Esta decepción total, este nimbo de relatividad, ésta mal llamada democracia, este gobierno de políticos, esta honda soledad; te vuelve rojo o amarillo. Ser amarillo, para sucumbir en el mar de las indiferencias y sobrevivir como se puede: “total, ¡que se jodan!”. O ser rojo, para alzar los puños y purgar esta malsana raza política. Ahora entiendo la magnitud de aquella frustración que, años atrás, trajeron al país tan insondable dolor.

Hegel decía que, de alguna manera, la historia se repite dos veces. Quizás sea así: El expresidente Fujimori, intentó en su momento establecer una dictadura y hoy, sus espurios descendientes (corruptos y extorsionadores) de fuerza popular, hacen lo mismo desde el congreso.

Estoy aterrado con el poder acumulado de los fujimoristas que han dejado notar que pueden hacer o deshacer a voluntad. Han acorralado primero al poder judicial y – evidentemente – han acorralado al poder ejecutivo. Hoy, los tres poderes están a su merced: el país está a su merced. ¿Será este el principio de una época oscura para el Perú?

Estimados lectores, no culpo a PPK por traición, lo culpo por cobarde. Mal hicimos en pensar que un gran profesional tendría necesariamente que ser un gran líder.

Pues bien, si el nigromante fujimorista desea nuevamente tragarse el país, si no existiera fuerzas democráticas que lo detengan, si nos quedáramos acorralados también, habrá llegado el tiempo no de hacer valer nuestros derechos sino de hacer nuestro deber: la revolución.

 

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