Percibir para actuar: la revolución ecológica de Michael Turvey

Cuando miramos una taza sobre la mesa, solemos pensar que ocurre algo así: la luz entra en nuestros ojos, el cerebro recibe señales fragmentarias y, a partir de ellas, arma una especie de imagen interna de la taza. Esta idea es tan intuitiva que casi nunca la cuestionamos. Sin embargo, el psicólogo Michael T. Turvey dedicó buena parte de su carrera a mostrar que esa explicación esconde problemas profundos. En Lectures on Perception: An Ecological Perspective (2018/2019), un libro compuesto por 26 lecciones organizadas en tres partes, Turvey propone reconstruir desde sus cimientos la teoría de la percepción. Su punto de partida es la psicología ecológica de James J. Gibson, pero su ambición va mucho más allá: quiere entender la percepción no como un truco exclusivo del cerebro humano, sino como una propiedad fundamental de los seres vivos en su relación con el ambiente. La pregunta que guía el libro ya no es “¿cómo construye el cerebro una imagen del mundo?”, sino “¿cómo detecta un organismo las condiciones de su entorno que le permiten actuar de forma adaptativa?”.

Para llegar ahí, Turvey empieza por revisar críticamente la historia de la filosofía y la ciencia de la percepción. El modelo tradicional, heredero del mecanicismo, del dualismo cartesiano, del empirismo y de pensadores como Berkeley y Kant, sigue una cadena más o menos así: el mundo produce estímulos, los sentidos los captan, el sistema cognitivo construye una representación interna, infiere qué hay afuera y, solo entonces, percibimos y actuamos. El problema está en el punto de partida: si los datos sensoriales son incompletos o ambiguos, ¿de dónde saca el organismo la información que le falta para percibir correctamente? La respuesta clásica ha sido atribuirle al organismo una considerable “inteligencia” interna: hipótesis innatas, conocimiento previo, inferencias constantes. Turvey señala que este esquema introduce un intermediario entre el organismo y el mundo, y que, en lugar de resolver el misterio, lo traslada al interior de la cabeza. Su proyecto se presenta explícitamente como una ruptura con la idea de la percepción como inferencia basada en hipótesis y conocimiento acumulado.

La alternativa es la llamada percepción directa. Siguiendo a Gibson, Turvey sostiene que el organismo puede detectar información que ya está estructurada en el ambiente, sin necesidad de fabricar primero una representación interna del objeto. Esto no quiere decir que percibir sea algo mágico o instantáneo, sino que la información relevante está disponible en la estructura del entorno y en la relación entre el organismo y ese entorno. Pensemos en una pelota que se acerca: la forma en que se mueve y se expande en nuestro campo visual ya contiene datos sobre su trayectoria, su distancia, su tamaño, su velocidad e incluso sobre si podremos alcanzarla. Aquí aparece una de las grandes contribuciones de la tradición Gibson–Turvey: la información no es lo mismo que el estímulo físico en bruto. No se trata de señales sueltas que el cerebro deba descifrar, sino de patrones del ambiente que especifican propiedades relevantes para quien percibe.

Esta perspectiva obliga a replantear la unidad de análisis. Para la psicología ecológica no existen un “organismo” y un “ambiente” como dos entidades independientes que luego entran en contacto; lo que existe es el sistema organismo–ambiente. De ahí surge uno de los conceptos más fértiles de esta tradición: la affordance, término acuñado por Gibson para nombrar las posibilidades de acción que el entorno ofrece a un organismo. Una silla permite sentarse, pero no porque posea en sí misma una propiedad abstracta de “sentabilidad”: esa posibilidad depende de la relación entre las características de la silla y las capacidades del cuerpo que se acerca a ella. La misma silla que invita a sentarse a un adulto no significa lo mismo para un insecto. Del mismo modo, una rama es agarrable para un mono y una abertura es atravesable para un animal pequeño, pero no para uno grande. Por eso, percibir no es solo responder a la pregunta “¿qué es eso?”, sino sobre todo “¿qué puedo hacer con eso?”. Percepción y acción quedan así íntimamente entrelazadas.

Una consecuencia inmediata es que el cuerpo vuelve al centro de la escena. Cada organismo tiene un tamaño, unas capacidades motoras, unos límites biomecánicos, unas necesidades y una organización corporal particulares, y todo eso determina qué posibilidades le ofrece el entorno. Esta idea anticipa buena parte de lo que hoy se conoce como cognición corporizada (embodied cognition). Pero Turvey da un paso todavía más audaz: si la percepción consiste en mantenerse acoplado de manera adaptativa con el ambiente, entonces no es un privilegio de los humanos ni siquiera de los animales. Su teoría aspira a aplicarse, en distintos niveles, a toda la diversidad de la vida: arqueas, bacterias, protistas, hongos, plantas y animales. La pregunta deja de ser cómo representa el mundo el cerebro humano y pasa a ser cómo detectan los organismos las condiciones ambientales que necesitan para sostener su actividad y su organización.

Finalmente, Turvey se pregunta qué clase de sistema físico puede ser un sistema perceptivo, y concluye que el modelo mecanicista clásico se queda corto. Para responder recurre a la física, la termodinámica, la teoría de sistemas, la complejidad y la autoorganización, disciplinas que permiten pensar sistemas cuyas propiedades emergen de su organización y no se reducen a la suma de sus piezas. En las últimas partes del libro la pregunta se vuelve casi filosófica: ¿por qué existen organismos capaces de percibir y actuar? La percepción deja de ser un problema de procesamiento de información para convertirse en un problema de organización de la vida, en una cadena que va de la termodinámica al organismo, del organismo al ambiente y de ahí a la percepción y la acción. Por eso Lectures on Perception puede leerse no como un simple manual de psicología, sino como un intento de construir una ontología científica de la percepción ecológica. Su mayor aporte quizá sea este desplazamiento: cambiar lo que cuenta como explicación científica de la percepción y reemplazar la vieja secuencia de mundo externo, representación interna y acción por una relación directa, informacional y viva entre los organismos y el mundo que habitan.

En defensa del celular: por qué prohibirlo no resolverá el malestar de niños y adolescentes

Por qué limitar el uso de celulares en niños? | Tomatis Ecuador

Introducción

Pocas discusiones actuales generan tanto consenso (aparente) como la que responsabiliza al teléfono móvil del deterioro emocional de las nuevas generaciones. Colegios que confiscan aparatos al ingresar, legislaciones que restringen su uso en aulas y libros de gran difusión, como La generación ansiosa de Jonathan Haidt (2024), han instalado la idea de que basta con retirar la pantalla para devolverles a los jóvenes el bienestar perdido. Frente a esa certeza generalizada, el psicólogo Peter Gray, investigador del Boston College, ha sostenido una posición contraria y bastante más incómoda. Para este autor, los problemas atribuidos al uso del celular ya estaban presentes antes de su aparición. Siguiendo su planteamiento, este ensayo defiende que el uso del celular por parte de niños y adolescentes no debe prohibirse, pues la evidencia disponible no respalda que sea la causa del aumento de la ansiedad y la depresión, y porque el dispositivo cumple hoy una función de socialización que la vida cotidiana les ha negado por otras vías.

10 Razones para restringir el uso de celulares y tablets antes de los 12 años | Clémentine & Bastièn

La evidencia disponible no sustenta la relación causal que se le atribuye al celular

En primer lugar, la acusación contra el teléfono descansa sobre una correlación mal interpretada. Gray (2011) documentó, en un extenso artículo publicado en el American Journal of Play, que el aumento de la ansiedad, la depresión, el suicidio y la sensación de indefensión en niños y adolescentes estadounidenses siguió una curva ascendente sostenida desde mediados del siglo XX: entre cinco y ocho veces más jóvenes superan hoy el punto de corte de un trastorno de ansiedad o depresión clínicamente significativo que hace medio siglo. Ese ascenso comenzó décadas antes de que existieran el smartphone y las redes sociales. Si el fenómeno antecede a la supuesta causa, la causa invocada no puede serlo.

La magnitud del efecto tampoco acompaña a la acusación. Orben y Przybylski (2019) analizaron tres grandes bases de datos representativas del Reino Unido y los Estados Unidos, con un total de 355 358 adolescentes, mediante un método diseñado precisamente para evitar la selección interesada de resultados: el análisis de curva de especificación, que evalúa de forma sistemática las más de 600 millones de maneras posibles de procesar esos datos. El hallazgo fue que la asociación entre uso de tecnología digital y bienestar adolescente existe, es negativa y resulta minúscula: explica como máximo el 0,4 % de la variación en el bienestar. Para dimensionar esa cifra, los autores la compararon con otras variables de la misma encuesta y encontraron que usar lentes se asociaba a un efecto más negativo que el tiempo de pantalla. Un peso estadístico de ese tamaño es demasiado pequeño para justificar una política de prohibición.

La evidencia sobre las prohibiciones escolares apunta en la misma dirección. El estudio SMART Schools (Goodyear et al., 2025), publicado en The Lancet Regional Health – Europe y considerado la primera evaluación rigurosa de estas políticas, comparó a 1227 adolescentes de 12 a 15 años en 30 colegios secundarios ingleses: 20 con prohibición del uso recreativo del teléfono durante toda la jornada y 10 sin ella. Las restricciones sí lograron reducir el uso dentro del colegio, en torno a 40 minutos de teléfono y 30 de redes sociales, pero no produjeron diferencias en el bienestar mental, el sueño, la actividad física ni los resultados académicos, y tampoco redujeron de manera significativa el tiempo total de uso diario de los estudiantes. Los propios autores concluyen que los datos no respaldan estas políticas en su formulación actual. Cabe precisar, en honor a la exactitud, que se trata de un estudio observacional transversal y que algunos investigadores han cuestionado su diseño; sin embargo, su resultado coincide con el razonamiento de Gray: si retirar el teléfono no reduce la ansiedad, es porque la ansiedad nunca dependió principalmente del teléfono. Culparlo funciona, entonces, como una distracción que desplaza la atención pública hacia un objeto visible y sancionable, y la aleja de causas más profundas cuya corrección resultaría mucho más costosa.

The Anxious Generation: How The Great Rewiring Of Childhood Is Causing An Epidemic Of Mental Illness, De Jonathan Haidt., Vol. 1. Editorial Penguin Press, Tapa Blanda En Español/inglés | MercadoLibre

El celular es, para los jóvenes de hoy, uno de los pocos espacios de autonomía disponibles

En segundo lugar, retirar el dispositivo no devuelve a los adolescentes a una infancia libre que ya no existe. Gray, Lancy y Bjorklund (2023) sostienen, en una revisión publicada en The Journal of Pediatrics, que una causa primordial del alza de los trastornos mentales es la reducción, a lo largo de varias décadas, de las oportunidades de los niños y adolescentes para jugar, desplazarse y realizar actividades sin la supervisión y el control directos de adultos. La magnitud de ese cambio es medible: mientras que en 1969 el 48 % de los niños estadounidenses de 5 a 14 años iba caminando o en bicicleta a la escuela, en 2009 solo lo hacía el 13 %, y el traslado en automóvil particular pasó del 12 % al 44 % en el mismo periodo (McDonald et al., 2011). Se trata de una generación a la que se le retiró la calle y todas las posibilidades de aprendizaje que trae consigo resolver problemas mediante autonomía.

En ese contexto de vigilancia permanente, el celular se ha convertido en el último territorio donde los adolescentes pueden conversar sin un adulto que medie, organizar sus propios encuentros y sostener amistades por decisión propia. Prohibirlo no restituye la libertad perdida: la reduce aún más. Esto explica un hallazgo que suele omitirse en el debate y que Gray destaca (La Nación, 2023): en experimentos donde se pidió a jóvenes renunciar a las redes sociales durante un periodo determinado, muchos reportaron sentirse más solos que antes, precisamente porque quedaron incomunicados de sus pares. Cabe reconocer, y Gray no lo niega, que existen problemas reales asociados a estas plataformas: el diseño orientado a capturar la atención, el ciberacoso y la exposición a contenidos dañinos merecen regulación. Pero una cosa es regular a las empresas y acompañar a los usuarios, y otra muy distinta es privar a un adolescente de su principal canal de vínculo social por un daño que no ha sido demostrado.

Restoring Childhood by Peter Gray: 9798217046430 | PenguinRandomHouse.com: Books

Conclusión

A lo largo de esta nota se ha defendido, desde la perspectiva de Peter Gray, que prohibir el celular a niños y adolescentes constituye una respuesta equivocada. Se argumentó, por un lado, que la evidencia no sostiene la relación causal atribuida: el deterioro de la salud mental es anterior al teléfono, la asociación estadística explica como máximo el 0,4 % de la variación en el bienestar y la evaluación más amplia de las prohibiciones escolares no halló mejoras en salud mental ni en rendimiento. Por otro lado, se sostuvo que el dispositivo funciona como un espacio de autonomía y socialización que compensa, apenas en parte, la libertad que se les ha retirado en el mundo físico.

Reconocer esto no equivale a idealizar la pantalla, sino a exigir honestidad en el diagnóstico. Mientras la discusión pública se agote en decidir si se le quita o no el teléfono a un adolescente, seguirá sin formularse la pregunta más difícil y más urgente: qué tan lejos puede caminar solo ese chico, con quién puede jugar sin ser vigilado y cuánta confianza estamos dispuestos a devolverle.

Not a cellphone in sight... : r/memes

Referencias

Goodyear, V. A., Randhawa, A., Adab, P., Al-Janabi, H., Fenton, S., Jones, K., Michail, M., Morrison, B., Patterson, P., Quinlan, J., Sitch, A., Twardochleb, R., Wade, M., & Pallan, M. (2025). School phone policies and their association with mental wellbeing, phone use, and social media use (SMART Schools): A cross-sectional observational study. The Lancet Regional Health – Europe, 51, 101211. https://doi.org/10.1016/j.lanepe.2025.101211

Gray, P. (2011). The decline of play and the rise of psychopathology in children and adolescents. American Journal of Play, 3(4), 443-463.

Gray, P., Lancy, D. F., & Bjorklund, D. F. (2023). Decline in independent activity as a cause of decline in children’s mental well-being: Summary of the evidence. The Journal of Pediatrics, 260, 113352. https://doi.org/10.1016/j.jpeds.2023.02.004

Haidt, J. (2024). La generación ansiosa: Cómo la gran reconfiguración de la infancia está causando una epidemia de enfermedades mentales. Deusto.

