Etimología del topónimo Lima

 

El estudio de la toponimia en el mundo andino revela muchas de las características de un lugar o, como es el caso de esta nota, de desplazamientos humanos en un mismo territorio. En esta ocasión, abordaremos el origen del nombre <Lima>, capital del Perú, y reconoceremos que fue un territorio ocupado primero por grupos aimaras, luego por quechuas y, en última instancia, por españoles. Todas estas ideas serán inferidas de la forma de dicha palabra[1].

 

La forma primigenia sugerida para el nombre es <*Límaq>. Esta forma alterna en distintos documentos coloniales con <Limac>, <Lima>, <Lyma>. Como es fácil advertir y como veremos más adelante, esta forma proviene del verbo quechua <Rima->, que significa “hablar” y del participio presente <–q>. Dicha forma se traduce por “el que habla” como consigna el Inca Garcilaso[1]. Lo que expondremos es cómo se llega de esta forma <Rimaq> al actual nombre “Lima”.

 

Cuenta el cronista colonial Bernabé Cobo que si un hablante serrano iba rumbo a Lima y le preguntaban a dónde se dirigía, este respondía: “rimacman” (hacia Lima). Si la misma pregunta se le realizaba a un nativo costeño, este respondía “limacman” (Cobo en Cerrón Palomino 2008: 306). Esto refleja un cambio fonético muy puntual: el cambio de [r] por la [l] a inicio de palabra. Para dicho cronista, este era un rasgo que distinguía a los hablantes de la costa frente a los de la sierra sureña. Curiosamente, y como apunta Cerrón-Palomino, dicho cambio tiene lugar también en la zona huanca, hoy el departamento de Junín. La causa específica de este cambio en la sierra central es la influencia del aimara a manera de sustrato: esto supone que, en dicho territorio, antes de que se hablase quechua huanca, se hablaba alguna variedad de aimara. Situación que no debería sorprendernos por la presencia de un enclave aimara en la zona de Yauyos actualmente y un amplio número de topónimos del mismo origen en este territorio. En este sentido, es posible suponer que el cambio que tiene lugar en territorio costeño también esté motivado por dicha influencia, pero de manera menos radical que en la zona de Junín. De esta manera, podemos concluir que el cambio en este sonido responde al hecho de que antes de que se hable quechua en la zona costeña central, se habló aimara.

Ahora bien, con esto obtenemos la forma <Límaq> y sus variantes como se consignó líneas arriba. Lo que queda por explicar es por qué pierde esa consonante final. Según cuenta el mismo Cobo sobre el topónimo <Lunahuanac>: “nosotros que no gustamos de muchos [sic] consonantes [pronunciamos] Lunahuaná, quitada la “c” (Cobo en Cerrón Palomino 2008: 308). Esto advierte que el hablante español presenta un rechazo natural a consonantes oclusivas al final de palabra, fenómeno que se atestigua en el pasado como en el presente: pared > paré, carnet > carné, etc.

Ahora es importante fijar el significado. Según Cerrón Palomino (2008: 309), la estructura quechua de la palabra podría dar dos interpretaciones: “el que dice” o “hablador”. La primera respondería a la interpretación que seguimos, la segunda se podría entender como “charlatán”. En primer lugar, vale mencionar que dicho territorio era asociado a un oráculo de la cultura Ychma: “Rímac, guaca de los indios de Lima que se decían Ychmas, dónde está poblada la ciudad de los Reyes, era una piedra redonda” (Albornoz, 1581). Se indica además que tal oráculo estaba situado en la zona donde se ubica el Hospital de Santa Ana en la Plaza Italia de Barrios Altos. La segunda interpretación parece ser muy posterior y proviene de la etimología popular. Asimismo, la restitución de la forma Rímac, como se conoce hoy en día al río y no a la ciudad, es el resultado del Tercer Concilio Limense y basar sus etimologías en la variedad sureña del quechua y no en la forma normalizada que se usaba en dicho entonces como atestigua la cita de Albornoz presentada líneas arriba.

 

En resumen, el nombre <Lima> proviene del quechua <Rímaq> que significa “el que dice” haciendo referencia al oráculo de dicho territorio. Este elemento léxico sufrió un cambio en la consonante inicial por influencia del aimara y la perdida de la consonante final por las prácticas articulatorias españolas. Es decir, en este territorio, primero hubo grupos aimaras, luego quechuas y, por último, los conquistadores españoles.

