(Selección de artículos publicados para el grupo EPENSA)

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Ayer, me he sentado a charlar con un conocedor del Rock ¡Que lujo! Y llegando a casa, he comparado la “evolución” de distintos aspectos sociales como la educación, el deporte, la política e incluso la música, arribando  a la triste conclusión de que ningún tiempo pasado fue mejor.

Hemos superado barreras a lo largo del tiempo por un fenómeno de causalidad, pero no por convicciones de superación como sociedad. Por el contrario, somos la cosecha de un pasado ominoso de nuestra ascendencia, que ha vivido retozando en la maña, en la violencia familiar, en las drogas endiosadas, el robo encorbatado y sobre todo en la mala educación. Todo este menú consentido bajo frases indolentes como “Así es la vida, hijo” o “Bienvenido a la realidad, causa”.

Los adultos de hoy (con sus muy respetables excepciones) caminan recordándose a sí mismos la forma en que vivían en una sociedad intachable, cautelada por una educación de principios morales muy elevados. Si hubiese sido así de contundente, aquella educación no hubiese dado a luz a las nuevas formas de hurto elegante o de familias a medias. Si algún pasado fue el mejor, no seríamos una sociedad daltónica que no distingue entre un empresario y un negociante usurero o entre un político y un testaferro de intereses; o entre un congresista y un invasor de terrenos.

Y el hecho es no hablar de tiempos o eras en lugar de formaciones. Cualesquiera que hayan sido las épocas y calles donde nuestros padres hayan transitado, nuestra misión como jóvenes es dejar de idiotizarnos con ideas preconcebidas y poder construir nuevos pisos de modernidad donde prevalezca la ética y el honor, revalorando personajes referentes que enorgullezcan nuestra especie y no personajes que mueran por sobredosis de Dios sabe qué…

JOHN SANTIVAÑEZ

tayiel@hotmail.com

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