El origen de los incas: entre el mito y la historia

0. Introducción

Como las historias de origen de las principales culturas del mundo, los incas presentan un relato que tiene un pie en los mitos y otro en hechos históricos. Desde ser reconocidos como hijos del Sol hasta organizar a un conjunto de ayllus en forma de confederación, son elementos que están presentes en los relatos sobre el origen de esta cultura de gran influencia y en territorio andino y, para algunos, quizá más allá. Pero ¿quiénes fueron los incas?, ¿cuál es su origen real?, ¿es posible reconstruir una historia a partir de los mitos y de la información histórica encontrada? Estas preguntas serán resueltas en el siguiente informe.

Resumen

-Los incas eran la élite gobernante de las principales regiones de los andes centrales al momento en que llegaron los españoles.

-El origen del término es oscuro pero nos habla de un origen altiplánico, de la zona del lago Titicaca al sur del Perú y de actividades asociadas a la construcción de caminos y de andenes.

-En todos los mitos sobre el origen de los incas se hace referencias al lago Titicaca. En un relato, son dos hermanos y esposos a la vez los que emprenden el viaje hacia el norte del lago. En un segundo relato, son un grupo de hermanos y hermanas que inician esta travesía.

-A partir de esta información, los historiadores han construido un relato sobre su origen: los incas fueron el linaje sacerdotal de una etnia de la cultura puquina, los taipicala, que emprendió una peregrinación de largos años hacia el norte desde el Lago Titicaca por acción de invasiones provenientes desde zonas australes.

-La misma ruta tuvo varias paradas y duró según algunos historiadores como Gary Urton entre 70 y 100 años en un proceso complejo de guerras, invasiones y establecimiento de vínculos.

 

1. Quiénes fueron los incas

 

 

1.1 Realeza en el horizonte tardío

 

 

Tradicionalmente, <Inca> es sinónimo de gobernante. En un primer momento, se le denominó así al soberano que regía en los territorios del curacazgo del Cuzco: un tipo de organización basada en villas guiadas por la figura de un curaca. Esta forma de organización surge en el siglo XIII en el valle del Río Vilcanota, en el actual departamento del Cuzco. En un segundo momento, la palabra <inca> remite al líder del Tawantinsuyo, específicamente, desde la época de la reorganización expansionista emprendida por Pachacutec.

La primera aparición del término /inca/ con sus variantes <ynga>, <inga>, <ynqa> e <inca> tiene lugar en una ordenanza del 26 de mayo de 1534. En esta, Francisco Pizarro prohíbe a sus encomenderos lo siguiente:

«q(ue) no an de […] hazer lo q(ue) el dho. caçique Tupa Inga  [= Manco] ques el señor prinçipal de toda la tierra […] les mandare sino a los d(ic)hos sus amos porq(ue) si esto […] se les hiziese entender e dixere abria mucho escandalo entre los d(ic)hos. naturales y el d(ic)ho caçique Tupa Inga a quien an obedesçido» (Lohmann Villena, 1986: 150)

Pizarro parece entender que <Tupa Inga> es el nombre del cacique, como un nombre propio. El término reaparece un año después en 1535 en documentos donde los hermanos Pizarro se refieren a <Manco Inca>. Al parecer, desde ese momento se advierte que es un compuesto y se reconoce al término <Inca> como sinónimo de rey.

El vínculo entre la palabra <inca> y gobernante no ha entrado en discusión desde que se instauró en la Colonia temprana. Sin embargo, hay dos elementos que sugieren que quizás esta interpretación contiene más información por identificar. El primer elemento es que se puede encontrar la idea de un “Sapa inca”, es decir un inca por encima de otros. Esto daría cuenta de que es una asociación de personas, dentro de la cual, uno resalta por encima de los demás. En otras palabras, habrían varios Incas. No obstante, uno de ellos estaría por encima de los demás. Si fuese de manera contraria, no habría necesidad de usar el adjetivo “Cápac” o “Sapa”.

En segundo lugar, está la evidencia de que existiesen pruebas para acceder al cargo y no ser una línea que se hereda únicamente por parentesco. Se sabe que estos candidatos a sapa inca pasaban por entrenamiento físico y debían mostrar destrezas militares.

Ambas ideas, propias de los relatos clásicos sobre estos personajes no suelen revisarse con cuidado. Para el investigador francés Cesar Itier implican que era un cargo que exigía preparación, evaluaciones, es decir, no era un cargo que se heredara de manera directa.

En este punto, el examen de término mismo adquiere relevancia. Primero, sobre cómo se usaba en la Colonia temprana y luego qué puede significar a la luz de investigaciones actuales. Eso haremos a continuación.

En nuestro siguiente apartado, revisaremos las dos teorías más importantes sobre el origen de este término para así dar luces sobre su origen y características asociadas.

 

1.2 Sinónimo de abundancia y una casta de constructores

 

 

En la actualidad, existen dos perspectivas sobre el término y, con ellas, sobre el origen de este grupo de gobernantes. La primera versión actual es de Rodolfo Cerrón Palomino, investigador en lingüística andina de la Pontificia Universidad Católica del Perú; la segunda, del ya mencionado filólogo francés, César Itier. En la primera, Rodolfo Cerrón Palomino postula que la forma <inga> e <inca> provienen de la forma /inqa/. Esta forma se puede encontrar actualmente en las zonas altas del Cuzco con la pronunciación de [enqa] y su significado está asociado con ciertos amuletos rituales que proporcionan abundancia y prosperidad.

 

Esta información proviene de las investigaciones de Max Uhle de 1920, luego respaldada por las investigaciones de Jorge Flores Ochoa en los años setentas del siglo XX. Estos autores encuentran en el uso ceremonial de los pastores de camélidos de los habitantes de Sicuani, zona alta del Cuzco, términos como <enqa>, < enqaychu> y <khuya rumi>. Estos nombres hacen referencia a seres abstractos relacionados con la deidad “illa”, vinculada a la luminosidad del rayo y del Sol.  Estos, además,  son seres sobrenaturales que median entre lo divino y lo humano.

 

<Enqa> es representado como una piedra ovoide pulida y tiene el valor de generador de vida, origen de bienestar y proporcionador de abundancia del ganado; los <enqaychu> son piedras más pequeñas de colores claros y oscuros; y la <khuya rumi> es una piedra de color claro. Ahora bien, Cerrón Palomino encuentra que <enqa> proviene de /inqa/, la forma que él sugiere original para el término. Este vínculo se sostiene porque la vocal  [i] se vuelve [e] por acción del sonido [q] en boca de los quechua hablantes de la variedad cuzqueña. En consonancia con Flores Ochoa, ambos autores proponen que estas piedras serían representaciones simbólicas de los incas remotos. Así, <enqa>, como advertimos sería el /inqa/ y la <khuya rumi> sería la /qoya rumi/, la esposa del inca. Asimismo, Cerrón Palomino reconoce que <enqaychu> sería /inqa ayllu/ o el “ayllu o linaje del inca”  advirtiendo un cambio de la /ll/ a la /ch/. Este cambio en la pronunciación es recurrente en el quechua de territorios donde antes se hablaba la lengua puquina, de origen altiplánico y considerada la lengua de los primeros incas. Sumado a esta idea, hay que considerar que estas piedras proceden de los glaciares y lagunas de manera similar a los mitos de los fundadores del tawantinsuyo. Esta indagación, si bien no nos da un significado claro del término, si no advierte su origen puquina y no quechua, como marco para su esclarecimiento.

 

La segunda interpretación actual del término es de César Itier. Según este autor, <inka> proviene delsufijo quechua [-nka] que significa “a cada” o “de cada” que se usa con expresiones de número. El sufijo es real, ya que se encuentra consignado en el primer diccionario de quechua realizado por Diego Gonzales Holguín en el año 1608 y puede encontrarse en términos numéricos como “waranka” con el valor de “mil”. Término que antes de fusionarse pudo significar “a cada uno mil” y luego unidad de mil. Lo que desarrolla luego Itier es más especulativo: plantea que este término hacía referencia, cuando se usaba como palabra y no como sufijo, a un grupo de personas que no pertenecían a ayllus específicos, separados de este sistema,  y que se ganaban la vida haciendo andenes y aplanando la tierra. Esto último interpretando una posible influencia de la cultura huari en este grupo al ser dos atributos de este grupo étnico y características del dios que estos veneraban.

 

Lo que podemos indicar es que el término es oscuro de dilucidar. Pero hay información llamativa en ambas versiones, siendo la de origen puquina la que mejor se condice con la información de origen más conocida, es decir, la que habla de una migración ya sea de un grupo de hermanos o de dos hermanos desde el sur. Así esta sería la lengua traída por los primeros incas procedentes del sur, como relatan los principales mitos. En este sentido,<Inca> hace referencia a una grupo de personas que provienen desde el sur. Es más, para abonar esta hipótesis hay que tomar en cuenta que los nombres de autoridades como Cápac son de origen puquina. Ahora bien, sea cual haya sido su significado inicial, el mismo pasó a representar, como apunta Cerrón Palomino en su interpretación,  bienestar y abundancia por el tipo de gobierno que llevaron a cabo. Por otro lado, si bien la interpretación quechua del término no tiene fuerte sustento sí podemos tomar en cuenta que la creación de andenes y el aplanamiento de caminos fue una actividad realizada por ellos y que le ganó respeto entre los otros ayllus del Cuzco y en territorios relacionados.

2. Cuál es su origen: dos mitos y un acercamiento histórico

 

 

 

2.1 Mito de Manco Cápac y Mama Ocllo

 

 

Esta versión de la leyenda fue recopilada por el Inca Garcilaso de la Vega en su obra Los comentarios reales de los incas” de 1609. En esta versión del relato, Manco Cápac y Mama Ocllo, hijos del dios Sol, salieron de las profundidades del lago Titicaca y tomaron rumbo al norte del lago. Dentro de este relato, se le denomina “pacarina” al lugar sagrado desde donde provienen las divinidades andinas. El lago cumple esta función.

 

Estos dos personajes llevaban consigo una vara de oro, obsequio de su padre Sol. Este artefacto al hundirse en la tierra identificaría terreno fértil y el lugar donde se fundaría su ciudad principal. Dicha vara se hundió en el cerro Huanacaure, en la actual provincia de Cuzco en el distrito de Paruro. La pareja decidió permanecer ahí. A los habitantes de aquellas zonas les informaron que fueron enviados por el dios Inti, el dios principal de la mitología incaica y la representación del Sol mismo. Estos personajes procedieron a enseñarles el cultivo de la tierra y el tejido. De ese modo se iniciaría la civilización incaica.

 

2.2 El mito de los hermanos Ayar

 

 

Esta versión fue recopilada por seis cronistas tempranos: Juan de Betanzos, Felipe Guamán Poma de Ayala, Pedro Cieza de León, Juan Santacruz Pachacuti y Pedro Sarmiento. Esto le otorga un tono más fiel y cercano a las tradiciones andinas que a los criterios europeos del Inca Garcilaso de la Vega, quien, como se sabe en la actualidad, reescribe el mito desde una perspectiva europea y bajo los patrones de narraciones occidentales. Un ejemplo de esto último es pasar de un grupo de hermanos a una pareja primordial, muy similar al génesis bíblico, para relatar el origen de la civilización inca.

Según esta otra versión del mito, la historia se inició en tres cuevas ubicadas en el cerro Tamputoco llamadas Maras Toco, Sútic Toco y Cápac Toco; de las cuales salieron tres grupos de personas, lo que luego se conocería como ayllus, llamados Maras, Tampus y Ayar. Hay que tomar en cuenta que tanto las cuevas como el lago funcionan como lugares de origen sagrado. El nombre quechua para estos lugares es pacarina para las cuevas o lugar de origen y huaca para el lago, el último con mayor jerarquía ritual.

Los hermanos Ayar, procedentes de la tercera cueva, eran cuatro varones y cuatro mujeres. Los varones eran Ayar Uchu, Ayar Manco, Ayar Cachi y Ayar Auca. Uchu corresponde al ají, Manco a un cereal o quinua salvaje y Cachi a la sal; la onomástica a estos tres nombres nos da a entender que se vinculan con un culto por los productos de la tierra. Auca, en cambio, hacía referencia a la actitud guerrera. Estos cuatro hermanos iban acompañados por sus hermanas Mama Ocllo, Mama Rahua, Mama Ipacura o Mama Cura y, finalmente, Mama Huaco.​ Esta descripción es un relato organizado de lo propuesto por los cronistas. En la actualidad se discute mucho sobre el vínculo simbólico de estos personajes y los productos o actitudes mencionadas. Principalmente, porque estas interpretaciones surgen al forzar su traducción desde el quechua. Es de esperar que estos nombre adquieran mayor sentido si la traducción se realizase desde el puquina: lengua propia de los incas primigenios según las más recientes investigaciones. Sobre esto realizaré una nota próximamente.

Los ocho hermanos iban junto a sus ayllus buscando donde asentarse con dirección de sur a norte. En su camino, realizaron labores agrícolas y cosechas. Al terminarlas, partían a otros territorios en la misma dirección. Primero, hicieron su paso por Guaynacancha, en la actual provincia de Paruro, ahí Mama Ocllo quedó embarazada de Ayar Manco. Luego avanzaron a Tamboquiro, en donde nació Sinchi Roca. Posteriormente llegaron a Pallata y de ahí a Haysquisrro. Estos viajes duraron varios años.

En Haysquisrro, conspiraron contra Ayar Cachi por miedo al poder que ostentaba, ya que podía derribar cerros y formar quebradas con el tiro de su honda. Los hermanos le pidieron que regresara a Tambotoco para recoger los vasos ceremoniales de oro, llamado “topacusi”,  y la insignia llamada “napa” y unas semillas. Una vez adentro, un enviado llamado Tambochacay lo encerró dentro de la cueva.

Luego continuaron su viaje hasta Quirirmanta, en donde oficiaron un consejo decidiendo que Ayar Manco sería el jefe. Pero antes debía casarse con Mama Ocllo; en tanto que Ayar Uchu tendría que petrificarse y transformarse en una huaca que se llamaría Huanacauri, con este acto Ayar Uchu se convertiría en un ser sagrado. Esta idea es interpretada como el establecimiento de este ayllu en un territorio donde se construye una ciudad o asentamiento importante.

El viaje continuó hasta Matagua realizando por primera vez el huarachicuy, ceremonia que da cuenta de la mayoría de edad de los participantes por la entrega de una prenda, específicamente, un taparrabo. Luego le hicieron orificios ornamentales en las orejas a Sinchi Roca. En este punto del trayecto, Mama Huaco, probó suerte y lanzó dos varas de oro, una cayó en Colcabamba pero no logró penetrar el suelo; la otra cayó en Guaynapata hundiéndose suavemente. Sobre este acontecimiento, otros autores atribuyen a Ayar Manco el lanzamiento de la vara de oro, pero todas coinciden que fue en Guaynapata donde se hundió el bastón fundacional.

Después de eso hubo varios intentos de llegar al lugar donde se hundió la vara, pues eran repelidos por los naturales, hasta que Ayar Manco tomó la decisión de enviar a Ayar Auca para que se adelantara con su ayllu y poblase esa tierra. Recuérdese que este hermano simboliza en el relato el espíritu de guerra. Al llegar a ese lugar, Ayar Auca se convirtió también en piedra, en el sitio que posteriormente sería el Coricancha. Luego de varios enfrentamientos con la población local, Ayar Manco y Ayar Uchu llegaron hasta el lugar y tomaron posesión de este, desde ese momento Ayar Manco pasa a llamarse Manco Cápac​

3. Una migración histórica desde el sur

 

Una vez revisados los dos principales relatos, procedemos a realizar una reconstrucción de los hechos. La idea es extraer el contenido histórico del alegórico.

 

La explicación histórica fue propuesta por Valdemar Espinoza. Para él, los motivos de la migración hacia el norte del lago y de ahí hacia el norte de Bolivia rumbo al Perú son por acción de violentas invasiones provenientes desde el sur.  Según este autor,  el estado de habla puquina, denominado comúnmente Tiahuanaco, fue asaltado e invadido por oleadas humanas procedentes de Tucumán y de Coquimbo, Argentina y Chile actuales respectivamente.

