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Madre de Dios: ¿Por quién doblan las campanas?

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Las elecciones siempre tienen un poco de carnaval pero a pesar del escepticismo ciudadano también avivan las esperanzas de que algunas cosas se arreglen. Con este nuevo gobierno ciertamente se esperaban muchas cosas que no se vienen cumpliendo, pero una en particular me interesaba, era la esperanza que los conflictos sociales no resultaran en muertes innecesarias como las ocurridas recientemente en Madre de Dios.

Ya en setiembre del 2011, a escasos 2 meses de asumir el gobierno, el conflicto en Tacna por la ampliación de la concentradora de Southern había arrojado 19 heridos de bala, y afortunadamente ningún fallecido. Este incidente pasó desapercibido en la Opinión Pública, preocupada por el rumbo económico del nuevo gobierno, pero era un claro indicio de que las cosas en materia de prevención y resolución de los conflictos seguían igual que antes. Ahora el conflicto en madre de Dios ha derivado en la muerte de 3 personas y ha develado una vez más la inoperancia del enfoque y actuación Estatal.

Sobre este conflicto está claro que el gobierno ha heredado un pasivo enorme pues dada la inacción de Toledo y especialmente de García el problema de la minería informal e ilegal se ha convertido en una economía paralela de la cual dependen una larga cadena productiva que según algunos cálculos involucra a cerca de medio millón de personas (según de FENAMARPE). Está claro también que este gobierno sí tiene la voluntad de resolver esta problemática dado el alto impacto que tiene a nivel ambiental, social y en el fortalecimiento de otras mafias.

Sin embargo, desde la perspectiva de la población articulada a la minería ilegal, se trata de un escalamiento generado por el gobierno, donde el Estado es percibido como un interventor que perjudica su acceso a los recursos y afecta el empleo que ellos mismos se han generado, en regiones donde el Estado no invierte y se perciben marginados del crecimiento económico. Este conflicto encaja más en el modelo “Agresor- defensor” que el de Conga donde el Estado era un interventor que buscaba regular, de manera parcial o imparcial, un conflicto entre las comunidades y la empresa, involucrados hace tiempo en una espiral de agresión-respuesta.

Lamentablemente el gobierno aún no tiene claro que la solución autoritaria sirve tal vez para la tribuna, pero por si misma no resuelve ningún conflicto. Si bien en el “conflicto Conga” la actitud enérgica del premier Valdez significó algunos puntos en la aprobación presidencial, en el mediano plazo está generando un embalse mayor del conflicto con resultados difíciles de predecir.

El problema es la forma en que se han gestionado las normas, la manera en que se ha conducido las negociaciones y las malas decisiones para contener la protesta. No basta con que el gobierno y la opinión pública capitalina sepan los daños que esta actividad genera. Es necesario construir consensos, especialmente entre la población de Madre de Dios y demás localidades donde la Minería ilegal viene operando, difundir técnicas sostenibles, generar planes de legalización, antes de iniciar un proceso tan difícil y complicado. En otras palabras, en necesario un plan de prevención del conflictos y alternativas de solución y no ponerse a pensar en ellas recién después de las crisis.

No vemos en el gabinete quien abogue por el diálogo, quien establezca puentes entre las partes más dialogantes, quien construya confianza y condiciones para la negociación, no observamos campañas informativas, solo enérgicas decisiones unilaterales policiales y legislativas que ilusamente creen que van a acabar con la problemática y de paso con el conflicto social que crece alrededor de esta.

Al igual que el famoso poema de John Done, citado por Hemingway, esta vez las campanas doblan no solo por los 3 muertos sino también por las débiles estrategias del gobierno regional, por la forma de gestionar los conflictos del gobierno central y por la indiferencia de la sociedad civil.

Conga, ¿QUO VADIS?

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Usualmente es difícil predecir los acontecimientos en un conflicto, menos aún cuando se trata de uno tan complejo como el de Conga, sin embargo, lo que sí es factible es analizar los procesos en curso. A estas alturas, desde el punto de vista de la transformación del conflicto tal vez la pregunta clave no es de si “Conga va o no va” sino ¿Hacia dónde va Conga?

En todo conflicto existen actores, problemáticas y procesos y al parecer esto último es lo que menos atención ha merecido por quienes tienen la responsabilidad de gestionar el conflicto. Administrar los procesos en un conflicto es poner mucha atención en mantener la imparcialidad del que interviene (sea el funcionario, la autoridad o los peritos designados por ellos), desarrollar mecanismos de diálogo y de manejo de crisis mínimos con las otras partes, un ejemplo de ello es el respeto a los corredores humanitarios de la Cruz Roja, pero también, es clave intervenir en las actitudes y percepciones.

Empecemos por la neutralidad, lamentablemente el primer ministro Valdés ha demostrado estar muy mal asesorado, su famosa frase “Conga va” no fue nada musical, todo lo contrario, generó una estridencia en que acrecentó la desconfianza de pobladores y activistas en el peritaje oficial del Estudio de Impacto Ambiental (EIA) .

