En defensa del celular: por qué prohibirlo no resolverá el malestar de niños y adolescentes

Por qué limitar el uso de celulares en niños? | Tomatis Ecuador

Introducción

Pocas discusiones actuales generan tanto consenso (aparente) como la que responsabiliza al teléfono móvil del deterioro emocional de las nuevas generaciones. Colegios que confiscan aparatos al ingresar, legislaciones que restringen su uso en aulas y libros de gran difusión, como La generación ansiosa de Jonathan Haidt (2024), han instalado la idea de que basta con retirar la pantalla para devolverles a los jóvenes el bienestar perdido. Frente a esa certeza generalizada, el psicólogo Peter Gray, investigador del Boston College, ha sostenido una posición contraria y bastante más incómoda. Para este autor, los problemas atribuidos al uso del celular ya estaban presentes antes de su aparición. Siguiendo su planteamiento, este ensayo defiende que el uso del celular por parte de niños y adolescentes no debe prohibirse, pues la evidencia disponible no respalda que sea la causa del aumento de la ansiedad y la depresión, y porque el dispositivo cumple hoy una función de socialización que la vida cotidiana les ha negado por otras vías.

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La evidencia disponible no sustenta la relación causal que se le atribuye al celular

En primer lugar, la acusación contra el teléfono descansa sobre una correlación mal interpretada. Gray (2011) documentó, en un extenso artículo publicado en el American Journal of Play, que el aumento de la ansiedad, la depresión, el suicidio y la sensación de indefensión en niños y adolescentes estadounidenses siguió una curva ascendente sostenida desde mediados del siglo XX: entre cinco y ocho veces más jóvenes superan hoy el punto de corte de un trastorno de ansiedad o depresión clínicamente significativo que hace medio siglo. Ese ascenso comenzó décadas antes de que existieran el smartphone y las redes sociales. Si el fenómeno antecede a la supuesta causa, la causa invocada no puede serlo.

La magnitud del efecto tampoco acompaña a la acusación. Orben y Przybylski (2019) analizaron tres grandes bases de datos representativas del Reino Unido y los Estados Unidos, con un total de 355 358 adolescentes, mediante un método diseñado precisamente para evitar la selección interesada de resultados: el análisis de curva de especificación, que evalúa de forma sistemática las más de 600 millones de maneras posibles de procesar esos datos. El hallazgo fue que la asociación entre uso de tecnología digital y bienestar adolescente existe, es negativa y resulta minúscula: explica como máximo el 0,4 % de la variación en el bienestar. Para dimensionar esa cifra, los autores la compararon con otras variables de la misma encuesta y encontraron que usar lentes se asociaba a un efecto más negativo que el tiempo de pantalla. Un peso estadístico de ese tamaño es demasiado pequeño para justificar una política de prohibición.

La evidencia sobre las prohibiciones escolares apunta en la misma dirección. El estudio SMART Schools (Goodyear et al., 2025), publicado en The Lancet Regional Health – Europe y considerado la primera evaluación rigurosa de estas políticas, comparó a 1227 adolescentes de 12 a 15 años en 30 colegios secundarios ingleses: 20 con prohibición del uso recreativo del teléfono durante toda la jornada y 10 sin ella. Las restricciones sí lograron reducir el uso dentro del colegio, en torno a 40 minutos de teléfono y 30 de redes sociales, pero no produjeron diferencias en el bienestar mental, el sueño, la actividad física ni los resultados académicos, y tampoco redujeron de manera significativa el tiempo total de uso diario de los estudiantes. Los propios autores concluyen que los datos no respaldan estas políticas en su formulación actual. Cabe precisar, en honor a la exactitud, que se trata de un estudio observacional transversal y que algunos investigadores han cuestionado su diseño; sin embargo, su resultado coincide con el razonamiento de Gray: si retirar el teléfono no reduce la ansiedad, es porque la ansiedad nunca dependió principalmente del teléfono. Culparlo funciona, entonces, como una distracción que desplaza la atención pública hacia un objeto visible y sancionable, y la aleja de causas más profundas cuya corrección resultaría mucho más costosa.

The Anxious Generation: How The Great Rewiring Of Childhood Is Causing An Epidemic Of Mental Illness, De Jonathan Haidt., Vol. 1. Editorial Penguin Press, Tapa Blanda En Español/inglés | MercadoLibre

El celular es, para los jóvenes de hoy, uno de los pocos espacios de autonomía disponibles

En segundo lugar, retirar el dispositivo no devuelve a los adolescentes a una infancia libre que ya no existe. Gray, Lancy y Bjorklund (2023) sostienen, en una revisión publicada en The Journal of Pediatrics, que una causa primordial del alza de los trastornos mentales es la reducción, a lo largo de varias décadas, de las oportunidades de los niños y adolescentes para jugar, desplazarse y realizar actividades sin la supervisión y el control directos de adultos. La magnitud de ese cambio es medible: mientras que en 1969 el 48 % de los niños estadounidenses de 5 a 14 años iba caminando o en bicicleta a la escuela, en 2009 solo lo hacía el 13 %, y el traslado en automóvil particular pasó del 12 % al 44 % en el mismo periodo (McDonald et al., 2011). Se trata de una generación a la que se le retiró la calle y todas las posibilidades de aprendizaje que trae consigo resolver problemas mediante autonomía.