Antes de continuar, hay que comentar un poco sobre la lengua puquina. Esta lengua es una actualmente extinta del altiplano, hablada antiguamente en las costas del lago Titicaca. La misma está asociada a la cultura Chiripa, Pucará y Tiahuanaco. Por su ubicación geográfica, está vinculada con la lengua de los incas primigenios que migraron desde este territorio hacia el Cuzco. Dos razones más dan cuenta de este vínculo: la lengua de los kallawayas y con los catecismos de Luis Jerónimo de Oré. Los primeros son un conjunto de médicos nómades de la zona sur ya mezclados con elementos quechuas. Los segundos son un conjunto catecismo escrito por el jesuita Alonzo de Barrera, publicado en Lima en el año de 1594, transcrito en el “Manuale Peruanum” del padre Luis Gerónimo Ore, impreso en Nápoles en 1607, según el ejemplar encontrado en la Biblioteca Nacional de París.​

De un total de 140 parroquias en el obispado de Charcas hacia el año 1600, 20 de ellas incluían población indígena que hablaba la lengua puquina. Su número en estas parroquias era suficiente como para requerir que el cura párroco conociese el idioma. Solo una parroquia —compuesta por dos pueblos, Coata y Capachica —, estaba habitada exclusivamente por hablantes de lengua puquina. Esta se ubicaba en la provincia de Paucarcolla​ en el actual Departamento de Puno. Ambos pueblos formaron parte de la extensión territorial del Reino Colla, encontrando su antecedente cultural más antiguo la Cultura Pukara, pueblo que habría dado origen al puquina.

Estas invasiones se dieron de forma repentina y violenta, y no dejaron tiempo para dar resistencia. El grupo que migra por la violencia de los invasores es la etnia de los taipicalas. Casi la totalidad, la élite Hanan taipicalas fueron aniquilados y los hurin taipicalas, élite sacerdotal, lograron huir y refugiarse en las islas del lago Titicaca. Luego de allí avanzaron las etnias de los huallas, alcahuisas, sahuaseras, antasayac, lare, poque, pinaguas y ayamarcas rumbo al norte en el mismo éxodo.

Estas fueron encontrando diversas resistencias a su llegada. Para superar dicho conflicto, la élite puquina realizó múltiples estrategias: la transmisión de tecnología, la creación de canales, compartir semillas, etc. Una de ellas fue la alianza matrimonial. Esta permitió crear poco a poco una confederación de estados y, por último, en un gran imperio andino.

 

4. Algunos comentarios sobre ambos relatos

 

 

Revisemos primero lo que hay de historia en los mitos, para luego construir una versión que organice la información conocida.

 

Por un lado, sobre la leyenda de la pareja fundacional, Manco Cápac y Mama Ocllo, sabemos que su construcción es posterior a la toma de poder por parte de Pachacútec. Es decir, cuando se da el paso de un grupo de ayllus confederados a una organización más compleja. Lo que se busca con este relato es relacionar una huaca pan-andina como el lago Titicaca, con la fundación del Cuzco como el centro de un imperio en expansión.

Garcilaso toma este mito migratorio y acentúa la idea de una pareja, al mismo estilo de Adán y Eva, que se desplaza para civilizar a pueblos bárbaros enseñándoles nuevas tecnologías. Este maquillaje presupone que previo a este viaje, el mundo andino estaba en la edad de piedra. Actualmente, se sabe que el área central andina poseía amplios avances tecnológicos difundidos por las culturas Chavín, Huari, Chimú y Tiahuanaco. Estos ya eran de conocimiento de los pequeños pueblos que habitaban la zona del Cuzco​.

El relato de los hermanos Ayar, por otro lado, nos muestra, a diferencia del primer mito comentado, a un hombre guerrero llamado Ayar Auca y a una mujer guerrera con el nombre de Mama Huaco, dando una visión distinta a la de Garcilaso, en donde el rol femenino está dedicado al tejido, la cocina y el cuidado de los infantes; este mito, en cambio, narra un hecho ocurrido durante una de las tantas batallas para posesionarse del Cuzco, en la que Mama Huaco hiere a un hombre luego le abre el pecho y sopla sus pulmones, haciendo que la gente de Acamama huyera temerosa. Para Rostworowski, esta figura es el segundo arquetipo de mujer en el mundo andino y que podía cumplir sin problemas los roles de general o gobernante.

Si bien ambos mitos narran un éxodo poblacional buscando tierras fértiles, solo el mito de los hermanos Ayar narra la petrificación de personajes y este último relato es muy recurrente en otras etnias del área central andina. Para María Rostworowski y para Gary Urton, no solo cada hermano es un ayllu completo, sino que la figura de la petrificación simboliza el establecimiento de ciudades, fuertes u observatorios militares. Esto quiere decir que las organizaciones sociales estaban basada en parentesco. El nombre que llevan estas organizaciones son ayllus.

Otro elemento recurrente, son las cuevas. Las mismas han sido rastreadas desde los primeros años del siglo XX.  En 1912, Hiram Bingham comisionó a George Eaton para ubicar las ventanas de Tambotoco, pacarina mencionada en el relato, teniendo en cuenta que todavía existe el poblado de Pacarictambo. La búsqueda de Eaton fue improductiva porque no encontró las cuevas. Luego en 1945, Jorge Muelle, Luis Llanos y César Lobón recorrieron Mollebamba buscando el sitio de Guaynacancha (en el distrito de Pacarictambo), ahí asoció un grupo de cavernas cerca del peñón de Puma Orqo con las cuevas de Tambotoco. Posteriormente, Gary Urton aportó investigaciones sobre el poblado de Pacarictambo, afirmando que fue trasladado en tiempos de la colonia y que era muy posible que su ubicación original hubiese sido cercano a las ruinas de Maukallajta, cercana al sitio encontrado por Muelle, Llanos y Lobón en 1945​.

5. Lugar de origen: una ruta con varias paradas

Fuera de estos aspectos relevantes, un resumen histórico iría así:

La primera etnia inca en Cuzco era una caravana de inmigrantes llegados del reino Tiahuanaco, ubicado en el altiplano, principalmente en las costas del lago Titicaca. Este estado organizado de habla puquina fue invadido y asaltado por oleadas militares procedentes del sur, específicamente de Tucumán, al norte de Argentina, y Coquimbo, al norte de Chile. Dichos invasores serían, para Espinosa Soriano, la etnia conocida como los aimaras. Valga comentar que dicha etnia no necesariamente eran hablantes de esta lengua inicialmente como vimos en esta nota.

No se sabe qué motivó a los aimaras a buscar tierras al norte y desplazar violentamente a los tiahuanaco. Es muy probable que hayan sido drásticos cambios climáticos, principalmente sequías y pérdida de producción agrícola. Existen evidencias de un prolongado periodo de sequía que duró desde el año 900 d. C. hasta el 1200 d. C. en los Andes centrales. Esto, si bien representó falta de agua en algunos territorios, pudo representar intensas lluvias en otros. Con eso último se explicaría el vínculo de los personajes mitológicos con la idea de un diluvio y los glaciares como en los ritos de las zonas altas del Cuzco. La otra hipótesis es la invasión de otros pueblos. Lo que sí es concreto es que los aimaras atacaron de un momento a otro.

Hay evidencias arqueológicas descubiertas por Francis de Castelnau en 1845 y confirmadas por Max Uhle en 1920, que Tiahuanaco fue atacado cuando esta estaba poblada pues se hallaron construcciones sin completar, como es el caso de la puerta del sol.

Frente a la amenaza de los aimaras, la aristocracia taipicala, la sección de la sociedad de donde salen el linaje inca, junto a sacerdotes y algunos ayllus buscaron refugio al noreste, navegando por las aguas del lago Titicaca. Estos se reubicaron en una de las islas del lago y en territorios no tan lejanos de su foco inicial.  Allí se establecieron unos años. Luego de este tiempo, los aimaras invasores alcanzaron estabilidad en el altiplano andino y los Taipicala retomaron su ruta migratoria. De ahí en adelante, los taipicalas partieron de las costas lacustres de Puno para dirigirse hacia el Oeste en un largo éxodo.

En este punto del viaje, surge la primera desavenencia de los hermanos con Ayar Cachi. Al parecer, este hecho se relacionaría con el desalojo de los migrantes sureños en el territorio de Tamputoco. Ante el desalojo de los tamputoco, el líder Manco Cápac formó un grupo humano que constaba de, aproximadamente, diez familias y se dirigió a Huanacancha. En este lugar toma como esposa a Mama Ocllo y se establecen unos años.

El pequeño reino de Pallata fue la próxima parada de Manco Cápac y su grupo. Aquí Sinchi Roca, hijo de Manco Cápac, celebró su primer corte de cabello en una ceremonia llamada rutochicu. Manco Cápac contrajo matrimonio con Mama Ocllo y tuvo otras esposas más.

 

6. Cómo llegaron a establecerse en el poder

 

Tras hacer una parada en el pequeño reino de Pallata, Manco Cápac y su pequeño ejército atacaron a las comunidades que habitaban el valle del Cuzco, y al ver sus excelentes condiciones de buen clima y suelos fértiles, decidieron establecerse allí. Más tarde Manco Cápac atacaría algunas comunidades aledañas, provocando así el temor de otras que cedieron voluntariamente algunas parcelas más. Una vez tomado el valle, se prosiguió a formar alianzas con las comunidades aledañas y opositoras mediante matrimonios de sus jefes con las mujeres taipicalas.

Sin embargo, esto no bastaba, su estabilidad en el Cuzco se hacía difícil por los constantes ataques recibidos por otras etnias cercanas que querían expulsar a estos invasores. El señorío más grande era el de Ayamarca, cuyo tamaño ejercía un gran dominio incluso en lo que era el valle del Cuzco. Más tarde, esta pequeña comunidad llamada Taipicala, sería llamada Inca.

El indoeuropeo: la madre de las lenguas europeas y asiáticas

Introducción 

En 1860, Charles Darwin introdujo la idea de la evolución basada en el mecanismo de la selección natural. Esta idea no solo fue revolucionaria frente a las explicaciones que provenían de la fe, sino por introducir la idea de que las especies pueden cambiar en el tiempo a través de la herencia de características de padres a hijos. Esta idea fue tan poderosa en influencia que rápidamente fue adoptada en otras áreas. Una de ellas fue el estudio de las lenguas. Bajo la influencia de Darwin, se potenció la idea de que las lenguas también tenían historia, evolucionaban en el tiempo y que, además, era posible establecer parentesco vía comparación. Así surgió y se consolidó la lingüística histórica comparativa. Con ella se buscó establecer filiaciones entre lenguas al igual que la biología lo hacía entre las especies. El camino de reconstrucción de estas familias de lenguas llegó tan lejos que se postuló la existencia de una lengua madre para la gran mayoría de lenguas europeas y asiáticas: el indoeuropeo. Pero, ¿qué es el indoeuropeo?, ¿existió realmente?, ¿quiénes la hablaron?, ¿existe alguna lengua más allá de esta supuesta lengua madre? En la siguiente nota resolveremos estas preguntas.

Resumen

-El indoeuropeo es la lengua reconstruida postulada como madre de la mayor cantidad de lenguas habladas en Europa y Asia.

-Como no es posible encontrar hablantes de esta lengua en la actualidad, se llega a ella mediante un método fuertemente inspirado en las teorías de Darwin: el método histórico comparativo.

-Este método encuentra elementos en común entre las lenguas actuales y las reconstruye proponiendo vínculos previos. Por ello se dice que el indoeuropeo es una lengua reconstruida: un objeto creado dentro de la filología antes que una lengua real en el mundo. Pero nos da idea de cómo se habló y sobre todo de qué cosas hablaban estos supuestos pobladores primigenios.

-Esta lengua reconstruida nos permite ver cómo fue su gramática y de qué hablaban dichas personas. Si bien se reconstruye más desde la fonética y las similitudes de los sonidos, nos deja en claro que fue una lengua de morfología con flexión parecida al castellano, usaba género gramatical y su mecanismo de construcción era de juntar sufijos principalmente.

-Por el lado de la cultura, podemos saber sobre su estructura social, la fuerte presencia del dominio paterno, una cultura de la propiedad privada por acumulación de riqueza. También podemos saber sobre su agricultura y el tipo de animales que domesticaron. En esta misma línea, conocemos sobre los materiales que usaban, sus técnicas de construcción y sobre su religión.

-El método comparativo permitió llevar el asunto de la reconstrucción incluso más lejos. Al tener ya reconstruido al indoeuropeo, se comparó con su par africano y americano. Con ello se postuló la posible lengua madre de todas, o mejor dicho la abuela de todas, el nostrático.

 

Qué es el indoeuropeo

Indoeuropeo es el nombre de una familia de lenguas y también de la lengua hipotética de la que desciende esta familia. Las lenguas indoeuropeas, antiguamente llamadas lenguas indo germánicas, se hablan actualmente en casi todo el continente europeo y en algunos lugares de Asia, como la India. Esta es la razón del nombre que lleva. Muchas de estas lenguas fueron llevadas más allá de estos territorios por efecto de la colonización europea. Por ello, también se hablan en América. El español y el inglés son parte de esta familia. La unidad de las lenguas indoeuropeas reside en la historia de la familia que se ha podido reconstruir gracias al método histórico-comparativo dentro del estudio de las lenguas. Hablaremos sobre él líneas más adelante.

 

La familia lingüística indoeuropea es la más grande del mundo: comprende la mayor parte de los idiomas de Europa, América y Asia. Incluye los dos gran idiomas del mundo clásico: el latín y el griego; las lenguas germánicas como el inglés, el alemán, el holandés y el sueco; las lenguas romances como el italiano, el francés, el español y el portugués; las lenguas celtas como el galés y el gálico; las lenguas eslavas como el ruso, el polaco y el checo; las lenguas bálticas; las lenguas índicas y varias otras. Dentro del continente europeo, sólo el vasco, el finlandés, el estonio, el húngaro, el turco y algunos idiomas de Rusia no pertenecen a esta familia. Fuera de ellos parece que todos los mencionados han descendido de un solo idioma.

En la actualidad, esta familia lingüística es la más amplia de la humanidad con 150 idiomas en uso, 1200 millones de personas usando las de rama indoirania, 950 millones las románica. Así, el 45% de la población mundial es hablante de lenguas indoeuropeas.

Cómo se descubrió el indoeuropeo: el método histórico comparativo

Esta lengua originaria se ha podido reconstruir por el método comparativo. Este método es un procedimiento para identificar similitudes léxicas y fonéticas en las lenguas con el objeto de estudiar el parentesco entre ellas y, como paso seguido, reconstruir la protolengua que dio lugar a las lenguas comparadas en el procedimiento. El método es aplicable cuando nos encontramos con dos o más lenguas entre las que se supone existe cierta relación genética, es decir, provienen de una misma lengua. El método es capaz no solo de mostrar cómo era el antecesor común de dichas lenguas, sino también el grado de cercanía entre las diferentes lenguas y, por tanto, la secuencia de diferenciación de las lenguas de una determinada familia de lenguas. Como se mencionó anteriormente, recibe una fuerte inspiración de las ideas de Darwin sobre las especies naturales.

En el indoeuropeo se asume que si una palabra similar aparece en la mayoría de los idiomas modernos de esta familia, dicho concepto ya existía en el idioma indoeuropeo original. Por otra parte, se asume que si una palabra varía de idioma a idioma, tal concepto ha sido creado posteriormente.

Esta metodología permite reconstruir de forma esquemática idiomas con hasta 3000 años de antigüedad. No parece que sea útil para lenguas más antiguas por la falta de datos. Aun así, el sistema tiene algunos fallos. Por ejemplo, no hay duda de que las lenguas románicas vienen del latín. Además, en sus formas modernas, presentan estrategias similares para construir oraciones, pero solo una, el rumano, mantiene declinaciones y un sistema de caso más cercano al latín clásico. El método por sí solo no puede explicar esta divergencia: hay factores externos que también juegan un rol en la evolución. Hasta en esto hay similitudes con el método de Darwin.

En el siglo XVIII, el misionero francés Gaston-Laurent Coeurdoux llegó a la India y aprendió el sánscrito con cierta profundidad. Mediante este trabajo pudo establecer la relación de esta lengua, primero con el latín y el griego, y luego con el alemán y el ruso. Si bien las similitudes son innegables, no fue hasta la aparición en escena del inglés Willian Jones, uno de los más prestigiosos filólogos de la época, que las teorías de una lengua madre de todas estas tomarían fuerza. Este investigador postuló la existencia de un ancestro lingüístico común entre el sanscrito, el latín, el griego y el persa. En un orden secundario, también identificó vínculos con lenguas celtas y con el gótico, lenguas de la familia germánica.