La Nación. (2023, 22 de noviembre). Peter Gray: “La falta de independencia está detrás de la crisis de salud mental en los niños”. https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/en-las-redes/peter-gray-la-falta-de-independencia-esta-detras-de-la-crisis-de-salud-mental-en-los-ninos-nid22112023/

McDonald, N. C., Brown, A. L., Marchetti, L. M., & Pedroso, M. S. (2011). U.S. school travel, 2009: An assessment of trends. American Journal of Preventive Medicine, 41(2), 146-151.

Orben, A., & Przybylski, A. K. (2019). The association between adolescent well-being and digital technology use. Nature Human Behaviour, 3(2), 173-182. https://doi.org/10.1038/s41562-018-0506-1

Sintaxis teórica: el movimiento que quiebra la simetría

English Syntax Explained | HS Insider

La teoría de la antisimetría dinámica se desarrolla a partir del marco general de la antisimetría propuesto por Richard Kayne en The Antisymmetry of Syntax (1994), pero es reformulada de manera crucial por Andrea Moro. Kayne propone el Axioma de Correspondencia Lineal (LCA): las relaciones jerárquicas asimétricas (c-comando) determinan el orden lineal; en consecuencia, la estructura sintáctica es intrínsecamente asimétrica y el orden básico es universalmente Especificador-Cabeza-Complemento. Moro acepta la antisimetría como principio fuerte, pero introduce una dimensión dinámica: en el curso de la derivación pueden generarse configuraciones simétricas (por ejemplo, estructuras binarias en las que dos constituyentes se relacionan de manera especular), las cuales son ilegibles en la interfaz fonológica. Para evitar una violación del LCA, la sintaxis debe aplicar movimiento que destruya la simetría antes del Spell-Out.

The Antisymmetry of Syntax(1994) > 언어/영어 | 경문사

Un caso paradigmático se encuentra en las pequeñas cláusulas copulativas. Considérese: (1) Juan es médico. En una representación subyacente tipo [SC Juan médico], ambos constituyentes nominales están en una relación estructural simétrica: ninguno domina al otro. Esta configuración viola la antisimetría estricta. La solución dinámica consiste en mover uno de los dos sintagmas (típicamente el sujeto) a una posición superior, por ejemplo [TP Juani [T es [SC ti médico]]]. El movimiento no es aquí opcional ni motivado por rasgos tradicionales, sino por la necesidad de romper la simetría estructural. Así, el movimiento se convierte en un mecanismo de legitimación lineal, no meramente en un ajuste de rasgos formales.

Esta concepción tiene consecuencias importantes para la teoría del movimiento. En el Programa Minimista estándar (cf. Noam Chomsky), el movimiento responde a la valoración de rasgos no interpretables. En la versión dinámica de Moro, en cambio, el movimiento puede estar motivado por una condición geométrica independiente: la imposibilidad de externalizar estructuras simétricas. Esto explica por qué ciertas configuraciones copulativas muestran alternancias interpretativas dependiendo de cuál sintagma asciende. Compare: (2a) El problema es Juan vs. (2b) Juan es el problema. La asimetría derivada por movimiento determina qué constituyente recibe la interpretación referencial principal y cuál la predicativa.

The Raising of Predicates

La propuesta de los raising predicates se integra en este marco. Moro sostiene que en ciertas construcciones copulativas el verbo ser no selecciona un predicado en sentido tradicional, sino que media una estructura simétrica que obliga a un proceso de raising. En estructuras como (3) La causa del disturbio es la policía, ambos DPs pueden competir por la posición de sujeto. La derivación implica que uno de ellos ascienda, produciendo efectos interpretativos distintos. Este fenómeno no se reduce al raising clásico de sujetos en verbos como parecer, sino que revela que la cópula misma participa en la creación de configuraciones estructuralmente inestables que exigen movimiento para satisfacer la antisimetría.

Dynamic Antisymmetry

Finalmente, la teoría de la antisimetría dinámica ofrece una reinterpretación más general de las restricciones sintácticas: no todas derivan de principios semánticos o de rasgos formales, sino de propiedades geométricas de la estructura. El movimiento no es un “artefacto” derivacional sino una consecuencia necesaria de la arquitectura del sistema computacional. La sintaxis, en este sentido, no solo organiza dependencias, sino que garantiza que la jerarquía pueda traducirse en una secuencia lineal sin ambigüedad estructural. La propuesta de Moro radicaliza la intuición de Kayne: la linealización no es un epifenómeno, sino una fuerza estructurante que interviene activamente en la derivación.

La guerra entre Atahualpa y Huáscar

 

Introducción

En el informe anterior, describimos el escenario previo a la guerra civil inca, es decir, la batalla fratricida entre Huáscar y Atahualpa. Como vimos, este conflicto se desarrolló en un contexto marcado por la llegada de la viruela al territorio americano, que diezmó drásticamente a una población sin defensas inmunológicas contra la enfermedad. El propio inca Huayna Cápac murió a causa de ella. Además, la epidemia desencadenó una profunda crisis ideológica en el incanato: las deidades andinas, cuya función era orientar el cuidado de los cultivos y de las personas a través de sus oráculos, comenzaron a fallar al no poder responder a esta nueva amenaza.

Por si fuera poco, la guerra civil inca coincidió con la llegada de los españoles al Perú. En dos ocasiones previas a la captura de Atahualpa, los europeos ya habían hecho acto de presencia, sin revelar claramente sus intenciones. En este informe nos enfocamos en la guerra civil propiamente dicha y en las distintas versiones que existen sobre ella. ¿Fue una sola batalla o una campaña prolongada? ¿Cómo se movilizaron las tropas? ¿Qué factores inclinaron la balanza a favor de uno de los hermanos? Estas son las preguntas que intentaremos responder a continuación.

 

Resumen
  • Existen dos versiones de la guerra civil: la guerra breve y la prolongada.
  • La primera reduce el conflicto a una sola batalla librada en Quipaipán, cerca del Cuzco, donde Huáscar es capturado.
  • La segunda sitúa el inicio del enfrentamiento al menos tres años antes de su desenlace, con un ataque de Huáscar en territorio norteño, bajo jurisdicción de Atahualpa.
  • En un punto coinciden cronistas e investigadores: la actitud hostil de Huáscar hacia la élite cuzqueña y su creciente paranoia le restaron credibilidad. Como evidencia de ello, sus generales sufrieron derrotas incluso cuando contaban con ventaja numérica y estratégica.
  • Según ambas versiones, Huáscar fue capturado, sometido a humillaciones y finalmente ejecutado, con lo que el conflicto llegó a su fin.
  • Los españoles ya habían irrumpido en el territorio y llegaron a utilizar la figura de Huáscar para ganar apoyo militar contra Atahualpa.

 

La guerra breve

Según algunos cronistas, entre ellos el Inca Garcilaso de la Vega, el conflicto se redujo a un único enfrentamiento: la batalla de Quipaipán, librada en una llanura al oeste del Cuzco, donde Chalcuchímac y Quizquiz —los principales generales de Atahualpa— lograron apresar a Huáscar.

El detonante de esta versión fue la orden de Huáscar a su medio hermano Atahualpa de presentarse en el Cuzco para jurarle formalmente sometimiento. Desconfiando de las intenciones de Huáscar, Atahualpa aparentó públicamente preparar el viaje, pero en secreto ordenó a sus generales Chalcuchímac, Quizquiz y Rumiñahui marchar con distintas tropas hacia el sur, rumbo al Cuzco.

Atahualpa se detuvo al llegar al límite de sus dominios, mientras su ejército continuaba el avance. Las unidades de Chalcuchímac y Quizquiz se reunieron, lo que fue notificado a Huáscar. Los 20.000 soldados del norte cruzaron el río Apurímac en actitud bélica y fueron reforzados por 10.000 hombres más, ya en territorio cuzqueño. Las tropas atahualpistas llegaron hasta Villcacunca, a tan solo 30 km del Cuzco, listas para sitiar la ciudad.

Huáscar salió a su encuentro con 10.000 hombres y acampó a 15 km de la capital, aguardando refuerzos del Contisuyo, el suyo del suroeste. Pero las tropas de Atahualpa lo adelantaron y atacaron en Quipaipán. El enfrentamiento fue sangriento y los norteños resultaron vencedores gracias a la experiencia y habilidad de sus comandantes. Huáscar fue capturado cuando intentaba escapar tras la batalla.

Asegurada la victoria, Atahualpa viajó a Xauxa —la actual Huancayo, en Junín— donde convocó a todos los orejones y curacas del imperio para exigirles sometimiento. Sin embargo, el cronista Agustín de Zárate, testigo de los primeros años de la presencia española en el Perú, señala que entre la batalla de Quipaipán y la llegada de los conquistadores transcurrieron cerca de dos años y medio, durante los cuales Atahualpa debió sofocar constantes rebeliones de tropas leales a Huáscar dispersas por todo el imperio. Estas campañas fueron múltiples y muy sangrientas: Juan de Betanzos asegura que solo en Tomebamba —en el actual Ecuador, antigua capital del pueblo cañari— fueron masacradas 60.000 personas. Todas estas luchas impidieron a Atahualpa dirigirse al Cuzco.

Una vez vencidas las últimas resistencias, Atahualpa emprendió la marcha hacia la capital imperial, aunque debió alterar sus planes al enterarse de la llegada de un grupo de extranjeros: los conquistadores españoles.

 

La guerra prolongada

Esta versión incorpora elementos míticos y ofrece una visión más detallada de la campaña de Atahualpa. Aproximadamente en 1529, Atahualpa realizaba preparativos bélicos en Tomebamba, el centro administrativo del imperio en la zona norte, cuando fue apresado.

Sobre este episodio existen dos versiones: una sostiene que sus captores fueron cañaris leales a Huáscar, antiguos propietarios de la región de Tomebamba; la otra afirma que fue derrotado por tropas cuzqueñas al mando de Huanca Aunqui que habían llegado al norte.

Según esta versión, Atahualpa habría sido encerrado en un tambo real y liberado durante la noche por sus partidarios. Se cuenta que fue una mamacuna —mujer principal del inca— quien le proporcionó una barra de cobre con la que abrió un forado en la pared, logrando escabullirse sin ser advertido por sus vigilantes, que se encontraban en plena celebración por la victoria.

Atahualpa aprovechó el episodio para tejer un poderoso mito: difundió entre su pueblo que el dios Inti lo había transformado en amaru, la serpiente mítica, para que escapara por las grietas del tambo real. La leyenda se extendió por todo el Imperio y convirtió a Atahualpa en una figura casi sobrenatural.

Atahualpa huyó a Quito, donde reorganizó sus fuerzas, y luego atacó Tomebamba. Hualtopa, el gobernador cuzqueño de la ciudad, huyó con la mayoría de los hombres en edad de combatir para unirse a las tropas de Huáscar, mientras que mujeres y niños fueron masacrados por el ejército atahualpista. Las crónicas hablan de 60.000 muertes en esta avanzada.

Durante su marcha hacia Caxabamba, Atahualpa ordenó exterminar a todos los pueblos y tribus aliados de Huáscar que encontraba a su paso. Poco antes de su levantamiento, Huáscar había convocado a los curacas de la región de Tallán —la actual Piura—, quienes le habían jurado lealtad. Arrasando todo a su avance, Atahualpa llegó a Tumbes, donde encontró a la mayoría de la población favorable a su causa.

El curaca local Chirimasa se convirtió en uno de sus principales aliados y puso a disposición 12.000 soldados en balsas para atacar la isla Puná, en el golfo de Guayaquil, cuyos habitantes habían sido tradicionalmente rivales de las etnias aliadas a Atahualpa y eran leales a Huáscar. Los siete caciques de la isla —entre quienes destacaban Cotorí y Tomala— salieron al encuentro con 3.000 guerreros en balsas. Este enfrentamiento es considerado la mayor batalla naval de tiempos prehispánicos.

Los isleños, grandes navegantes, derrotaron al ejército inca pese a la desventaja numérica. La suerte de Atahualpa se torció cuando una flecha lo hirió en una pierna, lo que obligó a trasladarlo a Cajamarca para recuperarse en sus aguas termales. Aprovechando la retirada, los punaeños invadieron Tumbes, saquearon e incendiaron la ciudad y capturaron a 600 personas, entre soldados atahualpistas y locales. Atahualpa tuvo que retroceder una vez más a Quito para reorganizarse.

Cuando las fuerzas atahualpistas regresaron al sur, los punaeños se retiraron a su isla llevándose prisioneros y un cuantioso botín. Tiempo después, consumada la derrota de los cuzqueños, los de Puná optaron finalmente por aliarse con Atahualpa.

A partir de este punto, los dos relatos siguen un rumbo similar. La versión prolongada aporta, además, una descripción de cómo se constituyeron los ejércitos de ambos bandos y cómo se desplegaron en el territorio antes de las grandes batallas definitivas.

 

Las batallas decisivas

Hacia 1532, y ante el creciente descontento de las élites cuzqueñas con Huáscar, los ejércitos atahualpistas avanzaron hacia el centro y sur del actual Perú. Las continuas derrotas preocuparon profundamente a Huáscar, que comenzaba a agotar sus reservas y, en ocasiones, se vio obligado a enviar sacerdotes y curacas como generales. Replegó sus mermadas fuerzas al Cuzco, donde las reorganizó en tres ejércitos: el primero, bajo su mando personal, formado por orejones del Hurin Cuzco —la élite de menor prestigio en la capital—, cañaris y chachapoyas que guarnecían la ciudad; el segundo, comandado por Huampa Yupanqui, fue enviado a Cotabambas, en Apurímac, donde se concentraban las fuerzas enemigas; el tercero, bajo el mando de Huanca Aunqui, tenía la misión de vigilar al enemigo y atacarlo cuando la oportunidad se presentara.

