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El país de Lucianita

Lucianita se destacó en los estudios desde temprana edad. Nació con tan solo siete meses de gestación, muy chiquita y colorada. Pero en la provincia donde vivían sus padres, un moderno hospital acababa de ser inaugurado, lo habían construido en tiempo récord, así que Lucianita fue llevada a una incubadora y en pocos días su aparente fragilidad dio paso al resplandor de una bebita saludable y feliz. Se fue a su casa después de aprobar todos los exámenes de rigor. Sus padres, muy orgullosos, siempre hacían comentarios sobre el entusiasmo por vivir que irradiaba su pequeña hija. Nació sietemesina, pero se recuperó al toque. Y habló antes de lo esperado. Y empezó a caminar mucho antes que los otros niños. Lucianita tenía una energía especial, vital, alegre, que no solo sus padres admiraban, sino también sus maestros y compañeros de escuela.

La escuela, por cierto, era gigante, bastante grande y bonita para ser una escuela pública de provincia. Tenía muchos pabellones, jardines, dos patios principales, uno para primaria y otro para secundaria, los cuales se utilizaban más para ceremonias protocolares. En los otros patios, sí se jugaba de verdad en aquel colegio mixto, con los arcos para el fútbol, las cestas para el básquet, la red para el vóley. Lucianita disfrutaba mucho de los deportes en el recreo o en sus clases de Educación Física, pero prefería, sin lugar a dudas, ocupar los patios con las clases de danzas típicas que recibía dos veces por semana, en horario extracurricular. A sus padres no les gustó la idea de que ella escogiera danza en lugar de computación, pensaban que tanto compañerismo con sus amigos danzantes la terminaría distrayendo de sus estudios. Lucianita prometió no bajar sus notas. Y no solo cumplió, sino que subió sus notas, al punto de que una maestra le recomendó postular a BECA 18. Si sacaba puntaje aprobatorio y ganaba la beca, viajaría a Lima a estudiar, en una buena universidad, lo que ya tenía en mente: derecho. Quería convertirse en abogada. Le había gustado mucho su vida hasta ese momento, pero sentía que podía ayudar a mejorar las cosas, que con una brillante carrera de derecho llegaría a ser fiscal, juez, o hasta congresista, y ya desde allí esgrimir las leyes para construir una sociedad más justa, con igualdad de oportunidades para niñas como ella.

Sin embargo, hay una brecha enorme de 4 mil 600 millones de soles que hacen prácticamente imposible que esto suceda.

El país de Lucianita, del 2001 al 2016, en el rango de tres gobiernos, le dio la buena pro a una empresa que se hacía llamar la Gran Multinacional, para que construya y opere obras públicas, como carreteras, trenes, etc. Con respecto a los contratos, fueron 15. En un contrato, el Estado le paga a la compañía una cantidad de dinero específica, a cambio de la obtención de un bien o servicio. Por esos 15 contratos, la Gran Multinacional se adjudicó 5 mil 537 millones de soles.

Con respecto a las concesiones, fueron nueve. En una concesión, el Estado cede la administración de un bien público a una empresa privada, por un periodo de tiempo. En este caso, el contrato determina un monto de inversión, con dinero público, que la compañía debe ejecutar. Estos montos no son ganancias, la empresa generará ingresos explotando el recurso público concesionado (por ejemplo, cobrando el peaje de una carretera). Una concesión se lleva a cabo porque el Estado no tiene los fondos necesarios que el privado sí; pero cuando la obra no es muy rentable, el privado pide un subsidio del Estado que muchas veces termina cubriendo el 100% de la obra, incluso con costos inflados. Es más, se le puede pedir al Estado que avale un préstamo ante el Banco Interamericano de Desarrollo o ante la Corporación Andina de Fomento.

Se firmaron esos nueve contratos de concesión por 29 mil 657 millones de soles. En total, considerando en conjunto los 24 proyectos (15 obras y 9 concesiones), la Gran Multinacional logró adjudicarse ―muchas veces entre acusaciones y recusaciones de los competidores de la licitación, que protestaban por la notoria preferencia hacia la corporación extranjera―, un aproximado de 35 mil millones de soles.

Esto no supondría ningún problema, el país de Lucianita simplemente estaría desarrollando su infraestructura, pero una vez firmados los contratos e ignoradas las protestas, el monto inicial fue creciendo considerablemente. A los costos se añadieron los sobrecostos exigidos por la empresa y concedidos con frecuente docilidad por el Estado. En aquellos 15 años, los sobrecostos alcanzaron una suma mayor a 4 mil 600 millones de soles, por la ejecución de esas 15 obras más la etapa de construcción de las carreteras interoceánicas norte y sur (tramos II y III), dadas en concesión.

En algunos casos, la Gran Multinacional consiguió estos sobrecostos mediante arbitrajes fraudulentos; en muchos otros, mediante las famosas “adendas” o “adicionales de obra”, controversiales modificaciones posteriores a la firma de los contratos, un mecanismo respaldado por la Ley de Contrataciones del Estado, cuyo marco legal se aprobó en el gobierno de un cholo sagrado.

¿Pero qué se puede adquirir con 4 mil 600 millones de soles? Para Lucianita, tales números resultan exorbitantes, estratosféricos, son como una huella difusa del lenguaje numérico que no la llevan a ninguna referencia clara. Habría que decirle a Lucianita que con esa cantidad de dinero, por ejemplo, se cubriría 5 veces el presupuesto nacional destinado el 2015 para BECA 18. Es decir que ella aumentaría 5 veces más sus posibilidades de ganar esa beca, y hacer realidad su sueño de convertirse en abogada, estudiando en una buena universidad que su familia, claro, no puede costear. O que tales millones equivalen a pagar 22 veces la remodelación del Estadio Nacional; como para que sus compañeros de clase se animen mucho más por el deporte si alguno de esos estadios, aunque sea uno humilde, hubiera llegado a la provincia.

O le tendríamos que señalar que el nuevo edificio de la Biblioteca Nacional se multiplicaría 90 veces en todo el país. Y a cambio de esos 90 edificios, a cambio de esas 90 grandes bibliotecas pulcramente implementadas, llenas de libros y pasadizos, Lucianita, con toda seguridad, pediría un solo edificio: un colegio, grande y bonito, para su provincia, para que ella se vaya a estudiar, contenta y saltarina como la soñaron sus padres. Y le tendríamos que decir, también, que con ese dinero se hubieran construido 18 Hospitales del Niño. Uno de ellos en su tierra querida, equipado con lo último de la tecnología, con incubadoras de última generación, por ejemplo, para que una pequeña recién nacida no abandone la esperanza, esa energía especial, vital, alegre, solo por llegar sietemesina a una provincia abandonada, quebrada, por el abismo enorme, intangible, de 4 mil 600 millones de soles.

La mujer está a punto de dar a luz. Su esposo la acompaña. Ellos ya escogieron el nombre de su hija: Lucianita. A quien no le contaremos nada de este país y su abismo enorme. Lucianita, viva, vale mucho más.

 

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Novela escrita por Gimena María Vartu.

Ilustraciones de Sam Slikar.

Creación, producción y edición de historias: Héctor Pittman Villarreal.

Puntuación: 4 / Votos: 1