Como vimos, a este ancestro en común se le denominó indogermánico. Sin embargo, este nombre no gozó de mucho éxito por el fuerte nacionalismo alemán y se optó por el de indoeuropeo.

Si bien surge como un concepto filológico,  el concepto de indoeuropeo pasó a aplicarse también a los pueblos históricos que originariamente hablan esas lenguas (pueblos indoeuropeos), a su sociedad (sociedad indoeuropea), a su religión (religión indoeuropea) y a su cultura (cultura indoeuropea). Este era un trabajo de comprensión cultural a partir de una reconstrucción lingüística.

 

De dónde vienen casi todas las lenguas de Europa

El método histórico comparativo ha sido sumamente exhaustivo con la antigüedad de las ramas de lenguas indoeuropeas. En esta línea, ha establecido una cronología de antigüedad de familias yendo de lo más antiguo a lo más reciente: anatolia, indo-irania, helénica, itálica, céltica, germánica, armenia, tocaria, báltica, eslava y albanesa. Estas serían las grandes familias desde donde desciende otras más recientes y más conocidas. Por ejemplo, de la itálica provendría el latín y de este las lenguas romances como el español, el francés y otras lenguas romances. Asimismo de la germánica proviene el alemán, el inglés y el sueco.

 

 

 

Una división de las lenguas útil es entre europeas y asiáticas. Entre las primeras tenemos la helénica (griego), la itálica (español, francés, portugués, italiano, rumano…), la céltica (bretón, irlandés, escocés, manés, cornuallés, galés), germánica (inglés, alemán, sueco, neerlandés…), la armenia (armenio), la báltica (lituano, letón), la eslava (serbio/croata, checo, polaco, ruso…) y la albanesa (albanés). Entre las segundas están la anatolia (hitita), la indo-irania (hindi, sánscrito, persa…) y la tocaria (tocario).

 

Quiénes la hablaron

Hay varias teorías de quiénes hablaron originariamente el indoeuropeo: la hipótesis armenia, la hipótesis de los kurganes, la india, la escandinava y la anatolia, entre algunas más. Además, cada lugar lleva implícita una cronología de la lengua diferente. Ahora bien, se acepta, en general, que el protoindoeuropeo comenzó a fragmentarse a partir del -3000 en diferentes idiomas surgidos de este original.

La más aceptada entre todas ellas es la hipótesis de los kurganes, de la lituana-estadounidense Marija Gimbutas. La arqueóloga situó el origen de la lengua indoeuropea en un área que abarca las estepas del sur de Ucrania hasta el norte del mar de Aral en el norte del Cáucaso. Ahí surgió la cultura de Yanma, que se postula como la más seria candidata a ser el pueblo que hablaba protoindoeuropeo.

Mediante el estudio de las palabras dentro de la lengua indoeuropea se ha buscado inferir aspectos de su cultura. Por ejemplo, en su lengua se encuentra la raíz *dema- que significa casa. En griego, tenemos “despotes” que significa “señor de la casa” y en latín “dominus” que es señor de la casa también. Algunos estudios sugieren que los indoeuropeos vivieron en organizaciones familiares con una fuerte figura paterna. También tiene raíces como *peku- que significa riqueza, lo cual sugiere un sistema capitalista de propiedad, en la agricultura tiene *agro y *gramo, como campo y grano, lo que nos habla de su faceta de cultivadores.

Los indoeuropeos vivían en una región fría del norte, más cercano al bosque que al agua; criaban animales como ovejas, perros, vacas y caballos; reconocían al oso y al lobo como animales salvajes y el único metal que conocían era el cobre.

Ya en contraste con aspectos arqueológicos, se cree que la civilización indoeuropea se desarrolló en Europa del Este alrededor de 3000 a.c. Se desintegró unos 500 años más tarde; la gente abandonó su tierra materna y emigró hacia Grecia, Italia y llegó a su tope Norte en las islas británicas. Otro grupo fue hacia Rusia, mientras que otro atravesó Irán y Afganistán llegando hasta la India. Dondequiera que se establecieran los indoeuropeos, conquistaron a la población nativa e impusieron su idioma. Se asume que debieron ser una civilización  muy poderosa.

El nostrático: la abuela de todas las lenguas

El método comparativo permitió llevar el asunto de la reconstrucción incluso más lejos. Al tener ya reconstruido al indoeuropeo, se comparó con su par africano y americano. Con ello se postuló la posible lengua madre de todas, o mejor dicho la abuela de todas, el nostrático.

Esta macrofamilia fue propuesta por el lingüista danés Holger Pedersen que defendió el parentesco genético entre estas lenguas en 1903 usando el término latino nostrates que significa “compatriotas”. La reconstrucción del proto-nóstrático fue intentada independientemente en los años 1960 por dos lingüistas rusos, Vladislav Ílich-Svítych y Arón Dolgopolski, y posteriormente fue revisada por Allan R. Bomhard. Esta investigación cuenta actualmente con unos pocos centenares de cognados o elementos comunes, muy poco para tomar en cuenta dicha hipótesis como verdadera. Aunque no deja de ser llamativo que se puedan encontrar elementos comunes entre lenguas tan lejanas. Sin embargo estos datos se han criticado ampliamente. Esta macrofamilia está lejos de ser aceptada como un grupo de lenguas genéticamente emparentadas, como, mayoritariamente suele ocurrir con la existencia del indoeuropeo. Actualmente, en una versión más moderada, se conoce como hipótesis nostrática a varias hipótesis que conjeturan relaciones de largo alcance entre el indoeuropeo y otras lenguas de Eurasia (e incluso América del norte).

 

Aimara: origen de la lengua y origen del nombre. Algunos nuevos apuntes sobre el tema

Introducción

La lengua aimara constituye la segunda lengua andina con mayor difusión en el territorio sudamericano. Fue también la segunda hablada por los incas históricos, luego del puquina, y antes de utilizar el quechua como lengua general. Sin embargo, su estudio suele quedar relegado por sus características léxicas y, sobre todo, por una compleja morfofonolgía. Las investigaciones actuales han revelado hechos que hasta hace poco no se conocían del origen de esta lengua y de su desplazamiento en territorio andino. ¿Cuál es su lugar de origen?, ¿qué significa el nombre aimara?

Resumen

-La familia lingüística aimara está constituida en tres lenguas: por el jaqaru, el cauqui y el aimara. Esta familia cuenta con aproximadamente tres millones de hablantes repartidos en Perú, Bolivia, Chile y Argentina.

-Esta familia lingüística se divide en dos ramas: la central constituida por el cauqui y el jaqaru;  y la sureña constituida en la actualidad por una sola lengua denominada aimara desde época colonial. La primera se habla en la zona de Yauyos, en el departamento de Lima. La segunda, en la zona del Sur del Perú, el norte de Bolivia y el norte de Chile.

-La teoría más aceptada, y contraria a lo que se pensaba tradicionalmente, sobre el foco de origen de esta lengua remite a la zona central del Perú y no en el sur. Desde este lugar se extendió hacia el sur. La evidencia de esto reside en el alto número de nombres de origen aimara repartidos en estos territorios usados para nombrar lugares.

-El significado del nombre “aimara” es aún esquivo para los investigadores. Sin embargo, parece remitirse a tierras de uso comunal repartidas a lo largo del territorio andino, las cuales eran trabajadas en ritos con música y cantos.

La familia lingüística aimara

El aimara suele postergarse en los estudios lingüísticos frente al quechua. Las razones serían dos: no se encuentra vinculada en el imaginario nacional con el pasado incaico y es una lengua de acceso complicado para el aprendizaje. En primer lugar, tradicionalmente se vincula esta lengua con el país vecino boliviano y con la cultura Tiahuanaco. Esta es una visión parcial del asunto ya que, como hemos mencionado en notas anteriores, se sabe que la segunda lengua de los incas fue el aimara. Antes que ellos, el imperio Tiahuanaco y Wari parecen haber sido usuarios de la misma y haberla difundido por casi todo el territorio peruano, incluyendo costa y sierra. Dos ejemplos: el propio nombre Cuzco tiene origen aimara con el significado de “lechuza” y el nombre Lima, la capital del Perú, presenta el sonido inicial modificado como lo tienen todas las palabras con “r” de origen quechua usadas en territorios donde se habló previamente aimara. Este es el motivo del paso de rimac a limac y luego a lima; y de runa-wanay a lunahuaná. Es decir, fue una lengua con una fuerte expansión en territorio del actual Perú antes de la difusión del quechua.

Ahora bien, la misma fue abandonada por los incas. Esto tuvo lugar en el gobierno de Huayna Cápac y fue el momento en que adoptaron el quechua, al parecer, por motivos comerciales. Al llegar los conquistadores españoles, encuentran a los incas hablando quechua y, al ver su alta difusión, la reconocen como “lengua más general”. El adjetivo “más” da cuenta de que existían otras con amplio uso, pero que esta estaba por encima de las otras mayores, a saber, el aimara, el puquina y el mochica.

En segundo lugar, en el aimara se pueden advertir ciertos aspectos complicados para el oído castellano y, con ello, una barrera inicial para su aprendizaje. Por ejemplo, un fenómeno propio de esta lengua es la caída de vocales para advertir la presencia de algún proceso gramatical. Por ejemplo, tenemos el verbo “apa-” que significa “llevar”. A este verbo se le añade un sufijo de segunda persona “-ta” y la marca de objeto también “-ta” produciendo una forma “apa-ta-ta”, pero, por una demanda del nivel oracional, se pronuncia <aptt>. Esto se traduciría como “tú llevas eso”. Este término es de difícil pronunciación para un hablante de castellano. Esta sería una razón, entre otras, por las cuales puede resultar el quechua una lengua más accesible para un hablante foráneo.

El conjunto de estas lenguas constituye una familia lingüística denominada de tres formas distintas por los investigadores en las últimas décadas: familia aru, por el lingüista sanmarquino Alfredo Torero; jaqui, por la lingüista estadounidense Martha Hardman y aimaraicas, por el lingüista de la PUCP Rodolfo Cerrón Palomino.

En esta nota usaremos el último por corresponderse, además, con la forma en que el sacerdote jesuita colonial Ludovico Bertonio, el primer gramático del aimara, utiliza en sus trabajos pioneros sobre esta lengua.

Como comentamos, esta familia está constituida por tres lenguas: el aimara, el jaqaru y el cauqui. La primera ubicada en la zona sur del Perú, Bolivia y el norte de Chile. A esta rama se le denomina también aimara sureño. Las otras dos lenguas se ubican en la zona de Yauyos en el departamento de Lima. A esta rama se le conoce también como aimara central. De esta manera, las ramas sureñas y centrales constituyen la familia lingüística aimaraica.

En la actualidad, contamos con cuatro millones de hablantes de esta lengua: cerca a 1, 462, 286​ en Bolivia; 443, 248​ en Perú tanto en el  sur como en el centro;  41, 000​ en el norte de Chile y 35, 000​ en Argentina. Este último número ha aumentado debido a los fuertes procesos migratorios procedentes de Bolivia.

Origen de la lengua y desplazamientos

Hay dos momentos en las investigaciones sobre el origen de esta familia lingüística. Podríamos denominar al primero como la etapa temprana y al segundo como etapa contemporánea. La primera podemos ubicarla en los años finales del siglo XIX e inicios del XX. Esta etapa está marcada por dos rasgos: el inicio de las investigaciones formales sobre el mundo andino y por el fuerte nacionalismo de los primeros años de vida de los países de sudamérica. Por un lado, es una época donde diversos investigadores, principalmente extranjeros, se interesan en el pasado andino. Es una época de descubrimientos iniciales donde se empezaba a comprender el alcance de estas culturas. Por otro lado, en esta etapa todo elemento que ayude en la construcción de una identidad nacional era fuertemente custodiado. Un elemento de esta naturaleza eran las lenguas que hablaban las culturas identificadas con estos países. Así, por ejemplo, se vinculó al quechua con los incas y el Perú y el aimara con Bolivia y la cultura Tiahuanaco, por ejemplo.

El segundo momento, la etapa contemporánea, corresponde con un perfil científico en el estudio de estas lenguas e inicia desde mediados del siglo XX hasta nuestros días. En esta se cuenta ya con materiales claramente fijados y metodologías de investigación destinadas a validar evidencias con mayor objetividad que en épocas previas.

Revisaremos dos hipótesis de cada uno de estos momentos de manera breve. Paso seguido, trazaremos el trayecto geográfico que han seguido desde su foco de origen hasta los lugares que ocupan las tres lenguas en la actualidad.

En la primera etapa tenemos al viajero y fundador de la lingüística andina Ernst Middendorf quien propuso en 1891 la hipótesis del origen norteño de esta lengua. Según este autor, el aimara tiene un origen centroamericano y se habría desplazado rumbo al sur hasta la meseta altiplánica. Para sustentar su hipótesis usó evidencia lingüística y arqueológica. Por un lado, el investigador alemán alegó que existe un amplio número de nombres de lugares de origen aimara en la zona norte con dirección al sur. Esta hipótesis se vería respaldada por la presencia del enclave lingüístico aimara en Yauyos y por la fuerte toponimia aimara en la zona del Cuzco y derredores. Además, y como acuñó el naturalista italiano Antonio Raimondi en 1864, no son solo dos lenguas de origen aimara en dicha zona, sino ocho distribuidas en Huantan, Carania, Huaquis, Quisque, Cusi, Tupe, Cachuy y Pampas . Sin embargo, su número iba en declive en esta época y era más evidente su presencia en el sur del Perú. Esto daría cuenta de la dirección que siguió la lengua al adentrarse en territorio andino. La evidencia arqueológica para advertir el desplazamiento norte sur es la presencia del dios de las varas en Chavín y en la Tiahuanaco. Esta relación, complicada de explicar aún para la arqueología actual, evidencia la ruta que los nombres de lugares y la cantidad de hablantes ya habría advertido. Esto porque Chavín se reconoce anterior a la cultura Tiahuanaco, pero al presentar la misma deidad, se asumiría un vínculo y una movilización de Chavín hacia Tiahuanaco, del centro hacia el sur.

Ya a inicios del siglo XX, el historiador británico Clements Markham defiende que el quechua presenta mayor presencia en el área andina y que el aimara solo aparece en pequeñas islas en el centro y el sur del Perú. Vale mencionar que estas ideas fueron respaldadas por José de la Riva Agüero con un fuerte ímpetu contra Middendorf, ya que consideraba su hipótesis del origen norteño como extranjerizante, es decir, que reducía la importancia del Perú como cuna de cultura.

Bajo esta idea, otra vez, la diversa toponimia aimara y la isla del aimara central serían producto del desplazamiento de mitmas, mano de obra móvil de origen inca, relocalizados en estos territorios. De esta manera, el historiador asume que esta lengua fue traída por la mano de obra del imperio y, por ello, no se puede visualizar una continuidad territorial entre estas. Es más, la información documental y el alto número de hablantes de esta lengua en el sur del Perú y sobre todo en Bolivia sugiere la idea de que esta habría tenido un origen más sureño incluso.

Ya bien entrado el siglo XX, Alfredo Torero nos propone la hipótesis del origen central. Para él esta lengua tiene como origen la zona comprendida entre la actual Chincha y Nasca. Luego, se habría desplazado en el siglo IX hacia el sur configurando un aimara primigenio que daría lugar a la variedad sureña. La misma se habría adentrado en el altiplano en el siglo XIII. En términos de historia social, el primer momento de esta lengua corresponde con la etapa de nasquización de Ayacucho hacia fines del intermedio temprano; la segunda con el auge y desarrollo de la cultura huari durante el horizonte medio. Al parecer el avance de esta variedad inicial del aimara se habría frenado y entrado en contacto con la variedad de quechua que da lugar a las dos ramas conocidas y sobre las que ya hemos hecho una nota.

 

 

 

Historia del nombre

Las investigaciones recientes sobre el nombre aimara dan cuenta de que este no sirvió en un inicio para denominar ni a la lengua ni menos a los pueblos que la utilizaban. Pero sí fue utilizada para hacer referencia a un grupo étnico de la región sur del Perú. Es más, no tenemos aún una hipótesis final sobre cuál es el significado del término.