Generales de Atahualpa Generales de Huáscar
Chalcuchímac Huáscar
Quizquiz Huampa Yupanqui
Rumiñahui Huanca Auqui

 

Los generales norteños Chalcuchímac y Quizquiz cruzaron el río Cotabamba con sus soldados. La vanguardia, formada por 25.000 honderos al mando de Chalcuchímac, llegó al valle del río Apurímac, específicamente en Tavaray, junto al puente de Huacachaca, que estaba defendido por fuerzas huascaristas. Sin que Chalcuchímac lo supiera, otra tropa cuzqueña había cruzado el río por el puente de Cunyac, sobre el Apurímac, entre Abancay y el Cuzco, y lo atacó por la retaguardia. Más de 10.000 atahualpistas cayeron y el resto se retiró. Esta victoria insufló nuevos ánimos a Huáscar, quien creyó posible ganar la guerra.

Las fuerzas de Huáscar se encontraron con las de Atahualpa en Huanacopampa, en el actual distrito de Tambopata, provincia de Cotabambas, en la región de Apurímac. Huáscar ordenó un ataque total. En el combate murió el general atahualpista Tomay Rimay. Los supervivientes del bando contrario se replegaron durante la noche a una colina. Al ver que el lugar estaba rodeado de hierba seca, los cuzqueños provocaron un incendio que mató a muchos de sus enemigos. Los sobrevivientes cruzaron el río Cotabamba, pero Huáscar decidió no perseguirlos y celebrar la victoria. Se dice que consideraba que hostigar a un enemigo en retirada no era digno de un Inca.

Al día siguiente, Huáscar ordenó cruzar el río y reanudar la persecución. Sus tropas llegaron a un barranco profundo llamado Chontacajas, cerca de Huanacopampa, donde decidieron actuar como vanguardia. Una vez dentro del barranco, fueron emboscadas desde las laderas por los atahualpistas y masacradas.

Fue entonces cuando Chalcuchímac ordenó a Quizquiz marchar en secreto con 5.000 hombres para situarse en la retaguardia de Huáscar, en Quipaipán. Este, que avanzaba confiado tras los triunfos de sus generales, fue sorprendido y apresado cuando intentaba acelerar la marcha hacia el norte. Chalcuchímac, por su parte, llegó de nuevo a Huanacopampa disfrazado de Huáscar. El grueso del ejército cuzqueño salió a recibirlo alegremente y arrojó sus armas al suelo, lo que permitió a las tropas norteñas lograr un triunfo definitivo tan ingenioso como contundente.

El victorioso ejército de Atahualpa inició su marcha hacia el Cuzco, con Huáscar preso bajo custodia especial en Quiuipay. Al llegar a Yavira, el ejército descansó. Enterada la nobleza cuzqueña de lo ocurrido, una delegación viajó a ese lugar para rendir homenaje al nuevo Sapa Inca Atahualpa, quien no se encontraba allí. Chalcuchímac ordenó entonces castigar ejemplarmente al general huascarista Huanca Aunqui y a Apo Challco Yupanqui y Rupaca, acusados de haber entregado la mascaypacha —la corona tejida, símbolo del poder inca— a Huáscar. Poco después, los atahualpistas tomaron el Cuzco sin resistencia.

Tras ser apresado, Huáscar fue conducido al Cuzco por Chalcuchímac y Quizquiz, donde fue obligado a presenciar la muerte de sus familiares, tanto directos como indirectos. Su propia madre le recriminó el estado en que había dejado el imperio por su forma de gobernar. El ejército atahualpista tomó entonces la ciudad, y sus soldados extrajeron la momia del Inca Túpac Yupanqui para quemarla en la plaza principal. Los pueblos del norte guardaban profundos resentimientos contra los cuzqueños, y en particular contra Túpac Yupanqui, por la conquista de sus territorios y la muerte de sus ancestros.

La toma del Cuzco por Quizquiz concluyó con la muerte de numerosas familias de la nobleza cuzqueña y el incendio de los palacios de la panaca de Huáscar. Desde sus aposentos en Cajamarca, Atahualpa celebraba los contundentes triunfos de sus tropas en el sur.

 

Prisión y muerte de Huáscar

Una vez consumada la victoria atahualpista, Huáscar permanecía como rehén. En prisión era constantemente insultado, alimentado con desechos y objeto de burlas. Después de que los españoles retuvieran a Atahualpa en Cajamarca, Huáscar fue conducido descalzo, semidesnudo y atado del cuello hacia el norte, camino a esa ciudad. Sin embargo, antes de que ambos hermanos pudieran encontrarse, Atahualpa —temiendo que Pizarro liberara a Huáscar y le restituyera el poder— ordenó su ejecución en el poblado de Andamarca.

Según las crónicas, el cuerpo de Huáscar fue arrojado al río Yanamayo, cerca del pueblo de Andamarca. La ubicación exacta de este lugar es incierta: algunas fuentes lo sitúan a 30 km al sur de Huamachuco, cerca de Cajamarca, mientras que otras lo ubican en Ayacucho, contradicción que las crónicas no terminan de resolver.

 

El fin de la guerra y la conquista española

Apenas concluida la guerra, irrumpieron los españoles bajo el mando de Francisco Pizarro. Mediante una serie de proclamas dirigidas a uno y otro bando, lograron internarse en el territorio sin ser atacados por el límite norte del imperio. Finalmente se declararon partidarios de Huáscar, lo que les sirvió de pretexto para tender la emboscada de Cajamarca, donde capturaron y dieron muerte al vencedor de la guerra civil: Atahualpa.

En todo caso, Pizarro supo aprovechar el conflicto interno para sus propósitos de conquista. Los españoles se apoyaron en los huascaristas, quienes les brindaron apoyo en hombres y, sobre todo, una cobertura ideológica que desarmó la resistencia de amplios sectores andinos: los europeos fueron presentados ante la población como libertadores que ponían fin a la guerra.

Mientras Quizquiz custodiaba el Cuzco, Pizarro entabló contacto con Túpac Hualpa, otro hijo de Huayna Cápac y hermano de ambos contendientes. Conocido por los españoles como Toparpa, fue nombrado Sapa Inca por Pizarro, aunque murió poco después. El conquistador acusó entonces a Chalcuchímac de haberlo envenenado y lo condenó a muerte.

 

Los otros grandes generales de Atahualpa corrieron suertes distintas. Rumiñahui continuó la resistencia en el norte frente a Sebastián de Belalcázar, lugarteniente de Pizarro, hasta ser derrotado. Quizquiz combatió contra Hernando de Soto y Manco Inca —otro hijo de Huayna Cápac y futuro sucesor de Túpac Hualpa— intentando reunirse con Rumiñahui, pero fue asesinado por uno de sus propios capitanes, Huayna Palcón, tras una disputa.

Por su parte, la nobleza cuzqueña, muy mermada por la guerra civil, se aglutinó en torno a Manco Inca, quien fue instituido Sapa Inca en el Cuzco antes del saqueo de la capital por los hispanos. Sin embargo, no tardó en comprender la verdadera naturaleza de los conquistadores y encabezó un levantamiento que daría origen a los Incas de Vilcabamba, sobre quienes hablaremos en un próximo informe.

La guerra civil incaica: la lucha entre Atahualpa y Huáscar

 

Introducción

Uno de los momentos más determinantes en la historia de la humanidad es la llegada de los españoles a América en 1492. Cerca de cuarenta años después, en 1532, un grupo de conquistadores desembarcó en el Tawantinsuyo en medio de epidemias devastadoras, una profunda crisis religiosa y, sobre todo, el fragor de una guerra civil: la lucha fratricida entre Atahualpa y Huáscar. Ambos, hijos de Huayna Cápac, se disputaban el liderazgo del imperio sin saber que lo hacían en sus últimos días. ¿Quiénes fueron Atahualpa y Huáscar? ¿En qué contexto se libró esa guerra? ¿Cuáles fueron sus principales batallas? Estas preguntas guían el presente informe.

Resumen

– Las guerras sucesorias en el imperio incaico eran episodios recurrentes, pues no existía una ley de herencia claramente establecida para la transmisión del poder.

– Si bien los criterios para elegir sucesor eran varios, dos prevalecían sobre los demás: la capacidad de gobernar —una suerte de principio meritocrático— y la relevancia del linaje materno.

– El proceso de sucesión aquí analizado se desencadenó tras la muerte del inca Huayna Cápac. Según las crónicas, falleció a causa de una enfermedad desconocida en el continente; a partir de su descripción en los escritos y los dibujos de Felipe Guamán Poma de Ayala, se infiere que pudo haber sido viruela o sarampión.

– Los protagonistas de esta guerra fueron dos de los numerosos hijos de Huayna Cápac: Atahualpa y Huáscar. El primero había nacido en el Cuzco, aunque su madre era oriunda del norte, y había pasado la mayor parte de su vida junto a su padre. Huáscar era de origen ayacuchano y de madre cuzqueña, perteneciente al hatun ayllu, el linaje real del gobernante anterior, Tupac Yupanqui.

– Por su línea materna, Huáscar pertenecía al Hanan Cuzco, la alta nobleza del Cuzco. Además, había estado a cargo de la administración de la capital mientras Huayna Cápac se desplazaba hacia el norte para conquistar nuevos territorios, llevando consigo a Atahualpa como corregente.

– Las fuentes mencionan un sucesor designado por Huayna Cápac antes de los dos hermanos: Ninan Cuyuchiq, de origen cañari, de la región de Chachapoyas. Sin embargo, falleció víctima de la misma enfermedad que mataría a Huayna Cápac, antes de asumir el cargo.

– Tras la muerte de Ninan Cuyuchiq y ante la renuncia de Atahualpa, los orejones del Cuzco nombraron a Huáscar Sapa Inca. No obstante, sus continuos errores políticos y diplomáticos generaron un profundo descontento que terminaría provocando el levantamiento armado de Atahualpa y sus generales desde el norte.

Quiénes eran Atahualpa y Huáscar

Atahualpa: el sucesor que gobernaba desde el norte

Atahualpa nació en el año 1500. Su lugar de nacimiento es materia de debate. Los cronistas más tempranos —Cieza de León, Juan de Betanzos, Juan de Santa Cruz Pachacuti y Bernabé Cobo— coinciden en señalar el Cuzco como su cuna.

Las dudas acerca de su origen surgen de la identidad de su madre, Tupac Palla, natural de Quito. Ello insinuó que quizás hubiera nacido en esa ciudad, pero tal hipótesis siempre fue más rumor que información verificada. Investigadores como María Rostorowski y Waldemar Espinosa sostienen que el supuesto origen quiteño fue una invención de Huáscar para presentarlo como usurpador, carente de legitimidad por no descender de una madre de linaje noble. Otros atribuyen la confusión a la versión española del conflicto entre hermanos, que enfatizaba la idea del primogénito como heredero legítimo: desde esa perspectiva, Huáscar sería el sucesor natural y Atahualpa, un bastardo intruso.

Atahualpa pasó su infancia en el Cuzco y allí realizó el warachikuy, la ceremonia militar de iniciación que marcaba el paso hacia la edad adulta y certificaba la aptitud del joven para defender el imperio. A los trece años, una rebelión de los pueblos caranquis y cayambis —originarios de la sierra del actual Ecuador— lo llevó a acompañar a su padre al norte. Permaneció en esa región aproximadamente diez años.

Su nombre proviene de la lengua puquina, el idioma de la nobleza inca que acompañó su éxodo desde el altiplano hasta el Cuzco. Atahualpa significa “el elegido animoso”, composición de dos raíces: /ata-w/, “señalado, elegido”, y “wallpa”, “diligente, aplicado, animoso”.

A lo largo de su estancia norteña, Atahualpa sofocó rebeliones y conquistó nuevos territorios, contando con el apoyo de Calcuchímac y Quizquiz, dos de los tres grandes generales incas —el tercero fue Rumiñawi—. Durante ese período aprendió las tareas del gobierno y ganó un notable prestigio en campaña. Cronistas como Juan de Betanzos y Pedro Cieza de León lo describen como un hombre de agudo razonamiento y sólida autoridad. En ese contexto se le encomendó la conquista de territorios al norte, en la actual Colombia, pero fue derrotado y debió ser rescatado por su padre con todo su ejército. La derrota mermó profundamente su confianza en sí mismo, tanto para la guerra como para asumir responsabilidades de gobierno.

Huáscar: el sucesor de origen ayacuchano

Nacido con el nombre de Tupac Cusi Hualpa, Huáscar vino al mundo en Huáscarpata, Ayacucho, en 1491. Fue uno de los hijos de sangre de Huayna Cápac y, según las fuentes, se encontraba entre las tres primeras opciones al trono, junto con Ninan Cuyuchiq y Atahualpa. Cuando Huayna Cápac marchó al norte con Atahualpa, le dejó a Huáscar la administración del Cuzco.

Era hijo de Huayna Cápac y de la coya Raura Ocllo. El título de coya —también colla— designaba a la mujer principal del Inca, con autoridad suficiente para ejercer el cargo en ausencia de su esposo. Por esa herencia materna, Huáscar pertenecía al Cápac Ayllu o Hatun Ayllu, el linaje real de Túpac Yupanqui, el inca anterior, privilegio del que Atahualpa carecía al tener madre norteña, ajena a cualquier linaje con ancestros incaicos.

Tras la muerte de Huayna Cápac, Huáscar lo sucedió como Sapa Inca y, en un inicio, todos reconocían su autoridad. Asimismo, a petición expresa de Atahualpa, lo nombró incap rantin o vicegobernador de Quito, cuya jurisdicción abarcaba el norte del Tawantinsuyo.

Sin embargo, con el tiempo fue víctima de subversión. Según el cronista Juan de Betanzos, esta se gestó a raíz de sus propios errores políticos y de una creciente paranoia frente a los demás descendientes de Huayna Cápac que aspiraban al poder.

 

Contexto histórico del conflicto: epidemia, crisis religiosa e inminencia española

La llegada de la viruela y la catástrofe demográfica

Según el historiador Noble David Cook, profesor de Historia de América Colonial en la Florida International University, uno de los factores centrales del contexto de la guerra civil fue la llegada de enfermedades desconocidas al continente americano. La viruela, en particular, diezmó de manera drástica la población. Para cuando los españoles llegaron al antiguo Perú, los contagios —ante los que los nativos carecían de anticuerpos— ya habían reducido en un 50% la población de Sudamérica, que pasó de cuatro millones a dos millones de habitantes, según los cálculos de Cook.

