TAMBIÉN LOS CATÓLICOS NECESITAMOS HEROES QUE NOS INSPIREN

Entrevista al Cardenal Carlo María Martini

Estimados Blogueros:

Hace unos días, a los 85 años, dejó este mundo el Cardenal Jesuita Carlo María Martini. A muchos sorprendió la cantidad de ciudadanos(as) que acudieron a su entierro, que tuvo lugar en Milán. Se estima que hasta 6.000 personas desfilaron cada hora por la capilla ardiente que se puso para la ocasión.
Hace muchos años leí un libro en el que se reproducía un intercambio epistolar entre él (como hombre de fe) y Humberto Eco (en tanto ateo) para discutir cuestiones de humanidad y de sentido de la vida. Ese libro, llamado “en que creen los que no creen” es muy útil para ver como desde la perspectiva católica se puede conversar y discutir sobre cuestiones del mundo actual sin que se sea arbitrario impositivo.
El Cardenal Martino fue un extraordinario hombre de fe y gran intelectual, y mejor pastor. Lo podemos apreciar en la entrevista que poco antes de su muerte concedió a l periodista jesuita Georg Sporschill, a manera de “una suerte de testamento espiritual”, la misma que fue publicada en el diario italiano Corriere della Sera (01.09.2012). Disfrutemos la entrevista a continuación:


Por: Georg Sporschill

¿Cómo ve la situación de la Iglesia?

La Iglesia está cansada, en la Europa del bienestar y en América. Nuestra cultura se ha envejecido, nuestras Iglesias son grandes, nuestras casas religiosas están vacías y el aparato burocrático de la Iglesia crece, nuestros ritos y nuestros vestidos son pomposos. Sin embargo, ¿todo esto expresa lo que nosotros somos hoy? (…) El bienestar pesa.
Nosotros nos encontramos aquí como el joven rico que se volvió triste cuando Jesús le llamó para hacerlo convertirse en su discípulo. Ya lo sé, no lo podemos dejar todo con facilidad. Pero, al menos, podremos buscar hombres que sean libres y más cercanos al prójimo, como lo han sido el obispo Romero y los mártires jesuitas de El Salvador. ¿Dónde están los héroes que nos inspiren? Por ninguna razón no los hemos limitar con los vínculos de la institución.

¿Quién puede ayudar a la Iglesia hoy?

El padre Karl Rahner usaba a menudo la imagen de las brasas que se esconden bajo la ceniza. Veo en la Iglesia de hoy tanta ceniza sobre las brasas que a menudo me invade una sensación de impotencia. ¿Como se puede liberar la brasa de la ceniza para que pueda reavivar la llama del amor? Ante todo tenemos que buscar esa brasa. ¿Donde están las personas individuales llenas de generosidad como el buen samaritano? ¿Quienes tienen fe como el centurión romano? ¿Quienes son entusiastas como Juan Bautista? ¿Quiénes se atreven con la novedad como Pablo? ¿Quienes son fieles como María Magdalena? Yo aconsejo al Papa ya los Obispos que busquen doce personas fuera de lo común para los puestos de dirección. Hombres que estén cerca de los pobres y quienes estén rodeados de jóvenes y que experimenten cosas nuevas. Necesitamos confrontarnos con hombres que quemen para que el espíritu se pueda difundir por todas partes.

¿Qué instrumentos recomienda contra el cansancio de la Iglesia?

Yo recomiendo tres muy fuertes. El primero es la conversión: la Iglesia debe reconocer sus errores y tiene que seguir un camino radical de cambio, empezando por el Papa y los obispos. Los escándalos de pedofilia nos empujan a emprender un camino de conversión. Las preguntas sobre la sexualidad y todos los temas relacionados con el cuerpo son un ejemplo. Estos son importantes para todos y, a veces, quizás son incluso demasiado importantes. Cabe preguntarse si la gente escucha todavía los consejos de la Iglesia en materia sexual. ¿En este campo, la Iglesia es todavía una autoridad de referencia o sólo una caricatura en los medios?
La segunda es la Palabra de Dios. El Concilio Vaticano ha restituido la Biblia a los católicos. (…) Sólo la persona que percibe en su corazón esta palabra puede hacer parte de quienes ayudarán a la renovación de la Iglesia y sabrán responder a las preguntas personales con una opción correcta. La Palabra de Dios es simple y busca como compañero un corazón que escuche (…). Ni los clérigos ni el Derecho eclesial podrán sustituir la interioridad del hombre. Todas las reglas externas, las leyes, los dogmas, nos han sido dadas para aclarar la voz interior y para el discernimiento de los espíritus.
¿Para quienes son los sacramentos? Estos son el tercer instrumento de sanación. Los sacramentos no son un instrumento para la disciplina, sino una ayuda para los hombres en los momentos del camino y en las debilidades de la vida. ¿Llevamos los sacramentos a los hombres que necesitan una nueva fuerza? Yo pienso en todos los divorciados y en las parejas vueltas a casar, en las familias ampliadas. Todos estos necesitan una protección especial. La Iglesia defiende la indisolubilidad del matrimonio. Es una gracia cuando un matrimonio y una familia pueden tener éxito (…).
La actitud que tomamos hacia las familias ampliadas determinará el acercamiento a la Iglesia de la generación de los hijos. Una mujer ha sido abandonada por su marido y encuentra una nueva pareja que cuida de ella y de sus tres hijos. El segundo amor funciona. Si esta familia es objeto de discriminación, se le está poniendo fuera, no sólo a la madre sino también a sus hijos. Si los padres se sienten fuera de la Iglesia o no sienten su apoyo, la Iglesia perderá la futura generación. Antes de la Comunión rogamos: “Señor, yo no soy digno…” Sabemos que no somos dignos (…). El amor es gracia. El amor es un regalo. La cuestión de si los divorciados pueden recibir la Comunión debería ser replanteada. ¿Cómo puede la Iglesia llegar a ayudar con la fuerza de los sacramentos al que tiene situaciones familiares complejas?

¿Qué hace usted personalmente?

La Iglesia ha quedado 200 años atrás. ¿Como puede ser que no se mueva? ¿Tenemos miedo? ¿Miedo en lugar de coraje? Sin embargo, la fe es el fundamento de la Iglesia. La fe, la confianza y el coraje. Yo estoy viejo y enfermo y dependo de la ayuda de los demás. Las personas buenas a mi alrededor me hace sentir el amor. Este amor es más fuerte que el sentimiento de desconfianza que tan a menudo percibo en las confrontaciones de la Iglesia en Europa. Sólo el amor vence el cansancio. Dios es amor. Todavía tengo una pregunta para ti: ¿qué puedes hacer tú por la Iglesia?

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Acerca del autor

Luis Alberto Duran Rojo

Abogado por la PUCP. Profesor Asociado del Departamento de Derecho de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP). Director de ANALISIS TRIBUTARIO. Magister en Derecho con mención en Derecho Tributario por la PUCP. Candidato a Doctor en Derecho Tributario Europeo por la Universidad Castilla-La Mancha de España (UCLM). Con estudios de Maestria en Derecho Constitucional por la PUCP, de Postgrado en Derecho Tributario por la PUCP, UCLM y Universidad Austral de Argentina. Miembro de la Asociación Peruana de Derecho Constitucional, del Instituto Peruano de Investigación y Desarrollo Tributario (IPIDET) y la Asoción Fiscal Internacional (IFA).

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