El nombre “aimara” es una forma adaptada de “aymaray”. Esta última se registra en Guamán Poma de Ayala en 1615 y es él mismo quien la castellaniza a “aymara”. Este nombre hace alusión a un grupo étnico conocido como los aymaraes por Betanzos (1551) y Sarmiento de Gamboa (1570). Este grupo étnico estaba situado en Abancay en el curso alto del río Pachachaca. Este territorio fue conocido luego como provincia de “aymaraes” justamente por la presencia de este grupo. Hasta acá podemos advertir que el nombre perteneció primero a este grupo y luego pasó a nombrar a la lengua.

La lengua que hoy denominamos aimara fue conocida ampliamente como “la lengua de los Collas” o “lengua colla”. Son los cronistas Cieza de León y Pedro Pizarro quienes se refieren así a dicha lengua por información de los incas quienes los llamaban de esta manera. Recién en 1559 Juan Polo de Ondegardo denominó a esta etnia como aimaras. Dicho nombre lo obtuvo justamente en el Collao, en la zona de Puno, de una pequeña colonia de mitimaes hablantes inicialmente de quechua. Estos eran mano de obra inca que provenía del Cuzco y habían incorporado la lengua local. En 1559, el licenciado Juan Polo de Ondegardo, corregidor del Cusco, escribe la relación “De los errores y supersticiones de los indios” tras haber convocado una junta de «indios viejos que habían quedado» (de la época inca) para que le proporcionarán información sobre los usos de estas personas. Estos le sirvieron de informantes. Gracias a él, se empezó a usar el nombre de la etnia trasplantada como nombre de todo el idioma. De esta manera, en las publicaciones producidas por el III Concilio Limense (1584-85), donde se incorpora un extracto de la mencionada obra de Ondegardo,​ aparece por primera vez la palabra “aimara” explícitamente aplicada a la lengua.

El uso de este término se extiende con el tiempo y en 1612, con la publicación del “Vocabulario de la lengua aimara” de Ludovico Bertonio, se establece de manera definitiva hasta nuestros días.

La pregunta acá es: por qué pasó este término a denominar a la lengua. Una hipótesis fue propuesta por Markham y Tschudi. Ellos plantean que el nombre de la lengua fue impuesto por los misioneros ubicados en la provincia de Juli, Puno, como comentamos líneas arriba, y serían quienes les enseñaron la misma a los misioneros jesuitas. Lo curioso de esta hipótesis es que supone que estos aimaraes eran hablantes de quechua y habrían aprendido aimara en el altiplano. Esta tesis ha sido revisada ampliamente y en muchos puntos desmentida. Middendorf fue quien descubre que la lengua del lugar desde donde fueron transportados los aimaras sí era el “aimara”, solo que dicho territorio había sido recientemente quechuizado por la expansión incaica. En la actualidad, se asume que quizá estas lenguas, aimara y quechua hayan coexistido en este territorio, ya que hay información donde se usa “quechua” para referir se al quechua y al aimara también. Por otro lado, el historiador boliviano José María Camacho desmiente el rol de los jesuitas. Él nos comenta que los jesuitas llegaron a Juli recién en 1577 y que desde por lo menos quince años antes ya se le denominaba así a esta lengua. Además, es posible encontrar el término aimara para denominar a las “naciones aimaraes”. Estas naciones sería: los canchis, aimaraes, canas, contes, collas, lupacas, pacajes, charcas, carangas, quillacas y otras más referenciadas en el tercer concilio limense de 1584. Con estas críticas a la hipótesis de Markham de demostrarían dos puntos: que el origen de la lengua no es el altiplano y que además su uso se extendía por toda la región andina.

Pero ¿cuál es la etimología de la palabra? Como advertimos líneas atrás, el origen es oscuro. Sin embargo, podemos conocer algo sobre ella por los diccionarios antiguos y los estudios recientes. En primer lugar, tres diccionarios antiguos de Bertonio, Polo de Ondegardo y de Santa Cruz Pachacuti nos dan información sobre la raíz, pero con poca sistematicidad. Por ejemplo, Bertonio indica que “ayma-” remite a un baile antiguo que se realiza cuando sus hablantes iban a la chacras. Polo de Ondegardo identifica una fiesta llamada “ayma” y Santa Cruz Pachacuti hace referencia a un himno o cantar llamado “ayma” también. Esto nos advierte una conexión entre estos términos. Más allá de ello, no encontramos más información sobre esta raíz. Vale indicar que investigaciones anteriores, llevadas a cabo por Rodolfo Cerrón Palomino, identifican la morfología del término con el sufijo “-ra” de aimara antiguo con valor de multiplicador y el sufijo “-y” con el valor de localizador. Ambos sufijos han entrado en desuso en la variedades actuales y se encuentran principalmente en topónimos de raigambre aimara. Hasta este punto, tenemos entonces por “aima-ra-y” como un lugar donde hay muchas “aymas”, raíz sobre la que no tenemos aún fuente. Es en 1984 que los investigadores Büttner y Condori encuentran la glosa “jayma” con el valor de “rito religioso”. Los indicios conducen a pensar que existió un tipo de rito agrario de canto y baile relacionado a la utilización de cierto tipo de terrenos. No se puede ir más allá y queda en el misterio por qué se asociaría a esta etnia dicho nombre.

 

Nuevo alcances sobre el origen y difusión

En los últimos años, el investigador francés Cesar Itier ha puesto en revisión mucho de lo comentado en este texto. Para él, las lenguas del mundo andino tienen un origen prehispánico, con carácter funcional-ecológico-político y atienden a una clasificación del espacio bastante más compleja que la contemplada por Torero y Cerrón-Palomino. Ahora bien, para entender el nombre aimara se hace referencia necesaria al nombre quechua. En ese contrapunto observamos la idea general de Itier.

Para Itier, el nombre quechua (qhichwa simi) tiene un origen indígena prehispánico y forma parte de un sistema inca de clasificación ecológica y funcional de las lenguas. Qhichwa no designaba inicialmente una etnia ni una lengua en sentido moderno, sino el piso ecológico de los valles templados, espacio privilegiado de colonización interna del Tahuantinsuyo. La qhichwa simi era, así, la “palabra/idioma de los valles”, entendida como un repertorio de instrucciones y prácticas lingüísticas estatales (simi en sentido normativo y autorizativo) utilizadas para la administración, la producción y la comunicación interétnica en las quebradas. En contraste, aimara no habría sido originalmente el nombre de una lengua, sino un etnónimo y una categoría político-territorial asociada a las poblaciones de las alturas (puna); solo tardíamente, en el período colonial, ese nombre se fijó como glotónimo. Para Itier, los incas distinguían al menos tres dominios lingüísticos: la inka simi (lengua propia de la élite cuzqueña), la qhichwa simi (lengua vehicular de los valles) y las lenguas de las alturas (hawa simi), entre las cuales se encontraba el aimara, concebido más como lengua local que como lengua general.

Esta propuesta contrasta con Torero en que, aunque ambos defienden el origen indígena del glotónimo quechua, Torero entiende qichwa ante todo como un término ecológico general que pudo aplicarse a diversas lenguas habladas en valles templados (incluido el aimara), y sostiene que solo posteriormente el español lo fijó como nombre propio de una lengua. Itier, en cambio, insiste en que qhichwa simi fue ya en época inca una denominación lingüística funcionalmente especializada, ligada a la política estatal y a procesos de koinetización en los valles del centro-sur. Frente a Cerrón-Palomino, el desacuerdo es más radical: Cerrón sostiene que los incas no tenían glotónimos propiamente dichos y que “quechua” sería una atribución española, derivada del nombre de un grupo étnico del entorno cuzqueño, mientras que los indígenas se habrían referido simplemente a “la lengua” (siminchik). Itier rechaza esta tesis por falta de respaldo histórico y muestra, con abundante documentación colonial en quechua y aimara, que qhichwa simi y qhichwa aru eran denominaciones indígenas vivas, integradas en una conciencia lingüística inca compleja y no primitivista.

 

Los sinónimos no existen

 

 

 

En el Perú, la expresión constitucional “incapacidad moral permanente” se ha convertido en el centro de una controversia jurídica y política. La misma demuestra cómo los términos aparentemente sinónimos pueden dividir a toda una nación. El artículo 113 de la Constitución de 1993 del Perú establece que el presidente puede ser vacado por “incapacidad moral o física”, una fórmula heredada del constitucionalismo decimonónico. Durante años, los legisladores interpretaron el adjetivo moral como sinónimo de “mental”, es decir, asociado a la pérdida de las facultades psíquicas del gobernante. Esto se entiende, además, por aparecer junto a “física” en la formulación clásica. Sin embargo, a partir de 2000, el Congreso empezó a emplear la expresión en su sentido ético: moral pasó a ser sinónimo de honestidad o probidad.

Esa sustitución semántica transformó la lectura del texto constitucional. Al considerarse en ciertos contextos equivalentes moral y ética, el Parlamento amplió el significado original y empezó a usar esta causal para destituir presidentes acusados de corrupción o mala conducta, incluso sin sentencia judicial. Así, lo que en el siglo XIX significaba “incapacidad mental permanente” pasó a significar “falta de integridad moral”. El caso de Pedro Pablo Kuczynski en 2018 y el de Martín Vizcarra en 2020 evidencian cómo un matiz léxico alteró el equilibrio entre poderes del Estado.

El jurista Domingo García Belaunde señaló que esta reinterpretación “rompe el principio de legalidad” porque transforma un concepto médico en uno político, y permite que el Congreso actúe como juez moral del presidente. El equívoco nace precisamente por tratar dos acepciones de moral, una la psicológica y otra la ética, como sinónimas. Esta confusión semántica, heredada de una redacción ambigua, ha provocado crisis institucionales repetidas y ha demostrado que, en el lenguaje del derecho y en las lenguas en general, ningún sinónimo es inocente.

El estudio del significado lingüístico ha demostrado que las lenguas no se componen de equivalencias perfectas, sino de matices que reflejan diferencias culturales, pragmáticas y contextuales. En ese sentido, es posible afirmar que no existen los sinónimos en sentido absoluto, puesto que ninguna palabra puede sustituir a otra en todos los contextos sin alterar el significado. Tal como señala una nota en Castellano Actual (Universidad de Piura, 2019), la llamada sinonimia absoluta “apenas se presenta en la lengua, ya que cada término adquiere valores particulares según el contexto de uso”. Por ello, la noción de sinonimia debe entenderse como una coincidencia aproximada, bastante ligera, pero nunca idéntica.

 

Diferencia entre casa y hogar - Que Diferencia

En primer lugar, toda palabra conlleva connotaciones y matices afectivos que impiden la sustitución total. Dos términos pueden compartir un referente denotativo, pero difieren en su carga emocional o en el registro social al que pertenecen. Por ejemplo, “casa” y “hogar” aluden al mismo espacio físico, aunque la segunda expresa una dimensión afectiva ausente en la primera. Asimismo, “chibolo” y “niño”, si bien tienen el mismo referente, la manera en que se presenta el mismo tiene ya un tono distinto. Según el artículo publicado en Yorokobu (2018), “cada palabra posee su propio aroma”, lo cual implica que el hablante no elige entre sinónimos de manera arbitraria, sino que selecciona el término que mejor se ajusta a la intención comunicativa del momento. De este modo, la aparente equivalencia se deshace en un nivel connotativo.

 

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En segundo lugar, la variación contextual, social y geográfica refuerza la imposibilidad de la sinonimia perfecta. Un caso ilustrativo es el de las palabras “carro” y “coche”, que designan el mismo objeto: un vehículo automotor. Pero difieren según la región y el registro lingüístico. En la mayor parte de América Latina, carro es el término común y neutro, mientras que en España se prefiere coche, y en algunos países del Cono Sur se usa incluso auto. A pesar de compartir el mismo referente, cada vocablo activa asociaciones distintas: carro puede sonar informal o incluso arcaico en el español peninsular, mientras que coche puede parecer afectado o foráneo en contextos latinoamericanos. Esta variación muestra que el significado lingüístico no depende solo del objeto designado, sino del entramado cultural y regional en el que se produce el acto de habla.

 

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Finalmente, la precisión semántica en los lenguajes especializados demuestra que ninguna lengua tolera equivalencias absolutas. En el discurso técnico o científico, cada término adquiere un valor delimitado que no puede reemplazarse sin pérdida de rigor. El artículo de Yorokobu (2018) menciona que en la aviación “no es posible confundir ‘pista’ con ‘carril’ ni ‘retirada’ con ‘despegue’”, pues la seguridad depende del uso exacto del vocabulario. Esta restricción semántica confirma que la sinonimia se desintegra ante la necesidad de precisión referencial. De la misma manera, “incapacidad moral permanente” trae problemas por su poca precisión en el uso de un tiempo a  la actualidad.

En conclusión, la aparente existencia de sinónimos se desvanece cuando se examina el lenguaje desde sus dimensiones pragmáticas, geográficas y técnicas. Puesto de otra manera, no existen sinónimos en el discurso aunque la escritura y el diccionario nos creen la ilusión de que sí. Las palabras no son duplicados intercambiables, sino unidades únicas dentro de una red de valores contextuales. Por tanto, afirmar que los sinónimos no existen no es negar la semejanza entre términos, sino reconocer que el significado es siempre una cuestión de diferencia.

 

 

 

Bibliografía usada para este texto

 

a) https://yorokobu.es/los-sinonimos-no-existen/

b) https://www.udep.edu.pe/castellanoactual/existe-la-sinonimia/

c) https://victorselles.com/los-sinonimos-no-existen/

 

Breve nota sobre el topónimo Lima

Introducción

La ciudad de Lima cuenta a la fecha con 489 años y, aunque parezca extraño, no se conoce con exactitud de donde proviene su nombre. ¿Qué significa este nombre? ¿Era un nombre usado antes de que los españoles llegaran? Revisaremos un poco la historia de este nombre y buscaremos revelar su misterio desde el estudio de las lenguas andinas se hablaron en dichos territorios.

 

Resumen 

-Los topónimos son los nombres que le ponen a los lugares y suelen describir características del territorio o hablan de la presencia de alguna deidad del lugar. En muchos casos, advierten también sobre las lenguas que se hablaron en tales territorios.

-Las etimología populares suelen ser impresionistas y terminan en muchos casos en interpretaciones equivocadas. Para Lima, por ejemplo, se utilizó como explicación la presencia del fruto. El problema de este ejemplo es que deja de lado la historia de este territorio antes de la llegada de los conquistadores de España.

-Las fuentes coloniales nos hablan de que ya se usaba el término mucho antes de la llegada de los españoles. Es más, su variada pronunciación nos habla del lugar de procedencia de estos.

-El término es quechua, pero con sustrato aimara y superstrato castellano. Es decir, en ese territorio primero hubo hablantes de aimara, luego de quechua y luego de castellano. Esto es posible de dilucidar por los sonidos de la palabra. Rimaq es quechua, pero por acción de una pasado aimara, se transforma en Limaq. Luego, por comodidad al pronunciar se pierde la consonante final en boca de los españoles, dejando la forma actual.

Los topónimos: fuente de información para lengua sin escritura

Un topónimo es el nombre que le ponen los hablantes a un lugar específico. Este, por lo general, describe alguna característica relevante de dicho espacio, alguna práctica que se llevaba a cabo o nos habla sobre alguna deidad que se celebraba en el territorio en mención. Un ejemplo interesante sobre esto y que nos puede advertir también el cuidado que hay que tener con este tipo de términos es “Quillabamba” capital del distrito de Santa Ana, en la Convención Cuzco.  Este término de origen quechua tiene dos elementos: quilla y bamba. El primero se suele interpretar como “luna” en el quechua actual y “bamba” como territorio. Ahora bien, sería curioso que un lugar se llame “tierra de la luna” sin mayor motivación. Por ello, la investigación de diccionarios antiguos nos permite identificar los siguiente: “quilla” antes de ser “Luna” es “coca”. Por lo tanto, y en consonancia con los cultivos que se pueden encontrar en la actualidad, interpretamos el nombre como “tierra o terreno para el cultivo de coca”. Esta es, de manera general, la manera en que se estructuran estos términos en el mundo andino.

El estudio de la toponimia en el mundo andino revela, como advertimos, muchas de las características de un lugar o, como es el caso de esta nota, de desplazamientos humanos en un mismo territorio. En esta ocasión, abordaremos el origen del nombre  <Lima>, capital del Perú, y reconoceremos que fue un territorio ocupado primero por grupos aimaras, luego por quechuas y, en última instancia, por españoles. Todas estas ideas inferidas de la forma de dicha palabra.