Esta pérdida masiva de vidas no solo debilitó la fuerza de trabajo y el poder militar del imperio, sino que puso en entredicho los saberes del mundo andino sobre el tratamiento de enfermedades. La situación se tornó especialmente crítica con la agonía y muerte de Huayna Cápac.

La muerte de Huayna Cápac y la crisis del oráculo de Pachacamac

Existen distintas teorías acerca de cómo ingresó la viruela al Perú. Algunas fuentes apuntan al norte como vía de entrada, aunque hay también indicios de que la enfermedad llegó al Cuzco por otra ruta. Entre sus víctimas más notorias estuvo Huayna Cápac, cuya agonía fue prolongada según los cronistas.

Juan de Betanzos relata que se consultó al oráculo de Pachacamac —uno de los más venerados del mundo andino— sobre cómo afrontar la enfermedad del inca. El oráculo recomendó exponer a Huayna Cápac al sol para que sus rayos eliminaran las llagas. Lejos de aliviarle, el remedio agravó su estado y precipitó su muerte. Según María Rostorowski, este error del oráculo sembró dudas profundas sobre las divinidades del mundo andino y su capacidad de conocimiento, generando un clima de caos ideológico: las deidades, antes tenidas por infalibles en sus augurios, habían fallado de manera ostensible.

La inminente llegada española

Semanas antes del estallido de la guerra civil, ya circulaban noticias sobre la presencia de forasteros llegados del norte: hombres extraños que viajaban en casas flotantes y montaban animales de gran tamaño. Los incas estaban al tanto de su arribo. Antes del célebre encuentro en Cajamarca hubo al menos dos contactos previos: uno revestido de elementos míticos y otro respaldado por fuentes históricas.

El cronista mestizo Felipe Guamán Poma de Ayala, activo a comienzos del siglo XVII, afirma que el inca Huayna Cápac tuvo un encuentro en el norte con Pedro de Candía, un griego al servicio de España y miembro de los Trece del Gallo, lo que habría constituido el primer contacto directo entre europeos e incas, no antes de 1526. El inca Garcilaso de la Vega describe que la comunicación se realizó mediante señas y que Huayna Cápac interpretó que Candía comía oro, por lo que le obsequió ese metal en polvo y lo dejó partir. Candía se llevó consigo a un indio huancavilca a España y lo presentó al rey, quien luego fue devuelto al Tawantinsuyo para actuar como intérprete bajo el nombre de Felipillo. El relato de Guamán Poma señala que el informe de Candía alentó a numerosos aventureros a partir hacia el Nuevo Mundo. No obstante, los especialistas consideran que esa crónica contiene datos erróneos y que el supuesto encuentro entre Candía y Huayna Cápac tiene muchos elementos de leyenda.

El historiador José Antonio del Busto, antiguo catedrático de la Pontificia Universidad Católica del Perú, propone una versión distinta: el primer contacto entre europeos y el Imperio inca se habría producido entre 1524 y 1526, cuando el portugués Alejo García, atraído por la leyenda del «Rey Blanco» o Reino de la Plata, avanzó desde Brasil recorriendo los actuales Paraguay y Bolivia hasta adentrarse en el Tawantinsuyo. García habría comandado una fuerza de dos mil indios chiriguanas y guarayos que asaltaron la fortaleza incaica de Cuzco Tuyo —límite oriental del Imperio, que protegía la provincia de Charcas del avance guaraní— y aniquilaron su guarnición. Emprendió el regreso cargado de un rico botín e informó a Martín Alfonso de Sousa, gobernador de San Vicente de Brasil, sobre la existencia de un opulento reino al oeste. Sin embargo, García y sus compañeros fueron asesinados por sus propios aliados indígenas a orillas del río Paraguay, desapareciendo el botín y las pruebas físicas del Imperio.

También hubo un encuentro en Huamachuco entre Atahualpa y un contingente español, en plena guerra civil inca, cuando el inca festejaba los triunfos de sus generales y se preparaba para marchar hacia el Cuzco. Mensajeros llegados desde Paita, Piura y Tumbes le notificaron la presencia de los foráneos, lo que motivó que retrasara su avance para conocerlos. Según Juan de Betanzos, Atahualpa envió a un espía disfrazado para evaluar las intenciones y el poderío militar español. El espía recomendó atacar, pero el inca rechazó la idea. Tras diversas peripecias en la ruta —y luego de varios mensajes del inca, entre ellos patos rellenos de paja, clara señal de amenaza—, ambas delegaciones se encontraron en las afueras de Cajamarca. Las versiones de ese encuentro varían, pero coinciden en presentar a un Atahualpa sereno ante los caballos. Se le describe ofreciendo chicha a los españoles en copas distintas: una de oro para Pedro Pizarro y otra de plata para Hernando de Soto. Este último reclamó también una de oro. Tras el encuentro, los españoles se retiraron para volver a reunirse en Cajamarca el 16 de noviembre de 1532, el día de la captura de Atahualpa, que desataría el fin del Tawantinsuyo. Como señalan los propios cronistas españoles, en ningún momento previo a Cajamarca los incas los atacaron ni entablaron combate con los nativos; por el contrario, les proporcionaron guías, cocineras, alimentos y descanso durante su recorrido por el norte. Todo indica que la intención de los incas fue siempre conocerlos y, con toda probabilidad, establecer algún tipo de intercambio con ellos.

Las razones del conflicto

La guerra entre Atahualpa y Huáscar no fue un fenómeno excepcional en la historia andina. Estas disputas sucesorias ocurrían con regularidad al final de cada gobierno, impulsadas por la ausencia de una ley de herencia única y por los derechos que reclamaban los múltiples parientes del inca fallecido.

Las prácticas de sucesión eran diversas en el mundo andino. Como señala María Rostorowski, entre otros investigadores, la civilización inca constituyó una síntesis y organización de costumbres preexistentes a nivel local. Conviene revisar brevemente algunas de ellas para identificar las que los incas privilegiaban.

El Inca Garcilaso de la Vega, pese a su marcada influencia hispana, reconoce que antes que al primogénito, la sucesión recaía en el hijo más querido: se trataba de una elección, no de una herencia automática. El historiador Francisco Hernández, de la Pontificia Universidad Católica del Perú, añade que la sucesión recaía en el candidato más idóneo para el cargo, sin importar si se trataba del hijo, del tío, del hermano o del primo del gobernante fallecido.

Sin embargo, parece que entre los incas el candidato más frecuente era el hijo de la hermana, llamado en varias crónicas «sobrino principal». A partir de ello, investigadores como Rostorowski y Hernández concluyen que para ejercer el derecho a la herencia del poder debían cumplirse dos condiciones esenciales: el candidato debía ser mayor de edad —es decir, haber superado el warachikuy y estar en condiciones de servir en el ejército— y debía existir más de un candidato, entre quienes se evaluaban dos criterios: la capacidad de gobernar y la prominencia del linaje, independientemente de si era o no el primogénito.

Existía asimismo la tendencia a que los hijos de la colla —la mujer principal del Inca— fueran los candidatos preferentes. El caso de Pachacútec resulta ilustrativo: este inca ganó su autoridad mediante victorias militares consecutivas y con él se inició propiamente el Imperio. Sin embargo, para establecer una sucesión ordenada, asoció como corregente a su hijo mayor, Amaru Yupanqui. Años después, revocó ese nombramiento al reconocer que su hijo tenía mayor vocación para la agricultura y la ingeniería hidráulica que para el gobierno, y optó entonces por Tupac Yupanqui, su hijo menor. Desde ese momento se consolidó la costumbre de que el heredero corregente contrajera matrimonio con una hermana —o medio hermana— o con una mujer del mismo ayllu o linaje, asegurando así que el poder permaneciera dentro del ámbito familiar durante varias generaciones.

Cabe precisar que el concepto de «hermana» no implicaba necesariamente un vínculo de padre y madre, sino que podía referirse a una media hermana, una prima o cualquier mujer del mismo linaje o ayllu. Esta definición pudo ampliarse durante el auge del Imperio para integrar a un mayor número de ayllus, aunque persistía la preferencia por las mujeres que compartían un ancestro común con el Sapa Inca.

Los posibles sucesores

En 1987 se encontró la segunda parte de la Suma y narración de los incas, escrita en 1551 por el cronista Juan de Betanzos. Se trata de la porción extraviada de una crónica que abarcaba desde el origen mítico de los incas hasta la organización del Imperio bajo Pachacútec. La parte recuperada cubre desde la fundación del Tawantinsuyo hasta las luchas con los incas de Vilcabamba.

La relevancia de Betanzos como fuente radica en un dato biográfico significativo: fue él quien se casó con la viuda de Atahualpa, quien había sido concubina de Francisco Pizarro, por lo que disponía de información cercana y directa sobre los orígenes y el desarrollo de la guerra civil.

Betanzos relata que Huayna Cápac fue consultado por los orejones del Cuzco —la nobleza del Imperio— acerca de la sucesión hacia 1520. El inca, ya considerado mayor, se molestó ante la pregunta. Respondió evocando cómo Pachacútec había gobernado hasta que le temblaron los brazos, es decir, hasta una edad muy avanzada, y señaló que si bien había varios candidatos, él se inclinaba por Atahualpa, que en aquel momento tenía apenas cinco años. Era evidente que la respuesta pretendía manifestar que aún le quedaban muchos años de gobierno. Para algunos investigadores, esta respuesta confirma la preferencia de Huayna Cápac por Atahualpa.

Unos doce años después, ya con la salud muy deteriorada, Huayna Cápac fue consultado de nuevo sobre la sucesión. Según algunos autores, respondió en medio del delirio provocado por la fiebre que lo consumía antes de morir: designó a Ninan Cuyuchiq. Lo desconcertante del asunto es que, según se infiere de las fuentes, Ninan Cuyuchiq tendría en ese momento apenas un mes de vida. Pertenecía además a la etnia de los cañaris y su designación se habría producido a instancias de los adivinos de esa zona. Cuando los orejones fueron a ver al designado, ya había fallecido víctima de la misma enfermedad que acabaría con Huayna Cápac. Ante esta circunstancia, se consultó al inca por segunda vez y este señaló a Atahualpa.

De aquí emerge un dato crucial que permanecía ignorado hasta la publicación de la segunda parte de la Suma de Betanzos. Atahualpa había sido muy querido por Huayna Cápac y sus generales, quienes le habían encomendado una campaña al norte, en la actual Colombia. Atahualpa perdió esa batalla y fue rescatado por Huayna Cápac con todo su ejército. La derrota lo marcó profundamente: prometió no regresar jamás al Cuzco, no acercarse a las panacas reales —las principales familias cuzqueñas, descendientes de antiguos incas— y renunciar a toda ambición política. Por ello, cuando se le consultó sobre si aceptaría la herencia como nuevo Sapa Inca, declinó.

Fue entonces cuando Huayna Cápac, en su lecho de muerte, designó a Huáscar como sucesor. Este llevaba ya años administrando el Cuzco en ausencia de su padre, había gobernado cinco años bajo la asesoría de su tío Apu Llaquita y en ese momento tenía veinte años. Su madre, la colla Raura Ocllo —una de las mujeres principales del Inca y perteneciente al Hanan Cuzco, el linaje de mayor prestigio por descender de Túpac Yupanqui—, al enterarse del nombramiento viajó de inmediato al Cuzco para iniciar las ceremonias de investidura.

Atahualpa, en ese momento, carecía de ambiciones políticas. Pero los sucesivos errores de Huáscar generarían un descontento tan profundo entre las élites del Cuzco que terminaría arrastrando al propio Atahualpa al centro del conflicto.

El quiebre entre Huáscar y Atahualpa: el inicio de las acciones militares

En torno a 1525, Huayna Cápac murió en Quito a causa de la viruela. La misma enfermedad se cobró la vida de Ninan Cuyuchi en Tomebamba. La epidemia llegó incluso al Cuzco y mató a dos de sus cuatro gobernadores.

Atahualpa permaneció en el norte del Imperio, subordinado al gobierno cuzqueño. Pidió a Huáscar que lo nombrara incap rantin o gobernador de Quito, solicitud que este concedió entre 1527 y 1528. Es más, Huáscar le encargó el mando de una campaña militar para someter a los pueblos huancavilca y puná, ambos del actual Ecuador, que se negaban a tributar. Durante ese lapso no hubo tensiones mayores entre los hermanos.

Sin embargo, la crónica de Juan de Betanzos refiere que Huáscar acusó de sedición a los nobles que habían trasladado al Cuzco únicamente la momia de Huayna Cápac sin traer también a Atahualpa, contra la costumbre establecida. Esto encendió una desconfianza intensa en Huáscar hacia su entorno. Los nobles implicados en el traslado de la momia desde el norte fueron torturados y ejecutados, lo que granjeó a Huáscar la enemistad de la panaca Hanan Cuzco, de la que formaban parte los ejecutados.

A pocos meses de asumir el gobierno, Huáscar descubrió una conspiración en su contra. Sus hermanos Chuquishuaman y Conono intentaron sublevarse para entronizar a Cusi Atauchi, muy estimado entre las distintas panacas. El intento fracasó, pero la desconfianza y la zozobra comenzaron a crecer en Huáscar de manera desmedida.

El Inca mandó ejecutar a todos los implicados, entre ellos orejones de importantes panacas, principalmente del Hanan Cuzco: autoridades descendientes de antiguos soberanos, pertenecientes a las élites del Cuzco y de otras regiones del Tawantinsuyo. Para sentirse seguro, Huáscar se alejó de esa nobleza y se rodeó de nobles leales a la línea sucesoria hereditaria, como su hermano Tito Atauchi, quien lo asesoró en las campañas de Pomacochas, Honda, Comacocha y Chupat, en la lejana región de los Chachapoyas. Al querer pasar al bando de los Hurin Cuzco, rivales históricos de los Hanan Cuzco, Huáscar cometió lo que la nobleza consideró un desatino imperdonable: negar su propia tradición y linaje, elementos centrales de la cosmovisión andina.