En ese contexto de vigilancia permanente, el celular se ha convertido en el último territorio donde los adolescentes pueden conversar sin un adulto que medie, organizar sus propios encuentros y sostener amistades por decisión propia. Prohibirlo no restituye la libertad perdida: la reduce aún más. Esto explica un hallazgo que suele omitirse en el debate y que Gray destaca (La Nación, 2023): en experimentos donde se pidió a jóvenes renunciar a las redes sociales durante un periodo determinado, muchos reportaron sentirse más solos que antes, precisamente porque quedaron incomunicados de sus pares. Cabe reconocer, y Gray no lo niega, que existen problemas reales asociados a estas plataformas: el diseño orientado a capturar la atención, el ciberacoso y la exposición a contenidos dañinos merecen regulación. Pero una cosa es regular a las empresas y acompañar a los usuarios, y otra muy distinta es privar a un adolescente de su principal canal de vínculo social por un daño que no ha sido demostrado.

Restoring Childhood by Peter Gray: 9798217046430 | PenguinRandomHouse.com: Books

Conclusión

A lo largo de esta nota se ha defendido, desde la perspectiva de Peter Gray, que prohibir el celular a niños y adolescentes constituye una respuesta equivocada. Se argumentó, por un lado, que la evidencia no sostiene la relación causal atribuida: el deterioro de la salud mental es anterior al teléfono, la asociación estadística explica como máximo el 0,4 % de la variación en el bienestar y la evaluación más amplia de las prohibiciones escolares no halló mejoras en salud mental ni en rendimiento. Por otro lado, se sostuvo que el dispositivo funciona como un espacio de autonomía y socialización que compensa, apenas en parte, la libertad que se les ha retirado en el mundo físico.

Reconocer esto no equivale a idealizar la pantalla, sino a exigir honestidad en el diagnóstico. Mientras la discusión pública se agote en decidir si se le quita o no el teléfono a un adolescente, seguirá sin formularse la pregunta más difícil y más urgente: qué tan lejos puede caminar solo ese chico, con quién puede jugar sin ser vigilado y cuánta confianza estamos dispuestos a devolverle.

Not a cellphone in sight... : r/memes

Referencias

Goodyear, V. A., Randhawa, A., Adab, P., Al-Janabi, H., Fenton, S., Jones, K., Michail, M., Morrison, B., Patterson, P., Quinlan, J., Sitch, A., Twardochleb, R., Wade, M., & Pallan, M. (2025). School phone policies and their association with mental wellbeing, phone use, and social media use (SMART Schools): A cross-sectional observational study. The Lancet Regional Health – Europe, 51, 101211. https://doi.org/10.1016/j.lanepe.2025.101211

Gray, P. (2011). The decline of play and the rise of psychopathology in children and adolescents. American Journal of Play, 3(4), 443-463.

Gray, P., Lancy, D. F., & Bjorklund, D. F. (2023). Decline in independent activity as a cause of decline in children’s mental well-being: Summary of the evidence. The Journal of Pediatrics, 260, 113352. https://doi.org/10.1016/j.jpeds.2023.02.004

Haidt, J. (2024). La generación ansiosa: Cómo la gran reconfiguración de la infancia está causando una epidemia de enfermedades mentales. Deusto.

La Nación. (2023, 22 de noviembre). Peter Gray: “La falta de independencia está detrás de la crisis de salud mental en los niños”. https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/en-las-redes/peter-gray-la-falta-de-independencia-esta-detras-de-la-crisis-de-salud-mental-en-los-ninos-nid22112023/

McDonald, N. C., Brown, A. L., Marchetti, L. M., & Pedroso, M. S. (2011). U.S. school travel, 2009: An assessment of trends. American Journal of Preventive Medicine, 41(2), 146-151.