Etimología y explicaciones populares

Existe dos etimología populares sobre el nombre Lima: una habla del fruto; la otra, sobre el río y su caudal. Revisemos rápidamente ambas. La primera vincula el nombre con la presencia del fruto en este territorio. Para algunas interpretaciones, principalmente folclóricas, el nombre Lima proviene del fruto. Este, si bien está presente en el valle, sobre todo en la zona de Huaura, tiene un origen en el sudeste asiático y no es originaria de los andes. Es decir, vino con el contingente español al momento de la conquista.

La segunda vincula el nombre quechua con el ruido que genera el río al cargar piedras. Esta se desprende de la traducción del quechua al pie de la letra, que se traduciría como “hablador” y se complementa con la idea de que el río “habla” al estar cargado de piedras.

Ambas versiones pertenecen a lo que se denomina etimología popular por articular sin rigor histórico, en el primer caso, ni lingüístico, en el segundo, interpretaciones sobre el nombre de los lugares.

 

La forma inicial según las fuentes cercanas

La forma primigenia sugerida para el nombre es <*Límaq>. Esta forma alterna en distintos documentos coloniales con <Limac>, <Lima>, <Lyma>. Como es fácil advertir y como veremos más adelante, esta forma proviene del verbo quechua <Rima->, que significa “hablar” y del sufijo agentivo <–q>. Dicha forma se traduce por “el que habla” como consigna el Inca Garcilaso de la Vega. Lo que expondremos es cómo se llega de esta forma <Rimaq> al actual nombre “Lima”.

Cuenta el cronista colonial Bernabé Cobo que si un hablante proveniente de la sierra iba rumbo a Lima y le preguntaban a dónde se dirigía, este respondía: “rimacman” (hacia rimac). Si la misma pregunta se le realizaba a un nativo costeño, este respondía “limacman” (Cobo en Cerrón Palomino 2008: 306). Esto refleja un cambio fonético muy puntual: el cambio de [r] por la [l] a inicio de palabra. Para dicho cronista, este era un rasgo que distinguía a los hablantes de la costa frente a los de la sierra sureña. Curiosamente, y como apunta Cerrón-Palomino, dicho cambio tiene lugar también en la zona huanca, hoy el departamento de Junín. La causa específica de este cambio en la sierra central es la influencia del aimara a manera de sustrato: esto supone que, en dicho territorio, antes de que se hablase quechua huanca, se hablaba alguna variedad de aimara. Situación que no debería sorprendernos por la presencia de un enclave aimara en la zona de Yauyos en la actualidad y un amplio número de topónimos del mismo origen en este territorio. Como se advirtió antes, síntoma ineludible de que esta zona fue habitada por hablantes de esta lengua.

En este sentido, es posible suponer que el cambio que tiene lugar en territorio costeño también esté motivado por dicha influencia, pero de manera menos radical que en la zona de Junín. De esta manera, podemos concluir que el cambio en este sonido responde al hecho de que antes de que se hable quechua en la zona costeña central, propiamente en Lima, se habló aimara. Con esto obtenemos la forma <Límaq> y sus variantes como se consignó líneas arriba.

Lo que queda por explicar es por qué pierde esa consonante final. Según cuenta el mismo Cobo sobre el topónimo <Lunahuanac>: “nosotros que no gustamos de muchos [sic] consonantes [pronunciamos] Lunahuaná, quitada la “c” (Cobo en Cerrón Palomino 2008: 308). Esto advierte que el hablante de español presenta un rechazo natural a consonantes oclusivas al final de palabra, fenómeno que se atestigua en el pasado como en el presente: pared > paré, carnet > carné, etc.

Cuál es su significado original

Ahora es importante fijar el significado. Según Cerrón Palomino (2008: 309), la estructura quechua de la palabra podría dar dos interpretaciones: “el que dice” o “hablador”. La primera respondería a la interpretación que seguimos, la segunda se podría entender como “charlatán”. En primer lugar, vale mencionar que dicho territorio era asociado a un oráculo de la cultura Ychma: “Rímac, guaca de los indios de Lima que se decían Ychmas, dónde está poblada la ciudad de los Reyes, era una piedra redonda” (Albornoz, 1581). Se indica además que tal oráculo estaba situado en la zona donde se ubica el Hospital de Santa Ana en la Plaza Italia de Barrios Altos. La segunda interpretación parece ser muy posterior y proviene de la etimología popular. Asimismo, la restitución de la forma Rímac, como se conoce hoy en día al río y no a la ciudad, es el resultado del Tercer Concilio Limense y basar sus etimologías en la variedad sureña del quechua y no en la forma normalizada que se usaba en dicho entonces como atestigua la cita de Albornoz presentada líneas arriba.

En resumen, el nombre <Lima> proviene del quechua <Rímaq> que significa “el que dice” haciendo referencia al oráculo de dicho territorio. Luego pasa a nombrar al río por estar en el dominio de dicha huaca. Asimismo, este elemento léxico sufrió un cambio en la consonante inicial por influencia del aimara y la pérdida de la consonante final por las prácticas articulatorias españolas. Es decir, en este territorio, primero hubo grupos aimaras, luego quechuas y, por último, los conquistadores españoles.

 

Bibliografía 

CERRÓN-PALOMINO, Rodolfo

2008   Lima: oráculo antes que río hablador. En: Voces del ande. Ensayos sobre onomástica   andina.   PUCP: Lima

GARCILASO DE LA VEGA, Inca

[1609] 1991 Comentarios Reales de los Incas. Dos volúmenes. México, D.F.: Fondo de Cultura Económica.

El nombre de Lima: http://www.yachay.com.pe/especiales/lima/reyes.htm

El mochica: la lengua de Naylamp

Introducción

En el año 1988, se organizó un congreso sobre lenguas peruanas en la ciudad de Lambayeque. En este se iba a presentar al último hablante vivo de mochica: lengua, aparentemente extinta, oriunda de la costa norte del Perú. El congreso generó una fuerte expectativa entre los investigadores y curiosos. Dado el día, el supuesto hablante, un hombre de 50 años de edad, solo conocía algunos sustantivos, algunos pocos verbos, pero no era posible decir que era un hablante fluido de la lengua. No contaba con dominio en el área central de la misma: la sintaxis. Pasó el tiempo y dicho evento quedó como anécdota. Sin embargo, veinte años después sucedió algo llamativo en dicha región: la lengua mochica había revivido. En la actualidad, la misma es hablada con fervor, sobre todo, en el ámbito escolar donde se usa para declarar poemas y hacer discursos institucionales. Parece que diversos aportes de gramáticas antiguas, diccionarios e incluso estos hablantes con dominio pasivo de la lengua, como el del congreso mencionado, aportaron elementos para traer a la vida esta lengua y usarla hoy en día. ¿Qué es el mochica?, ¿dónde se habló?, ¿cómo se descubrió?, ¿cómo desapareció?, ¿qué camino siguió para su revitalización? Serán preguntas que responderemos en la siguiente nota.

 

Resumen

-El mochica fue una lengua hablada en la costa norte y en parte de la sierra norte del Perú. Se habló desde Trujillo hasta Saña y contó con variedades más centralizadas y otras más periféricas. Esto para los autores es un problema al momento de clasificar con claridad los límites dialectológicos de esta lengua. Pero su presencia es incuestionable.

-La primera documentación de esta lengua proviene de 1644 y fue realizada por el obispo Fernando de la Carrera. Sin embargo, una de la lista léxicas más importantes es la otorgada por Martínez Compañon.

-Esta lengua presenta características muy distintas a las otras lenguas andinas. Las mismas difieren desde el ordenamiento de sus elementos hasta los sonidos que presenta.

-El mochica, luego de alcanzar un auge breve, fue eclipsado por la imposición cultural de los incas tras la victoria de Túpac Inca Yupanqui. Este último mandó a que las élites y las clases administradoras aprendiesen el quechua, respetando a la par la lengua y los cultos de carácter local. Luego de la supremacía serrana sobre este territorio, vendría la imposición española.

 

Qué es el mochica

El mochica  (muchik) o yunga ​(del quechua yunka) fue una de las lenguas que se hablaban en la costa y parte de la sierra norte del Perú. Junto al quechua, aimara y puquina fue una de las lenguas generales del país a la llegada de los españoles en el siglo XVI. Es decir, era una lengua con un uso extendido que se sobrepone como lengua de negocios e intercambio a las hablas locales, conocidas en épocas coloniales como “wawa simi”.  Además, se le asocia fuertemente con la cultura chimú y mochica antes de que esta pasaran por un proceso de quechuización y castellanización al ser conquistados por dichas culturas, respectivamente y en sus momentos correspondientes.

Parece que el nombre de la lengua se usa recién en época colonial y significa en esta lengua “hombre”. Hay que recordar que nombrar a una lengua no era una práctica en el mundo andino prehispánico. Esta necesidad surge con la llegada de los españoles a nuestro territorio.

El mochica exhibe, sin embargo, muchas características radicalmente diferentes de las lenguas quechuas y de las lenguas aimaras, las dos mayores familias lingüísticas andinas, que sí intercambiaron gran cantidad de léxicos. Esto nos habla de culturas distintas que entraron en coexistencia, ya sea comercial o de manera más política.

 

Dónde se habló

Antes de la llegada de los europeos, el idioma mochica o yunga, era una lengua ampliamente difundida y hablada por un número elevado de personas y de otras comunidades nativas en la zona norte del Perú. Esto se conoce por las crónicas, las relaciones y la toponimia de dichos territorios.

Según la lista del Vicario de Reque y autor del Arte y de Fernando de la Carrera, los pueblos que en 1664 hablaban la lengua mochica eran los siguientes:

En el corregimiento de Trujillo: Santiago, Magdalena de Cao, Chocope, valle de Chicama, Paiján.

En el corregimiento de Saña: San Pedro de Lloc, Chepén, Jequetepeque, Guadalupe, Pueblo Nuevo, Eten, Chiclayo, San Miguel, Santa Lucía, Parroquia de Saña, Lambayeque con cuatro cuartos, Reque, Monsefú, Ferreñafe, Túcume, Íllimo, Pacora, Mórrope y Jayanca.

En el corregimiento de Piura: Motupe, Salas, Olmos, Frías y Huancabamba.

En el corregimiento de Cajamarca: Santa Cruz, San Miguel de la Sierra, Ñopos, San Pablo, la doctrina de las balsas del Marañón, una parcialidad de Cajamarca, Cachén, Guambos y otros lugares de la sierra de Cajamarca.

Actualmente más de tres siglos y medio después de la publicación de El arte de la lengua mochica o yunga (1664), escrito por el español Fernando de la Carrera, de los aproximadamente cuarenta mil hablantes de esa lengua, que podían existir a finales del siglo XIX se ha pasado a unos pocos hablantes en el pueblo de Eten (el actual Puerto Eten) de la Región Lambayeque y en poblados andinos de Cajamarca. Aunque, y como mencionaremos más adelante, la misma se ha reconstruido y revitalizado gracias a estos materiales de la Colonia temprana y a una labor importante por parte de las escuelas de dicha zona.

 

Cómo sabemos de ella

La investigación realizada por Alfredo Torero acerca de esta lengua tiene como fuente de datos principal la Gramática de la lengua yunga que escribió en 1644 el sacerdote peruano Fernando de la Carrera Daza. Del mismo modo se toma en cuenta el Rituale seu Manuale Peruanum de Luis Jerónimo de Oré de 1607 con sólo seis páginas sobre el mochica escritas por un autor anónimo (este manual era un compendio de rezos y sermonarios breves en varias lenguas de la época). Además se considera la lista de voces mochicas que elaboró el obispo Baltazar Martínez Compañón a fines del siglo XVIII y a la obra de Ernst Middendorf, Das Muchik oder die Chimu-Sprache de 1892.

Así mismo, el historiador José Toribio Polo, apoyado en las crónicas de Garcilaso de la Vega, afirma que los idiomas emparentados, mochica y chimú, también se hablaron en los valles del Rímac, Lurín, Mala, Chilca, Cañete y, posiblemente, hasta Chincha. Lo más probable es que hayan sido mitimaes incas llevado a modo de castigo a dichos territorios tras las revueltas chimúes.

Quizá la información más interesante es la que proporciona el Obispo de Trujillo Baltazar Martínez Compañon. Este sacerdote erudito cubrió en su arquidiocesis los territorios actuales de Amazonas, Cajamarca, La Libertad, Lambayeque, Loreto, Piura y San Martín. Él nos deja, entre los diversos materiales, una lista de palabras que compara las lenguas indígenas en el territorio en el que se encontraba y, además, la única canción mochica de la que se tiene conocimiento: la canción de chimo. Acá dejo el link para apreciar dicha joya.

Qué características tenía esta lengua

En este punto comentaremos dos aspectos: el primero es la tipología y, segundo, los sonidos. En primer lugar, la tipología de la lengua es sujeto-verbo-objeto. Mediante esta información, junto a la fuentes anteriores, se puede deducir que son lenguas post posicionales, es decir, presenta elementos que van luego de los núcleos léxicos y que tienden a la sufijación. Asimismo, el modificador precede al núcleo, el poseedor al poseído y la oración subordinada precede a la principal. En segundo lugar, presenta sonidos muy particulares. Por ejemplo, tenemos el sonido /æ/ como en palabras como [comæn] que significa “barba”, o [ei æp] que significa “crear”. Es un sonido distinto, y muy particular de esta lengua, ya que no está presente en otras lenguas de los andes. También hay unión de consonantes “extrañas” para lo usual dentro del repertorio fonológico andio como [laftic] que significa “costilla”. Estas características permiten rápidamente dar cuenta de que esta lengua se distinguía de otras en el antiguo territorio peruano.

La lengua del mítico Naylamp

Existen autores que postulan un vínculo entre la lengua mochica y la lengua del mítico dios Naylamp, Naymlap o Ñañlap. Este fue un personaje mitológico del Antiguo Perú. De acuerdo a los relatos recogidos por cronistas españoles, provino del mar, trayendo la civilización a las tierras del (norte del actual) Perú, donde fundó un reino o señorío en el que se sucedieron varios reyes. Esta sería la cultura lambayeque, antes de ser conquistada por los chimúes. En el arte precolombino se le representa con rasgos antropomorfos y zoomorfos combinados (preferentemente de ave). Su nombre significa en la lengua muchik, “ave o gallina de agua”.

Ahora bien, si bien el vínculo es patente para algunos autores la procedencia de este personaje sería del norte del Perú según el relato del cronista Cabello de Valboa. Este personaje desembarca en el río Faquisllanga, el nombre antigüo del río Lambayeque. Esto se asume porque los textos indican que este personaje venia procedente de “la parte suprema del Perú”. La interpretación de esta última sección ha llevado a muchos investigadores a pensar en un vínculo entre mesoamérica y esta cultura. Sin embargo, y como lo indica el peruanista Jhon Rowe, la historiadora María Rostworowski y la arqueólogo Izumi Shimada parece que esta referencia es hacia el sur más bien y que Naylamp y su comitiva habrían llegado desde el sur, procedentes para algunos investigadores desde Nazca luego de un colapso climático producido por la tala indiscriminada de huarango blanco.

 

 

 

Elementos mochica en el castellano actual y actualidad de la lengua

Para muchos investigadores términos como pallar, lapa, faique, toquilla y poto provienen de esta lengua. Es decir, son términos de origen mochica que han pasado al castellano cotidiano. Es lo que se considera, préstamos lingüísticos.

A inicios del siglo XXI, algunas instituciones lambayecanas como el INC y algunos colegios de Chiclayo han lanzado programas de enseñanza de esta lengua sobre la base de la bibliografía rescatada por los investigadores, como La Gramática de De la Carrera. Acá un video sobre el tema. En la actualidad, este trabajo tiene como foco el pueblo de Mórrope y se enseña en 38 colegios.

 

Viracocha: apuntes sobre el origen y etimología del principal dios andino

Introducción

Uno de los nombres más importantes y, a la vez, más oscuros en su significado dentro de los términos políticos y religiosos del mundo andino es “Viracocha”: nombre de una de las principales deidades del panteón andino. Su historia nos remonta a un momento primigenio de la historia, etapa de gigantes míticos y diluvios y nos pone a este personaje como un ente civilizador que marca una antes y después en el tiempo.  ¿Quién fue esta figura?, ¿cuál es el significado de su nombre?, ¿por qué se hace tan esquivo para los investigadores encontrar una interpretación plausible sobre este término? La presente nota busca dar luces desde las últimas investigaciones en torno al nombre de este dios.

