarcados generalmente en una narrativa de heroísmo. Entre los que podemos encontrar últimamente voleybolistas encabezando los primeros puestos de varias listas, corredores de autos, campeones de algún deporte olímpico y con algo menos de brillo también presidentes de algún club deportivo.

E Tener un capital de adscripción: Que está referido a las relaciones construidas entre miembros de las comunidades y con sus líderes, en esta categoría cabe la postulación de una la hija del fallecido líder de los israelitas, ciertamente también los líderes sindicalistas y gremiales, pero con menor capacidad de asegurar los votos, líderes territoriales especialmente en el caso de postulantes al congreso por regiones.

Este listado de modalidades por las cuales los candidatos cuentan con un nivel de visibilidad y puede ser más extensa, y sus combinaciones frecuentes, pero lo cierto es que en la mayoría de casos tienen un vértice en común, que salvo la última categoría, prácticamente todos tienen a los medios como la faja de transmisión de su visibilidad, tanto políticos, como profesionales o deportistas, e incluso aquellos que se hacen visibles por el escándalo o las acusaciones de delitos tienen a los medios de por medio.

Aquellos que no cuentan con ningún capital de visibilidad se hacen visibles gracias a una denuncia de los medios como ocurrió con la enfermera de Fujimori o con los denunciados por sus vínculos con el narcotráfico, salieron del anonimato y ahora cuentan con una notoriedad pública aunque no con la confianza de los electores.

En conclusión, el escenario actual, para hacerse de una visibilidad suficiente, que se mantenga en la retina de los electores, es más fácil construir un capital identificatorio o uno mediático que construir un capital político o uno de adscripción. Por lo tanto, existe un divorcio entre la naturaleza de la política: las ideas, las propuestas los planes y la gestión del gobierno, con la forma en que el ciudadano se vincula con lo público, que trae como consecuencia la “política de masa delgada”.

Si voto por ti, mañana no me acuerdo

A diferencia de las elecciones del 2011, en el siglo pasado los partidos de masas operaban en base a capitales políticos y de adscripción, organizados sobre otras formas de comunicar la política, ancladas en la comunicación comunitaria, familiar (el APRA), células de militantes, de relacionamiento con los líderes (APRA, PPC) y alrededor de las movilizaciones (sindicatos y grupos de izquierda), discursos en plazas públicas, comunicación impresa, y radial. A finales del siglo pasado este esquema se desquebrajó con el protagonismo que adquirió la televisión y las transformaciones consecuentes en los procesos electorales y en el ejercicio de gobierno, que fueron descritas como videopolítica por Sartori y que Oscar Landi analizó en América Latina .

En el escenario actual la comunicación política es cada vez más dinámica, más efímera y poco profunda. Las formas de comunicar la política se han transformado con la digitalización y con las redes sociales , el motor de la política no es mas la ideología sino el drama y la economía, y, las encuestas enmarcan las decisiones de los gobernantes. Algunos autores como Lee sostienen que la credibilidad en los sistemas comunicativos ha desplazado a la credibilidad de los sistemas partidarios y de gobierno, que la ideología y militancia correlaciona más con la credibilidad en los medios que con la credibilidad en el gobierno, por ello la importancia de entender la relación que los ciudadanos establecen con el sistema comunicativo de lo político y las modalidades de relacionamiento con los candidatos.

Vivimos una época vertiginosa de cambios acelerados, en las tecnologías de comunicación y en los modos de relacionamiento, en las formas de construir la confianza pública, cambios que afectan a la relación que los ciudadanos establecen con sus líderes políticos, pues la construcción de la confianza no está pasando por el capital político acumulado por los postulantes sino por los otros capitales mediaticos e identificatorios.

Existen tres factores claves que están ahondando la brecha entre ciudadanos y candidatos durante los procesos electorales:

 El cotidiano escrutinio público que el periodismo realiza de los candidatos (con sustento o no), que los arrincona y genera una dinámica de conflicto entre medios y candidatos, que cambia el centro gravitacional de la política, llevándolo de la “res pública” hacia la protección de la imagen y la popularidad.
 La multiplicación de la oferta informativa en medios abiertos, en radio, en periódicos de 50 céntimos, por cable y en la Web, con información vasta, a veces contradictoria, y en ocasiones funcionando como instrumentos de campaña, que aturde al ciudadano y perdiéndose la centralidad comunicativa.
 El desarrollo de campañas electorales débiles en propuestas y centradas en la guerra sucia y los ataques al oponente (últimamente instrumentando las redes sociales), que incrementa la desconfianza y que conlleva a un descreimiento crónico, a un cinismo político de los ciudadanos.

