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El destierro de las Gacelas Thompson

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De (más) joven y a punto de terminar los insufribles años de la adolescencia tenía una teoría que no sé cómo ni bajo qué destino maquiavélico pudo haberse formado en mi mente, se explicaría quizás por mi temprana fascinación por los animales salvajes o tal vez por mi gran defecto de querer buscarle una enrevesada explicación a las cosas más convencionales (lo simple a veces no funciona para mí), el punto es que se me quedó grabado el siguiente planteamiento:

Tenemos a las gacelas Thompson, sí, esos gráciles y frágiles animalitos de la Sabana que usualmente terminan sus días como la cena de los animales más veloces que existen sobre la faz de la tierra: los guepardos, bueno pues estos inocentes tienen como único mecanismo de sobrevivencia la habilidad de distraer y confundir al enemigo! Cómo? Pues zigzaguean por el campo, cada vez que el guepardo les ha echado el ojo para hincarle el colmillo, echan la carrera pero no van nunca en la misma dirección y cambian constantemente de ruta… Siendo el guepardo el rey en largas distancias pierde velocidad ante esos cambios de dirección y esta táctica termina resultando la diferencia entre la vida y la muerte para las Thompson.

He aquí el momento de mi revelación…y que si las chicas fuéramos como las gacelas, no sería obviamente un factor determinante de supervivencia en aquel campo de batalla que es el amor, la habilidad de distraer y confundir al oponente, obviamente después que los individuos (léase guepardos) menos aptos y perezosos (poco merecedores de la gacela) salgan confundidos de esta tácticas de defensas, sólo el guepardo más apto, hábil y que conozca tan bien a la gacela como para anticiparse a sus movimientos podría quedarse con ella (obviando claro el salvajismo que ocurre en el mundo animal cuando pasa eso). Aquí se grabaron las 3 palabras que escudarían muchas de mis acciones futuras: mecanismos de defensa.
Fue así como las¨ inocentes¨ gacelas pasaron a ser las villanas de la obra, no contentas con ser una extravagante idea, se instalaron en el inconsciente, y aquellos mecanismos de defensa pasaron a ser la venda que elegía ponerme antes de comprometerme demasiado, mis tácticas de distracción, las distracciones que yo misma me ponía en el camino para evitar ver y evitar tomarme un rato para pensar lo que verdaderamente quería, algunos guepardos que podrían haber tenido potencial salieron perjudicados.

Todo cambió al darme cuenta lo que las gacelas habían ocasionado, no solo me restaba poder al considerarme en la escala inferior de la pirámide alimenticia, sino que metafóricamente me seguía visualizando como la presa. Decidí acabar con las gacelas y ser yo misma una leona (al final son más responsables y aguerridas que los guepardos y leones) y batallar en la Sabana con todas las cartas sobre la mesa.

Destierra a las gacelas, a la larga hacen más daño que los colmillos de cualquier guepardo. Sigue leyendo