 

Resumen

-Viracocha es el nombre de la divinidad más importante del panteón andino. Es representado como el dios de los báculos y se encuentra registro de él desde la cultura Caral (3000 a.C a los 1800 a.C) en el valle de Supe. Aunque, sus representaciones principales y culto más difundido provienen de la cultura Tiahuanaco (400 a.C a 1200 d.C).

-Historias sobre este dios provienen de cuatro fuentes: Pedro Sarmiento de Gamboa, Juan de Betanzos, Guamán Poma de Ayala y el Manuscrito de Huarochirí. En estas versiones, se asocia su figura con una época primigenia del mundo y de los hombres.

-Etimológicamente, Viracocha es un término con un significado oscuro desde su aparición en los textos coloniales por presentar una antigüedad que va mucho más allá de los incas.

-El sacerdote Diego González Holguín y el Inca Garcilaso de la Vega son los primeros autores que buscan desentrañar la etimología del nombre. El primero lo hace desde el quechua, y nos proporciona la versión tradicional divulgada en escuelas: “grasa de mar”. El segundo no se aventura a una traducción literal por reconocer que se trata de un nombre propio.

-Ya en el siglo XX contamos con cinco interpretaciones y pertenecen al naturalista Johann Jakob von Tschudi; la segunda es del historiador polaco Jan Szemiñski; la tercera es del lingüista peruano Alfredo Torero, la cuarta es del quechuista francés César Itier y la quinta es del lingüista Rodolfo Cerrón Palomino.

-Esta última tiene tres características novedosas: parte del aimara para su intrpretación, atiende a procesos fonológicos registrados en la historia de la lengua y considera un proceso de normalización posterior a su origen. Proceso propio de la época en que el quechua se expandía como la lengua del imperio y el aimara retrocedía en difusión en el área andina.

Viracocha en la historia e interpretación tradicional del nombre

Huiracocha, Uiracocha, Viracocha, o Wiracocha, también llamado el dios de las varas, está vinculado con la idea de un “dios creador”. El nombre varía en su escritura porque el alfabeto español aún carecía de normativa clara para las lenguas nativas del Perú cuando los primeros cronistas llegaron a América. Por ello era común el uso tanto de la “v” como de la “u” para representar indistintamente la vocal [u] y la semiconsonante [w]. Por tal motivo fue transcrito por los españoles como Viracocha, aunque también como Uiracocha, Huiracocha y Wiracocha. En este texto usaremos Viracocha para mantener la forma inicial.

Autores como María Rostorowski y Waldemar Espinosa Soriano han asociado su figura con la ciudad de Caral y con la cultura Chavín, pero sobre todo con la cultura Tiahuanaco donde está representada en la Puerta del Sol. Esto por el vínculo entre el dios de los báculos como símbolo binario que comparte con Viracocha, pero la mayoría de cronista coinciden en que el culto y su representación ya estable surge en el sur, propiamente el lago Titicaca.

Por ejemplo, el cronista Juan de Betanzos postula el origen de su culto en el lago Titicaca, a orillas de la Isla del Sol. Luego este es llevado al Cuzco y se convierte en la divinidad principal de los incas. Este último dato es importante para interpretar el término desde el aimara y no del quechua, como suele hacerse.

Desde un principio, se le reconoce como creador del mundo, del Sol y de la Luna. Las investigaciones realizadas por el investigador francés César Itier lo vinculan también con una sustancia originaria que imprime vida y fertilidad a las cosas. Se le reconoce así la creación de la substancia de la cual se originan todas las cosas o Kamaqen. Según Betanzos y Quiroga, este dios se está asociado a un primer momento de luz sobre el mundo ante la oscuridad del pasado y representa orden y civilización. Sobre estos rasgos hablaremos más adelante con detalle.

Problemas con el significado de Viracocha

Investigadores como Franklin Pease, Alfredo Torero y Cerrón Palomino dan dos razones para explicar por qué es un término cuyo significado es tan difícil de fijar. La primera es su temprana cristianización y, la segunda, su origen remoto. En primer lugar, el término Viracocha es un término adoptado muy tempranamente por los evangelizadores españoles: fue utilizado para denominar al dios padre y creador de la religión católica. En este sentido, según Franklin Pease “la razón fundamental de las primeras investigaciones sobre religión andina fue así la evangelización católica” (Pease 2014: 13). A partir de estas se “homologó” esta divinidad con el dios católico al reconoce su centralidad en el panteón andino.

Este vínculo inicial atiende, además, a cierto parecido semántico: Viracocha era un concepto que presentaba “aires de familia” con la idea de Dios cristiano ya que era un dios muy antiguo, relacionado con una época temprana donde crea al hombre, ya sea materialmente o proporcionándole algún tipo de organización. Si bien el término tuvo una temprana inclusión en el léxico de los evangelizadores, no se puede asegurar que fue “claro” para los pobladores andinos antes de la Conquista.

La segunda razón para dicha opacidad es que el término provenía de una época muy antigua. Es decir, que ya era un término opaco para los mismos hablantes de quechua en el incanato. Si tomamos en cuenta que la divinidad proviene de culturas primigenias como Caral o Chavín y que, además, se había desplazado en diversos territorios en el mundo andino, es esperable que no se pudiera mantener su uso primordial. Asimismo, y gracias al Manuscrito de Huarochirí y otros relatos, vemos un uso asociado únicamente con cierto carácter “señorial”, valor utilizado por los propios españoles para llamarse a ellos mismos en la etapa colonial. Con esto observamos que el valor divino inicial ya se encontraba desgastado. De este tipo de uso de puede encontrar en la actualidad, cuando los pobladores del campo se refieren a los de las urbes. Concluimos por esta información que el término no era claro en su origen tampoco para la época de los incas y menos para cuando los españoles arribaron porque lo adaptaron rápido motivado por sus intereses.

De esta manera, la pesquisa sobre el significado se ve complicada por la temprana adopción de los evangelizadores y por la antigüedad del término, incluso para los incas.

 

Los relatos sobre Viracocha

Hay seis aspectos que se repiten en la mayoría de historias sobre el dios: que, en un primer momento, es el creador del mundo; luego, por desobediencia de estos primeros hombres, provoca una catástrofe y salva a tres de ellos. Estos hombres junto al dios emprenden el trabajo de civilizar al mundo andino. Y, sobre todo, el escenario de estos relatos es el lago Titicaca y una posterios migración rumbo al norte. Este sería el núcleo de los relatos. Aunque, el mismo varía ligeramente en algunas versiones tempranas mantiene esta estos tópicos eje.

En la historia del explorador Pedro Sarmiento de Gamboa, erudito enviado por la corona a territorio americano, es denominado Viracocha Pachayachachic que, según su traducción significa, “el creador del mundo oscuro”. En esta primera versión del mundo crea unos gigantes que no acatan las órdenes del dios. Por esta razón, los convierte en piedra y causa una inundación que cubre la Tierra por completo. Con esto termina la primera versión de los hombres y el mundo oscuro y el primer acto el relato. El segundo acto tiene lugar luego de esta catástrofe, Viracocha Pachayachachic salva a tres personas y se dirige con ellos al lago Titicaca. Es en este momento en que la divinidad crea la Luna, el Sol y las estrellas. Con esto comienza una segunda versión del mundo. Uno de los tres, llamado Taguapaca desobedece también al dios y es arrastrado hasta el fondo del lago en forma de estatua de sal. Luego de esto, los otros dos sobrevivientes toman caminos diferentes: uno rumbo al mar del sur y el otro hacia los Andes. En su camino, pueblan la tierra y crean las naciones andinas. En un tercer acto del relato, Viracocha toma rumbo hacia la región de Charcas, Bolivia donde tratan de matarlo. Él hace que un fuego caiga del cielo y muchos mueren. Viracocha apaga el fuego con su bastón. Después de esta demostración, las personas de dicha zona pasan a rendirle culto y extenderlo en la zona sur.

La versión de Juan de Betanzos, historiador y explorador español presente en el grupo que llegó con Francisco Pizarro, es muy similar a la de Pedro Sarmiento de Gamboa. Varía en que se le atribuye el origen de los distintos linajes de la humanidad y otorga diferentes ropas, lenguas, música, sistema agrícola y religión a las diversas etnias. Esta versión incide más en la faceta organizadora del dios y no tanto la propiamente creadora. Según Betanzos también manda a dos hombres con rutas específicas para poblar la Tierra. Ellos toman el mismo camino que los criados del relato de Pedro Sarmiento de Gamboa. En esta versión, Viracocha toma camino a la sierra, hacia una región llamada Caxamalca. Luego continua su viaje rumbo a Cuzco para unirse a los dos hombres que envió antes. Tiempo después y juntos, según este relato, desaparecen sobre el mar. Usualmente, se utiliza esta escena para justificar el nombre de la divinidad como “espuma de mar”.

En el Manuscrito de Huarochirí, texto de vital importancia para entender la religión de los andes desde la propia boca de sus habitantes, la identidad de Viracocha está combinada con la del dios Cuniraya, el dios del campo. La adición del nombre de Viracocha para adorar a ese ídolo es al parecer un signo de respeto hacia su divinidad y en relación al carácter señorial que adquiere el término y se sostiene aún en nuestros días como mencionamos líneas arriba. Este uso se mantiene en algunas variedades del quechua sureño, donde se antepone al nombre de alguien para mostrar agradecimiento.

En este mito se cuenta cómo Cuniraya Viracocha engaña a la bella Cavillaca. Se cuenta que todos la deseaban, pero ella nunca se había acostado con ninguno de sus pretendientes. Un día, Cuniraya Viracocha se transformó en un pájaro y plantó su germen en una fruta. Cavillaca comió la fruta y quedó embarazada. Cuando ella buscó al padre de su hijo, Cuniraya Viracocha apareció como un mendigo y trató de recuperar a su hijo. Cavillaca lo rechazó y corrió rumbo al mar, donde ella y su hijo se transformaron en islas cerca al santuario de Pachacamac. El dios la buscó y en el camino le pidió ayuda a varios animales dándole atributos a algunos y quitándole a otros, pero no llegó a alcanzar a la mujer con el niño. El relato no queda ahí, ya que al llegar al mar, violó a la hija más joven de Pachacamac. Cuando se descubrió el hecho, la madre de la joven trató de castigarlo, pero él escapó.

En la obra Nueva Corónica de Guamán Poma de Ayala, el nombre de Viracocha aparece como Uari Uiracocha runa y se usa para referirse a la primera generación de los hombres que poblaron estos territorios. El cuento conecta el linaje de los andinos con el linaje de los españoles porque todos descendieron de Adán, Eva y Noé. Ellos adoraban a Dios, el creador, y no a los ídolos, demonios o huacas. A través del tiempo, la gente perdió “la fe y esperanza de Dios y la letra y mandamiento de todo perdieron” pero el cuento afirma que ellos tenían “una sombrilla y luz de conocimiento del creador y hacedor del mundo.” Como salta a la vista, este relato ya presenta una fuerte influencia de la doctrina católica y relaciona la inundación de los otros relatos míticos con la figura del Noé bíblico.

Qué dicen las fuentes tempranas sobre el nombre

Qué propuestas etimológicas podemos encontrar en la Conquista temprana con relación a este término. Tenemos dos fuentes de esta época: Diego Gonzales Holguín y al Inca Garcilaso de la Vega. En primer lugar, el sacerdote Diego Gonzales Holguín indica que Viracocha es “epíteto del Sol, honroso nombre del dios que adoraban los indios” ([1608]). Este autor propone la versión clásica y, advertimos de antemano, errada del nombre al analizarla desde el quechua como “espuma del mar”. Esto porque la palabra “wira” en quechua significa espuma, manteca y grasa y “cocha” laguna o mar. Esta versión quedó fijada desde muy temprano y se mantiene hasta nuestros días. Al parecer, esta versión gozó de tal aceptación y divulgación por ser una etimología amigable para los hablantes del quechua actual y asociado a la idea de que los incas tenían a esta como “la lengua única” del imperio. Hubo dos interpretaciones populares que buscaron justificar esta interpretación. La primera asocia la idea de grasa como elemento vital del organismo y se relacionaba con la labor de los pishtacos para extraerla. La segunda con la vía láctea al asociarla con la espuma de mar en su forma visible en el cielo. Ambas, si bien imaginativas, no eliminan el problema de partir del quechua para su interpretación.

En segundo lugar, tenemos al Inca Garcilaso de la Vega. Él rechaza esta interpretación, argumentando que no se puede realizar una interpretación literal del nombre por ser un nombre propio.  Alega además que los nombres propios no pueden estudiarse con la misma transparencia que un nombre de lugar, por ejemplo. Lo curioso en este punto es que no se haya tomado en cuenta la sugerencia del Inca Garcilaso y haya prevalecido la de Gonzales Holguín. Es llamativo porque siendo él unos de los principales alimentadores de la teoría del quechuismo inca tenga reparos en interpretar dicho término en esta lengua.

Qué dicen las interpretaciones modernas

Existen cinco interpretaciones contemporáneas sobre el término. La primera se la debemos al investigador Johann Jakob von Tschudi; la segunda es del historiador polaco Jan Szemiñski; la tercera es del lingüista peruano Alfredo Torero, la cuarta es del quechuista francés César Itier y la quinta es del lingüista peruano Rodolfo Cerrón Palomino. Revisemos con detalle cada una de ellas.

En primer lugar, Von Tschudi propuso que Vira provenía de “wira” y que esta era una forma modificada de ”wayra”, término que significa “viento” o “aire” en quechua. De esta manera obtiene la traducción “lago de viento”. Su argumento central son los fuertes vientos que tienen lugar en el borde del lago Titicaca. El problema de esta propuesta está en la modificación que supone para la palabra de [ay]>[i] la cual no tiene motivación lingüística concreta: si bien es una posibilidad de cambio fonético es muy poco común en el quechua. No es posible encontrar este tipo de cambios de sonidos ya sea en el actual como en el que se registra en época colonial y nos hace desconfiar de la propuesta de este investigador. Para postular este tipo de cambios se necesita evidencia de que ha sucedido antes y no sugerirla como un posible cambio teórico. Esto la descarta.

La segunda interpretación se la debemos al investigador polaco Jan Szemiñski. Este autor asocia el término “wira” con “vira” en quechua y lo asocia también al término “vila” del aimara donde significa “sangre”. Es decir, asume que “wira” proviene de “vira” y esta es una variación de “vila”. Esto es factible, ya que el paso de la “r” a “l” es una transición común en lugares donde se habló aimara y luego quechua. Ejemplo de ello es el paso de “rímac” a “lima(c)”. Lo que presupone este autor es un camino inverso, una restitución, de “l” a “r” motivado por el paso del aimara al quechua como lengua oficial en algún momento de la historia inca. Un  ejemplo de este fenómeno es el término, “lunahuaná” que proviene de “runa-wana-q” que significa “lugar ausente de personas”.

La variación central de este autor reside en interpretar la palabra “cocha” por “qᶦucha”, la cual, para él, tiene el significado de “almácigo” o “semillero”. La traducción que alcanza sería la de “semillero de sangre”. Es una propuesta complicada, pero interesante. Por un lado, lo llamativo es cómo este autor usa otra lengua más allá del quechua para darle sentido a su traducción. Es una excelente intuición, ya que asume al aimara como una lengua de importancia anterior al quechua. Por otro lado, no justifica con claridad la traducción que realiza del segundo elemento la misma que se mantendría en el quechua, sin fuentes que lo sustente. De este modo, no obtenemos una interpretación satisfactoria, pero, como indicamos, una intuición importante.

La tercera interpretación se la debemos al lingüista peruano Alfredo Torero. Este autor propone que el término “wira” es una metátesis, es decir, un intercambio de vocales entre sílabas, de “wari, el nombre de la cultura y de su divinidad principal”. Ahora bien, esta modificación de vocales es extraña también frente a los registros de esta lengua y a los trabajos de reconstrucción en general. La misma suele tener como protagonista a las sílabas completas y no a vocales aisladas. Asimismo, siendo un término de alta importancia política, es llamativo que las personas vacilen en su uso y se genere un “error” de esta naturaleza al momento de pronunciarse. Torero asume, también, que dicho culto se habría difundido de la zona Wari de Abancay hacia el Lago Titicaca mediante el pastoreo. Esta interpretación del término también queda descartada por la modificación advertida de vocales que no tiene una justificación clara. Hay que sumar la idea de que Viracocha es un culto principalmente agrícola, por lo que este sería un uso posterior.