Cabe señalar que la dificultad que los candidatos al congreso tienen para comunicarse y representar a los ciudadanos es, también, parte de la dificultad que tienen los partidos para recoger las demandas sociales y poder articularlas en un discurso homogéneo y coherente. Es cierto que el actual sistema de partidos agudiza el problema, que el sistema de elección de los congresistas no permite fortalecer una relación de “accountability” y que la ley de partidos vigente prioriza las alianzas frágiles y los “partidos de vientre de alquiler”, pero más allá de eso, el sistema comunicativo y la cultura política de los ciudadanos no se orienta hacia lo político, se encuentra divorciada y fracturada del sistema político.

El uso de los nuevos medios como el facebook y el twiter están cobrando cada vez más importancia en las elecciones pero ello no garantiza la fidelidad y la construcción de una relación con el ciudadano, pues esa es la amarga lección del ahora presidente Obama que luego de una movilización digital paso en poco tiempo a una rotunda derrota electoral en el congreso. Ganó las elecciones basándose en un inteligente uso de las redes sociales pero su capital electoral fue débil poco leal y efímero.

Voto preferencial y el arrastre de la votación presidencial

Frente a las dificultades de establecer vínculos con los candidatos al congreso resulta difícil al ciudadano de Lima escoger por alguno de ellos, de hecho en las pasadas elecciones del 2006 de los 15 congresistas más votados a nivel nacional, siete de ellos tenían el primer lugar en las listas parlamentarias y otros seis ocupaban los 5 primeros puestos y se beneficiaron de los votos por la lista y en menor medida por el voto preferencial. Solo 2 candidatos obtuvieron una votación propia que los colocó entre los 15 más votados: Gaby Pérez del Solar, la voleybolista obtuvo la quinta mejor votación y Guido Lombardi, reconocido periodista obtuvo el puesto 11, en ambos casos su capital identificatorio y mediático fue determinante para apalancar el voto preferencial.

Además, en las elecciones del 2006, de los 35 congresistas elegidos por Lima, 21 curules fueron ocupados por candidatos que figuraban entre los 5 primeros puestos de las listas partidarias. El resto, 14 curules, fueron ocupados por congresistas en puestos posteriores, lo cual refuerza la idea que la votación presidencial suele arrastrar la votación parlamentaria y el voto preferencial tiene una lugar marginal en la elección de los congresistas, aunque significativa cuando se trata de un voto cruzado (cuando se vota por una lista congresal diferente a la lista presidencial) que suele suceder cuando el voto es estratégico, usualmente en contra de otro candidatos presidencial.

Las elecciones 2006 demostraron también, que aquellas listas parlamentarias que no tienen candidatos a la presidencia de la república, tienen muchas menos posibilidades de alcanzar algún número significativo de curules, en las presentes elecciones el panorama es similar, las tendencias que presentan las encuestas apenas dan un 5% de posibilidades a las listas (la lista del APRA por ejemplo) que caminan sin el tren de arrastre que es el candidato presidencial.

En conclusión, los ciudadanos desprovistos de elementos de relacionamiento con los candidatos congresales, organizan su votación en función de su preferencia presidencial que de alguna manera es más clara, a partir de allí define su voto sea por un candidato de su preferencia, sea para apoyar al candidato presidencial o como suele suceder cruza su voto a favor de algún otro congresista de otra lista que le inspire confianza.

Hay que subrayar que, al entrar en crisis los partidos políticos, los candidatos al congreso pierden especificidad, es decir, que se dejan de lado los planteamientos ideológicos y programáticos y de política pública, y pasan a ser conglomerados de personas pugnando entre ellas en una misma lista, con diferentes capitales al inicio de partidor, con discursos basado en issues aislados y heterogéneos, lo cual aturde al ciudadano y lo empuja a votar por elementos basados en la confianza y la credibilidad que generalmente están anclados en las características de la personalidad y la imagen proyectada.

El riesgo latente de una elección parlamentaria como la actual, donde existe un débil relacionamiento del ciudadano con de los candidatos al congreso, es que con el tiempo “la des-intermediación desembocará en una democracia directa, en una ecuación en la cual estorbe la representación política y sea caldo de cultivo de otra aventura autoritaria que en nombre de la democracia directa socave a la misma democracia.

*** Publicado en Brujula N°22, revista de la asociación de egresados de la PUCP Sigue leyendo