Huáscar intentó además una serie de reformas destinadas a fortalecer la autoridad del Sapa Inca. Anunció el enterramiento de las mallquis —las momias de los incas que le precedieron— junto con la confiscación de los bienes de las panacas vinculadas a ellas. El culto a las momias era central para la noción de ayllu y linaje, pues constituía la prueba tangible de un parentesco noble, a veces real y a veces mítico. Las momias de los antiguos incas no eran solo objetos de culto: se las consideraba propietarias legítimas de tierras y de fuerza de trabajo. Se dice que Huáscar solía afirmar que el Cuzco era una ciudad con más muertos que vivos y que eso le incomodaba profundamente. La iniciativa provocó un descontento generalizado y alentó rumores de rebelión.

La paranoia de Huáscar fue en aumento. Los cronistas españoles, incluido el propio Juan de Betanzos, reportan que en ocasiones llegó a ejecutar a sospechosos sin disponer de prueba alguna.

Preocupado por la estrecha relación de Atahualpa con el poderoso ejército norteño, Huáscar le ordenó regresar al Cuzco. Los generales del norte temieron que Huáscar pretendiera ejecutarlo y convencieron a Atahualpa de no obedecer. Este envió emisarios con obsequios como muestra de buena voluntad, pero Huáscar los interpretó como una afrenta. Torturó a los mensajeros y los despachó de regreso con regalos de mujer —vestidos y joyas—, un insulto deliberado dirigido a su hermano.

Atahualpa, herido en su dignidad, marchó hacia el Cuzco al frente de las veteranas legiones del norte, comandadas por Quisquis y Calcuchimac. Huáscar envió su propio ejército a interceptarlos, y con ese movimiento se inició formalmente la guerra civil inca.

Atahualpa contó con el respaldo del ejército incaico del norte —integrado por soldados quiteños y comandado por los generales Quisquis y Calcuchimac— y con el apoyo de varios pueblos norteños del Imperio, como los pastos, carangues y cayambis, motivados por las masacres que los cuzqueños habían perpetrado en esa región años atrás.

Huáscar disponía del ejército cuzqueño y sus aliados del sur, fuerzas más numerosas en principio. Sin embargo, las intrigas de los nobles descontentos provocaron que varios jefes cambiaran de bando durante el conflicto, equilibrando las fuerzas. La evidencia más elocuente de ese descontento fue que las tropas de Huáscar comenzaron a perder batallas incluso en condiciones de superioridad numérica y estratégica.

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Hasta este punto se han descrito todos los elementos previos al desplazamiento de las fuerzas de Atahualpa hacia el Cuzco. La segunda parte de este informe se concentrará en el desarrollo de las batallas de la guerra civil y sus consecuencias para el Tawantinsuyo.

La teoría del Ligamiento en el Programa minimista: un excelente caso de desmantelamiento teórico

Minimalist Syntax

Dentro de Government and Binding Theory (GB), formulada por Noam Chomsky en Lectures on Government and Binding (1981), la Teoría del Ligamiento constituyó uno de los módulos centrales de la gramática. Su objetivo era explicar la distribución de anáforas, pronombres y expresiones referenciales mediante tres principios estructurales formulados en términos de gobierno y dominio local (binding domain). Estos principios —A, B y C— pretendían capturar generalizaciones profundas sobre dependencia referencial sin recurrir a reglas transformacionales específicas, integrando el fenómeno dentro de una arquitectura modular donde cada subteoría operaba con principios autónomos pero interrelacionados.

El Principio A establece que una anáfora debe estar ligada en su dominio local. Por ejemplo:

(1) Juanᵢ vio a sí mismoᵢ.
Aquí sí mismo requiere un antecedente que lo c-comande dentro de la misma cláusula.

En cambio:
(2) * Juanᵢ dijo que María vio a sí mismoᵢ.
es agramatical bajo la lectura correferencial, porque el antecedente no se encuentra en el dominio local adecuado. La noción crucial era la de c-command o c-comando y la delimitación del dominio por la categoría gobernante (normalmente IP o TP en formulaciones posteriores).

El Principio B establece que un pronombre debe ser libre en su dominio local. Así,
(3) Juanᵢ vio a élᵢ.
es imposible bajo lectura correferencial, porque el pronombre está ligado dentro de su dominio mínimo. En contraste:

(4) Juanᵢ dijo que María loᵢ vio.
permite correferencia, ya que el pronombre no está ligado en su cláusula local.

Finalmente, el Principio C exige que las expresiones referenciales (R-expressions) sean libres en todas partes:

(5) Élᵢ dice que Juanᵢ es inteligente.
no admite correferencia, porque el pronombre c-comanda a la R-expression.

Sin embargo, con el paso del tiempo surgieron varios problemas empíricos y conceptuales. Entre ellos: (i) variación paramétrica en dominios de ligamiento (por ejemplo, diferencias entre lenguas con anáforas de larga distancia), (ii) fenómenos de reconstrucción que parecían violar el Principio C en superficie pero no en estructura subyacente, y (iii) la dificultad de definir de manera no circular el dominio local en términos de gobierno. Estos problemas se hicieron más visibles cuando el modelo evolucionó hacia el Minimalist Program (1995), donde la noción de “gobierno” fue eliminada como primitiva teórica.

Government and Binding Theory and the Minimalist Program - Gert Webelhuth -  bookbot.com

En el marco minimalista, la Teoría del Ligamiento dejó de concebirse como un módulo autónomo. Muchos de sus efectos se reinterpretaron como consecuencias de operaciones más básicas: Agree, fases (phase theory), condiciones de interfaz semántica y restricciones de interpretación en LF. Por ejemplo, ciertas violaciones del Principio C se explican hoy mediante reconstrucción obligatoria en posiciones de copia inferior. Así, la teoría no desapareció completamente, pero fue descompuesta y redistribuida dentro de una arquitectura más reducida. Lo que en GB era un componente explícito con tres principios independientes pasó a entenderse como el resultado emergente de condiciones estructurales generales y restricciones interpretativas.

Jackendoff y las estructuras paralelas: una crítica a la centralidad de la sintaxis

La crítica de Ray Jackendoff al “sintactocentrismo” se dirige contra una asunción fuerte de la gramática generativa clásica, especialmente en su versión estándar y en parte del minimalismo, según la cual la sintaxis constituye el único componente generativo del sistema lingüístico. En este enfoque, asociado principalmente a Noam Chomsky, la sintaxis construye estructuras jerárquicas que luego son “interpretadas” por los sistemas fonológico (PF) y semántico (LF). La semántica y la fonología no tendrían estructura generativa propia comparable a la sintáctica, sino que recibirían su forma a partir de la derivación sintáctica. Jackendoff considera que esta arquitectura es teóricamente asimétrica y empíricamente insuficiente.

El problema central, según Jackendoff, es que existen generalizaciones semánticas y fonológicas que no se reducen elegantemente a propiedades de la sintaxis. Por ejemplo, en la interpretación de eventos y estructuras argumentales —John buttered the bread vs. John spread butter on the bread— observamos patrones de significado sistemáticos que no dependen únicamente de la configuración sintáctica superficial. De manera similar, fenómenos fonológicos como la estructura métrica o las restricciones prosódicas poseen organización jerárquica autónoma. Si la sintaxis fuera el único generador estructural, estas regularidades deberían derivarse de ella; sin embargo, muchas parecen requerir principios propios. Para Jackendoff, el sintactocentrismo fuerza análisis artificiosos que sobregeneran estructura sintáctica para explicar lo que en realidad pertenece a otros niveles.

Frente a esto, Jackendoff propone la teoría de las arquitecturas paralelas, desarrollada en obras como Foundations of Language. En esta concepción, la gramática consta de tres componentes generativos independientes pero interconectados: sintaxis, fonología y semántica conceptual. Cada uno posee su propio sistema de reglas combinatorias y estructuras jerárquicas. No hay un componente “central” que derive los otros; más bien, existen reglas de correspondencia (interface rules) que alinean parcialmente las estructuras de cada módulo. Así, una oración no es el producto exclusivo de la sintaxis, sino el resultado de la sincronización entre representaciones estructuradas en distintos dominios.

Un ejemplo ilustrativo es la idiomaticidad parcial: kick the bucket. Sintácticamente, la expresión tiene la estructura ordinaria de un verbo transitivo con objeto directo; semánticamente, sin embargo, su interpretación (‘morir’) no es composicional respecto de sus partes. En un modelo sintactocéntrico fuerte, habría que postular transformaciones o entradas léxicas especiales derivadas de la sintaxis. En la arquitectura paralela, en cambio, se permite que una unidad almacenada en el léxico conecte directamente una estructura sintáctica con una representación conceptual idiosincrática, sin que la sintaxis determine por completo la semántica. Lo mismo ocurre con construcciones como the more, the merrier, cuya forma sintáctica fragmentaria se corresponde con una estructura semántica bien definida.

Ray Jackendoff and his trains

En términos teóricos, la propuesta de Jackendoff implica una concepción menos derivacional y más representacional de la gramática. La facultad del lenguaje no estaría organizada en torno a una sola computación central (Merge), sino en torno a varios sistemas estructurales coordinados. Esto también tiene consecuencias para la adquisición y la evolución del lenguaje: la arquitectura paralela permite imaginar escenarios evolutivos graduales donde distintos sistemas estructurales se complejizan de manera relativamente autónoma. La crítica al sintactocentrismo no niega la centralidad de la sintaxis, pero rechaza su monopolio explicativo y propone una teoría más simétrica de las interfaces, en la que forma y significado se co-construyen en paralelo.

Prigogine y las estructuras disipativas: novedad en entornos deterministas

 

0. Introducción

Durante siglos, la ciencia describió el mundo como una gran máquina: todo estaba regido por leyes fijas, reversibles y predecibles. Es por dicha forma de ver las cosas que Dios dejó de ser un pastor a ser un gran diseñador. En esa imagen, impulsada además por la figura de Newton, el tiempo no tenía verdadera importancia; pasado y futuro eran, en el fondo, intercambiables. Sin embargo, nuestra experiencia cotidiana, el envejecimiento, la evolución, la historia, el big bang y la vida misma nos dice lo contrario: el tiempo importa, y mucho. Las cosas cambian, surgen novedades y no todo puede volver atrás.
Ilya Prigogine fue uno de los científicos que se atrevió a tomar en serio esa intuición y darle un fuerte perfil científico. En lugar de ver el desorden como un simple problema a corregir, lo entendió como una fuente de creatividad en la naturaleza. Su obra mostró que, lejos del equilibrio, los sistemas pueden organizarse por sí mismos, generar estructuras nuevas y abrir posibilidades que antes no existían. Esta visión transformó la termodinámica y cambió nuestra manera de pensar la complejidad, la vida y el devenir.
En las páginas que siguen exploraremos quién fue Prigogine, qué propuso y por qué sus ideas siguen siendo fundamentales para comprender un mundo que no es estático, sino profundamente histórico y nuevo.

 

Resumen

-Ilya Prigogine fue un científico clave en la teoría de sistemas complejos, cuya obra trascendió la química y redefinió la comprensión del tiempo, el orden y la naturaleza.

-Prigogine defendió que la irreversibilidad es un rasgo fundamental de la realidad, no solo un efecto estadístico, y que el tiempo tiene un papel creativo en la emergencia de novedades.
Mostró que los sistemas abiertos y no lineales, al alejarse del equilibrio, pueden generar comportamientos nuevos y formas de organización inesperadas.

-Introdujo la idea de que el orden puede surgir gracias a la disipación de energía, dando lugar a estructuras estables solo mientras exista flujo constante con el entorno.

-Su teoría explica cómo, a partir de fluctuaciones e inestabilidades, los sistemas complejos producen patrones y niveles de organización no reducibles a condiciones iniciales simples.

-Prigogine sostuvo que, en sistemas no lineales, la irreversibilidad es estructural y ontológica, no solo una consecuencia de nuestra ignorancia de los microestados.

-Su propuesta reemplaza el mecanicismo clásico por una visión de la naturaleza como proceso creativo, donde el futuro no está totalmente determinado por el pasado.

 

1. Vida y contexto intelectual

Ilya Prigogine (1917–2003) fue un físico-químico belga de origen ruso, reconocido como uno de los principales arquitectos de la teoría moderna de los sistemas complejos. Obtuvo el Premio Nobel de Química en 1977 “por sus contribuciones a la termodinámica de procesos irreversibles, particularmente por la teoría de las estructuras disipativas”.

Formado en Bruselas bajo la influencia de la tradición fisicoquímica europea, Prigogine desarrolló su obra en diálogo crítico con la física clásica, especialmente con la termodinámica de equilibrio y la mecánica newtoniana.
El alcance de su trabajo excede la química: sus ideas influyeron en la biología teórica, la ecología, la economía, la filosofía de la ciencia y la teoría social. Prigogine defendió una visión del mundo donde el tiempo, la irreversibilidad y la creatividad de la naturaleza ocupan un lugar central, rompiendo con la imagen determinista y reversible heredada de la física del siglo XIX.

2. Tres aportes de Prigogine

Los aportes de Prigogine a la comprensión del tiempo y de un mundo cambiante son diversos. Los mismos le valieron el Nobel de química en 1977. Sin embargo, y por un tema de extensión, nos encargaremos acá de tres: centrales para comprender cómo concebía el universo este pensador. Estos aportes son la flecha del tiempo, los sistemas alejados del equilibrio y su concepto de estructura disipativa.

2.1. Primer aporte: La flecha del tiempo


Uno de los ejes conceptuales de Prigogine es la revalorización de la flecha del tiempo. En la física clásica, las leyes fundamentales (como las de Newton o la ecuación de Schrödinger) son reversibles en el tiempo: no distinguen entre pasado y futuro. Prigogine sostuvo que esta simetría es insuficiente para describir los procesos reales, especialmente aquellos ligados a la termodinámica y la evolución de sistemas abiertos.
Para él, la irreversibilidad no es un mero efecto estadístico o epistemológico, sino un rasgo ontológico de la naturaleza. El tiempo no es una ilusión, sino una dimensión creativa: en los procesos alejados del equilibrio emergen novedades que no estaban contenidas de manera trivial en las condiciones iniciales. Así, la flecha del tiempo expresa la dirección en la que se producen nuevas estructuras, nuevas formas de organización y, en último término, nuevas posibilidades de realidad.