Orben, A., & Przybylski, A. K. (2019). The association between adolescent well-being and digital technology use. Nature Human Behaviour, 3(2), 173-182. https://doi.org/10.1038/s41562-018-0506-1

Sintaxis teórica: el movimiento que quiebra la simetría

English Syntax Explained | HS Insider

La teoría de la antisimetría dinámica se desarrolla a partir del marco general de la antisimetría propuesto por Richard Kayne en The Antisymmetry of Syntax (1994), pero es reformulada de manera crucial por Andrea Moro. Kayne propone el Axioma de Correspondencia Lineal (LCA): las relaciones jerárquicas asimétricas (c-comando) determinan el orden lineal; en consecuencia, la estructura sintáctica es intrínsecamente asimétrica y el orden básico es universalmente Especificador-Cabeza-Complemento. Moro acepta la antisimetría como principio fuerte, pero introduce una dimensión dinámica: en el curso de la derivación pueden generarse configuraciones simétricas (por ejemplo, estructuras binarias en las que dos constituyentes se relacionan de manera especular), las cuales son ilegibles en la interfaz fonológica. Para evitar una violación del LCA, la sintaxis debe aplicar movimiento que destruya la simetría antes del Spell-Out.

The Antisymmetry of Syntax(1994) > 언어/영어 | 경문사

Un caso paradigmático se encuentra en las pequeñas cláusulas copulativas. Considérese: (1) Juan es médico. En una representación subyacente tipo [SC Juan médico], ambos constituyentes nominales están en una relación estructural simétrica: ninguno domina al otro. Esta configuración viola la antisimetría estricta. La solución dinámica consiste en mover uno de los dos sintagmas (típicamente el sujeto) a una posición superior, por ejemplo [TP Juani [T es [SC ti médico]]]. El movimiento no es aquí opcional ni motivado por rasgos tradicionales, sino por la necesidad de romper la simetría estructural. Así, el movimiento se convierte en un mecanismo de legitimación lineal, no meramente en un ajuste de rasgos formales.

Esta concepción tiene consecuencias importantes para la teoría del movimiento. En el Programa Minimista estándar (cf. Noam Chomsky), el movimiento responde a la valoración de rasgos no interpretables. En la versión dinámica de Moro, en cambio, el movimiento puede estar motivado por una condición geométrica independiente: la imposibilidad de externalizar estructuras simétricas. Esto explica por qué ciertas configuraciones copulativas muestran alternancias interpretativas dependiendo de cuál sintagma asciende. Compare: (2a) El problema es Juan vs. (2b) Juan es el problema. La asimetría derivada por movimiento determina qué constituyente recibe la interpretación referencial principal y cuál la predicativa.

The Raising of Predicates

La propuesta de los raising predicates se integra en este marco. Moro sostiene que en ciertas construcciones copulativas el verbo ser no selecciona un predicado en sentido tradicional, sino que media una estructura simétrica que obliga a un proceso de raising. En estructuras como (3) La causa del disturbio es la policía, ambos DPs pueden competir por la posición de sujeto. La derivación implica que uno de ellos ascienda, produciendo efectos interpretativos distintos. Este fenómeno no se reduce al raising clásico de sujetos en verbos como parecer, sino que revela que la cópula misma participa en la creación de configuraciones estructuralmente inestables que exigen movimiento para satisfacer la antisimetría.

Dynamic Antisymmetry

Finalmente, la teoría de la antisimetría dinámica ofrece una reinterpretación más general de las restricciones sintácticas: no todas derivan de principios semánticos o de rasgos formales, sino de propiedades geométricas de la estructura. El movimiento no es un “artefacto” derivacional sino una consecuencia necesaria de la arquitectura del sistema computacional. La sintaxis, en este sentido, no solo organiza dependencias, sino que garantiza que la jerarquía pueda traducirse en una secuencia lineal sin ambigüedad estructural. La propuesta de Moro radicaliza la intuición de Kayne: la linealización no es un epifenómeno, sino una fuerza estructurante que interviene activamente en la derivación.

Los sinónimos no existen

 

 

 

En el Perú, la expresión constitucional “incapacidad moral permanente” se ha convertido en el centro de una controversia jurídica y política. La misma demuestra cómo los términos aparentemente sinónimos pueden dividir a toda una nación. El artículo 113 de la Constitución de 1993 del Perú establece que el presidente puede ser vacado por “incapacidad moral o física”, una fórmula heredada del constitucionalismo decimonónico. Durante años, los legisladores interpretaron el adjetivo moral como sinónimo de “mental”, es decir, asociado a la pérdida de las facultades psíquicas del gobernante. Esto se entiende, además, por aparecer junto a “física” en la formulación clásica. Sin embargo, a partir de 2000, el Congreso empezó a emplear la expresión en su sentido ético: moral pasó a ser sinónimo de honestidad o probidad.

Esa sustitución semántica transformó la lectura del texto constitucional. Al considerarse en ciertos contextos equivalentes moral y ética, el Parlamento amplió el significado original y empezó a usar esta causal para destituir presidentes acusados de corrupción o mala conducta, incluso sin sentencia judicial. Así, lo que en el siglo XIX significaba “incapacidad mental permanente” pasó a significar “falta de integridad moral”. El caso de Pedro Pablo Kuczynski en 2018 y el de Martín Vizcarra en 2020 evidencian cómo un matiz léxico alteró el equilibrio entre poderes del Estado.

