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“Primero hay que saber sufrir, después amar, después partir…”
Naranjo en Flor, Facundo Cabral

“Estuviste de pasada amigo, te quitaste, pero sin rajarte. Te hallaron como querías estar, en tus pasos holgados, perdiendo tu gloria y ganando la eternidad”
Epitafio, Tayiel

Mentiría si te digo, mi gran amigo, que recuerdo exactamente la vez en que buscaba tus discos por las calles frías de Lima, sería que en mi caso no tenía muchas rutas que elegir (¡miento otra vez! Sí, ¡ahora, recuerdo!). Es más, no recuerdo exactamente cómo así fue que elegí escuchar trova (esta vez no miento), ese sonido tan meditado que no te “empila”, en mucho te deja embelesado por una inercia tan fragante que te alucinas vistiendo un gabán en un sendero adornado por una copiosa lluvia, solo y arrellanado en los giros del humo de un eventual cigarro, concentrado en los perdones que tienes que suplicar, y en otros tantos que, si fueras tú, no perdonarías.

Me enamoré del piano que resuena aún, al ritmo de tu boca entreabierta, tu voz saliente que sólo profesa pensamientos indulgentes, llenos de sabiduría añeja. Sabiduría que otrora, no podría haberla asimilado tan bien gracias a tus tonadas, atiborradas de sencillez y de humor fino, tan digerible, de cursilería tan transparente, que en innumerables ocasiones me embebía de recuerdos buenos, y dejaba abierta la puerta angosta para ser mejor.

Tu música, ha sido playback de mis primeras inspiraciones, de mis primeros amoríos conmigo mismo y luego con alguna incauta que se equivocó conmigo, pero que por eso (por tu música), llenó las baldías arterias de su corazón y se quedó conmigo por mucho tiempo.

Y aquí me ves, desde donde estés ahora, estupendo trovador, llenando esta página con lo mejor que tengo para ti :mi frugal talento, lleno de pretensiones, y a la vez de una humildad aprendida de ti, de un buen maestro creyente, que en todas sus canciones apelaba a su humildad para dejarse ser eterno en los brazos de un pueblo que quizá, de verdad, no se merecía en nada tu señorío, porque una vez dejando el recinto de tus conciertos, volvían a la cloaca tan satisfactoria de sus nidos para seguir en su indiferencia, dejando en nada lo que de buen samaritano les pudiste convidar.

Mil disculpas, por el exabrupto, pero imagino el blasfemo color de la panza y la pestilencia de aquellas ratas que te apagaron y dejaron sin sol a esta parte del mundo, un eclipse total en los corazones que siempre supieron que venias de pasada, mi gran amigo, un turista que compró el pasaje de ida y vuelta, sin decirnos de donde venía.

Te brindo mis respetos, y te prometo – desde ayer volví a cumplir mis promesas – que haré mi mejor esfuerzo para continuar con tu obra Facundo querido. Gracias.
PD: TE DEDICO ESTE TEMA TUYO: “CUANDO UN AMIGO SE VA”

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