2.2. Segundo aporte: Sistemas alejados del equilibrio

La termodinámica clásica se desarrolló principalmente para describir sistemas cercanos al equilibrio, donde las desviaciones son pequeñas y lineales. Prigogine amplió este marco hacia los sistemas alejados del equilibrio, que intercambian energía y materia con su entorno.
En estos regímenes no lineales, pequeñas fluctuaciones pueden amplificarse y conducir a comportamientos macroscópicos nuevos. El sistema ya no regresa pasivamente al equilibrio, sino que puede reorganizarse de manera cualitativamente distinta. Aquí aparece la idea clave de que el desorden (la entropía producida) puede coexistir con la emergencia de orden local, siempre que el sistema sea abierto y esté sometido a flujos.
Este enfoque permitió entender fenómenos como la autoorganización, la aparición de patrones espaciales y temporales, y la sensibilidad a condiciones iniciales, rasgos característicos de los sistemas complejos.

2.3. Tercer aporte: Las estructuras disipativas

El concepto más influyente de Prigogine es el de estructuras disipativas. Se trata de configuraciones ordenadas que se mantienen gracias a la disipación de energía. A diferencia de las estructuras en equilibrio (como un cristal), las estructuras disipativas existen solo mientras el sistema está lejos del equilibrio y recibiendo flujos constantes del entorno.

Ejemplos paradigmáticos son las celdas de convección de Bénard, las reacciones químicas oscilantes (como la reacción de Belousov-Zhabotinsky) o incluso los organismos vivos. En todos estos casos, el orden no es impuesto desde afuera, sino que emerge espontáneamente a partir de las dinámicas internas del sistema.
Prigogine mostró que la disipación no es simplemente “pérdida”, sino condición de posibilidad del orden. El aumento global de entropía permite, localmente, la aparición de organización. Esto redefine la relación entre orden y desorden, y ofrece una base físico-química para pensar la complejidad, la vida y la evolución.

3. Algunas críticas y respuestas
Las propuestas de este científico no han estado excentas de críticas. Algunos han criticado las influencias intelectuales de Prigogine y, otros, cierto poco rigor matemático en sus propuestas. Acá revisaremos dos de manera breve con el fin de caracterizar mejor la disputa y propuesta de nuestro autor en el panorama científico. Veamos

Crítica 1: “La irreversibilidad es solo un efecto estadístico, no una propiedad fundamental”
Desde la física tradicional se ha sostenido que la irreversibilidad emerge únicamente de nuestra ignorancia de los microestados, y que, en el fondo, las leyes siguen siendo reversibles.

Prigogine aceptó la base estadística, pero argumentó que en sistemas inestables y no lineales la irreversibilidad se vuelve estructural. Las fluctuaciones no son simples “ruidos”, sino fuentes reales de innovación dinámica. En estos contextos, el tiempo adquiere un rol constitutivo: no es solo un parámetro, sino un principio organizador. La irreversibilidad, por tanto, no es solo epistemológica, sino también ontológica en sistemas complejos.

Crítica 2: “Las estructuras disipativas explican patrones físicos, pero no justifican analogías con la vida o lo social”
Algunos críticos señalan que extender estas ideas a biología, ecología o sociedad es abusivo o meramente metafórico.

Prigogine nunca sostuvo una identidad simple entre procesos físico-químicos y fenómenos sociales o biológicos. Su propuesta es más modesta pero profunda: mostrar que la autoorganización y la emergencia de orden son rasgos generales de sistemas abiertos lejos del equilibrio. Esto ofrece un marco conceptual riguroso para pensar la vida y otros sistemas complejos sin reducirlos al mecanicismo clásico. La solución no es eliminar la analogía, sino hacerla controlada y estructural, basada en principios dinámicos comunes (no linealidad, flujos, inestabilidad, emergencia).

4. Conclusión

La obra de Ilya Prigogine transforma nuestra comprensión del tiempo, del orden y de la complejidad. Al integrar irreversibilidad, no equilibrio y autoorganización, mostró que la naturaleza no es un mecanismo cerrado, sino un proceso creativo. En los sistemas complejos, el futuro no está completamente determinado por el pasado: emerge.

Desde esta perspectiva, la ciencia deja de ser solo una teoría de lo que es, y se convierte también en una teoría de lo que deviene.

El origen de los incas: entre el mito y la historia

0. Introducción

Como las historias de origen de las principales culturas del mundo, los incas presentan un relato que tiene un pie en los mitos y otro en hechos históricos. Desde ser reconocidos como hijos del Sol hasta organizar a un conjunto de ayllus en forma de confederación, son elementos que están presentes en los relatos sobre el origen de esta cultura de gran influencia y en territorio andino y, para algunos, quizá más allá. Pero ¿quiénes fueron los incas?, ¿cuál es su origen real?, ¿es posible reconstruir una historia a partir de los mitos y de la información histórica encontrada? Estas preguntas serán resueltas en el siguiente informe.

Resumen

-Los incas eran la élite gobernante de las principales regiones de los andes centrales al momento en que llegaron los españoles.

-El origen del término es oscuro pero nos habla de un origen altiplánico, de la zona del lago Titicaca al sur del Perú y de actividades asociadas a la construcción de caminos y de andenes.

-En todos los mitos sobre el origen de los incas se hace referencias al lago Titicaca. En un relato, son dos hermanos y esposos a la vez los que emprenden el viaje hacia el norte del lago. En un segundo relato, son un grupo de hermanos y hermanas que inician esta travesía.

-A partir de esta información, los historiadores han construido un relato sobre su origen: los incas fueron el linaje sacerdotal de una etnia de la cultura puquina, los taipicala, que emprendió una peregrinación de largos años hacia el norte desde el Lago Titicaca por acción de invasiones provenientes desde zonas australes.

-La misma ruta tuvo varias paradas y duró según algunos historiadores como Gary Urton entre 70 y 100 años en un proceso complejo de guerras, invasiones y establecimiento de vínculos.

 

1. Quiénes fueron los incas

 

 

1.1 Realeza en el horizonte tardío

 

 

Tradicionalmente, <Inca> es sinónimo de gobernante. En un primer momento, se le denominó así al soberano que regía en los territorios del curacazgo del Cuzco: un tipo de organización basada en villas guiadas por la figura de un curaca. Esta forma de organización surge en el siglo XIII en el valle del Río Vilcanota, en el actual departamento del Cuzco. En un segundo momento, la palabra <inca> remite al líder del Tawantinsuyo, específicamente, desde la época de la reorganización expansionista emprendida por Pachacutec.

La primera aparición del término /inca/ con sus variantes <ynga>, <inga>, <ynqa> e <inca> tiene lugar en una ordenanza del 26 de mayo de 1534. En esta, Francisco Pizarro prohíbe a sus encomenderos lo siguiente:

«q(ue) no an de […] hazer lo q(ue) el dho. caçique Tupa Inga  [= Manco] ques el señor prinçipal de toda la tierra […] les mandare sino a los d(ic)hos sus amos porq(ue) si esto […] se les hiziese entender e dixere abria mucho escandalo entre los d(ic)hos. naturales y el d(ic)ho caçique Tupa Inga a quien an obedesçido» (Lohmann Villena, 1986: 150)

Pizarro parece entender que <Tupa Inga> es el nombre del cacique, como un nombre propio. El término reaparece un año después en 1535 en documentos donde los hermanos Pizarro se refieren a <Manco Inca>. Al parecer, desde ese momento se advierte que es un compuesto y se reconoce al término <Inca> como sinónimo de rey.

El vínculo entre la palabra <inca> y gobernante no ha entrado en discusión desde que se instauró en la Colonia temprana. Sin embargo, hay dos elementos que sugieren que quizás esta interpretación contiene más información por identificar. El primer elemento es que se puede encontrar la idea de un “Sapa inca”, es decir un inca por encima de otros. Esto daría cuenta de que es una asociación de personas, dentro de la cual, uno resalta por encima de los demás. En otras palabras, habrían varios Incas. No obstante, uno de ellos estaría por encima de los demás. Si fuese de manera contraria, no habría necesidad de usar el adjetivo “Cápac” o “Sapa”.

En segundo lugar, está la evidencia de que existiesen pruebas para acceder al cargo y no ser una línea que se hereda únicamente por parentesco. Se sabe que estos candidatos a sapa inca pasaban por entrenamiento físico y debían mostrar destrezas militares.

Ambas ideas, propias de los relatos clásicos sobre estos personajes no suelen revisarse con cuidado. Para el investigador francés Cesar Itier implican que era un cargo que exigía preparación, evaluaciones, es decir, no era un cargo que se heredara de manera directa.

En este punto, el examen de término mismo adquiere relevancia. Primero, sobre cómo se usaba en la Colonia temprana y luego qué puede significar a la luz de investigaciones actuales. Eso haremos a continuación.

En nuestro siguiente apartado, revisaremos las dos teorías más importantes sobre el origen de este término para así dar luces sobre su origen y características asociadas.

 

1.2 Sinónimo de abundancia y una casta de constructores

 

 

En la actualidad, existen dos perspectivas sobre el término y, con ellas, sobre el origen de este grupo de gobernantes. La primera versión actual es de Rodolfo Cerrón Palomino, investigador en lingüística andina de la Pontificia Universidad Católica del Perú; la segunda, del ya mencionado filólogo francés, César Itier. En la primera, Rodolfo Cerrón Palomino postula que la forma <inga> e <inca> provienen de la forma /inqa/. Esta forma se puede encontrar actualmente en las zonas altas del Cuzco con la pronunciación de [enqa] y su significado está asociado con ciertos amuletos rituales que proporcionan abundancia y prosperidad.

 

Esta información proviene de las investigaciones de Max Uhle de 1920, luego respaldada por las investigaciones de Jorge Flores Ochoa en los años setentas del siglo XX. Estos autores encuentran en el uso ceremonial de los pastores de camélidos de los habitantes de Sicuani, zona alta del Cuzco, términos como <enqa>, < enqaychu> y <khuya rumi>. Estos nombres hacen referencia a seres abstractos relacionados con la deidad “illa”, vinculada a la luminosidad del rayo y del Sol.  Estos, además,  son seres sobrenaturales que median entre lo divino y lo humano.

 

<Enqa> es representado como una piedra ovoide pulida y tiene el valor de generador de vida, origen de bienestar y proporcionador de abundancia del ganado; los <enqaychu> son piedras más pequeñas de colores claros y oscuros; y la <khuya rumi> es una piedra de color claro. Ahora bien, Cerrón Palomino encuentra que <enqa> proviene de /inqa/, la forma que él sugiere original para el término. Este vínculo se sostiene porque la vocal  [i] se vuelve [e] por acción del sonido [q] en boca de los quechua hablantes de la variedad cuzqueña. En consonancia con Flores Ochoa, ambos autores proponen que estas piedras serían representaciones simbólicas de los incas remotos. Así, <enqa>, como advertimos sería el /inqa/ y la <khuya rumi> sería la /qoya rumi/, la esposa del inca. Asimismo, Cerrón Palomino reconoce que <enqaychu> sería /inqa ayllu/ o el “ayllu o linaje del inca”  advirtiendo un cambio de la /ll/ a la /ch/. Este cambio en la pronunciación es recurrente en el quechua de territorios donde antes se hablaba la lengua puquina, de origen altiplánico y considerada la lengua de los primeros incas. Sumado a esta idea, hay que considerar que estas piedras proceden de los glaciares y lagunas de manera similar a los mitos de los fundadores del tawantinsuyo. Esta indagación, si bien no nos da un significado claro del término, si no advierte su origen puquina y no quechua, como marco para su esclarecimiento.

 

La segunda interpretación actual del término es de César Itier. Según este autor, <inka> proviene delsufijo quechua [-nka] que significa “a cada” o “de cada” que se usa con expresiones de número. El sufijo es real, ya que se encuentra consignado en el primer diccionario de quechua realizado por Diego Gonzales Holguín en el año 1608 y puede encontrarse en términos numéricos como “waranka” con el valor de “mil”. Término que antes de fusionarse pudo significar “a cada uno mil” y luego unidad de mil. Lo que desarrolla luego Itier es más especulativo: plantea que este término hacía referencia, cuando se usaba como palabra y no como sufijo, a un grupo de personas que no pertenecían a ayllus específicos, separados de este sistema,  y que se ganaban la vida haciendo andenes y aplanando la tierra. Esto último interpretando una posible influencia de la cultura huari en este grupo al ser dos atributos de este grupo étnico y características del dios que estos veneraban.

 

Lo que podemos indicar es que el término es oscuro de dilucidar. Pero hay información llamativa en ambas versiones, siendo la de origen puquina la que mejor se condice con la información de origen más conocida, es decir, la que habla de una migración ya sea de un grupo de hermanos o de dos hermanos desde el sur. Así esta sería la lengua traída por los primeros incas procedentes del sur, como relatan los principales mitos. En este sentido,<Inca> hace referencia a una grupo de personas que provienen desde el sur. Es más, para abonar esta hipótesis hay que tomar en cuenta que los nombres de autoridades como Cápac son de origen puquina. Ahora bien, sea cual haya sido su significado inicial, el mismo pasó a representar, como apunta Cerrón Palomino en su interpretación,  bienestar y abundancia por el tipo de gobierno que llevaron a cabo. Por otro lado, si bien la interpretación quechua del término no tiene fuerte sustento sí podemos tomar en cuenta que la creación de andenes y el aplanamiento de caminos fue una actividad realizada por ellos y que le ganó respeto entre los otros ayllus del Cuzco y en territorios relacionados.

2. Cuál es su origen: dos mitos y un acercamiento histórico

 

 

 

2.1 Mito de Manco Cápac y Mama Ocllo

 

 

Esta versión de la leyenda fue recopilada por el Inca Garcilaso de la Vega en su obra “Los comentarios reales de los incas” de 1609. En esta versión del relato, Manco Cápac y Mama Ocllo, hijos del dios Sol, salieron de las profundidades del lago Titicaca y tomaron rumbo al norte del lago. Dentro de este relato, se le denomina “pacarina” al lugar sagrado desde donde provienen las divinidades andinas. El lago cumple esta función.