El jurista Domingo García Belaunde señaló que esta reinterpretación “rompe el principio de legalidad” porque transforma un concepto médico en uno político, y permite que el Congreso actúe como juez moral del presidente. El equívoco nace precisamente por tratar dos acepciones de moral, una la psicológica y otra la ética, como sinónimas. Esta confusión semántica, heredada de una redacción ambigua, ha provocado crisis institucionales repetidas y ha demostrado que, en el lenguaje del derecho y en las lenguas en general, ningún sinónimo es inocente.

El estudio del significado lingüístico ha demostrado que las lenguas no se componen de equivalencias perfectas, sino de matices que reflejan diferencias culturales, pragmáticas y contextuales. En ese sentido, es posible afirmar que no existen los sinónimos en sentido absoluto, puesto que ninguna palabra puede sustituir a otra en todos los contextos sin alterar el significado. Tal como señala una nota en Castellano Actual (Universidad de Piura, 2019), la llamada sinonimia absoluta “apenas se presenta en la lengua, ya que cada término adquiere valores particulares según el contexto de uso”. Por ello, la noción de sinonimia debe entenderse como una coincidencia aproximada, bastante ligera, pero nunca idéntica.

 

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En primer lugar, toda palabra conlleva connotaciones y matices afectivos que impiden la sustitución total. Dos términos pueden compartir un referente denotativo, pero difieren en su carga emocional o en el registro social al que pertenecen. Por ejemplo, “casa” y “hogar” aluden al mismo espacio físico, aunque la segunda expresa una dimensión afectiva ausente en la primera. Asimismo, “chibolo” y “niño”, si bien tienen el mismo referente, la manera en que se presenta el mismo tiene ya un tono distinto. Según el artículo publicado en Yorokobu (2018), “cada palabra posee su propio aroma”, lo cual implica que el hablante no elige entre sinónimos de manera arbitraria, sino que selecciona el término que mejor se ajusta a la intención comunicativa del momento. De este modo, la aparente equivalencia se deshace en un nivel connotativo.

 

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En segundo lugar, la variación contextual, social y geográfica refuerza la imposibilidad de la sinonimia perfecta. Un caso ilustrativo es el de las palabras “carro” y “coche”, que designan el mismo objeto: un vehículo automotor. Pero difieren según la región y el registro lingüístico. En la mayor parte de América Latina, carro es el término común y neutro, mientras que en España se prefiere coche, y en algunos países del Cono Sur se usa incluso auto. A pesar de compartir el mismo referente, cada vocablo activa asociaciones distintas: carro puede sonar informal o incluso arcaico en el español peninsular, mientras que coche puede parecer afectado o foráneo en contextos latinoamericanos. Esta variación muestra que el significado lingüístico no depende solo del objeto designado, sino del entramado cultural y regional en el que se produce el acto de habla.

 

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Finalmente, la precisión semántica en los lenguajes especializados demuestra que ninguna lengua tolera equivalencias absolutas. En el discurso técnico o científico, cada término adquiere un valor delimitado que no puede reemplazarse sin pérdida de rigor. El artículo de Yorokobu (2018) menciona que en la aviación “no es posible confundir ‘pista’ con ‘carril’ ni ‘retirada’ con ‘despegue’”, pues la seguridad depende del uso exacto del vocabulario. Esta restricción semántica confirma que la sinonimia se desintegra ante la necesidad de precisión referencial. De la misma manera, “incapacidad moral permanente” trae problemas por su poca precisión en el uso de un tiempo a  la actualidad.

En conclusión, la aparente existencia de sinónimos se desvanece cuando se examina el lenguaje desde sus dimensiones pragmáticas, geográficas y técnicas. Puesto de otra manera, no existen sinónimos en el discurso aunque la escritura y el diccionario nos creen la ilusión de que sí. Las palabras no son duplicados intercambiables, sino unidades únicas dentro de una red de valores contextuales. Por tanto, afirmar que los sinónimos no existen no es negar la semejanza entre términos, sino reconocer que el significado es siempre una cuestión de diferencia.

 

 

 

Bibliografía usada para este texto

 

a) https://yorokobu.es/los-sinonimos-no-existen/

b) https://www.udep.edu.pe/castellanoactual/existe-la-sinonimia/

c) https://victorselles.com/los-sinonimos-no-existen/

 

1…2…3…Probando

Mayakovsky

Este es mi primer post. De la manera menos calculada, caí en una fotografía de Alexander Rodchenko realizada al genial poeta ruso Vladimir Mayakovsky en 1924. Aquí un fragmento del poema VLADIMIR ILITCH, LENIN, encontrado, también, de manera casual:

“Feliz
de ser
una partícula de esta fuerza
que tiene en común
hasta las lágrimas de los ojos.”

Me dejaré llevar, entonces.

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