En cuarto lugar, tenemos la interpretación del investigador francés César Itier. Este propone como significado “mar del primer amanecer”. Para empezar, Itier proponer que “wari” proviene de “*waray” que significa amanecer en más de una variedad de quechua. Luego, este elemento, siguiendo lo que propone Torero, se convertiría en “wira”. La traducción que propone Itier es la mencionada anteriormente.

En las propuestas revisadas hasta acá hay dos errores comunes: el primero, y más grave, es partir del quechua como fuente de la raíz de la palabra y la segunda es recurrir a modificaciones fonéticas que resultan extrañas frente a los comportamiento registrados en los estudios sobre el quechua mismo. Revisemos la última. La misma que busca subsanar los problemas mencionados previamente.

La quinta es de Rodolfo Cerrón Palomino, lingüista de la PUCP. La misma tiene tres elementos a considerar: no se parte del quechua para interpretar, pero sí del aimara, lengua que se hablaba antiguamente en el territorio del lago Titicaca y luego por los incas antes que adoptaran el quechua; se explica mediante procesos fonéticos registrados en dicha variedad (aunque sea de manera inversa, ya lo veremos) y proceso de normalización posterior, propio de la época en que el quechua se expandía como la lengua del imperio y el aimara retrocedía en difusión en el área andina.

Según su investigación, Tupac Yupanqui habría institucionalizado sacrificios humanos con relación al culto solar que se realizaba en dicho lago: lugar de origen de este culto. Huayna Cápac siguió también con dicha práctica y con incluso más fervor, pero la desplazó a la isla de Apinguela, ahora conocida como “Vilacota”. Se cuenta que los sacrificios fueron tan numerosos que las costas se teñían de sangre y de un color púrpura. Por ello, el  nombre “vila” que significa “sangre” y cota “lago”. Ambos términos del aimara. Por lo tanto, el nombre haría referencia a este hecho. Asimismo, dicho término fue interpretado por los quechuahablantes posteriores como una perversión de un término quechua en fonética aimara. Sin embargo, la dirección es justamente la opuesta. El término aimara fue interpretado como quechua y se le aplicó las modificaciones correspondientes, a saber, “vila”> “wira” y “cota”>”cocha”. Por último, y como tercer aspecto a considerar, se asume que este proceso de normalización tiene lugar cuando el quechua se difunde con mayor fuerza en la última etapa de los incas. Esto nos lleva a interpretar que el aimara fue la lengua anterior de los Incas, hasta Huayna Capac, por lo menos, y que luego esta fue retrocediendo frente al quechua. En términos simples, y como idea para interpretar muchos términos de oscura procedencia, debemos asumir que el quechua, la tercera lengua usada por los incas, funciona como superestrato de elementos aimaras y puquinas, complicando su interpretación que de por sí es ya oscura.

Las lenguas de señas: no un mecanismo mnemotécnico ni una traducción. Sí una lengua natural

Introducción

En el 2014, la película “La tribu”, film del director ucraniano Myroslav Slaboshpytskiy, mostró la vida dentro de un internado adolescente donde la violencia y prostitución eran pan de cada día. El gran detalle de esta película es que el centro educativo era de gente sorda. Este elemento hizo que el film intensifique sus emociones y evidencie el gran poder expresivo de esta lengua. Y, sin ir muy lejos, en todo el proceso de cuarentena en Perú, hemos apreciado a Moisés Piscoya Arteaga, intérprete de lengua de señas en la imagen inferior, aparecer diariamente para presentar las disposiciones del gobierno sobre la crisis sanitaria vivida. Ambos elementos son síntomas de que la realidad que viven estas personas ha ido mejorando con el paso del tiempo gracias a múltiples políticas inclusivas en los últimos años, aunque su integración total y constante exposición necesita de una estrategia más poderosa que deje en claro que esta también es una lengua originaria en nuestro país. Siguiendo esta idea, abordaremos el tema de la lengua de señas: pero, ¿qué es una lengua de señas?, ¿es un medio o una lengua natural?, ¿tiene variedades?, ¿desde cuándo se usa? Estas preguntas serán respondidas en la siguiente nota y trataremos, con ello, de contribuir con familiarizar a la gente con estas comunidades.

Resumen

 

– Una lengua de señas es una lengua natural que usa una configuración gesto-espacial y de percepción visual para su expresión. Es decir, usa gestos visibles como unidades para comunicar y tiene al espacio como canal para ello.

– Las lenguas de señas han existido desde el inicio de la humanidad y han sido utilizadas por comunidades tanto de personas sordas como oyentes. Las lenguas de señas modernas cambian y evolucionan con el tiempo. En este sentido, es considerada una lengua histórica con variedades geográficas, sociales y situacionales. Las cuatro principales desde donde derivan la gran mayoría son: i) Las lenguas originadas de la lengua de señas de Kent; ii) Las lenguas originadas de la antigua lengua de señas francesa; iii) Las lenguas originadas del código británico (BSL) y iiv) lenguas originadas de la lengua de señas alemana (DGS.

-Las lenguas de señas poseen una fonología abstracta, llamada en este caso querología. Esta analiza rasgos de posición, orientación y configuración, de modo análogo a los rasgos fonemáticos de las lenguas orales. Las lenguas de señas tienden a ser analíticas con poca morfología. Los procesos morfológicos más usados son los procesos de formación de palabras: derivación y composición. Además, poseen una sintaxis que obedece a los mismos principios generales que las otras lenguas naturales.

-Hay diversos mitos sobre las lenguas de señas. En este texto revisaremos tres. Esto son los siguientes: “La lengua de señas es un mecanismo mnemotécnico”; “La lengua de señas es una traducción de los idiomas”; y “La lengua de señas no cambia a través del tiempo”. Al rebatirlos presentaremos las características más relevantes de estas lenguas.

 

Qué es una lengua de señas

Una lengua de señas es una lengua natural que usa una configuración gesto-espacial y de percepción visual para su expresión. Es decir, usa gestos visibles como unidades para comunicar y tiene al espacio como canal para ello. La misma cumple con todos los rasgos de una lengua histórica y presenta diversos niveles estructurales de constitución lingüística como la fonología, morfología y sintaxis. Además, la misma se aprende en un entorno comunitario y cambia de acuerdo a las necesidades expresivas de sus usuarios. Mediante este código las personas sordas pueden comunicarse con su entorno social, conformado por otras personas sordas o por cualquier persona que conozca la lengua de señas empleada.

 

Origen y variedades

Las lenguas de señas han existido desde el inicio de la humanidad y han sido utilizadas por comunidades tanto de personas sordas como oyentes. De esto hay muchos ejemplos. Acá presentaremos cuatro de manera muy breve.

En primer lugar, tenemos el caso de indios en las llanuras de América del Norte. Ellos usaban una lengua de señas para hacerse entender entre etnias de lenguas con fonologías extremadamente diversas. En este caso la lengua de señas funcionaba como una lengua franca para agilizar la comunicación entre grupos distintos. El sistema estuvo en uso hasta mucho después de la llegada de los españoles.

En segundo lugar, en el siglo XX, se documenta el caso de la lengua de señas Urubu-Kaapor, en Brasil gracias a los reportes de finales de los años sesenta del lingüista estadounidense Jim Kakamasu. Aunque la misma, se reconoce por los historiadores desde mucho antes y con un rol social muy importante. Esta tribu, y sus aproximadamente seis pueblos anexos, tiene una gran parte de sus integrantes con discapacidad auditiva debido a la herencia y la difusión de un gen dominante entre sus integrantes. El mismo produce un niño sordo cada 75 habitantes. Estos usaban esta lengua gestual entre sí tanto entre oyentes como no oyentes.

En tercer lugar, un caso similar se desarrolló en la isla de Martha’s Vineyard, al sur del estado de Massachusetts. En este lugar, debido al gran número de personas sordas, se empleó una lengua de señas que alcanzó a ser de uso general. Incluso entre oyentes hasta principios del siglo XX. Este número oscilaba entre 30 a 40 mil pobladores.

En cuarto lugar, y como un caso mixto, tenemos el caso de la tribu taungurung de Australia, quienes usan un sistema de señas exclusivamente para los números. Esto motivado por su perfil de cazadores quienes para advertir el número de presas usan signos. Con ello evitan el ruido y pueden transferir información a cierta distancia.

Con estos ejemplos se demuestra que el uso de señas es natural como medio de comunicación en el ser humano y se advierte su uso único o de manera mixta desde la aparición del lenguaje actual. Sin embargo, no existen referencias documentales sobre estas lenguas hasta antes del siglo XVII. Los datos que existen desde aquel entonces son, principalmente, de métodos educativos para personas sordas. Revisemos los principales ya que dan cuenta de la perspectiva que había sobre las mismas al momento de su publicación y porque de ellas se derivan los sistemas más usados actualmente.

Una de las primeras menciones es de Jerónimo Cardano, en el siglo XVI, médico de Padua, Italia, quien sugería un método para que las personas sordas se permitan entender: un sistema referencial que combinaba símbolos escritos y objetos del mundo. En este tratado queda en claro que se reconoce un problema en el canal, mas no en la capacidad expresiva del sujeto sordo.

En 1620, Juan de Pablo Bonet publicó el primer tratado moderno de logopedia su “Reducción de las letras y Arte para enseñar á hablar los Mudos”. En este documento se proponía un método de enseñanza oral para las personas sordas mediante el uso de señas alfabéticas configuradas para una sola mano. Este se divulgó en toda Europa y el mundo con bastante rapidez. Este alfabeto manual mejoró la comunicación de las personas con discapacidad auditiva por uniformizar las señas en Europa y en sus colonias. En 1817, Thomas Hopkins Gallaudet, investigador de Yale, pionero en estos temas en Estados Unidos, fundó la primera escuela para personas sordas, en Hartford, Connecticut.

Laurent Clerc, pedagogo francés, que a raíz de un accidente conoció la lengua de señas francesa, lleva a América este sistema y se convierte en el primer maestro sordo de lengua de señas en dichos territorios. Poco tiempo después de la aparición de estos pioneros, las escuelas para personas sordas aparecieron en varios estados. Entre ellos, la Escuela de Nueva York, que abrió sus puertas en 1818. En 1820, otra escuela se abrió en Pensilvania, y un total de veintidós escuelas se habían establecido a lo largo de los Estados Unidos hasta el año 1865.

Del tratado sobre “Reducción de las letras y Arte para enseñar á hablar los Mudos” se hicieron traducciones a las principales lenguas.​ Sobre la base del alfabeto divulgado por Juan Pablo Bonet, Charles-Michel de l’Épée publicó en el siglo XVIII su alfabeto: este es el que ha llegado hasta la actualidad, siendo conocido internacionalmente como alfabeto manual español.

 

Variación a través del tiempo

Las lenguas de señas modernas cambian y evolucionan con el tiempo. En este sentido, es considerada al igual que una lengua natural una lengua histórica con variedades geográficas, sociales y situacionales. Bajo este criterio, los investigadores clasifican estas lenguas en familias. Estas son las cuatro principales:

 

  1. Las lenguas originadas de la lengua de señas de Kent. Esta fue usada durante el siglo XVII y dio lugar a la lengua de señas usada en Martha’s Vineyard, Massachusetts. Se considera como la base de la lengua de señas americana o ASL por sus iniciales en inglés.
  2. Las lenguas originadas de la antigua lengua de señas francesa. Estas se remontan a las formas estandarizadas de las lenguas de señas usadas en España, Italia y Francia desde el siglo XVIII en la educación de personas sordas. En concreto, la antigua lengua de señas francesa se desarrolló en el área de París, gracias a los esfuerzos del abad Charles Michel de L’Épée en su escuela para personas sordas. En tiempos más actuales, esta lengua ha dado lugar a otras varias, como la lengua de señas americana (ASL), la lengua de señas mexicana (LSM), la moderna lengua de señas francesa (LSF), la lengua de señas italiana (LIS), la lengua de señas de Irlanda (IRSL) y las lenguas de señas ibéricas. Estas últimas fueron desarrolladas por los educadores españoles de personas sordas del siglo XIX formados en el Instituto Nacional de Sordomudos de París. De ellas se ramifican dos lenguas diferentes con cierta comprensión entre ellas: la lengua de señas española (LSE) y la lengua de señas catalana (LSC).
  3.  Las lenguas originadas del código británico (BSL). Esta se diversifica en el siglo XIX en la lengua de señas australiana (Auslan), la lengua de señas de Nueva Zelanda (NZSL) y la lengua de señas de Irlanda del Norte (NIRSL).
  4. Las lenguas originadas de la lengua de señas alemana (DGS), se considera que está relacionada con la lengua de señas de la Suiza alemana (DSGS), la lengua de señas austríaca (ÖGS) y probablemente la lengua de señas israelí (ISL).

 

Características de una lengua de señas

Aunque suene llamativo, las lenguas de señas poseen una fonología abstracta, llamada en este caso querología. Esta analiza rasgos de posición, orientación y configuración, en un modo análogo a como son analizados los rasgos fonemáticos de las lenguas orales. Además, la realización de cada signo está sujeto al mismo tipo de variación que sufren los sonidos de las lenguas orales como variación dialectal, asimilación y cambio lingüístico.

El conjunto de unidades simbólicas mínimas o “fonemas” de la mayoría de lenguas de señas puede analizarse en términos de siete parámetros formativos básicos:

  1. Configuración. Forma que adquiere la mano para realizar un signo
  2. Orientación de la mano: palma hacia arriba, hacia abajo, hacia el usuario de las señas.
  3. Lugar de articulación. Lugar del cuerpo donde se realiza el signo: boca, frente, pecho, hombro.
  4. Movimiento. Movimiento de las manos al realizar un signo: giratorio, recto, vaivén, quebrado.
  5. Punto de contacto. Parte de la mano dominante (derecha si eres diestro, izquierda si eres zurdo) que toca otra parte del cuerpo: yemas de los dedos, palma de la mano, dorso de los dedos.
  6. Plano. Es donde se realiza el signo, según la distancia que lo separa del cuerpo, siendo el Plano 1 en contacto con el cuerpo, y el Plano 4 el lugar más alejado (los brazos estirados hacia delante).
  7. Componente no manual. Es la información que se transmite a través del cuerpo: Expresión facial, componentes hablados (componentes orales) movimientos del tronco y hombros. (Como ejemplo; al expresar futuro nos inclinamos ligeramente hacia delante, y al expresar pasado, hacia atrás).

Estos son paralelos con los parámetros usados para analizar la fonología de las lenguas orales.

Muchas lenguas de señas tienden a ser lenguas analíticas con poca morfología. Es decir, utilizan elementos aislables y no amalgamados en un solo elemento. Esto, sin embargo, puede ser más una consecuencia del origen histórico de las mismas: su fuerte origen europeo. En la mayoría de lenguas de señas, por ejemplo, los procesos morfológicos más usados son los procesos de formación de palabras: derivación y composición. Esto quiere decir que se encargan de ampliar significados y de crear nuevas palabras más que en cumplir funciones gramaticales como la flexión verbal.

Poseen una sintaxis que obedece los mismos principios generales que las otras lenguas naturales. Por ejemplo, presentan tipología. Esto es un orden canónico para la construcción de oraciones. Por lo general, este orden es sujeto-verbo-objeto, aunque las hay sujeto-objeto-verbo. Esta variación es semejante al de las lenguas naturales.

 

 

Mitos

Una manera de revisar algunas de las características principales de estas lenguas es rebatir mitos sobre las mismas. Algunos se replican hasta nuestros días y terminan por ocultar la riqueza lingüística de este tipo de sistemas. A continuación, revisaremos tres mitos, de entre los muchos que aún existen, relacionados sobre este tema.

 

Mito 1: “La lengua de señas es un mecanismo mnemotécnico”.

Muchos piensas que la lengua de señas se utiliza para remitir a los elementos de las lenguas naturales. Muy similar al trabajo de taquigrafía. Pero este no es el caso. Las lenguas de señas son lenguas naturales que tienen estructuras gramaticales perfectamente definidas. De hecho, existen personas, incluso oyentes, cuya lengua materna es una lengua de señas. Además, el proceso de adquisición lingüística estudiado en niños sordos sigue las mismas etapas de aprendizaje que las lenguas orales. Y, como comentamos, sus construcciones se ven afectadas por procesos morfológicos, hay movimiento de elipsis sintáctica, y cambios “fonológicos” tienen lugar en las lenguas de señas.