 

 

Bibliografía:

 

CERRÓN-PALOMINO, Rodolfo

2008   Lima: oráculo antes que río hablador. En: Voces del ande. Ensayos sobre onomástica   andina.   PUCP: Lima

 

GARCILASO DE LA VEGA, Inca

[1609] 1991 Comentarios Reales de los Incas. Dos volúmenes. México, D.F.: Fondo de Cultura Económica.

 

El nombre de Lima: http://www.yachay.com.pe/especiales/lima/reyes.htm

 

 

 

 

 

[1] La información principal de esta nota proviene del artículo de Cerrón Palomino (2008).

 

 

 

Nuevos aportes sobre el concepto Viracocha

Uno de los términos más importantes y, a la vez, más oscuros dentro de los términos políticos y religiosos del mundo andino es el término <Viracocha>. La presente nota busca dar luces sobre las últimas investigaciones en torno a este término. Asimismo, y será la línea que seguiremos aquí, defenderemos la idea de que el léxico institucional Inca encuentra mejores luces si se toma en cuenta las lenguas precedentes al uso del quechua por parte del imperio: el aimara y el puquina, siendo esta última la clave de análisis del término.

 

 

El término Viracocha es utilizado muy tempranamente por los evangelizadores españoles: fue utilizado para denominar al dios padre en su versión católica. Es en este sentido que muchos investigadores asumen que este fue uno de los alicientes por los cuales el significado de esta palabra es opaco al análisis: su temprana cristianización. Sin dejar de lado dicho comentario, también se puede asumir otra razón más para dicha opacidad: el término provenía de una época muy antigua y que, al momento de iniciarse el proceso de evangelización, ya el término era opaco para los mismos hablantes de quechua en el incanato. El cronista Gonzalo Holguín  indica que Viracocha es “epíteto del sol, honroso nombre del dios que adoraban los indios” ([1608] 1952: I353). Este mismo autor propone la versión clásica, y asumimos, errada del nombre al analizarla desde el quechua como “espuma del mar”. Esto porque la palabra “wira” en quechua significa espuma, manteca y grasa; y “cocha” laguna o mar. Esta versión quedó fijada y se mantiene hasta nuestros días. El propio Inca Garcilaso de la Vega rechaza esta interpretación, argumentado que no se puede realizar una interpretación literal del nombre por ser un nombre propio. Como advertimos líneas arriba, dicha advertencia no se siguió.

Existen cuatro interpretaciones divulgadas sobre el término. La primera se la debemos al investigador Johann Jakob von Tschudi. Este propuso que Vira provenía de “wira” y que esta era una forma modificada de “wayra”, término que significa “viento” o “aire” en quechua. De esta manera obtiene la traducción “lago de viento”. Su argumento central son los fuertes vientos que tienen lugar en el borde del lago Titicaca. El problema de esta propuesta está en la modificación que supone para la palabra (wayra>wira), la cual no tiene motivación lingüística concreta y no se ve en casos anteriores ni en otras variedades de quechua. La segunda interpretación se la debemos al investigador polaco Szemiñski. Este autor asocia el término “vira” a “wira” en quechua y lo traduce por grasa. Pero, además, asocia también el término “vila” del aimara que significa “sangre”. La variación central de este autor reside en interpretar la palabra “cocha” por “qᶦucha”, la cual, para él, tiene el significado de “almácigo” o “semillero”. Es interesante cómo este autor usa otra lengua más allá del quechua para dicha traducción, pero el mismo no justifica la traducción que realiza del segundo elemento, por lo cual, no tenemos una interpretación satisfactoria. La tercera interpretación se la debemos a Alfredo Torero. Este autor proponer que el término “wira” es una metátesis de “wari”, el nombre de la cultura y de su divinidad principal. Esta modificación de vocales es extraña también, ya que la misma suele tener como protagonista a las sílabas completas y no a los sonidos aislados. Asimismo, y como aporte individual, siendo un término de importancia política, nos es llamativo que exista un error de esta naturaleza al momento de pronunciarse. Torero asume, también, que dicho culto se habría desplazado hacia el Lago Titicaca mediante el pastoreo. Dicha interpretación también queda descartada por el carácter ad hoc de los argumentos. En cuarto lugar, y por último, tenemos la interpretación del investigador francés César Itier. Este autor propone como significado “mar del primer del amanecer”. Para empezar, Itier proponer que “wari” proviene de “*waray” que significa amanecer en quechua. Luego este elemento, siguiendo lo que propone Torero, se convertiría en “wira”. La traducción que propone Itier es la mencionada anteriormente. En las cuatro propuestas hay dos errores comunes: el primero, y más grave, es partir del quechua como fuente del étimo y la segunda es recurrir a modificaciones fonéticas que resultan extrañas frente a los comportamiento registrados en los estudios sobre el quechua mismo. En resumen, se equivoca la lengua de origen y la evolución registrada en los estudios de reconstrucción.