 

Estos dos personajes llevaban consigo una vara de oro, obsequio de su padre Sol. Este artefacto al hundirse en la tierra identificaría terreno fértil y el lugar donde se fundaría su ciudad principal. Dicha vara se hundió en el cerro Huanacaure, en la actual provincia de Cuzco en el distrito de Paruro. La pareja decidió permanecer ahí. A los habitantes de aquellas zonas les informaron que fueron enviados por el dios Inti, el dios principal de la mitología incaica y la representación del Sol mismo. Estos personajes procedieron a enseñarles el cultivo de la tierra y el tejido. De ese modo se iniciaría la civilización incaica.

 

2.2 El mito de los hermanos Ayar

 

 

Esta versión fue recopilada por seis cronistas tempranos: Juan de Betanzos, Felipe Guamán Poma de Ayala, Pedro Cieza de León, Juan Santacruz Pachacuti y Pedro Sarmiento. Esto le otorga un tono más fiel y cercano a las tradiciones andinas que a los criterios europeos del Inca Garcilaso de la Vega, quien, como se sabe en la actualidad, reescribe el mito desde una perspectiva europea y bajo los patrones de narraciones occidentales. Un ejemplo de esto último es pasar de un grupo de hermanos a una pareja primordial, muy similar al génesis bíblico, para relatar el origen de la civilización inca.

Según esta otra versión del mito, la historia se inició en tres cuevas ubicadas en el cerro Tamputoco llamadas Maras Toco, Sútic Toco y Cápac Toco; de las cuales salieron tres grupos de personas, lo que luego se conocería como ayllus, llamados Maras, Tampus y Ayar. Hay que tomar en cuenta que tanto las cuevas como el lago funcionan como lugares de origen sagrado. El nombre quechua para estos lugares es pacarina para las cuevas o lugar de origen y huaca para el lago, el último con mayor jerarquía ritual.

Los hermanos Ayar, procedentes de la tercera cueva, eran cuatro varones y cuatro mujeres. Los varones eran Ayar Uchu, Ayar Manco, Ayar Cachi y Ayar Auca. Uchu corresponde al ají, Manco a un cereal o quinua salvaje y Cachi a la sal; la onomástica a estos tres nombres nos da a entender que se vinculan con un culto por los productos de la tierra. Auca, en cambio, hacía referencia a la actitud guerrera. Estos cuatro hermanos iban acompañados por sus hermanas Mama Ocllo, Mama Rahua, Mama Ipacura o Mama Cura y, finalmente, Mama Huaco.​ Esta descripción es un relato organizado de lo propuesto por los cronistas. En la actualidad se discute mucho sobre el vínculo simbólico de estos personajes y los productos o actitudes mencionadas. Principalmente, porque estas interpretaciones surgen al forzar su traducción desde el quechua. Es de esperar que estos nombre adquieran mayor sentido si la traducción se realizase desde el puquina: lengua propia de los incas primigenios según las más recientes investigaciones. Sobre esto realizaré una nota próximamente.

Los ocho hermanos iban junto a sus ayllus buscando donde asentarse con dirección de sur a norte. En su camino, realizaron labores agrícolas y cosechas. Al terminarlas, partían a otros territorios en la misma dirección. Primero, hicieron su paso por Guaynacancha, en la actual provincia de Paruro, ahí Mama Ocllo quedó embarazada de Ayar Manco. Luego avanzaron a Tamboquiro, en donde nació Sinchi Roca. Posteriormente llegaron a Pallata y de ahí a Haysquisrro. Estos viajes duraron varios años.

En Haysquisrro, conspiraron contra Ayar Cachi por miedo al poder que ostentaba, ya que podía derribar cerros y formar quebradas con el tiro de su honda. Los hermanos le pidieron que regresara a Tambotoco para recoger los vasos ceremoniales de oro, llamado “topacusi”,  y la insignia llamada “napa” y unas semillas. Una vez adentro, un enviado llamado Tambochacay lo encerró dentro de la cueva.

Luego continuaron su viaje hasta Quirirmanta, en donde oficiaron un consejo decidiendo que Ayar Manco sería el jefe. Pero antes debía casarse con Mama Ocllo; en tanto que Ayar Uchu tendría que petrificarse y transformarse en una huaca que se llamaría Huanacauri, con este acto Ayar Uchu se convertiría en un ser sagrado. Esta idea es interpretada como el establecimiento de este ayllu en un territorio donde se construye una ciudad o asentamiento importante.

El viaje continuó hasta Matagua realizando por primera vez el huarachicuy, ceremonia que da cuenta de la mayoría de edad de los participantes por la entrega de una prenda, específicamente, un taparrabo. Luego le hicieron orificios ornamentales en las orejas a Sinchi Roca. En este punto del trayecto, Mama Huaco, probó suerte y lanzó dos varas de oro, una cayó en Colcabamba pero no logró penetrar el suelo; la otra cayó en Guaynapata hundiéndose suavemente. Sobre este acontecimiento, otros autores atribuyen a Ayar Manco el lanzamiento de la vara de oro, pero todas coinciden que fue en Guaynapata donde se hundió el bastón fundacional.

Después de eso hubo varios intentos de llegar al lugar donde se hundió la vara, pues eran repelidos por los naturales, hasta que Ayar Manco tomó la decisión de enviar a Ayar Auca para que se adelantara con su ayllu y poblase esa tierra. Recuérdese que este hermano simboliza en el relato el espíritu de guerra. Al llegar a ese lugar, Ayar Auca se convirtió también en piedra, en el sitio que posteriormente sería el Coricancha. Luego de varios enfrentamientos con la población local, Ayar Manco y Ayar Uchu llegaron hasta el lugar y tomaron posesión de este, desde ese momento Ayar Manco pasa a llamarse Manco Cápac​

3. Una migración histórica desde el sur

 

Una vez revisados los dos principales relatos, procedemos a realizar una reconstrucción de los hechos. La idea es extraer el contenido histórico del alegórico.

 

La explicación histórica fue propuesta por Valdemar Espinoza. Para él, los motivos de la migración hacia el norte del lago y de ahí hacia el norte de Bolivia rumbo al Perú son por acción de violentas invasiones provenientes desde el sur.  Según este autor,  el estado de habla puquina, denominado comúnmente Tiahuanaco, fue asaltado e invadido por oleadas humanas procedentes de Tucumán y de Coquimbo, Argentina y Chile actuales respectivamente.

Antes de continuar, hay que comentar un poco sobre la lengua puquina. Esta lengua es una actualmente extinta del altiplano, hablada antiguamente en las costas del lago Titicaca. La misma está asociada a la cultura Chiripa, Pucará y Tiahuanaco. Por su ubicación geográfica, está vinculada con la lengua de los incas primigenios que migraron desde este territorio hacia el Cuzco. Dos razones más dan cuenta de este vínculo: la lengua de los kallawayas y con los catecismos de Luis Jerónimo de Oré. Los primeros son un conjunto de médicos nómades de la zona sur ya mezclados con elementos quechuas. Los segundos son un conjunto catecismo escrito por el jesuita Alonzo de Barrera, publicado en Lima en el año de 1594, transcrito en el “Manuale Peruanum” del padre Luis Gerónimo Ore, impreso en Nápoles en 1607, según el ejemplar encontrado en la Biblioteca Nacional de París.​

De un total de 140 parroquias en el obispado de Charcas hacia el año 1600, 20 de ellas incluían población indígena que hablaba la lengua puquina. Su número en estas parroquias era suficiente como para requerir que el cura párroco conociese el idioma. Solo una parroquia —compuesta por dos pueblos, Coata y Capachica —, estaba habitada exclusivamente por hablantes de lengua puquina. Esta se ubicaba en la provincia de Paucarcolla​ en el actual Departamento de Puno. Ambos pueblos formaron parte de la extensión territorial del Reino Colla, encontrando su antecedente cultural más antiguo la Cultura Pukara, pueblo que habría dado origen al puquina.

Estas invasiones se dieron de forma repentina y violenta, y no dejaron tiempo para dar resistencia. El grupo que migra por la violencia de los invasores es la etnia de los taipicalas. Casi la totalidad, la élite Hanan taipicalas fueron aniquilados y los hurin taipicalas, élite sacerdotal, lograron huir y refugiarse en las islas del lago Titicaca. Luego de allí avanzaron las etnias de los huallas, alcahuisas, sahuaseras, antasayac, lare, poque, pinaguas y ayamarcas rumbo al norte en el mismo éxodo.

Estas fueron encontrando diversas resistencias a su llegada. Para superar dicho conflicto, la élite puquina realizó múltiples estrategias: la transmisión de tecnología, la creación de canales, compartir semillas, etc. Una de ellas fue la alianza matrimonial. Esta permitió crear poco a poco una confederación de estados y, por último, en un gran imperio andino.

 

4. Algunos comentarios sobre ambos relatos

 

 

Revisemos primero lo que hay de historia en los mitos, para luego construir una versión que organice la información conocida.

 

Por un lado, sobre la leyenda de la pareja fundacional, Manco Cápac y Mama Ocllo, sabemos que su construcción es posterior a la toma de poder por parte de Pachacútec. Es decir, cuando se da el paso de un grupo de ayllus confederados a una organización más compleja. Lo que se busca con este relato es relacionar una huaca pan-andina como el lago Titicaca, con la fundación del Cuzco como el centro de un imperio en expansión.

Garcilaso toma este mito migratorio y acentúa la idea de una pareja, al mismo estilo de Adán y Eva, que se desplaza para civilizar a pueblos bárbaros enseñándoles nuevas tecnologías. Este maquillaje presupone que previo a este viaje, el mundo andino estaba en la edad de piedra. Actualmente, se sabe que el área central andina poseía amplios avances tecnológicos difundidos por las culturas Chavín, Huari, Chimú y Tiahuanaco. Estos ya eran de conocimiento de los pequeños pueblos que habitaban la zona del Cuzco​.

El relato de los hermanos Ayar, por otro lado, nos muestra, a diferencia del primer mito comentado, a un hombre guerrero llamado Ayar Auca y a una mujer guerrera con el nombre de Mama Huaco, dando una visión distinta a la de Garcilaso, en donde el rol femenino está dedicado al tejido, la cocina y el cuidado de los infantes; este mito, en cambio, narra un hecho ocurrido durante una de las tantas batallas para posesionarse del Cuzco, en la que Mama Huaco hiere a un hombre luego le abre el pecho y sopla sus pulmones, haciendo que la gente de Acamama huyera temerosa. Para Rostworowski, esta figura es el segundo arquetipo de mujer en el mundo andino y que podía cumplir sin problemas los roles de general o gobernante.

Si bien ambos mitos narran un éxodo poblacional buscando tierras fértiles, solo el mito de los hermanos Ayar narra la petrificación de personajes y este último relato es muy recurrente en otras etnias del área central andina. Para María Rostworowski y para Gary Urton, no solo cada hermano es un ayllu completo, sino que la figura de la petrificación simboliza el establecimiento de ciudades, fuertes u observatorios militares. Esto quiere decir que las organizaciones sociales estaban basada en parentesco. El nombre que llevan estas organizaciones son ayllus.

Otro elemento recurrente, son las cuevas. Las mismas han sido rastreadas desde los primeros años del siglo XX.  En 1912, Hiram Bingham comisionó a George Eaton para ubicar las ventanas de Tambotoco, pacarina mencionada en el relato, teniendo en cuenta que todavía existe el poblado de Pacarictambo. La búsqueda de Eaton fue improductiva porque no encontró las cuevas. Luego en 1945, Jorge Muelle, Luis Llanos y César Lobón recorrieron Mollebamba buscando el sitio de Guaynacancha (en el distrito de Pacarictambo), ahí asoció un grupo de cavernas cerca del peñón de Puma Orqo con las cuevas de Tambotoco. Posteriormente, Gary Urton aportó investigaciones sobre el poblado de Pacarictambo, afirmando que fue trasladado en tiempos de la colonia y que era muy posible que su ubicación original hubiese sido cercano a las ruinas de Maukallajta, cercana al sitio encontrado por Muelle, Llanos y Lobón en 1945​.

5. Lugar de origen: una ruta con varias paradas

Fuera de estos aspectos relevantes, un resumen histórico iría así:

La primera etnia inca en Cuzco era una caravana de inmigrantes llegados del reino Tiahuanaco, ubicado en el altiplano, principalmente en las costas del lago Titicaca. Este estado organizado de habla puquina fue invadido y asaltado por oleadas militares procedentes del sur, específicamente de Tucumán, al norte de Argentina, y Coquimbo, al norte de Chile. Dichos invasores serían, para Espinosa Soriano, la etnia conocida como los aimaras. Valga comentar que dicha etnia no necesariamente eran hablantes de esta lengua inicialmente como vimos en esta nota.

No se sabe qué motivó a los aimaras a buscar tierras al norte y desplazar violentamente a los tiahuanaco. Es muy probable que hayan sido drásticos cambios climáticos, principalmente sequías y pérdida de producción agrícola. Existen evidencias de un prolongado periodo de sequía que duró desde el año 900 d. C. hasta el 1200 d. C. en los Andes centrales. Esto, si bien representó falta de agua en algunos territorios, pudo representar intensas lluvias en otros. Con eso último se explicaría el vínculo de los personajes mitológicos con la idea de un diluvio y los glaciares como en los ritos de las zonas altas del Cuzco. La otra hipótesis es la invasión de otros pueblos. Lo que sí es concreto es que los aimaras atacaron de un momento a otro.

Hay evidencias arqueológicas descubiertas por Francis de Castelnau en 1845 y confirmadas por Max Uhle en 1920, que Tiahuanaco fue atacado cuando esta estaba poblada pues se hallaron construcciones sin completar, como es el caso de la puerta del sol.

Frente a la amenaza de los aimaras, la aristocracia taipicala, la sección de la sociedad de donde salen el linaje inca, junto a sacerdotes y algunos ayllus buscaron refugio al noreste, navegando por las aguas del lago Titicaca. Estos se reubicaron en una de las islas del lago y en territorios no tan lejanos de su foco inicial.  Allí se establecieron unos años. Luego de este tiempo, los aimaras invasores alcanzaron estabilidad en el altiplano andino y los Taipicala retomaron su ruta migratoria. De ahí en adelante, los taipicalas partieron de las costas lacustres de Puno para dirigirse hacia el Oeste en un largo éxodo.

