¿De Francia 98 a Rusia 2018?

Escribir, ¡ay escribir! ¡Nada como un buen café, una laptop, músicas de Spotify y ese friecito limeño para inspirarse!

La anécdota que quisiera compartir, la verdad, la redacté hace mucho en mi antiguo blog, hoy inexistente y del cual solo queda el recuerdo pues todo lo perdí. Sin embargo, algo que percibí al leer un artículo de opinión de mi época universitaria, es que mi forma de redactar ha cambiado mucho (muchísimo) y sí por obvias razones, no es lo mismo una jovencita de 18 años escribiendo que la mujer del día de hoy. Pero, ¡vamos no nos pongamos sentimentales! el tiempo pasa, la madurez llega, inevitable!, este post será aún mejor que el original.

Empezaré por describirme como era en el año 1997 para no hacer interrupciones durante el desarrollo de esta anécdota y comprendan algunos detalles. Entre los años 1996-1998, me gustaba coleccionar todo lo que vinieran en los periódicos especialmente fascículos de enciclopedia que religiosamente iba guardando hasta completarlos, el hombre que entregaba los periódicos iba 2 o 3 veces a la semana para dejar los ejemplares, yo regresaba del colegio y las primeras cosas que preguntaba a mi mamá era : “¿dejó el fascículo?”. Una vez que terminaba de coleccionar, le pedía a mi papá que lo lleve a empastar! ¡Qué felicidad ver mi enciclopedia lista! y ya me preparaba para mi siguiente colección.

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Mis papás tuvieron una tienda en casa la cual luego heredé como mi cuarto de estudio, era mi lugar favorito de la casa, me gustaba limpiarlo, mantenerlo ordenado y clasificaba todo lo que se podía: colores, plumones, láminas, libros, cuadernos, cualquier cosa que caía en ese cuarto. Mi papá aún me recuerda tajando todos los lápices de colores hasta el más pequeñito y guardarlo en latas de galletas, por alguna razón quería cuidar todo. Soñaba en convertirlo en algún momento en una gran biblioteca no solo para mí sino para mi barrio.

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Es esa “Pamela del 97” la que vivió “Francia 98”.

Año 1997, 11 años tenía en ese entonces. No puedo dar una explicación exacta del porqué de mi pasión por las Eliminatorias por el Mundial de Francia 1998, podría ser la emoción contagiante del pueblo peruano en aquella época o quizás porque era la primera vez que vivía la fiebre mundialista (la de 1994, no recuerdo nada salvo la mascota: la caricatura de un perro). Lo que sea que haya sido, me sentía parte de la selección peruana porque más que sentirme como una hincha … me sentía parte del equipo técnico que dirigía Juan Carlos Oblitas.

Verano del ’97, el periódico “El Sol” (hoy fuera de circulación) se preparaba para vivir las eliminatorias: semanalmente, por la compra del ejemplar te llevabas un ¡póster de un jugador de la selección!. Ahí estaba yo coleccionando mis pósteres . Pegué cada uno de esos pósteres en la pared de mi cuarto de estudio, por suerte mis papás no me regañaron por eso. El póster final llegó a finales de marzo: La selección completa. Todo ese año estudié con “El Chorri”, “Solano”, “Julinho” y “El Viejo Balerio”, me miraban mientras hacía mis tareas escolares. Les tenía fe. Mentirles sería decirles que recuerdo cada partido, pues solo recuerdo uno, el que me marcó para siempre: 12 de octubre de 1997 – Perú vs Chile

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¿Qué sabía una niña a sus 11 años sobre fútbol? Mejor dicho, sobre el comportamiento no fraterno de las selecciones de fútbol. Mi papá me decía “Pamela! Nos vamos al mundial!, solo nos falta un empate!. Estaba más preocupada que Oblitas!, justo ese año mi papá compró nuestra primera computadora, mis primeros conocimientos en Word me permitieron escribir una carta simple que decía mas o menos así:

“Lima – Perú, 1997
Sr. Juan Carlos O.
Mi nombre es Pamela Rosales, le escribo para pedirle que por favor la selección peruana entrene todos los días sin descanso porque el partido que nos toca jugar decidirá si vamos al mundial.

Atentamente,

Pamela Rosales

Recuerdo que puse “O.” y no Oblitas porque Word me lo marcaba con la línea roja que indicaba error. Como la iba a imprimir me pareció mal que apareciera esa línea, así que solo puse esa “O”. Le pedí a mi papá que por favor haga lo posible para que llegue a Oblitas, le conté lo de la “O” que me preocupaba que por ese error no le vaya a llegar. Mi papá no se rió de mí, al contrario, me dijo que no habría problema, que la meta en un sobre y él la iba a llevar.