 

 

Cerrón Palomino nos propone una nueva interpretación. La misma tiene tres elementos a considerar y que lo distancian de las propuestas anteriores: no se parte del quechua para interpretar, pero sí del aimara, lengua que se hablaba antiguamente en el territorio del lago y por los Incas de épocas tempranas; se explica mediante procesos fonéticos registrados en dicha variedad (aunque sea de manera inversa) y considerar un proceso de normalización posterior, propio de la época en que el quechua se expandía como la lengua del imperio y el aimara retrocedía en difusión en el área andina. Según su investigación, Tupac Yupanqui habría institucionalizado sacrificios humanos en relación al culto solar que se realizaba en el lago en mención. Huaina Cápac siguió también con dicha práctica, pero la desplazó a la isla de Apinguela, ahora conocida como “Vilacota”. Se cuenta que los sacrificios fueron tan numerosos que las costas se teñían de sangre y de un color púrpura. Por ello, el nombre “vilca” que significa “sangre” y cota “lago”: ambos términos del aimara. Asimismo, dicho término fue interpretado por los quechuahablantes posteriores como una perversión de un término quechua en fonética aimara. Sin embargo, la dirección es justamente la opuesta. El término aimara fue interpretado como quechua y se le aplicó las modificaciones correspondientes, a saber, “vila”> “wira” y “cota”> “cocha” a manera de reapropiación. Por último, y como tercer aspecto a considerar, se asume que este proceso de normalización tiene lugar cuando el quechua se difunde con mayor fuerza en la última etapa de los Incas. Esto nos lleva a interpretar que el aimara fue la lengua anterior de los Incas, hasta Huaina Capac, por lo menos, y que luego esta fue retrocediendo frente al quechua.

 

 

CERRÓN PALOMINO, Rodolfo

2013     Las lenguas de los incas: puquina, aimara y quechua. PL Academic Research: Frankfurt

GONÇÁLEZ HOLGUÍN, Diego

[1607] 1975 Gramatica y arte nveva de la lengva general de todo el Perv llamada lengua qquichua, o lengua del Inca. Cabildo Vaduz- Georgetown: Franz Wolf, Heppenheim a.d.B. Edición facsimilar.

[1608] 1952 Vocabvlario de la lengva general de todo el Perv llamada lengva qquichua o del Inca. Lima: UNMSM.

Apuntes sobre la evolución de lenguaje

La evolución del lenguaje es un tema que goza de amplía popularidad en la actualidad. Hay diversos debates y cada año hay nuevos aportes desde lo empírico y desde lo lógico. En esta línea, armé un texto puntual sobre cómo comprendía dichos fenómenos hace algún tiempo. En la actualidad, tengo otras ideas que presentaré también por este medio. Pero en líneas generales, el método y el marco sigue siendo el mismo.

 

Mis ideas en este texto se resumen a dos: a) la mutación que posibilitó la sintaxis compleja fue abrupta y b) es posible ver en la actualidad vestigios del protolenguaje. Sin más dejo acá la nota publicada en el N°1 de Sorda y Sonora, revista de Lingüística PUCP:

 

Sobre dos aspectos sobre el origen del lenguaje(1)

Sobre el origen del quechua: la hipótesis amazónica o forestal

Existen cuatro hipótesis sobre el origen del quechua: la primera es la hipótesis amazónica, la segunda la hipótesis serrana, la tercera es la hipótesis costeña y, la última, la hipótesis quiteña. En esta ocasión revisaremos la hipótesis amazónica. En entregas posteriores abordaremos las restantes.

Esta hipótesis surge en 1976 y se la debemos a William H.Isbell. Este investigador se basa en información de corte arqueológico y arquitectónico. Él propone que el origen del quechua tiene lugar en la ceja de selva, específicamente, en las zonas comprendidas entre Chachapoyas y Macas, al norte del Perú, en Amazonas. Luego, de este foco, se desplazaría en dirección al sur y el oeste.

