Prigogine y las estructuras disipativas: novedad en entornos deterministas
0. Introducción
Durante siglos, la ciencia describió el mundo como una gran máquina: todo estaba regido por leyes fijas, reversibles y predecibles. Es por dicha forma de ver las cosas que Dios dejó de ser un pastor a ser un gran diseñador. En esa imagen, impulsada además por la figura de Newton, el tiempo no tenía verdadera importancia; pasado y futuro eran, en el fondo, intercambiables. Sin embargo, nuestra experiencia cotidiana, el envejecimiento, la evolución, la historia, el big bang y la vida misma nos dice lo contrario: el tiempo importa, y mucho. Las cosas cambian, surgen novedades y no todo puede volver atrás.
Ilya Prigogine fue uno de los científicos que se atrevió a tomar en serio esa intuición y darle un fuerte perfil científico. En lugar de ver el desorden como un simple problema a corregir, lo entendió como una fuente de creatividad en la naturaleza. Su obra mostró que, lejos del equilibrio, los sistemas pueden organizarse por sí mismos, generar estructuras nuevas y abrir posibilidades que antes no existían. Esta visión transformó la termodinámica y cambió nuestra manera de pensar la complejidad, la vida y el devenir.
En las páginas que siguen exploraremos quién fue Prigogine, qué propuso y por qué sus ideas siguen siendo fundamentales para comprender un mundo que no es estático, sino profundamente histórico y nuevo.
Resumen
-Ilya Prigogine fue un científico clave en la teoría de sistemas complejos, cuya obra trascendió la química y redefinió la comprensión del tiempo, el orden y la naturaleza.
-Prigogine defendió que la irreversibilidad es un rasgo fundamental de la realidad, no solo un efecto estadístico, y que el tiempo tiene un papel creativo en la emergencia de novedades.
Mostró que los sistemas abiertos y no lineales, al alejarse del equilibrio, pueden generar comportamientos nuevos y formas de organización inesperadas.
-Introdujo la idea de que el orden puede surgir gracias a la disipación de energía, dando lugar a estructuras estables solo mientras exista flujo constante con el entorno.
-Su teoría explica cómo, a partir de fluctuaciones e inestabilidades, los sistemas complejos producen patrones y niveles de organización no reducibles a condiciones iniciales simples.
-Prigogine sostuvo que, en sistemas no lineales, la irreversibilidad es estructural y ontológica, no solo una consecuencia de nuestra ignorancia de los microestados.
-Su propuesta reemplaza el mecanicismo clásico por una visión de la naturaleza como proceso creativo, donde el futuro no está totalmente determinado por el pasado.
1. Vida y contexto intelectual
Ilya Prigogine (1917–2003) fue un físico-químico belga de origen ruso, reconocido como uno de los principales arquitectos de la teoría moderna de los sistemas complejos. Obtuvo el Premio Nobel de Química en 1977 “por sus contribuciones a la termodinámica de procesos irreversibles, particularmente por la teoría de las estructuras disipativas”.
Formado en Bruselas bajo la influencia de la tradición fisicoquímica europea, Prigogine desarrolló su obra en diálogo crítico con la física clásica, especialmente con la termodinámica de equilibrio y la mecánica newtoniana.
El alcance de su trabajo excede la química: sus ideas influyeron en la biología teórica, la ecología, la economía, la filosofía de la ciencia y la teoría social. Prigogine defendió una visión del mundo donde el tiempo, la irreversibilidad y la creatividad de la naturaleza ocupan un lugar central, rompiendo con la imagen determinista y reversible heredada de la física del siglo XIX.
2. Tres aportes de Prigogine
Los aportes de Prigogine a la comprensión del tiempo y de un mundo cambiante son diversos. Los mismos le valieron el Nobel de química en 1977. Sin embargo, y por un tema de extensión, nos encargaremos acá de tres: centrales para comprender cómo concebía el universo este pensador. Estos aportes son la flecha del tiempo, los sistemas alejados del equilibrio y su concepto de estructura disipativa.
2.1. Primer aporte: La flecha del tiempo

Uno de los ejes conceptuales de Prigogine es la revalorización de la flecha del tiempo. En la física clásica, las leyes fundamentales (como las de Newton o la ecuación de Schrödinger) son reversibles en el tiempo: no distinguen entre pasado y futuro. Prigogine sostuvo que esta simetría es insuficiente para describir los procesos reales, especialmente aquellos ligados a la termodinámica y la evolución de sistemas abiertos.