Días antes del partido, los noticieros mostraban los pronósticos de las personas de a pie: “Sí, ganamos 2-0 a Chile”, “Solo nos falta un empate, pero sobrado les ganamos!”. Me moría por ir a Santiago de Chile, donde sería el encuentro, pedí en mi casa si podíamos ir, obviamente eso era difícil. Quería estar tanto ahí, apoyarlos. Yo era todo un manojo de nervios. Cuando aparecieron las imágenes del recibimiento de la selección peruana en el aeropuerto de Santiago, mi alegría pasó a rabia, tristeza, confusión: ¿Papá, por qué los están insultando? ¿Por qué tienen esos carteles donde dicen “3-0?”, si ahora lo puedo definir,  diría “me sentí muy humillada como peruana”. Era mi hermano peruano al que otros insultaban, sentía que ese insulto era para mí, a mi identidad, a mi todo. Veía la cara de los jugadores peruanos, igual de conmocionados como yo.

Hasta que llegó el día, mi papá, mi mamá y mis hermanos estábamos frente al televisor. Era el momento del himno nacional del Perú, No lo digo yo, así fue: No conseguí escuchar ni una nota de nuestro himno. Me dio tantísima pena. Si yo me sentía mal, no me imagino a ellos, porque hay que admitirlo esas cosas desequilibran y nos jugó en contra. El empate deseado jamás llegó como sí lo fue la lluvia de goles (4),que al que consideraba el mejor arquero “El viejo Balerio” no lo pudo evitar.

Lloré como nunca y solo preguntaba ¿Ya no vamos al mundial cierto?. “Nos falta un partido en Lima aún” decía mi papá como para animarme pero sin ese tono optimista. Cierto, ganamos en Lima, pero nuestro boleto a Francia se nos fue de las manos. Final de año del 97, mi primera gran decepción en la vida: arranqué todos los pósteres de mi cuarto de estudio, la historia de la guerra con Chile, que por casualidades de la vida me enseñaron en ese año, (formaba parte del currículo nacional, así que no fue a propósito xD) hizo que sintiera más rabia aún por el país del Sur. Ahí sentí que acabó mi fe por la selección peruana. No estaba preparada para una nueva decepción.

Uy sí que me extendí. Ya voy terminado! :). Francia 98 no fue malo, me trajo la “Copa de la Vida” y la mascota. “Consigue con honor la copa del Amor, para sobrevivir y luchar por ella”. A pesar de ese recuerdo, sentí la fiesta mundialera. Le compraron a mi hermano la pelota del mundial, vimos la inauguración, algunos partidos y la clausura en familia. Ricky Martín puso la nota latina e hizo que por un momento nos olvidemos de las camisetas: todos debíamos ser uno.

Algunos amigos míos me bromean que ya no tengo fe en mi selección y que odio a Chile, obviamente no es cierto. La inmadurez de un niño hace que los sentimientos buenos o malos sean aún más fuertes y poderosos, pero a medida que vamos creciendo los vamos canalizando para lograr un equilibrio. Lo que sí sacaría como enseñanza es que nadie se merece ser insultado por sus orígenes, nacionalidad ni por nada que nos hace diferentes, no fue todo el pueblo chileno el que mostró su hostilidad ese día, tampoco todos los peruanos somos unos santos. El Mundial, el fútbol en genera, más allá de ser una competición, es respeto por el otro y es una fiesta de colores culturales. También resalto la importancia de los adultos en creer en los sueños de los niños y no desmerecerlos pues esa inocencia es aquella pureza que el adulto no posee más: Creer sin tener límites.

20 años más tarde, Rusia 2018, parece mostrarse como una chispa de esperanza de clasificar. Con cautela estoy siguiendo los resultados de estas eliminatorias… dentro de mí aún queda esa niña con fe que anhela seguir gritando ¡Gooool! y ver a Perú jugar en un Mundial

Así que Arriba Perú 🙂

 

 

Puntuación: 5 / Votos: 1

2 comentarios

  • No me acuerdo mucho de ese mundial, creo que en aquel entonces no estaba tan enganchado al futbol como ahora, contagiado por los viajes y los amigos que se suman con el tiempo. Pero me has hecho pensar en esas ilusiones que se añejan como el vino, que tienen un sabor familiar y que nos negamos a soltar, y que basta una pequeña esperanza para volver a soñar. Hoy le toca al Perú soñar, soñar con más ganas. Esperemos que, así como pudimos empezar nuestra vida alcohólica con Vodka por ser dueños del Pisco, podamos también empezar la disciplina deportiva con el boleto para Rusia. Y ya que estamos, toca practicar agradeciendo en ruso: спасибо

  • Yo tenía 13 años y también seguí a la selección con los chorrigolazos. La decepción de perder y ser goleados en la penúltima fecha por nuestro eterno rival llevó a una triste inimaginable para todo el país. Pero como dicen siempre los mayores, bueno ahora también lo soy, que el tiempo se encarga de ser justos .
    Cuestiones del destino, si no fuera por Chile y su reclamo al Tas no hubiéramos clasificado, empatamos en puntos y le ganamos por Goles a favor , de más esta decir que sacamos de la lucha a la mejor selección de Chile de todos sus tiempos.
    El tiempo cobro su revancha y nosotros enterramos ese mal recuerdo por fin :).

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