Isbell relaciona dos eventos culturales ocurridos en el espacio andino: la difusión de un estilo cerámico y la adaptación del cultivo del maíz en territorio propiamente andino. Hablemos de ambos rasgos.

Por un lado, la cerámica a la que se refiere el autor es la serie alfarera CB: ollas de color rojo o marrón, con cuello de boca expandida, con un temperante muy grueso y escudillas sub-hemisféricas. Estas tienen presencia en dicha zona, al sur del país y fuertemente en la zona de Ica. Por otro lado, el maíz tiene en las zonas mencionadas lugares propicios para su cultivo, asumiendo así que la aparición de estos en la zona sur y centro andina sería foránea. Ambos rasgos, como indica el autor comentado, son partes centrales de un sistema cultural, así como la lengua que acompañó a estas difusiones.

La hipótesis, teóricamente, no parece errada; sin embargo, desde un inicio encontró fuertes argumentos en contra.

El primer problema, relacionado con la cerámica, es la datación. Según Isbell, esta cerámica surge en el Horizonte temprano y su incursión en los Andes centrales sería hacia la segunda mitad del primer milenio de la era cristiana. Según otros autores, la datación de esta cerámica tiene lugar en el Horizonte tardío. Los materiales con los que están hechos estos no ayudan a una datación precisa.

Estos problemas de datación se apoyan, además, en datos de corte lingüístico. Si se asume que el quechua viene de una zona amazónica y luego entra a la zona central andina, debería haber en esta zona una variedad de quechua con rasgos marcadamente arcaicos frente a las otras variedades. Esto choca también con explicar la variedad central del quechua, la cual no es posible derivar de la variedad que Isbell asigna a este foco de difusión forestal, a saber, el quechua II. Asimismo, en esta zona la variedad de dicha lengua no es mucha y parecería advertir, más bien, un sentido inverso, en el cual el quechua llegó posteriormente, como lo atestiguan los trabajos de Torero y la documentación Colonial, principal difusora de dicha lengua en la zona en cuestión. Sería, así inexplicable, la alta variación del quechua en la zona central y sur.

Un tercer punto en contra es el quiebre reciente en la ecuación lengua = cultura. Esta tesis ya no se sigue con la misma determinación de hace unos años, sobre todo para culturas de carácter móvil y de, supuesto, contacto frecuente con otras culturas.

Vemos, entonces, que esta hipótesis no se puede sustentar con claridad. Como vimos, en primera instancia, no parecía tan descabellada, pero luego encontramos algunos problemas para su validación. ¿Tendremos que esperar quizá mejores trabajos de datación y también una revisión más fina de la cronología andina a la luz de los nuevos alcances en arqueología para volver sobre esta hipótesis? En lo particular, la idea del maíz nos parece sugerente y nos deja pensar, quizá, que sí hubo una ola migratoria con esa dirección y que, tal vez, algunos rasgos de la lengua andina provienen también de dicha migración y no el cuerpo de la lengua como tal. Seguiremos investigando.

 

Chomsky y la adquisición del lenguaje

Noam Chomsky

Las teorías de Noam Chomsky en Lingüística son tan fascinantes como polémicas. Más allá de los encendidos debates que suele sucitar o de los aportes que puede generar, sus ideas seducen con facilidad por tener, entre otras cosas, ese ingrediente que el psicólogo Steven Pinker denomina “la elegancia de la dedución”. Otro día recaeremos sobre algunos puntos de su teoría. Hoy solo alcanzo a dejar dos materiales audiovisuales para conocer sus propuestas y alcances.

El primero es un compacto de un minuto y medio. Excelente animación, desarrollo con una lógica clara y amena para los nuevos en este terreno. (https://www.youtube.com/watch?v=7Cgpfw4z8cw)

El segundo es un documental del aclamado director de cine y realizador de videos musicales, Michel Gondry: fascinado por las teorías de Noam Chomsky acudió al MIT para grabar una conversación sobre diversos tópicos relacionados al lenguaje. El producto final es un documento excelente, teóricamente claro y, sobre todo, cálido trabajo que cruza con mucha sutileza la línea entre el Chomsky-lingüista y el Chomsky-sujeto de a pie. (https://www.youtube.com/watch?v=l9YGo6rBLwQ)

Espero que ambos materiales sean de utilidad.

 

 

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