Trataré de ser preciso en mi opinión, así obviar los preámbulos que dieron pase al debate sobre el nuevo Currículo Nacional (CN), pues dicha información es abundante como disponible por cualquier tipo de medio.

El debate entre el Minedu-CN y el colectivo “Con mis hijos no te metas”, me trae al recuerdo algunos hechos históricos de libertad e igualdad, que atravesó nuestro país hace dos siglos, empleando una retórica de odio y discriminación. Y que fueron superados.

Por ejemplo:

Entre 1854 y 1855, en la sociedad de hacendados, principalmente, decían descabelladas frases con el propósito de evitar la abolición de la esclavitud, como estas:

“(Los esclavos son) Una clase de hombres no preparados para la libertad”

“Siguen (los ex esclavos) talando nuestros montes, trayendo la leña y frutos al mercado sin pagarnos su valor, y el gobierno no ha tomado medidas enérgicas para contener el mal….”

En 1955,  hubo un debate frontal entre la clase política, principalmente, para frenar el derecho de las mujeres al voto. El rechazo seguía la siguiente retórica:

“Permitiendo el voto político a la mujer, se habría conseguido (…) sembrar la anarquía y el caos en el seno del hogar en el que los roles estarían confundidos”. Emilio Abril Vizcarra

En 1956, para las elecciones presidenciales, por primera vez votaron las mujeres, pero las alfabetas. Recién, a partir de 1979, los analfabetos tuvieron tal derecho.

Como vemos, en ambos casos hubo rechazos de algunos sectores de la población. Sin embargo, a pesar de las críticas y rechazos conservadores, por decir lo menos, se abolió la esclavitud, así como se permitió que las mujeres y analfabetos voten. El tiempo ha corroborado que no hubo equivocación en tales decisiones.

En el 2017, el CN nuevamente ha polarizado a la sociedad peruana en dos (en contra y a favor del CN). Bajo el argumento de “ideología de género”, se pretende deslegitimizar el  nuevo CN y, con él, desperdiciar la oportunidad de alcanzar una igualdad de género con educación, respeto, inclusión y valoración a la persona por lo que es, independientemente de su sexo u orientación sexual.

Las frases usadas por los manifestantes en la marcha “Con mis hijos no te metas” tampoco desentonaron con el pasado.

“El Currículo Nacional de la Educación Básica promueve la homosexualidad”.

“Se quiere enseñar que ser niño o niña es lo mismo”.

“Tus hijos podrían escoger su sexo y no ser como han nacido”.

“Los niños y las niñas podrían usar cualquier baño de hombre o de mujer”.

“Desde el kinder, se les enseñaría que existen mucho más opciones que hombre y mujer”.

O como lo que propone el pastor Rodolfo Gonzales Cruz, del Movimiento Misionero Mundial en el Perú.

“Los homosexuales deben morir al igual que los corruptos, ateos porque no son obra de Dios. Si encuentran dos mujeres teniendo sexo, maten a las dos. Si encuentran a una mujer teniendo sexo con un animal, mátenla a ella y maten al animal, sea un perro o cualquier otro animal, en el nombre de Jesús. Hay poder en Jesús y en la sangre de Cristo”.

Lamentablemente, este tipo de retórica no contribuye en el esclarecimiento del tema. Todo lo contrario, al parecer se ha utilizado el CN para mostrar el rechazo, desprecio e intolerancia de un colectivo hacia un sector de la población.

Por el lado del Minedu, la ministra de Educación, Marilú Martens, tratando de ponerle paños tibios al enfrentamiento, ha anunciado que se harán “pequeños cambios” en el CN, recogiendo la preocupación real de los padres de familia.

Esperemos que, con todo lo sucedido, más allá de que si “Con mis hijos no te metas” tiene o no razón, el Estado entienda que es el agente principal para brindar una adecuada y oportuna información a la población. De esa manera, no habrá cabida para que desde otros medios o canales se informe, donde muchas veces se sesga o manipula los contenidos con el propósito de acomodarlos a sus propios intereses.

En consecuencia (y para no extender más esta opinión), las siguientes generaciones verán y juzgarán (demostrarán) este hecho con más elementos de juicio, pero sobre todo con una mentalidad menos conservadora (como lo hacemos ahora: juzgar los hechos pasados); basándose más en investigaciones científicas que religiosas.

Finalmente, como si los tiempos no hubieran cambiado, (repito) se sigue manejando la retórica del odio y discriminación.

Video:

Marilú Martens: La homosexualidad no se aprende; la homofobia, sí

Salvador del Solar: La ideología de género no existe

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