Mito 2: “La lengua de señas es una traducción de los idiomas”.

Este mito apunta a que la lengua de señas solo es una traducción de la lengua histórica hablada en el lugar donde esta se usa. Sin embargo, y gracias a la gramática que presentan, la lengua de señas y la lengua oral más usada en los mismos países difieren gramaticalmente en diversos aspectos. Uno de los más claros es la posición del núcleo sintáctico que determina tipologías distintas o, como vimos, el orden sintáctico de los constituyentes también puede diferir.

Mito 3: “La lengua de señas no cambia a través del tiempo”.

Al considerarse simples mecanismos de expresión o recursos mnemotécnicos, se asume que las lenguas de señas no cambian a través del tiempo y que son códigos fijos. Las lenguas de señas difieren entre sí, tanto en el léxico como en la gramática, tanto como difieren entre sí las lenguas orales.

 

 

En general, las lenguas de señas son independientes de las lenguas orales y siguen su propia línea de desarrollo. Por último, un área que tiene más de una lengua oral puede tener una misma lengua de señas, pese a que haya diferentes lenguas orales.​ Este es el caso de Canadá, los EE. UU. y México, donde la lengua de señas americana (ASL) convive con las lenguas orales inglesa, española y francesa. De manera inversa, en una zona donde existe una lengua oral que puede servir de lengua franca, pueden convivir varias lenguas de señas, como es el caso de España, donde conviven la Lengua de signos española (LSE) y la Lengua de signos catalana (LSC).

Silbo: la lengua que nos enseña cómo pudo ser el lenguaje antes del hombre

 

 

 

Introducción

Existen muchas teorías sobre el origen del lenguaje humano. Para algunos investigadores, como Derek Bickerton, este surgió de manera abrupta mediante una mutación en el cerebro de los homos sapiens hace ya cien mil años antes de nuestros días. Pero que alcanza las características de hoy en día hace, únicamente, setenta mil. Para otros, como Michael Tomasello, este paso fue gradual y responde a un desarrollo cultural. Fue el impulso de un despligue cultural sin precedentes lo que forjó el lenguaje como lo conocemos. Sin embargo, ambas posiciones reconocen que la naturaleza ya expresaba sin necesidad de lenguaje y que una vía que inspiró al sapiens a desarrollar comunicación pudieron ser los animales, sobre todo las aves. Esta intuición se mantiene al ver en nuestros días un amplio número de culturas que adaptan sus lenguas históricas a los silbidos. En la actualidad, hay un fuerte interés en estas por tres razones entre otras: estar en un lento proceso de extinción; para estudiar cómo el cerebro humano extrae significados de los sonidos y, acaso, conocer cómo pudo originarse el lenguaje humano. ¿Cómo funcionan estas lenguas?, ¿en qué contextos se usa? Responderemos estas preguntas en el siguiente informe y pondremos mayor atención al silbo gomero, la variedad mejor estudiada de estas lenguas desarrollada en las Islas Canarias.

Resumen

-Las lenguas silbadas son un sistema de comunicación que adapta lenguas históricas a silbidos.

-En el mundo existen alrededor de setenta culturas que usan el silbido como adaptación de sus lenguas históricas. Por lo general, se usan en tres espacios geográficos: territorios agrestes, espacios montañosos y selvas tupidas.

-Según el investigador, Julien Meyer del CNRS francés estas lenguas funcionan porque muchos elementos del habla natural pueden ser imitados por el silbido.

-Para los lingüistas, el estudio de este tipo de lenguas representa tres intereses: reconocer el comportamiento del cerebro para comprender los sonidos; investigar cómo el cerebro extrae significados de sonidos; y cómo puede haber pasado un lenguaje holístico, analógico, que incluía música, canto y silbidos como herramientas al lenguaje digital que utilizamos hoy en día.

-La lengua de silbidos más estudiada es el silbo gomero de las Islas Canarias. La misma traduce a silbidos el castellano, pero anteriormente lo hizo con el Guanche, lengua originaria, y ya extinta, de dicha isla. El silbo gomero se usa para comunicarse a través de barrancos y puede utilizarse en distancias de 2 a 5 km.

-Por las limitaciones de este medio, la lengua de silbidos trabaja mediante mensajes cortos y a menudo deben reforzarse mediante repetición. La misma codifica sonidos vocales y consonantes en silbidos tonales de 120 decibeles, es decir, más que un claxon de auto, y con acentos de 4 khz los cuales se distinguen fácilmente del sonido ambiental.

-Se afirma, además, que sirve en esta comunidad para convocar a fiestas, funerales, romerías, bodas y bautizos. Asimismo, afirman los pobladores, es un lenguaje público para comunicar lo que puede decirse en voz alta.

-A partir de los años 40 del siglo XX, la emigración masiva, el incipiente turismo y la mejora en todo tipo de sistema de comunicación han reducido a un pequeño grupo de personas el uso del silbo.

 

Una tecnología para territorios particulares

Las lenguas silbadas son un sistema de comunicación que adapta lenguas históricas a silbidos. Esto quiere decir que el silbido convierte fonemas, sílabas y frases en tonos, longitudes e intensidades. La mayoría de estas lenguas usan la boca como instrumento y una fracción de estas, identificada en África, usa silbatos.

Por lo general responde a tres espacios geográficos: territorios agrestes, espacios montañosos y selvas tupidas.

En el mundo existen alrededor de setenta culturas que usan el silbido como adaptación de sus lenguas históricas. Estas se pueden encontrar en América, Asia, Europa y África. En América, por ejemplo, se usa en México en las lenguas amuzgo, chinanteco, chol, kikapú, mazateco, náhuatl, otomí, tepehua, totonaca y zapoteca.  En Brasil usan silbidos los hablantes de piraha, una lengua particular además por la estructura de su gramática, como podemos ver en esta nota. En Asia usan silbidos en Birmania con la lengua chin; en Nepal con la lengua clepang y en Turquía con la lengua kuskoy.  En Europa se usa en Grecia, Francia y España. En la primera se adapta el griego de la zona de Antia; en Francia se usa en los Pirineos y en España en las Islas Canarias: en La Gomera y El Hierro. Sobre la variedad de Silbo Gomero, hablaremos más adelante.  En Oceanía se usa el silbido en la lengua gasup en Papúa Nueva Guinea.

 

Relevancia para los investigadores

Según el investigador, Julien Meyer del CRNS francés estas lenguas funcionan porque muchos elementos del habla natural pueden ser imitados por el silbido.

Una vocal como una “e” larga, por ejemplo, se forma más alta en la boca que una “o” larga. Esto quiere decir que para pronunciarla, la mandíbula se eleva más que en el caso de “o”. Esto se representa en el silbo como un sonido más agudo. El silbido usa la calidad del sonido,  el timbre de la vocal y lo usa para distinguir entre sonidos. Por otro lado, las consonantes también se pueden silbar. La “t”, por ejemplo, tiene frecuencias más altas que “k”, lo que le da a los dos sonidos un timbre diferente. Para generar estas distinciones también se realizan modificaciones sutiles en los movimientos de la lengua. Un dato interesante proviene de personas enfrentadas por primera vez a este tipo de lenguas. Anaïs Tran Ngoc, estudiante de posgrado en lingüística de la Universidad de la Costa Azul ha descubierto que los músicos entrenados reconocen mejor las consonantes que los no músicos, y los flautistas son mejores que los pianistas y violinistas. Además, ella misma músico, especula que esto se debe a que los flautistas están entrenados para usar sonidos como t y k para ayudar a articular notas con nitidez.

Para Meyer, la habilidad de los silbadores experimentados reside en capturar todas estas distinciones variando el tono y la articulación de su silbido. Lo interesante es que esta habilidad también implica adaptar lenguas históricas a esta tecnología de silbidos.

Un punto importante es que estas adaptaciones a silbidos solo funcionan con lenguas que no usan el tono para distinguir significado. A estas se les denomina lenguas no tonales como el inglés, el español y la mayoría de los demás idiomas europeos. Por el contrario, lenguas como el chino donde una misma sílaba puede ser distinta en significado dependiendo de si el tono es ascendente, descendente, o neutro. Quizá las lenguas tonales ya hayan integrado las propiedades del silbido en su gramática.

Para los lingüistas, el estudio de este tipo de lenguas representa tres intereses: reconocer el comportamiento del cerebro para identificar los sonidos, investigar cómo el cerebro extrae significados de sonidos y cómo puede haber pasado un lenguaje holístico, musical al lenguaje digital que utilizamos.

En primer lugar, en la actualidad, se asume que el cerebro íntegro se encarga de realizar las funciones de manera organizada. Sin embargo, se sigue manteniendo la idea y ahora reforzada por el uso de herramientas electromagnéticas, que hay sectores especializados o que demuestran una actividad mayor para ciertas actividades. Este es el caso del lenguaje hablado, el cual es localizado usualmente en el hemisferio izquierdo. Los científicos que estudian el silbo han encontrado dos datos interesantes: primero, que la mayor cantidad de lenguajes silbados se interpretan, procesan y decodifican en el hemisferio izquierdo en áreas similares al lenguaje hablado. Y, segundo, que hay una lengua de silbidos que utiliza explícitamente las dos áreas: el silbido turco, el kuskoy, hablado en la zona del mar Negro por cerca a diez mil personas. Esto, indican los especialistas, se debe a que esta lengua codifica melodía, frecuencia y tono de manera compleja y estos rasgos son usualmente procesados por el hemisferio derecho, al momento de escuchar música, por ejemplo.

En segundo lugar, un punto crucial para los investigadores es cómo el cerebro humano extrae significados de estos segmentos de sonido silbado. El cerebro humano, para interpretar lenguaje oral, segmenta elementos discretos y los contrasta con un banco de información en la memoria. El proceso es más complejo en estas secuencias, pero estaría, en la base, el mismo proceso: hacer discreto secuencias continuas. Es ahí donde las pausas, los cambios de tono y las secuencias repetitivas juegan un rol para que el cerebro intuya dónde comienza un mensaje y dónde termina.

En tercer y último lugar, muchos autores desde hace bastante tiempo, encuentran un vínculo entre esta herramienta y el origen del lenguaje. Para Julien Meyer, por ejemplo, este tipo de silbido podría ser un precursor del lenguaje que utilizamos en tanto la cantidad de información que transmite no es muy alta, es de frases hechas y sin una alta complejidad sintáctica. No es que el lenguaje hablado provenga directamente del lenguaje silbado, sino que este último da muestras de cómo debió ser un protolenguaje y cómo debió haberse procesado en nuestro cerebro primigenio.

Esta hipótesis, con múltiples versiones, tiene larga data ya que podemos encontrarla en el Origen del Hombre (1874) de Darwin quien encontraba en la música, el canto y los silbidos, y en una supuesta forma unificada un protolenguaje musical. Con el paso del tiempo estos rasgos se han independizado. Otros autores, ven el paso de un lenguaje analógico a uno digital. Esta sería una situación cercana a la anterior y se representaría en los estudios del cerebro, como en la lengua de Turquía que mencionamos. Sería del paso de utilizar ambos hemisferios del cerebro a una especialización de un área específica que atiende más a los elementos discretos que a las ondas continuas. Para los científicos de corte materialista, muchos ven una continuidad en la expresividad de la naturaleza desde niveles atómicos, moleculares, celulares, pluricelulares hasta los seres complejos alegando que la naturaleza tiene como objetivo su propia expresión. En este sentido, la comunicación de las plantas, animales y seres humanos respondería a un mismo imperativo pero con distintos grados de complejidad.

 

El silbo Gomero de las Islas Canarias

La lengua de silbidos más estudiada es el silbo Gomero de las Islas Canarias. Las misma traduce a silbidos el castellano, pero anteriormente lo hizo con el Guanche, lengua originaria y ya extinta dentro de dicha isla. El silbo Gomero se usa para comunicarse a través de Barrancos y puede utilizarse a través de distancias de 2 a 5 Km. Esta es una isla de origen volcánico, el cual ha configurado un espacio particular para que este recurso se pueda aprovechar mediante su acústica. Asimismo, la distancia de los poblados, provocada inicialmente por la actividad aparentemente dormida de los volcanes, ubicó casa a kilómetros de distancia, incluso en las puntas distantes de dos cerros.

Por las limitaciones de este medio, la lengua de silbidos trabaja mediante mensajes cortos y a menudo deben reforzarse mediante repetición. La misma codifica sonidos vocales y consonantes en silbidos tonales con cerca a 120 decíbeles, es decir más que un claxon de auto, y con acentos de 1 a 4 khz los cuales se distinguen fácilmente del sonido ambiental.

Acá un breve video sobre el mismo: Silbo Gomero. Unesco

Se dice además que sirve en esta comunidad para convocar a fiestas, funerales, romerías, bodas y bautizos. Asimismo, afirman los pobladores es un lenguaje público para comunicar lo que puede decirse en voz alta. Es fácil encontrar en las escuelas primarias de estas regiones intentos por revitalizar el silbo. Este trabajo ha detenido de alguna manera su rápida desaparición.

 

Si bien es de un alto interés científico y cultural, esta lengua está en extensión. A partir de los años 40 del siglo XX, la emigración masiva fuera de todo territorio español por acción de las guerras internas y europeas, el incipiente turismo y la mejora en todo tipo de sistema de comunicación, el silbo ha quedado reducido a un pequeño grupo de personas. Frente a esto, y no de menor importancia, es la fuerte urbanización que sufrió la isla, considerando que la actividad volcánica no regresaría, y acortando las distancias para el uso del silbo. Lamentablemente, en la actualidad, dicha irrupción del espacio natural ha traído catástrofes a la isla.

Los tres principales dioses andinos: Con

Con: divinidad acuífera y voladora a la vez

“Con” es uno de los primeros dioses en la mitología andina y tuvo un culto sostenido hasta que se le asoció con desastres. Este vínculo fue establecido, según María Rostorowski, de manera posterior por los defensores del culto a Pachacamac y Vichama que le sucedieron. Existen dos propuestas para su origen: para algunos, tiene lugar en el norte del Perú, propiamente la sierra de Trujillo. Para otros, lo ubican en la zona de Nazca.

Para Alfredo Torero, el origen de esta divinidad es norteña. Principalmente por ser un término que sí se encuentra en la lengua culle, hablada en la sierra de Trujillo hasta Cajamarca. En esta lengua, con tiene el significado de “agua”. Asimismo, Torero considera que hace alusión directa a los secos arenales y al cultivo por riego que los ríos permiten. Además, esta información es de la Colonia temprana: la proporciona Rodrigo Lozano, uno de los primeros españoles en Perú y uno de los fundadores de la ciudad de Trujillo. Él obtuvo la versión original en Trujillo, y el valle de Moche y valles cercanos.

 

Dios Con en la cultura Nazca

Para María Rostorowski, Con tendría un origen sureño. Antiguamente, la parte “suprema” en idioma de navegantes hacía referencia al sur por las corrientes que presentaba. En este sentido, para ella, Con es un dios traído por la cultura Nazca que migró hacia el norte en época de sequías. Esta sería la razón principal por la cual este fenómeno se asocia al dios. Es más, Rostworowski lo vincula con el mito de Naylamp, quien llegó en embarcaciones a la costa norte del Perú, según esta versión, desde el sur y no del norte como se suele interpretar. Otro de los elementos para la versión de esta historiadora es la iconografía Nazca que hace referencia a un ser con los atributos del dios Con.

 

 

Otra representación de Con en Nazca

Se le describe como un dios alado que aparece en el principio del mundo de la región norte; no tenía huesos; bajaba la altura de los cerros y alzaba la de los valles. Se le atribuye el poder de achicar o de ampliar la tierra y los paisajes. Es un dios que otorga herramientas y productos a los hombres del primer tiempo para su manutención. Sin embargo, poco a poco, estos primeros hombres perdieron la devoción a este dios.

En cierto momento, enojado con los primeros hombres, convirtió la tierra de la costa en arenales secos y estériles donde nunca más llovió, pero dejó los ríos para que los hombres se mantuvieran con regadío y trabajo. Tiempo después apareció un nuevo dios, Pachacamac, hijo del sol también y de la luna, quien lo venció y desterró, convirtió en monos, zorros y lagartos a los primeros hombres antiguos creyentes de Con e hizo una nueva humanidad.

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