En este punto del viaje, surge la primera desavenencia de los hermanos con Ayar Cachi. Al parecer, este hecho se relacionaría con el desalojo de los migrantes sureños en el territorio de Tamputoco. Ante el desalojo de los tamputoco, el líder Manco Cápac formó un grupo humano que constaba de, aproximadamente, diez familias y se dirigió a Huanacancha. En este lugar toma como esposa a Mama Ocllo y se establecen unos años.

El pequeño reino de Pallata fue la próxima parada de Manco Cápac y su grupo. Aquí Sinchi Roca, hijo de Manco Cápac, celebró su primer corte de cabello en una ceremonia llamada rutochicu. Manco Cápac contrajo matrimonio con Mama Ocllo y tuvo otras esposas más.

 

6. Cómo llegaron a establecerse en el poder

 

Tras hacer una parada en el pequeño reino de Pallata, Manco Cápac y su pequeño ejército atacaron a las comunidades que habitaban el valle del Cuzco, y al ver sus excelentes condiciones de buen clima y suelos fértiles, decidieron establecerse allí. Más tarde Manco Cápac atacaría algunas comunidades aledañas, provocando así el temor de otras que cedieron voluntariamente algunas parcelas más. Una vez tomado el valle, se prosiguió a formar alianzas con las comunidades aledañas y opositoras mediante matrimonios de sus jefes con las mujeres taipicalas.

Sin embargo, esto no bastaba, su estabilidad en el Cuzco se hacía difícil por los constantes ataques recibidos por otras etnias cercanas que querían expulsar a estos invasores. El señorío más grande era el de Ayamarca, cuyo tamaño ejercía un gran dominio incluso en lo que era el valle del Cuzco. Más tarde, esta pequeña comunidad llamada Taipicala, sería llamada Inca.

El indoeuropeo: la madre de las lenguas europeas y asiáticas

Introducción 

En 1860, Charles Darwin introdujo la idea de la evolución basada en el mecanismo de la selección natural. Esta idea no solo fue revolucionaria frente a las explicaciones que provenían de la fe, sino por introducir la idea de que las especies pueden cambiar en el tiempo a través de la herencia de características de padres a hijos. Esta idea fue tan poderosa en influencia que rápidamente fue adoptada en otras áreas. Una de ellas fue el estudio de las lenguas. Bajo la influencia de Darwin, se potenció la idea de que las lenguas también tenían historia, evolucionaban en el tiempo y que, además, era posible establecer parentesco vía comparación. Así surgió y se consolidó la lingüística histórica comparativa. Con ella se buscó establecer filiaciones entre lenguas al igual que la biología lo hacía entre las especies. El camino de reconstrucción de estas familias de lenguas llegó tan lejos que se postuló la existencia de una lengua madre para la gran mayoría de lenguas europeas y asiáticas: el indoeuropeo. Pero, ¿qué es el indoeuropeo?, ¿existió realmente?, ¿quiénes la hablaron?, ¿existe alguna lengua más allá de esta supuesta lengua madre? En la siguiente nota resolveremos estas preguntas.

Resumen

-El indoeuropeo es la lengua reconstruida postulada como madre de la mayor cantidad de lenguas habladas en Europa y Asia.

-Como no es posible encontrar hablantes de esta lengua en la actualidad, se llega a ella mediante un método fuertemente inspirado en las teorías de Darwin: el método histórico comparativo.

-Este método encuentra elementos en común entre las lenguas actuales y las reconstruye proponiendo vínculos previos. Por ello se dice que el indoeuropeo es una lengua reconstruida: un objeto creado dentro de la filología antes que una lengua real en el mundo. Pero nos da idea de cómo se habló y sobre todo de qué cosas hablaban estos supuestos pobladores primigenios.

-Esta lengua reconstruida nos permite ver cómo fue su gramática y de qué hablaban dichas personas. Si bien se reconstruye más desde la fonética y las similitudes de los sonidos, nos deja en claro que fue una lengua de morfología con flexión parecida al castellano, usaba género gramatical y su mecanismo de construcción era de juntar sufijos principalmente.

-Por el lado de la cultura, podemos saber sobre su estructura social, la fuerte presencia del dominio paterno, una cultura de la propiedad privada por acumulación de riqueza. También podemos saber sobre su agricultura y el tipo de animales que domesticaron. En esta misma línea, conocemos sobre los materiales que usaban, sus técnicas de construcción y sobre su religión.

-El método comparativo permitió llevar el asunto de la reconstrucción incluso más lejos. Al tener ya reconstruido al indoeuropeo, se comparó con su par africano y americano. Con ello se postuló la posible lengua madre de todas, o mejor dicho la abuela de todas, el nostrático.

 

Qué es el indoeuropeo

Indoeuropeo es el nombre de una familia de lenguas y también de la lengua hipotética de la que desciende esta familia. Las lenguas indoeuropeas, antiguamente llamadas lenguas indo germánicas, se hablan actualmente en casi todo el continente europeo y en algunos lugares de Asia, como la India. Esta es la razón del nombre que lleva. Muchas de estas lenguas fueron llevadas más allá de estos territorios por efecto de la colonización europea. Por ello, también se hablan en América. El español y el inglés son parte de esta familia. La unidad de las lenguas indoeuropeas reside en la historia de la familia que se ha podido reconstruir gracias al método histórico-comparativo dentro del estudio de las lenguas. Hablaremos sobre él líneas más adelante.

 

La familia lingüística indoeuropea es la más grande del mundo: comprende la mayor parte de los idiomas de Europa, América y Asia. Incluye los dos gran idiomas del mundo clásico: el latín y el griego; las lenguas germánicas como el inglés, el alemán, el holandés y el sueco; las lenguas romances como el italiano, el francés, el español y el portugués; las lenguas celtas como el galés y el gálico; las lenguas eslavas como el ruso, el polaco y el checo; las lenguas bálticas; las lenguas índicas y varias otras. Dentro del continente europeo, sólo el vasco, el finlandés, el estonio, el húngaro, el turco y algunos idiomas de Rusia no pertenecen a esta familia. Fuera de ellos parece que todos los mencionados han descendido de un solo idioma.

En la actualidad, esta familia lingüística es la más amplia de la humanidad con 150 idiomas en uso, 1200 millones de personas usando las de rama indoirania, 950 millones las románica. Así, el 45% de la población mundial es hablante de lenguas indoeuropeas.

Cómo se descubrió el indoeuropeo: el método histórico comparativo

Esta lengua originaria se ha podido reconstruir por el método comparativo. Este método es un procedimiento para identificar similitudes léxicas y fonéticas en las lenguas con el objeto de estudiar el parentesco entre ellas y, como paso seguido, reconstruir la protolengua que dio lugar a las lenguas comparadas en el procedimiento. El método es aplicable cuando nos encontramos con dos o más lenguas entre las que se supone existe cierta relación genética, es decir, provienen de una misma lengua. El método es capaz no solo de mostrar cómo era el antecesor común de dichas lenguas, sino también el grado de cercanía entre las diferentes lenguas y, por tanto, la secuencia de diferenciación de las lenguas de una determinada familia de lenguas. Como se mencionó anteriormente, recibe una fuerte inspiración de las ideas de Darwin sobre las especies naturales.

En el indoeuropeo se asume que si una palabra similar aparece en la mayoría de los idiomas modernos de esta familia, dicho concepto ya existía en el idioma indoeuropeo original. Por otra parte, se asume que si una palabra varía de idioma a idioma, tal concepto ha sido creado posteriormente.

Esta metodología permite reconstruir de forma esquemática idiomas con hasta 3000 años de antigüedad. No parece que sea útil para lenguas más antiguas por la falta de datos. Aun así, el sistema tiene algunos fallos. Por ejemplo, no hay duda de que las lenguas románicas vienen del latín. Además, en sus formas modernas, presentan estrategias similares para construir oraciones, pero solo una, el rumano, mantiene declinaciones y un sistema de caso más cercano al latín clásico. El método por sí solo no puede explicar esta divergencia: hay factores externos que también juegan un rol en la evolución. Hasta en esto hay similitudes con el método de Darwin.

En el siglo XVIII, el misionero francés Gaston-Laurent Coeurdoux llegó a la India y aprendió el sánscrito con cierta profundidad. Mediante este trabajo pudo establecer la relación de esta lengua, primero con el latín y el griego, y luego con el alemán y el ruso. Si bien las similitudes son innegables, no fue hasta la aparición en escena del inglés Willian Jones, uno de los más prestigiosos filólogos de la época, que las teorías de una lengua madre de todas estas tomarían fuerza. Este investigador postuló la existencia de un ancestro lingüístico común entre el sanscrito, el latín, el griego y el persa. En un orden secundario, también identificó vínculos con lenguas celtas y con el gótico, lenguas de la familia germánica.

Como vimos, a este ancestro en común se le denominó indogermánico. Sin embargo, este nombre no gozó de mucho éxito por el fuerte nacionalismo alemán y se optó por el de indoeuropeo.

Si bien surge como un concepto filológico,  el concepto de indoeuropeo pasó a aplicarse también a los pueblos históricos que originariamente hablan esas lenguas (pueblos indoeuropeos), a su sociedad (sociedad indoeuropea), a su religión (religión indoeuropea) y a su cultura (cultura indoeuropea). Este era un trabajo de comprensión cultural a partir de una reconstrucción lingüística.

 

De dónde vienen casi todas las lenguas de Europa

El método histórico comparativo ha sido sumamente exhaustivo con la antigüedad de las ramas de lenguas indoeuropeas. En esta línea, ha establecido una cronología de antigüedad de familias yendo de lo más antiguo a lo más reciente: anatolia, indo-irania, helénica, itálica, céltica, germánica, armenia, tocaria, báltica, eslava y albanesa. Estas serían las grandes familias desde donde desciende otras más recientes y más conocidas. Por ejemplo, de la itálica provendría el latín y de este las lenguas romances como el español, el francés y otras lenguas romances. Asimismo de la germánica proviene el alemán, el inglés y el sueco.

 

 

 

Una división de las lenguas útil es entre europeas y asiáticas. Entre las primeras tenemos la helénica (griego), la itálica (español, francés, portugués, italiano, rumano…), la céltica (bretón, irlandés, escocés, manés, cornuallés, galés), germánica (inglés, alemán, sueco, neerlandés…), la armenia (armenio), la báltica (lituano, letón), la eslava (serbio/croata, checo, polaco, ruso…) y la albanesa (albanés). Entre las segundas están la anatolia (hitita), la indo-irania (hindi, sánscrito, persa…) y la tocaria (tocario).

 

Quiénes la hablaron

Hay varias teorías de quiénes hablaron originariamente el indoeuropeo: la hipótesis armenia, la hipótesis de los kurganes, la india, la escandinava y la anatolia, entre algunas más. Además, cada lugar lleva implícita una cronología de la lengua diferente. Ahora bien, se acepta, en general, que el protoindoeuropeo comenzó a fragmentarse a partir del -3000 en diferentes idiomas surgidos de este original.

La más aceptada entre todas ellas es la hipótesis de los kurganes, de la lituana-estadounidense Marija Gimbutas. La arqueóloga situó el origen de la lengua indoeuropea en un área que abarca las estepas del sur de Ucrania hasta el norte del mar de Aral en el norte del Cáucaso. Ahí surgió la cultura de Yanma, que se postula como la más seria candidata a ser el pueblo que hablaba protoindoeuropeo.

Mediante el estudio de las palabras dentro de la lengua indoeuropea se ha buscado inferir aspectos de su cultura. Por ejemplo, en su lengua se encuentra la raíz *dema- que significa casa. En griego, tenemos “despotes” que significa “señor de la casa” y en latín “dominus” que es señor de la casa también. Algunos estudios sugieren que los indoeuropeos vivieron en organizaciones familiares con una fuerte figura paterna. También tiene raíces como *peku- que significa riqueza, lo cual sugiere un sistema capitalista de propiedad, en la agricultura tiene *agro y *gramo, como campo y grano, lo que nos habla de su faceta de cultivadores.

Los indoeuropeos vivían en una región fría del norte, más cercano al bosque que al agua; criaban animales como ovejas, perros, vacas y caballos; reconocían al oso y al lobo como animales salvajes y el único metal que conocían era el cobre.

Ya en contraste con aspectos arqueológicos, se cree que la civilización indoeuropea se desarrolló en Europa del Este alrededor de 3000 a.c. Se desintegró unos 500 años más tarde; la gente abandonó su tierra materna y emigró hacia Grecia, Italia y llegó a su tope Norte en las islas británicas. Otro grupo fue hacia Rusia, mientras que otro atravesó Irán y Afganistán llegando hasta la India. Dondequiera que se establecieran los indoeuropeos, conquistaron a la población nativa e impusieron su idioma. Se asume que debieron ser una civilización  muy poderosa.

El nostrático: la abuela de todas las lenguas

El método comparativo permitió llevar el asunto de la reconstrucción incluso más lejos. Al tener ya reconstruido al indoeuropeo, se comparó con su par africano y americano. Con ello se postuló la posible lengua madre de todas, o mejor dicho la abuela de todas, el nostrático.

Esta macrofamilia fue propuesta por el lingüista danés Holger Pedersen que defendió el parentesco genético entre estas lenguas en 1903 usando el término latino nostrates que significa “compatriotas”. La reconstrucción del proto-nóstrático fue intentada independientemente en los años 1960 por dos lingüistas rusos, Vladislav Ílich-Svítych y Arón Dolgopolski, y posteriormente fue revisada por Allan R. Bomhard. Esta investigación cuenta actualmente con unos pocos centenares de cognados o elementos comunes, muy poco para tomar en cuenta dicha hipótesis como verdadera. Aunque no deja de ser llamativo que se puedan encontrar elementos comunes entre lenguas tan lejanas. Sin embargo estos datos se han criticado ampliamente. Esta macrofamilia está lejos de ser aceptada como un grupo de lenguas genéticamente emparentadas, como, mayoritariamente suele ocurrir con la existencia del indoeuropeo. Actualmente, en una versión más moderada, se conoce como hipótesis nostrática a varias hipótesis que conjeturan relaciones de largo alcance entre el indoeuropeo y otras lenguas de Eurasia (e incluso América del norte).

 

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