A pesar del tropiezo inicial,hubiera sido una buena oportunidad desarrollar los términos de referencia involucrando a actores técnicos regionales y nacionales como los Colegios de Ingenieros y por tanto ampliar la base de diálogo para sacar adelante este proceso. Sin embargo, se optó por hacerlo de forma unilateral, además que las postergaciones y finalmente la elección a dedo del perito principal solo pusieron más sombras en un proceso que debió ser prístino. El resultado fue previsible, la encuesta reciente de Ipsos-Apoyo demuestra que el 51% de la población cree que los peritos harán “lo que el gobierno les pida”, por tanto, el principal punto de apoyo del Ministro Valdés “la opinión pública nacional” se encuentra debilitado y evidencia una gestión improvisada del conflicto con una falta de estrategia técnica para su abordaje.

Otro error en la gestión gubernamental de los conflictos socioambientales, de este gobierno y de los anteriores, es pensar que los conflictos hay que ganarlos como si fueran una batalla, y que esta batalla se desarrolla en Lima y en los medios limeños. Los conflictos de Tía María y Majaz demostraron que la opinión pública de Lima afecta muy poco a las posiciones, intereses y acciones de las partes opositoras alos proyectos mineros en las regiones. Tal vez envalentona a la empresa minera o crea la sensación de legitimidad para una intervención policial “radical”, la cual no es una solución al conflicto, basta con revisar lo actuado en Bagua, Puente Montalvo, el “Arequipazo”, etc.Por el contrario, el cerco mediático de los medios nacionales puede ser contraproducente y exacerbar más los ánimos,como en el conflicto de Puno, donde la población reaccionó con indignación cuando se sintió ninguneada por la prensa limeña quien los trató de ignorantes y se burló de sus prácticas religiosas.

Hay que mencionar además, que toda intervención técnica debe ser mantenerse imparcial, y este equipo de peritos ha comenzado su labor con el pie izquierdo, cuando ante una pregunta del periodista el consultor principal, Fernández Rubio, volvió a afirmar que en el conflicto Tía María la población dio muestras de incivilización. Ciertamente no distingue entre los grupos radicales y el apoyo mayoritario de la población a la movilización, de otro lado tampoco distingue los comportamientos violentos de ciertos grupos de las protestas pacíficas de la mayoría de pobladores. Calificar a las personas que protestan del tercer mundo como “incivilizados”, sustantivizándolos, ciertamente demuestra un enfoque etnocéntrico, pues no reconoce que en España y en Europa vienen en aumento similares protestas con quemas de autos y enfrentamientos con la policía, porque, al igual que los campesinos de Islay o de Cajamarca, tienen el temor que sus medios de subsistencia se vean amenazados por las decisiones gubernamentales y de las empresas.

Por último, el ministro del ambiente, se equivocó al señalar en la conferencia de prensa de presentación que “el peritaje busca solucionar el conflicto ocasionado por el proyecto Conga”. Los estudios técnicos como el EIA o los peritajes no son “laudos arbitrales”, no determinan por si mismos quién tiene la razón. Un documento de esta naturaleza no gestiona los conflictos y desmoviliza las voluntades y actitudes opuestas a Minera Yanacocha que tiene años de incubación, a lo más deslegitima públicamente una de las dos posiciones o ambas, pero no es una varita mágica para su transformación.

Según lo expuesto vemos con preocupación la falta de fundamentos técnicos del actual equipo ministerial para la gestión de conflictos, en primer lugar porque los equipos de gestión de conflictos de los ministerios y de la misma Presidencia del Consejo de Ministros se encuentran en la misma situación de orfandad, falta de presupuesto, escaso poder de intervención, débil capacidad técnica y de cobertura. En segundo lugar porque los reglamentos y procesos administrativos son los mismos de gobiernos anteriores. Basta mencionar tres“perlas”: poco ha cambiado en el otorgamiento de las concesiones, en la aprobación de los EIA y en la fiscalización ambiental (la OEFA, solo tiene oficinas en 8 regiones y no se da abasto). En tercer lugar y lo más preocupante es que quien gestiona los conflictos es el primer ministro Valdés y su concepto de diálogo lo resume todo: “diálogo es respetar el estado de derecho, respetar a las autoridades y a la población”.

Vuelvo a insistir, es difícil predecir un conflicto, pero lo cierto es que los encartes y spots de Yanacocha y su falta de autocrítica, la intransigencia de Gregorio Santos, y la incapacidad de este gobierno –al igual que los anteriores- para gestionar el peritaje, y para desarrollar un plan estratégico de gestión del conflicto posterior a los resultados técnicos, están llevando a una situación de polarización mayor, en la que un informe técnico de los peritos no va solucionar nada. Sigue leyendo