Para él, la irreversibilidad no es un mero efecto estadístico o epistemológico, sino un rasgo ontológico de la naturaleza. El tiempo no es una ilusión, sino una dimensión creativa: en los procesos alejados del equilibrio emergen novedades que no estaban contenidas de manera trivial en las condiciones iniciales. Así, la flecha del tiempo expresa la dirección en la que se producen nuevas estructuras, nuevas formas de organización y, en último término, nuevas posibilidades de realidad.
2.2. Segundo aporte: Sistemas alejados del equilibrio
La termodinámica clásica se desarrolló principalmente para describir sistemas cercanos al equilibrio, donde las desviaciones son pequeñas y lineales. Prigogine amplió este marco hacia los sistemas alejados del equilibrio, que intercambian energía y materia con su entorno.
En estos regímenes no lineales, pequeñas fluctuaciones pueden amplificarse y conducir a comportamientos macroscópicos nuevos. El sistema ya no regresa pasivamente al equilibrio, sino que puede reorganizarse de manera cualitativamente distinta. Aquí aparece la idea clave de que el desorden (la entropía producida) puede coexistir con la emergencia de orden local, siempre que el sistema sea abierto y esté sometido a flujos.
Este enfoque permitió entender fenómenos como la autoorganización, la aparición de patrones espaciales y temporales, y la sensibilidad a condiciones iniciales, rasgos característicos de los sistemas complejos.
2.3. Tercer aporte: Las estructuras disipativas
El concepto más influyente de Prigogine es el de estructuras disipativas. Se trata de configuraciones ordenadas que se mantienen gracias a la disipación de energía. A diferencia de las estructuras en equilibrio (como un cristal), las estructuras disipativas existen solo mientras el sistema está lejos del equilibrio y recibiendo flujos constantes del entorno.
Ejemplos paradigmáticos son las celdas de convección de Bénard, las reacciones químicas oscilantes (como la reacción de Belousov-Zhabotinsky) o incluso los organismos vivos. En todos estos casos, el orden no es impuesto desde afuera, sino que emerge espontáneamente a partir de las dinámicas internas del sistema.
Prigogine mostró que la disipación no es simplemente “pérdida”, sino condición de posibilidad del orden. El aumento global de entropía permite, localmente, la aparición de organización. Esto redefine la relación entre orden y desorden, y ofrece una base físico-química para pensar la complejidad, la vida y la evolución.
3. Algunas críticas y respuestas
Las propuestas de este científico no han estado excentas de críticas. Algunos han criticado las influencias intelectuales de Prigogine y, otros, cierto poco rigor matemático en sus propuestas. Acá revisaremos dos de manera breve con el fin de caracterizar mejor la disputa y propuesta de nuestro autor en el panorama científico. Veamos
Crítica 1: “La irreversibilidad es solo un efecto estadístico, no una propiedad fundamental”
Desde la física tradicional se ha sostenido que la irreversibilidad emerge únicamente de nuestra ignorancia de los microestados, y que, en el fondo, las leyes siguen siendo reversibles.
Prigogine aceptó la base estadística, pero argumentó que en sistemas inestables y no lineales la irreversibilidad se vuelve estructural. Las fluctuaciones no son simples “ruidos”, sino fuentes reales de innovación dinámica. En estos contextos, el tiempo adquiere un rol constitutivo: no es solo un parámetro, sino un principio organizador. La irreversibilidad, por tanto, no es solo epistemológica, sino también ontológica en sistemas complejos.
Crítica 2: “Las estructuras disipativas explican patrones físicos, pero no justifican analogías con la vida o lo social”
Algunos críticos señalan que extender estas ideas a biología, ecología o sociedad es abusivo o meramente metafórico.
Prigogine nunca sostuvo una identidad simple entre procesos físico-químicos y fenómenos sociales o biológicos. Su propuesta es más modesta pero profunda: mostrar que la autoorganización y la emergencia de orden son rasgos generales de sistemas abiertos lejos del equilibrio. Esto ofrece un marco conceptual riguroso para pensar la vida y otros sistemas complejos sin reducirlos al mecanicismo clásico. La solución no es eliminar la analogía, sino hacerla controlada y estructural, basada en principios dinámicos comunes (no linealidad, flujos, inestabilidad, emergencia).
La obra de Ilya Prigogine transforma nuestra comprensión del tiempo, del orden y de la complejidad. Al integrar irreversibilidad, no equilibrio y autoorganización, mostró que la naturaleza no es un mecanismo cerrado, sino un proceso creativo. En los sistemas complejos, el futuro no está completamente determinado por el pasado: emerge.
Desde esta perspectiva, la ciencia deja de ser solo una teoría de lo que es, y se convierte también en una teoría de lo que deviene.


































