Mas no afeminado, mas no amanerado, mas no brito, mas no nada, me he sorprendido nuevamente imaginándome como una mujer, no en el aspecto – mi imaginación no es tan pretensiosa – si no más bien, empeñoso por comprenderla en alguno de tantos oscuros detalles que esconde su ser. De manera que fungiré como un juez (en este caso, como una jueza) del pensamiento femenino frente al masculino o viceversa, como se entienda.

En la poca experiencia vivida, he podido apreciar a través de mis ojos y de los ojos de los demás, cómo una mujer se puede transformar en los objetos más frívolos para los hombres, ya sea por sí sola, porque ella lo desea así o por definición masculina.Siempre de vez en cuando una conversación improvisada deja muestras claras, en las copas que van y vienen, no sé si del machismo de la sociedad o de la costumbre en general para con los modos de flirtear con una mujer.

Por un lado, tenemos por ejemplo las actitudes del “niño bueno” que, en esencia, es esconder lo mejor que puedas tus “defectos” (entiéndase defectos por aquello que no le gusta a una – y solo una – mujer en especial: a la que le quieres caer) y no dejar traslucir el lado menos pulido de tu moneda de presentación, con mucha paciencia y siempre atento de que la cola de rata no se te entrevea (mismito Barrios Ipenza).

Otra forma de embaucarnos – ay, perdón – de embaucarlas, se centra en la dramatización de una agobiante preocupación por ella, ya sea llamándole, enviándole acomedidos mensajes o “preocupándonos” por su comodidad: arrimarles la silla, comprarles alguna veleidad, abrirles la puerta, no escupir, no eruptar, ni mucho menos relajar tu recto para soltarte un pedo; “eso si que no”, para la gran mayoría de ellas preservar todo lo anterior y más, es equivalente a ser más educado, más caballero, mejor persona. Fácil no?. Y es fácil porque, lamentablemente, la formación de la mayoría de nosotras (de ellas), es una formación tradicional, llena de taras sociales, muy retraída al halago.Quizás, todo deba ser así.

En fin, por sólo un par de oportunidades en mi, ya ni tan corta, vida he sido bendecido por el amor de dos – valga la redundancia – féminas que fueron inmanipulables. Mujeres llenas de vida que decidían rechazar el fingido camino del cortejo, rechazar invitaciones e invitar por su cuenta, porque pensaban que todo detalle ofrecido sólo sería verdaderamente sincero, si se hacía en virtud de honrar algún mérito personal de ella misma, mas nó por la mera intención subrepticia de convencerla de que alguno es la persona ideal, de que tan solo la quieran halagar o tan sólo saciar su lascivia.

Mujeres de iniciativa que daban el primer paso (hacia la cama y sobre todo hacia el amor).Mujeres que amaban caminar en zapatillas, oler solamente a jabon y agua, caminar con pantalones sueltos descalzas por mi sala, que le agradaba la comodidad de su vestir y nunca lo llamativo ni lo refulgente, porque nunca se sentían inseguras de su apariencia y por tanto no estaban a la espera de que se les refrende cuán bonitas estaban. Ellas nunca escondían su edad: eran capaces de proyectar la imagen de sí mismas en el futuro, siempre tenían en alto que habrían de envejecer y ponerse feas y fofas.

Mujeres inteligentísimas, que nunca tuve la valentía de conquistar (porque me conquistaron a mí, incluso regalándome flores (ya me acordé, voy a llorar)), y que me enorgullecían y me pavoneaba con ellas (no a la vez, por si acaso se malinterprete) frente a los demás.
No tenían el pretexto de llorar por algún gran amor del pasado porque asumían la responsabilidad de su mal escoger.
Son unas mujeres – o lo fueron – de la puta madre.
¿Defectos?, porsupuesto que tuvieron uno: Yo.

ninguna

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